al-Kahf
La CavernaAntes del textoIntroducción
Introducción
Al-Kahf es una sura mequí tardía, aunque una minoría sostiene que los primeros ocho versículos son medinenses (Q). Diversos relatos indican que la recitación de los primeros y los últimos diez versículos de esta sura tiene el poder de proteger contra las tribulaciones de la tumba (Q) o contra el Dajjāl [el Anticristo], figura a quien Cristo derrotará en el final de los tiempos (IK, Q). Esta sura contiene tres relatos principales: el de los habitantes de la caverna, del cual la sura toma su nombre (vv. 9–26); la historia de Moisés y el siervo misterioso (vv. 60–82); y la narración de Ḏū-l-Qarnayn (vv. 83–98); así como una extensa parábola acerca de los peligros de disfrutar de los bienes de este mundo sin gratitud a Dios, mientras se desatiende el Más Allá (vv. 32–46). Entre estas secciones narrativas se entrelazan diversas advertencias a los incrédulos, incluidos recordatorios acerca de la llegada del juicio y el castigo en el Más Allá. La sura concluye evocando la inagotabilidad de la Palabra de Dios (v. 109), seguida de un recordatorio de que el Profeta no es sino un ser humano a quien se le ha enviado la Revelación divina (v. 110).
Los relatos de los habitantes de la caverna y de Ḏū-l-Qarnayn fueron revelados al Profeta, según se transmite, en respuesta a un desafío planteado por los coraichitas. Según un relato ampliamente difundido, los coraichitas enviaron a Naḍr ibn al-Ḥāriz y a ʿUqbah ibn Abī Muʿayṭ ante algunos sabios religiosos judíos de Medina para preguntarles acerca de Mahoma y de sus pretensiones de profecía. Los sabios judíos les dijeron que, para comprobar la veracidad de las afirmaciones de Mahoma respecto a su condición profética, debían preguntarle sobre tres cuestiones, y si no lograba responder, entonces no era un verdadero profeta: (1) un grupo de jóvenes de tiempos remotos que tuvieron una historia extraordinaria (los habitantes de la caverna); (2) un hombre que viajó hasta alcanzar el oriente y el occidente de la tierra (Ḏū-l-Qarnayn); y (3) el Espíritu. Regresaron e interrogaron al Profeta. Él les dijo que les daría su respuesta al día siguiente, esperando que le llegara una revelación al respecto. Al transcurrir quince días sin que llegara revelación alguna, el Profeta comenzó a preocuparse, y los coraichitas empezaron a asumir que carecía de respuestas a tales preguntas y que, por ende, sus pretensiones de profecía eran falsas. Finalmente la revelación descendió sobre él, pero en el v. 6 el Corán reprende al Profeta por acongojarse en exceso por la incredulidad de los coraichitas (IK, Q, Ṭs), y en los vv. 23–24 se le advierte no prometer nada en el futuro (como dar respuestas a preguntas al día siguiente) sin reconocer que todos los asuntos dependen de la Voluntad de Dios.
Las tres narraciones principales comparten ciertos elementos temáticos comunes, entre ellos el del viaje o el abandono de la comodidad del propio hogar. Los jóvenes de la caverna abandonan su hogar para huir de la persecución religiosa; Moisés emprende la marcha en busca del siervo de Dios que, según se le ha dicho, posee más conocimiento que él mismo; y Ḏū-l-Qarnayn viaja de oriente a occidente para instaurar una soberanía recta sobre la tierra. Estas tres narraciones se ocupan asimismo de estados intermedios del ser y, por ende, del concepto del barzaj, el cual designa tanto el punto de encuentro de los opuestos como la barrera que los separa. Este concepto se dilucida en el Corán mediante la referencia a la barrera entre los «dos mares» de agua salada y dulce (25:53; 55:19–20), punto en el que ambas aguas se entremezclan brevemente, pero ninguna traspasa los confines de la otra.
En la tradición islámica, barzaj llegó a denotar el estado temporal entre la muerte del alma individual y el juicio universal, o el período de prueba y castigo en la tumba, así como un estado o conjunto de estados póstumos intermedios entre el Cielo y el Infierno. En su interpretación mística, se refiere ontológicamente al estado del alma como el ámbito intermedio entre el espíritu puro y la materia densa, los cuales constituyen conjuntamente la condición de los seres humanos; epistemológicamente alude al ámbito imaginal, aprehendido a través del poder de la imaginación, que es un modo de conocimiento situado entre la percepción sensorial y la intelección pura. Los jóvenes de la caverna, al buscar refugio de la persecución religiosa, son sumidos en el sueño en la caverna durante cientos de años, y su letargo representa un ámbito intermedio entre la vida y la muerte y, por analogía, el estado entre la muerte individual y la resurrección universal. Moisés solo puede encontrar al misterioso siervo y figura esotérica, identificada tradicionalmente con el enigmático profeta Jadir o Jidr, en la confluencia de los dos mares (v. 60), momento en el cual los dos profetas —uno representante del conocimiento exotérico y el otro del esotérico— logran reunirse y viajar juntos brevemente. Y Ḏū-l-Qarnayn, tras viajar a los confines de occidente y oriente, regresa al paraje de una abertura entre los dos desfiladeros (v. 93), la cual sella a continuación, levantando una barrera para impedir que Gog y Magog aterroricen a la gente. Esta barrera solo se mantendrá durante el período intermedio de la vida terrenal y será destruida por Dios antes del Día de la Resurrección.
Finalmente, estas tres narraciones involucran a figuras a quienes se les conceden milagros y facultades portentosas, aun cuando no son profetas o su rango profético resulta un tanto ambiguo. Los jóvenes de la caverna son hombres justos, mas no profetas; sin embargo, Dios les brinda protección mediante un sueño milagroso. La mayoría considera a Jidr como un profeta a quien Dios mantiene vivo más allá de los límites de la vida humana ordinaria, incluso más allá de la prolongadísima existencia de ciertos profetas antiguos como Noé. Mas su vocación es exclusivamente secreta y oculta, en contraste con la vocación de otros profetas a quienes Dios ordena proclamar públicamente la revelación, albriciar y amonestar. La mayoría de los comentaristas considera que Ḏū-l-Qarnayn fue un rey justo a quien, no obstante, le fueron conferidos medios milagrosos para conquistar el mundo y a quien Dios habló de manera directa (v. 86). Los comentaristas lo comparan con el profeta-rey Salomón, y la mayoría lo ha identificado históricamente con Alejandro Magno.
Sura 18al-Kahf110 versículos
بِسْمِ ٱللَّهِ ٱلرَّحْمَٰنِ ٱلرَّحِيمِ
bismi llāhi r-raḥmāni r-raḥīm
En el Nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso
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Reynolds · The Qurʾān and the BibleIntroducción a la sura
En el Nombre de Dios, el Clementísimo, el Misericordiosísimo.
Versículo 1
ٱلْحَمْدُ لِلَّهِ ٱلَّذِىٓ أَنزَلَ عَلَىٰ عَبْدِهِ ٱلْكِتَٰبَ وَلَمْ يَجْعَل لَّهُۥ عِوَجَا ۜ ﴿١﴾
al-ḥamdu lillāhi lladhī anzala ʿalā ʿabdihi l-kitāba walam yaŷʿal lahū ʿiwaŷā
Alabado sea Dios, Quien hizo descender el Libro sobre Su siervo y no puso en él tortuosidad alguna,
1Alabado sea Dios por hacer descender el Libro —es decir, el Corán—, descrito por algunos como el mayor don otorgado por Dios a la humanidad, ya que la saca de las tinieblas a la luz (IK). Su siervo alude al Profeta. El hecho de que Dios no puso en él tortuosidad alguna (véase asimismo 39:28) se entiende unánimemente en el sentido de que no contiene contradicciones ni discrepancias (Ṭs, Z); véase 4:82: ¿Acaso no meditan en el Corán? Si procediera de otro que de Dios, habrían hallado en él muchas contradicciones. Esta expresión se entiende además en el sentido de que el Corán no alberga alteración ni falsedad alguna (R, Ṭs) y de que permanece permanentemente provechoso (Ṭs) al guiar a la gente hacia el sendero recto (IK); en cuanto al concepto coránico del «sendero recto», véase 1:6c.
Versículo 2–3
قَيِّمًۭا لِّيُنذِرَ بَأْسًۭا شَدِيدًۭا مِّن لَّدُنْهُ وَيُبَشِّرَ ٱلْمُؤْمِنِينَ ٱلَّذِينَ يَعْمَلُونَ ٱلصَّٰلِحَٰتِ أَنَّ لَهُمْ أَجْرًا حَسَنًۭا ﴿٢﴾ مَّٰكِثِينَ فِيهِ أَبَدًۭا ﴿٣﴾
qayyimal liyundhira baʾsan shadīdam mil ladunhu wayubashshira l-muʾminīna lladhīna yaʿmalūna ṣ-ṣāliḥāti anna lahum aŷran ḥasanā · mākithīna fīhi abadā
recto, para advertir de un gran castigo procedente de Su Presencia y dar albricias a los creyentes que obran rectamente de que tendrán una hermosa recompensa,
en la que permanecerán para siempre,
2–3Recto traduce qayyim, vocablo empleado en otros lugares del Corán para describir la religión (6:161; 9:36; 12:40; 30:30, 43; 98:5), pero que aquí describe el Libro hecho descender (v. 1); véase asimismo 17:9: En verdad este Corán guía hacia lo que es más recto. El que Dios hiciera el Corán recto subraya que no hay tortuosidad alguna en él (v. 1; Z), que es equilibrado y armónico (Ṭs), y que no es susceptible de corrupción (Ṭs). Qayyim puede significar también ser custodio de algo o de alguien, por lo que algunos lo interpretan en el sentido de que el Corán es custodio de las escrituras anteriores, confirmador de las mismas y testigo de su verdad (Ṭs, Z), a la vez que, según algunos, elimina las falsedades que se introdujeron en ellas y abroga algunas de sus leyes (Ṭs). El Corán también puede ser entendido como un «custodio» del bienestar de la gente (R, Z) y de los asuntos religiosos (R, Ṭs). Según al-Rāzī, el Corán es calificado de qayyim porque es a la vez perfecto en sí mismo y perfeccionador de lo demás. El teólogo mutazilí al-Qāḍī ʿAbd al-Ŷabbār argumentó que los vv. 1–3 respaldan la tesis mutazilí de que el Corán es creado y no eterno o increado, como sostenían los ashʿaríes, puesto que las descripciones del Corán en estos versículos apuntan a un objeto creado: fue hecho descender, lo cual implica cambio y no puede haber cambio en lo eterno; y fue hecho recto (recto) y dispuesto sin tortuosidad alguna en él, dos aspectos que sugieren algo que Dios hizo o creó (R). Este Libro fue revelado como un medio por el cual el Profeta pudiera tanto advertir como dar albricias —las dos vocaciones correlativas de todos los mensajeros y profetas; véase 2:213: La humanidad era una sola comunidad; luego Dios envió a los profetas como portadores de albricias y como advertidores. Véanse también 2:119; 6:48; 4:165; 7:188; 11:2; 17:105; 18:56; 25:56; 33:45; 34:28; 48:8. La hermosa recompensa alude al Jardín paradisíaco (Ṭs, Z).
Versículo 4–5
وَيُنذِرَ ٱلَّذِينَ قَالُوا۟ ٱتَّخَذَ ٱللَّهُ وَلَدًۭا ﴿٤﴾ مَّا لَهُم بِهِۦ مِنْ عِلْمٍۢ وَلَا لِءَابَآئِهِمْ ۚ كَبُرَتْ كَلِمَةًۭ تَخْرُجُ مِنْ أَفْوَٰهِهِمْ ۚ إِن يَقُولُونَ إِلَّا كَذِبًۭا ﴿٥﴾
wayundhira lladhīna qālū ttakhadha llāhu waladā · mā lahum bihī min ʿilmin walā liʾābāʾihim kaburat kalimatan takhruŷu min afwāhihim in yaqūlūna illā kadhibā
y para advertir a quienes dicen: «Dios ha tomado un hijo».
No tienen conocimiento de ello, ni tampoco sus padres. ¡Monstruosa palabra es la que sale de sus bocas! No dicen sino una mentira.
4–5«Tomar un hijo» es un modismo coránico que significa asumir una responsabilidad paterna especial por un niño, reconocer a un hijo, tomarlo para sí o bajo su cuidado. Esta elección de términos censura no solo la creencia de que Dios pudiera de algún modo «engendrar» un hijo, sino también la idea de que distinguiera a cualquier ser humano individual con dicha relación particular (incluso mediante la adopción, por ejemplo). El Corán rechaza reiteradamente la noción de que Dios tenga descendencia de cualquier tipo, ya sea la creencia idólatra mequí de que los ángeles eran hijas de Dios o las diversas afirmaciones formuladas por judíos o cristianos, o atribuidas a ellos. Véase 6:100c así como 2:116; 4:171; 5:18; 10:68; 16:57; 19:35, 88; 21:26; 25:2; 39:4; 43:81. Dado que se trata de una sura mequí, no obstante, estos versículos aluden muy probablemente a la creencia idólatra relativa a los ángeles (IK). Quienes formulan tales asertos no tienen conocimiento de ello, ni tampoco sus padres, lo que significa que su afirmación no procede del saber, sino de una ignorancia supina y de seguir ciegamente la creencia de sus antepasados sin ejercitar el pensamiento independiente (Ṭs, Z). En el Corán, seguir ciegamente a los antepasados en lugar de emplear el intelecto para discernir la verdad de los mensajes traídos por los profetas se presenta y critica como una tendencia humana habitual; véanse 2:170; 5:104; 7:70–71; 21:53–54; 37:68–72; 43:23–24. El hecho de que la afirmación de que Dios tiene descendencia sea calificada de monstruosa (también en 17:40) expresa la gravedad moral de semejante aserto (Ṭs), así como el estupor y la sorpresa que debe suscitar (Z). El que la afirmación salga de sus bocas enfatiza que se trata de algo enteramente fabricado para lo cual carecen de toda fuente válida (IK).
Versículo 6
فَلَعَلَّكَ بَٰخِعٌۭ نَّفْسَكَ عَلَىٰٓ ءَاثَٰرِهِمْ إِن لَّمْ يُؤْمِنُوا۟ بِهَٰذَا ٱلْحَدِيثِ أَسَفًا ﴿٦﴾
falaʿallaka bākhiʿun nafsaka ʿalā āthārihim il lam yuʾminū bihādhā l-ḥadīthi asafā
Tal vez te consumas de dolor por ellos si no creen en este relato.
6Cf. 26:3, que contiene una declaración prácticamente idéntica. Consumirte de dolor podría significar asimismo «agotarte de dolor» (R), es decir, extenuarse por completo de preocupación y tristeza a causa de aquellos que no creen en este relato, esto es, en el Corán (Ṭs). Con frecuencia se presenta al Profeta en el Corán como sumido en la desazón ante la negativa de los mequíes a aceptar el mensaje que les había traído, así como por sus reiteradas peticiones de signos milagrosos como prueba de su condición profética. Varios versículos parecen consolar al Profeta a este respecto, como en 6:33: Bien sabemos que lo que dicen te apena. Mas no es a ti a quien desmienten, sino que son los signos de Dios los que los transgresores niegan; véanse también 3:176; 5:41; 35:8.
Versículo 7–8
إِنَّا جَعَلْنَا مَا عَلَى ٱلْأَرْضِ زِينَةًۭ لَّهَا لِنَبْلُوَهُمْ أَيُّهُمْ أَحْسَنُ عَمَلًۭا ﴿٧﴾ وَإِنَّا لَجَٰعِلُونَ مَا عَلَيْهَا صَعِيدًۭا جُرُزًا ﴿٨﴾
innā ŷaʿalnā mā ʿalā l-arḍi zīnatal lahā linabluwahum ayyuhum aḥsanu ʿamalā · waʾinnā laŷāʿilūna mā ʿalayhā ṣaʿīdan ŷuruzā
Ciertamente hemos hecho de cuanto hay en la tierra un adorno para ella, con el fin de probarlos para ver cuál de ellos es mejor en sus obras.
¡Y ciertamente convertiremos cuanto hay en ella en un yermo desolado!
7–8La tierra es «adornada» por los diversos fenómenos que se encuentran sobre ella o en su interior, incluidas su flora y su fauna y su oro y metales preciosos (R). Adorno puede referirse también a la humanidad, a la cual al-Rāzī considera la más noble de las criaturas sobre la tierra. Según Abū Ḥāmid al-Ġazzālī, el «adorno» de la tierra es un medio por el cual Dios pone a prueba a los seres humanos en lo relativo a su capacidad para mantener una actitud de desapego y ascetismo hacia el mundo (Iḥyāʾ ʿulūm al-dīn [Beirut, 2005], 5:340). El que Dios vaya a convertir cuanto hay en ella, es decir, en la tierra, en un yermo desolado indica que ninguno de sus adornos perdurará para siempre, sino que llegará a su fin y retornará a Dios (IK); véase 55:26: Todo cuanto hay en ella (la tierra) perece.
Versículo 9
أَمْ حَسِبْتَ أَنَّ أَصْحَٰبَ ٱلْكَهْفِ وَٱلرَّقِيمِ كَانُوا۟ مِنْ ءَايَٰتِنَا عَجَبًا ﴿٩﴾
am ḥasibta anna aṣḥāba l-kahfi war-raqīmi kānū min āyātinā ʿaŷabā
¿Acaso consideras que los Compañeros de la Caverna y de la Inscripción son un prodigio entre Nuestros signos?
9Este versículo introduce la historia de los Compañeros de la Caverna (aṣḥāb al-kahf), de la cual la sura toma su nombre. Este relato fue revelado al Profeta en respuesta a un desafío planteado por los coraichitas. Según se transmite, el Profeta no estaba familiarizado con este relato y aguardó durante un largo período de tiempo recibir revelación al respecto para poder narrárselo a los escépticos mequíes. Véase la introducción a esta sura para un relato más detallado.
La historia de los Compañeros de la Caverna es también conocida en la tradición cristiana como la de los «Siete Durmientes de Éfeso». Los relatos coránico y cristiano son muy similares, tanto en el significado religioso de la historia como prueba del poder de resurrección de Dios (cf. v. 21) como en los pormenores menores de la narración. Siguiendo a la admonición dirigida al Profeta en cuanto a que no debe consumirse de tristeza por quienes no creen (v. 6), el relato pretende tal vez sugerir que, así como Dios salvó a este pequeño grupo de creyentes en una época de persecución, del mismo modo libraría al Profeta y a sus seguidores (Ṭs). Además, la historia de los jóvenes de la caverna que huyeron de todos los bienes y comodidades terrenales para preservar su fe (Ṭs), sugiriendo una suerte de muerte voluntaria al mundo, resulta particularmente elocuente tras la alusión al adorno de la tierra como prueba para los seres humanos (v. 7). Debido a que los Compañeros de la Caverna no son considerados profetas, sino jóvenes muy piadosos y puros, y puesto que son milagrosamente librados y protegidos por Dios a través de su prolongado sueño, al resguardo de la luz ordinaria del sol, algunos aducen esta historia como prueba de la posibilidad de que milagros (karāmāt) de un orden menor que los milagros proféticos (muʿŷizāt) puedan ser concedidos por Dios a Sus amigos sinceros (awliyāʾ, o «santos»). Véanse el comentario de al-Rāzī al v. 11 y el comentario de al-Qushayrī al v. 17.
La pregunta al Profeta: «¿Acaso consideras que el relato de los Compañeros de la Caverna es un prodigio entre Nuestros signos?» pretende sugerir que existen otros «signos» de naturaleza aún más asombrosa, tales como la creación divina de los cielos y de la tierra (IK, R, Ṭ, Ṭs). Si la historia de los compañeros se entiende como un ejemplo de prodigio no profético (karāmah), la pregunta retórica puede pretender sugerir que el orden natural del mundo es en sí mismo una maravilla y un milagro mayor que la alteración ocasional de su regularidad mediante hechos milagrosos.
Caverna traduce al-kahf, que según se dice designa más específicamente una cueva muy espaciosa emplazada en una montaña (R, Ṭs, Z). La Inscripción traduce al-raqīm, vocablo derivado de una raíz que significa «escribir». Muchos comentaristas indican que al-raqīm aquí alude a una inscripción realizada en una tabla de plomo colocada a la entrada de la caverna o grabada en la montaña cerca de la caverna, en la que se detallaban la historia y el destino de los Compañeros de la Caverna (Q, Ṭ, Ṭs, Z), si bien algunos han sugerido que al-raqīm en este pasaje se refiere a un libro que contenía las leyes y enseñanzas del cristianismo (Q), dado que los compañeros eran cristianos temerosos de ser perseguidos por su religión (véase 18:10c). Por otra parte, algunos han sugerido que al-raqīm alude al nombre del valle, de la montaña o de la comarca en que se hallaba la cueva (IK, Ṭ, Ṭs, Z), que algunos sitúan en la zona comprendida entre el noroeste de Arabia y el sur de Palestina (Ṭ, Ṭs, Z), aunque también se han propuesto otros emplazamientos en la actual Turquía (Éfeso) o en Jordania (cerca de Ammán). Otros relatan aún que es el nombre de la edificación erigida para conmemorar la cueva (IK), el nombre del líder de los compañeros (ST) o el nombre de su perro (Z; véase 18:18c).
Versículo 10
إِذْ أَوَى ٱلْفِتْيَةُ إِلَى ٱلْكَهْفِ فَقَالُوا۟ رَبَّنَآ ءَاتِنَا مِن لَّدُنكَ رَحْمَةًۭ وَهَيِّئْ لَنَا مِنْ أَمْرِنَا رَشَدًۭا ﴿١٠﴾
idh awā l-fityatu ilā l-kahfi faqālū rabbanā ātinā mil ladunka raḥmatan wahayyiʾ lanā min amrinā rashadā
Cuando los jóvenes se refugiaron en la caverna, dijeron: «¡Señor nuestro! Concédenos una misericordia procedente de Tu Presencia y dispon para nosotros un juicio recto en nuestro asunto».
10Los jóvenes —es decir, los Compañeros de la Caverna— se refugiaron en la caverna, huyendo hacia Dios por causa de su religión (IK, Ṭs) y buscando refugio de un rey llamado Daqyānūs (Th, Ṭs) o Daqyūs (Q), lo cual podría ser una arabización de Decio, el nombre del rey en el relato cristiano, quien intentaba forzar a sus súbditos a rendir culto a los ídolos (Ṭs). Al-Ṭabrisī menciona asimismo la posibilidad, sugerida en algunas fuentes cristianas, de que se tratara de un rey zoroástrico que intentaba obligar a sus súbditos cristianos a seguir su religión (Ṭs). Algunos relatan que los jóvenes, que bien pudieron haber figurado entre los cortesanos del rey (Ṭs) o ser hijos de familias nobles locales (Q), vivían en Éfeso y eran creyentes que ocultaban su fe por temor a la persecución (Th, Ṭs). Otros indican que eran cristianos que trataban de mantener las creencias y prácticas del cristianismo en una época de gran corrupción religiosa, reyes tiránicos y desvío hacia la idolatría (Th).
Según algunos relatos, el rey se enteró finalmente de que los jóvenes habían buscado refugio en una cueva. Hizo sellar entonces la entrada de la cueva pensando que morirían de hambre y sed (Th). Los jóvenes rogaron por una misericordia procedente de Tu Presencia —es decir, del tesoro de la Misericordia de Dios (R, Z)— y un juicio recto en su asunto, expresando su esperanza de que Dios les concediera guía y conocimiento, sustento, paciencia en su prueba, seguridad frente a sus enemigos y una salvación final (R, Ṭs, Z). Suplicaron que el desenlace de su asunto fuera recto y rectamente encaminado, como en la súplica del Profeta transmitida en un ḥadīz: «¡Oh Dios mío! Haz virtuoso el desenlace de todos nuestros asuntos» (IK). Según algunos, suplicaban que Dios les concediera en última instancia una salida segura de la caverna (Ṭs).
La caverna es el lugar adonde los jóvenes se retiraron del mundo tras haber desesperado de su compasión, buscando la protección de Dios únicamente (Aj). Desde una perspectiva mística, la caverna representa el corazón. Según algunos relatos, los jóvenes pasaron su tiempo en la caverna orando, alabando a Dios y consagrándose enteramente a Él (Th). Así pues, para algunos, su súplica de misericordia era una petición para que Dios los preservara en el recuerdo de Él o mediante este (ST). En la medida en que de quien se halla plenamente inmerso en el recuerdo o invocación de Dios puede decirse que se encuentra al margen de la experiencia del tiempo ordinario, la prolongada vida de los jóvenes de la caverna puede considerarse como un símbolo de dicha vivencia.
Versículo 11
فَضَرَبْنَا عَلَىٰٓ ءَاذَانِهِمْ فِى ٱلْكَهْفِ سِنِينَ عَدَدًۭا ﴿١١﴾
faḍarabnā ʿalā ādhānihim fī l-kahfi sinīna ʿadadā
Y pusimos [un velo] sobre sus oídos en la caverna durante un número de años.
11Dios puso [un velo] sobre sus oídos, literalmente «los golpeó sobre los oídos», lo que significa que los hizo incapaces de oír ruidos que pudieran despertarlos (R, Z) o que los sumió en un sueño profundísimo (IK, Th, Ṭs). Un número de años puede referirse a un período de tiempo prolongado o breve (Z): el v. 25 precisa la cifra en 309 años, pero los Compañeros de la Caverna experimentaron este dilatado lapso como tan solo un día o parte de un día (v. 19). La descripción aquí indica que los compañeros no murieron, sino que permanecieron en un profundo sueño (Ṭs).
Versículo 12
ثُمَّ بَعَثْنَٰهُمْ لِنَعْلَمَ أَىُّ ٱلْحِزْبَيْنِ أَحْصَىٰ لِمَا لَبِثُوٓا۟ أَمَدًۭا ﴿١٢﴾
thumma baʿathnāhum linaʿlama ayyu l-ḥizbayni aḥṣā limā labithū amadā
Luego los despertamos para saber cuál de los dos bandos calculaba mejor el tiempo que habían permanecido allí.
12Los despertamos [o los levantamos] significa que los despertó de su sueño (R, Ṭs). Dios los despertó para saber cuál de los dos bandos calculaba mejor el tiempo que habían permanecido dormidos. Esta declaración parece poner en duda el conocimiento previo que Dios tiene de los sucesos, ya que indica que tuvo que despertar a los jóvenes para saberlo. No obstante, el Corán emplea con frecuencia este lenguaje, el cual puede entenderse en el sentido de que, aunque Dios pone a prueba a las personas para saber algo en el plano manifiesto, Él ya posee la respuesta con anterioridad a la consumación de la prueba (véanse 2:143c; 47:31c). Los dos bandos que discrepaban acerca de la duración de su estancia en la caverna puede referirse a dos grupos entre los propios compañeros (véase el v. 19; R, Ṭs); a los compañeros y a los reyes que gobernaron sobre la ciudad (R); o a todos aquellos que discreparon respecto a esta cuestión (IK).
Al-Rāzī hace notar que los sufíes entienden este versículo como prueba de que, además de los milagros probatorios (muʿŷizāt) que Dios concede únicamente a los profetas en respaldo de su misión profética y como testimonio de su condición de profetas, pueden conferirse otros tipos de prodigios (karāmāt) a quienes han alcanzado una cercanía excepcional a Dios, es decir, a los «santos» o «amigos de Dios» (awliyāʾ Allāh). Estos dos órdenes de milagros se distinguen con total nitidez en los textos islámicos.
Versículo 13–14
نَّحْنُ نَقُصُّ عَلَيْكَ نَبَأَهُم بِٱلْحَقِّ ۚ إِنَّهُمْ فِتْيَةٌ ءَامَنُوا۟ بِرَبِّهِمْ وَزِدْنَٰهُمْ هُدًۭى ﴿١٣﴾ وَرَبَطْنَا عَلَىٰ قُلُوبِهِمْ إِذْ قَامُوا۟ فَقَالُوا۟ رَبُّنَا رَبُّ ٱلسَّمَٰوَٰتِ وَٱلْأَرْضِ لَن نَّدْعُوَا۟ مِن دُونِهِۦٓ إِلَٰهًۭا ۖ لَّقَدْ قُلْنَآ إِذًۭا شَطَطًا ﴿١٤﴾
naḥnu naquṣṣu ʿalayka nabaʾahum bil-ḥaqqi innahum fityatun āmanū birabbihim wazidnāhum hudā · warabaṭnā ʿalā qulūbihim idh qāmū faqālū rabbunā rabbu s-samāwāti wal-arḍi lan nadʿuwa min dūnihī ilāhal laqad qulnā idhan shaṭaṭā
Nosotros te narramos su historia con la verdad. En verdad eran jóvenes que creían en su Señor, y los aumentamos en guía.
Y fortalecimos sus corazones. Cuando se levantaron, dijeron: «Nuestro Señor es el Señor de los cielos y de la tierra. Jamás invocaremos a ningún dios fuera de Él, pues en tal caso habríamos proferido ciertamente una atrocidad.
13–14En el v. 13, el Corán enfatiza la juventud de los Compañeros de la Caverna, y algunos comentaristas observan que a menudo son los jóvenes de una comunidad quienes con mayor prontitud responden a los mensajes de los profetas, mientras que los ancianos de la comunidad se hallan más arraigados en sus falsas prácticas religiosas (IK); por ejemplo, fueron los miembros más jóvenes de los coraichitas quienes con mayor disposición siguieron al Profeta. El Corán yuxtapone asimismo la fe del joven Abraham frente a la idolatría de su padre y de los líderes de su pueblo (véase 21:60); véanse también 7:60, 66, 75, 88, 90, 103; 11:27, 38; 23:24, 33; 34:34; 43:23, donde son los «notables» o «dignatarios» (presumiblemente ancianos) de diversas comunidades quienes rechazan el llamamiento de los profetas enviados a ellos. El vocablo para jóvenes (fityah) se halla emparentado con el término empleado en la tradición clásica para denotar la caballería espiritual (futuwwah), la cual se fundamenta en la fe (Q, Ṭs). La futuwwah (o ŷawānmardī en persa) se caracteriza por ser virtuoso y generoso, abstenerse de lo prohibido y de dañar a los demás, jamás quejarse de la propia situación (Q), ser fiel a la palabra dada, eludir toda hipocresía y desvincularse de todos los apegos (mundanos) (Su). Más tarde, este término quedó asociado a gremios y cofradías en los que se cultivaban estas virtudes.
Aunque ya eran creyentes, los jóvenes fueron aumentados [...] en guía, lo que significa que su fe fue incrementada (Q) o que se les concedió una mayor comprensión y discernimiento de la verdad mediante la fe (ST), así como la paciencia para soportar la separación de su pueblo (Ṭ). El Corán menciona en varios versículos que Dios acrecienta las tendencias ya manifestadas por los seres humanos: si los enfermos de corazón no se vuelven a Dios, su enfermedad se acrecienta (2:10); y para quienes creen, su fe aumenta (p. ej., 48:4). En cuanto a la guía en particular, véanse 19:76: Dios acrecienta en guía a quienes siguen el recto camino; y 47:17: Mas a quienes siguen la guía, Él les incrementa la guía. Dios además fortaleció sus corazones, consolidándolos en la paciencia y en la fe (R, Ṭ, Z) y también en la certidumbre (Qu). Cuando se levantaron alude al abierto desafío de los jóvenes frente al rey tirano Daqyānūs y a su exigencia de que rindieran culto a sus falsas deidades (R, Ṭ, Z), y a su proclamación de que su Señor es el Señor de los cielos y de la tierra, mientras que las falsas deidades de Daqyānūs no son más que súbditos del Señor Único (Ṭ). Según otro relato, los jóvenes albergaban en secreto su fe en un solo Dios de manera independiente unos de otros. Cuando el grupo coincidió fortuitamente a las afueras de la ciudad en cierta ocasión, el mayor de ellos confesó su fe en el Dios Único (IK, R) y, al constatar la conformidad de los demás, proclamaron colectivamente la declaración acerca de su Señor del v. 14, ya fuese allí mismo en ese instante (R) o tras haber comparecido de nuevo ante la corte del rey (IK).
Versículo 15
هَٰٓؤُلَآءِ قَوْمُنَا ٱتَّخَذُوا۟ مِن دُونِهِۦٓ ءَالِهَةًۭ ۖ لَّوْلَا يَأْتُونَ عَلَيْهِم بِسُلْطَٰنٍۭ بَيِّنٍۢ ۖ فَمَنْ أَظْلَمُ مِمَّنِ ٱفْتَرَىٰ عَلَى ٱللَّهِ كَذِبًۭا ﴿١٥﴾
hāʾulāʾi qawmunā ttakhadhū min dūnihī ālihatal lawlā yaʾtūna ʿalayhim bisulṭāmim bayyinin faman aẓlamu mimmani ftarā ʿalā llāhi kadhibā
Este pueblo nuestro ha tomado dioses fuera de Él. ¿Por qué no presentan una autoridad clara sobre ellos? Pues ¿quién comete mayor iniquidad que aquel que forja una mentira contra Dios?
15Autoridad clara significa una prueba o argumento manifiesto de que tales deidades son dignas de adoración; para algunos, este versículo respalda el importante principio islámico de que la adoración religiosa debe fundamentarse en pruebas racionales e intelectuales y no derivar exclusivamente de la imitación ciega (taqlīd) de las prácticas ajenas (R, Ṭs, Z). La pregunta retórica: ¿Quién comete mayor iniquidad que aquel que forja una mentira contra Dios? —en este caso, atribuyéndole copartícipes— se repite en varios versículos; véanse 6:21c; 7:37; 10:17; 11:18; 29:68; 61:7c.
Versículo 16
وَإِذِ ٱعْتَزَلْتُمُوهُمْ وَمَا يَعْبُدُونَ إِلَّا ٱللَّهَ فَأْوُۥٓا۟ إِلَى ٱلْكَهْفِ يَنشُرْ لَكُمْ رَبُّكُم مِّن رَّحْمَتِهِۦ وَيُهَيِّئْ لَكُم مِّنْ أَمْرِكُم مِّرْفَقًۭا ﴿١٦﴾
waʾidhi ʿtazaltumūhum wamā yaʿbudūna illā llāha faʾwū ilā l-kahfi yanshur lakum rabbukum mir raḥmatihī wayuhayyiʾ lakum min amrikum mirfaqā
Y cuando os hayáis apartado de ellos y de cuanto adoran salvo de Dios, refugiaos en la caverna. Vuestro Señor extenderá para vosotros de Su Misericordia y facilitará vuestro asunto».
16Estas son las palabras de Tamlījā (o Yamlījā, Yámblico), el presunto líder de los jóvenes (Ṭs). Les ordena refugiarse en la caverna para ocultarse de los incrédulos. Muchos ven este acontecimiento como análogo al episodio en que el Profeta y Abū Bakr buscaron refugio en una cueva durante su emigración (hiŷrah) a Medina mientras procuraban eludir a los perseguidores mequíes (véanse 9:40 y su comentario; IK). En ambos casos la caverna, que es un símbolo del «espacio» interior del corazón, ofrece un santuario y refugio milagroso frente al mundo y sus males. La promesa de Tamlījā de que Dios facilitará vuestro asunto [o dispondrá holgura en vuestro asunto] sugiere una respuesta a la súplica de los jóvenes a Dios en el v. 10 pidiéndole que dispusiera para ellos un juicio recto en su asunto.
Versículo 17
۞ وَتَرَى ٱلشَّمْسَ إِذَا طَلَعَت تَّزَٰوَرُ عَن كَهْفِهِمْ ذَاتَ ٱلْيَمِينِ وَإِذَا غَرَبَت تَّقْرِضُهُمْ ذَاتَ ٱلشِّمَالِ وَهُمْ فِى فَجْوَةٍۢ مِّنْهُ ۚ ذَٰلِكَ مِنْ ءَايَٰتِ ٱللَّهِ ۗ مَن يَهْدِ ٱللَّهُ فَهُوَ ٱلْمُهْتَدِ ۖ وَمَن يُضْلِلْ فَلَن تَجِدَ لَهُۥ وَلِيًّۭا مُّرْشِدًۭا ﴿١٧﴾
watarā sh-shamsa idhā ṭalaʿat tazāwaru ʿan kahfihim dhāta l-yamīni waʾidhā gharabat taqriḍuhum dhāta sh-shimāli wahum fī faŷwatim minhu dhālika min āyāti llāhi man yahdi llāhu fahuwa l-muhtadi waman yuḍlil falan taŷida lahū waliyyam murshidā
Y habrías visto al sol cuando salía declinar de su caverna hacia la derecha; y cuando se ponía, apartarse de ellos hacia la izquierda, mientras se encontraban en un espacio abierto dentro de ella. Eso forma parte de los signos de Dios. A quien Dios guía, está bien guiado; y a quien Él extravía, jamás le hallarás protector que lo encamine rectamente.
17Este versículo está dirigido al Profeta, según al-Ṭabarī, aunque otros consideran que se dirige a un interlocutor indeterminado (Q, R). El sol declinaba de su caverna hacia la derecha al salir y se apartaba de ellos hacia la izquierda al ponerse; a pesar de las expresiones distintas, estos movimientos pueden entenderse como paralelos entre sí (Ṭ). El que se hallaran en un espacio abierto dentro de ella se entiende en el sentido de que la caverna era espaciosa, con una amplia abertura que permitía que el aire fresco y las brisas suaves llegaran hasta los jóvenes mientras dormían en su interior (IK, JJ, Z); la inclinación del sol al margen de la caverna hacía que no padecieran el calor de la luz solar directa, sino que permanecieran cómodamente a la sombra (Ṭ, Th, Z). En el Corán, la sombra constituye una de las bendiciones de Dios en este mundo (2:57; 25:45–46) y muy especialmente en el Más Allá (p. ej., 4:57; 13:35; 36:56). Véase asimismo 16:81, donde tanto la sombra como los lugares de refugio en las montañas se mencionan entre las bendiciones divinas.
En varios versículos se afirma que Dios tanto guía como extravía; para el sentido de esta idea y los respectivos destinos de los involucrados, véanse 7:178c; 17:97c.
Versículo 18
وَتَحْسَبُهُمْ أَيْقَاظًۭا وَهُمْ رُقُودٌۭ ۚ وَنُقَلِّبُهُمْ ذَاتَ ٱلْيَمِينِ وَذَاتَ ٱلشِّمَالِ ۖ وَكَلْبُهُم بَٰسِطٌۭ ذِرَاعَيْهِ بِٱلْوَصِيدِ ۚ لَوِ ٱطَّلَعْتَ عَلَيْهِمْ لَوَلَّيْتَ مِنْهُمْ فِرَارًۭا وَلَمُلِئْتَ مِنْهُمْ رُعْبًۭا ﴿١٨﴾
wataḥsabuhum ayqāẓan wahum ruqūdun wanuqallibuhum dhāta l-yamīni wadhāta sh-shimāli wakalbuhum bāsiṭun dhirāʿayhi bil-waṣīdi lawi ṭṭalaʿta ʿalayhim lawallayta minhum firāran walamuliʾta minhum ruʿbā
Y los habrías creído despiertos, cuando en realidad estaban dormidos. Y los hacíamos girar a la derecha y a la izquierda, mientras su perro extendía sus patas delanteras en el umbral. De haberte asomado a ellos, habrías huido dándoles la espalda, sobrecogido de pavor a causa de ellos.
18Los jóvenes en la caverna son descritos como dormidos (véase 18:11c), pero también como si parecieran estar despiertos, tal vez porque dormían con los ojos abiertos o debido a sus giros corporales, que según algunos se producían una o dos veces al año (R, Z). Esto puede indicar que se encontraban en un estado intermedio entre la vigilia y el sueño ordinarios. El dormir y el despertar pueden servir además como metáforas de la vida y la muerte —como en el célebre ḥadīz: «Los hombres están dormidos, y cuando mueren despiertan», donde la vigilia ordinaria se asocia con el sueño y la muerte con el despertar pleno— y pueden simbolizar la muerte y la resurrección, como en 6:60: Él es Quien toma vuestras almas de noche y sabe lo que cometéis de día. Luego os resucita en él para que se cumpla un plazo fijado. El sueño puede representar, por consiguiente, el espacio y tiempo finitos de la vida terrenal, situados entre la eternidad que la precede y la que la sucede, pero también el período finito de la muerte en la tumba que se experimenta entre la muerte terrenal individual y la resurrección universal.
De este modo, el sueño se halla asociado con el barzaj, el ámbito intermedio entre dos opuestos: cuando uno duerme, sigue vivo, pero su alma ha sido «tomada» por Dios (6:60), de suerte que constituye una especie de «muerte menor», tras la cual el despertar es como una resurrección; véase el ensayo «La muerte, el morir y el Más Allá en el Corán». En este sentido, la historia de los Compañeros de la Caverna puede leerse no solo como una prueba del poder divino de resurrección, sino también como una alegoría del barzaj o ámbito intermedio entre la muerte individual y la resurrección universal. Desde una perspectiva sufí, el giro de los jóvenes en su sueño puede representar asimismo su alternancia entre los estados de aniquilación (fanāʾ) y de subsistencia (baqāʾ) en Dios (Su).
En su sueño, Dios los hacía girar a la derecha y a la izquierda para evitar que fueran cubiertos y finalmente consumidos por la tierra (Ṭ). Según algunos comentaristas, el perro les servía como animal de caza (Th); respecto a la licitud de emplear perros para la caza, véase 5:4c. Algunos relatan que los jóvenes se toparon casualmente con el perro mientras huían del rey (Q, Th). Al principio intentaron ahuyentarlo por temor a que revelara su paradero, pero al perro le fue concedida milagrosamente la facultad de hablar (Q, Th) y dijo a los jóvenes: «Amo a quienes aman a Dios; dormid, pues, mientras yo monto guardia» (Q, R, Th). Algunos relatan que era un perro pastor perteneciente a un zagal con el que se habían encontrado en el camino, y que ambos siguieron a los jóvenes (R). Otros no consideran que se tratara en absoluto de un perro, sino que sugieren que la palabra para «perro», kalb, era en realidad el nombre de otra persona que acompañaba a los jóvenes: según algunos, su cocinero (Ṭ), y según otros, su perrero o cuidador de perros (leyendo kālib en lugar de kalb; Z), en cuyo caso la palabra vertida como patas delanteras en la traducción designaría sus «brazos». Umbral traduce waṣīd, vocablo que puede aludir también a la puerta o entrada de la caverna, o bien a la tierra o polvo que hay frente a ella (Ṭ).
Dirigiéndose al Profeta, el versículo indica que de haberse asomado él mismo ante los jóvenes en la caverna durante su milagroso sueño, habría huido atemorizado lejos de ellos, ya que, según algunos, Dios los había revestido de una apariencia sobrecogedora para impedir que nadie los tocara o perturbara mientras dormían (Ṭ, Z).
Versículo 19–21
وَكَذَٰلِكَ بَعَثْنَٰهُمْ لِيَتَسَآءَلُوا۟ بَيْنَهُمْ ۚ قَالَ قَآئِلٌۭ مِّنْهُمْ كَمْ لَبِثْتُمْ ۖ قَالُوا۟ لَبِثْنَا يَوْمًا أَوْ بَعْضَ يَوْمٍۢ ۚ قَالُوا۟ رَبُّكُمْ أَعْلَمُ بِمَا لَبِثْتُمْ فَٱبْعَثُوٓا۟ أَحَدَكُم بِوَرِقِكُمْ هَٰذِهِۦٓ إِلَى ٱلْمَدِينَةِ فَلْيَنظُرْ أَيُّهَآ أَزْكَىٰ طَعَامًۭا فَلْيَأْتِكُم بِرِزْقٍۢ مِّنْهُ وَلْيَتَلَطَّفْ وَلَا يُشْعِرَنَّ بِكُمْ أَحَدًا ﴿١٩﴾ إِنَّهُمْ إِن يَظْهَرُوا۟ عَلَيْكُمْ يَرْجُمُوكُمْ أَوْ يُعِيدُوكُمْ فِى مِلَّتِهِمْ وَلَن تُفْلِحُوٓا۟ إِذًا أَبَدًۭا ﴿٢٠﴾ وَكَذَٰلِكَ أَعْثَرْنَا عَلَيْهِمْ لِيَعْلَمُوٓا۟ أَنَّ وَعْدَ ٱللَّهِ حَقٌّۭ وَأَنَّ ٱلسَّاعَةَ لَا رَيْبَ فِيهَآ إِذْ يَتَنَٰزَعُونَ بَيْنَهُمْ أَمْرَهُمْ ۖ فَقَالُوا۟ ٱبْنُوا۟ عَلَيْهِم بُنْيَٰنًۭا ۖ رَّبُّهُمْ أَعْلَمُ بِهِمْ ۚ قَالَ ٱلَّذِينَ غَلَبُوا۟ عَلَىٰٓ أَمْرِهِمْ لَنَتَّخِذَنَّ عَلَيْهِم مَّسْجِدًۭا ﴿٢١﴾
wakadhālika baʿathnāhum liyatasāʾalū baynahum qāla qāʾilum minhum kam labithtum qālū labithnā yawman aw baʿḍa yawmin qālū rabbukum aʿlamu bimā labithtum fabʿathū aḥadakum biwariqikum hādhihī ilā l-madīnati falyanẓur ayyuhā azkā ṭaʿāman falyaʾtikum birizqim minhu walyatalaṭṭaf walā yushʿiranna bikum aḥadā · innahum in yaẓharū ʿalaykum yarŷumūkum aw yuʿīdūkum fī millatihim walan tufliḥū idhan abadā · wakadhālika aʿtharnā ʿalayhim liyaʿlamū anna waʿda llāhi ḥaqqun waʾanna s-sāʿata lā rayba fīhā idh yatanāzaʿūna baynahum amrahum faqālū bnū ʿalayhim bunyānar rabbuhum aʿlamu bihim qāla lladhīna ghalabū ʿalā amrihim lanattakhidhanna ʿalayhim masŷidā
Y del mismo modo los despertamos para que se interrogaran entre sí. Dijo uno de ellos: «¿Cuánto habéis permanecido?». Dijeron: «Hemos permanecido un día o parte de un día». Dijeron: «Vuestro Señor sabe mejor cuánto habéis permanecido. Enviad, pues, a uno de vosotros con estas monedas vuestras a la ciudad, y que observe cuál de ellos tiene el alimento más puro y os traiga de él provisión. Y que actúe con cautela y no haga que nadie se percate de vosotros.
En verdad, si llegan a saber de vosotros, os apedrearán o bien os harán volver a su credo, y entonces jamás prosperaréis».
Y así los hicimos descubrir para que supieran que la Promesa de Dios es verdadera y que no hay duda sobre la Hora. Cuando disputaban entre ellos sobre su asunto, dijeron: «Erigid una edificación sobre ellos; su Señor sabe mejor de ellos». Dijeron los que prevalecieron sobre su asunto: «Construiremos sobre ellos un lugar de culto».
19–21Se relata que los jóvenes despertaron después de que su caverna fuera descubierta por un pastor que buscaba un sitio para guarecer su rebaño de la lluvia. Cuando despejó la entrada de la caverna, los jóvenes despertaron (Ṭ). Inconscientes de cuánto tiempo habían dormido, estimaron que habían permanecido un día o parte de un día. Algunos dicen que calcularon que había pasado un día dado que entraron a la caverna por la mañana y despertaron al atardecer (IK, Ṭ, Z); solo al ver la longitud de sus cabellos y de sus uñas dijeron: Vuestro Señor sabe mejor cuánto habéis permanecido (R, Z). No obstante, su cálculo de haber permanecido un día es idéntico al formulado por el hombre que había dudado de la resurrección, fue sumido en el sueño por Dios y luego despertado tras cien años en 2:259. De manera análoga, en el Último Día, el Corán afirma que las personas estimarán que permanecieron apenas un corto lapso antes de su resurrección (véanse 10:45; 17:52; 20:104; 23:112–13; 30:55; 46:35; 79:46). El que las reacciones de los jóvenes al despertar se describan de forma semejante a las reacciones de quienes son resucitados de entre los muertos señala la estrecha vinculación simbólica de este relato con la muerte, la resurrección y el estado intermedio o barzaj entre ambas; véase el ensayo «La muerte, el morir y el Más Allá en el Corán».
Uno de los jóvenes es comisionado para tomar algo de dinero, en alusión a un dírham de plata que llevaba acuñada la efigie del rey opresor de su propia época, y entrar en la ciudad para comprar comida; pero debía hacerlo con sigilo, pues temían ser descubiertos y perseguidos. Sin embargo, el dírham lo delata, pues la gente se quedó asombrada al ver aquella moneda antigua. Le informaron entonces al joven de que habían transcurrido siglos enteros. Se hallaban gobernados ahora por un rey justo, Tīḏūsīs (Teodosio; Ṭ), durante cuyo reinado el pueblo había estado disputando entre ellos sobre su asunto, a saber, acerca de si el cuerpo resucitaba junto con el espíritu o si solo resucitaba el espíritu. El rey creía en la resurrección corporal y había rogado a Dios por una señal que convenciera a su pueblo. Cuando conoció la historia de los jóvenes de la caverna, la proclamó como un signo de que la resurrección es una realidad tanto física como espiritual y, guiado por el joven, encabezó una comitiva de su pueblo hacia la caverna. No obstante, en cuanto el joven entró en la caverna donde se encontraban sus compañeros, retornó instantáneamente a su sueño profundo, al igual que sus compañeros. El rey y la gente del pueblo entraron más tarde y los hallaron en un estado de perfección corporal, sin signo alguno de descomposición (Ṭ).
Existen diversas variantes de este relato en los comentarios; algunos indican que el joven conversó brevemente con el rey y con los habitantes de la ciudad, deseándoles el bien, tras lo cual regresó a su estado de sueño y finalmente murió. Algunos relatan que la gente de la ciudad encontró más tarde en la caverna las tablillas con la inscripción (v. 9) en las que se referían los nombres de los jóvenes y su historia (Ṭ). De este modo, se dice que Dios hizo que los jóvenes fueran descubiertos por el rey y su pueblo para que supieran que la Promesa de Dios es verdadera y para que no tuvieran duda alguna respecto a la Hora o la Resurrección en ese Día, pues Quien puede hacer despertar a quienes duermen sin alteración tras muchos siglos puede con certeza resucitar a los muertos (Ṭ). Más adelante, algunos habitantes sugirieron erigir una edificación sobre ellos, pero otros consideraron preferible erigir un lugar de culto (masŷid) en el sitio. Según al-Ṭabarī, levantaron una edificación que más tarde se convirtió en un lugar de oración. Algunos consideran que la disputa entre la gente del pueblo alude a su desacuerdo acerca de cómo conmemorar el sitio de la caverna, en la que los incrédulos abogaban por un edificio civil y los creyentes por un lugar de oración (JJ, R), o bien a su desacuerdo sobre el estado de los jóvenes, sobre si estaban muertos o dormidos, sobre el tiempo transcurrido en la caverna o sobre su número (véase el v. 22). Al no poder resolver sus discrepancias, dijeron: Su Señor sabe mejor de ellos.
Versículo 22
سَيَقُولُونَ ثَلَٰثَةٌۭ رَّابِعُهُمْ كَلْبُهُمْ وَيَقُولُونَ خَمْسَةٌۭ سَادِسُهُمْ كَلْبُهُمْ رَجْمًۢا بِٱلْغَيْبِ ۖ وَيَقُولُونَ سَبْعَةٌۭ وَثَامِنُهُمْ كَلْبُهُمْ ۚ قُل رَّبِّىٓ أَعْلَمُ بِعِدَّتِهِم مَّا يَعْلَمُهُمْ إِلَّا قَلِيلٌۭ ۗ فَلَا تُمَارِ فِيهِمْ إِلَّا مِرَآءًۭ ظَٰهِرًۭا وَلَا تَسْتَفْتِ فِيهِم مِّنْهُمْ أَحَدًۭا ﴿٢٢﴾
sayaqūlūna thalāthatur rābiʿuhum kalbuhum wayaqūlūna khamsatun sādisuhum kalbuhum raŷmam bil-ghaybi wayaqūlūna sabʿatun wathāminuhum kalbuhum qul rabbī aʿlamu biʿiddatihim mā yaʿlamuhum illā qalīlun falā tumāri fīhim illā mirāʾan ẓāhiran walā tastafti fīhim minhum aḥadā
Dirán: «[Eran] tres, y el cuarto era su perro». Y dirán: «Cinco, y el sexto era su perro», conjeturando sobre lo oculto. Y dirán: «Siete, y el octavo era su perro». Di: «Mi Señor conoce mejor su número; nadie los conoce salvo unos pocos». Así pues, no disputes acerca de ellos sino con argumentos claros, ni consultes sobre ellos a ninguno de ellos.
22Este versículo desaconseja profundizar en el debate y la discusión acerca del número de los jóvenes, ya que todo debate semejante equivale a conjeturar sobre lo oculto, empresa vana, pues como dice el Corán en 6:59: Y junto a Él están las llaves de lo Oculto. Nadie las conoce sino Él. Con respecto a los jóvenes, sin embargo, se afirma que nadie los conoce salvo unos pocos. Algunos identifican a estos «pocos» con la Gente del Libro (Ṭ). Así pues, no disputes acerca de ellos sino con argumentos claros está dirigido al Profeta y le instruye a no polemizar con ellos sobre este asunto, sino más bien a conformarse con las partes del relato que le han sido reveladas en esta narración coránica (Ṭ). El versículo añade ni consultes sobre ellos a ninguno de ellos, lo que significa que no debe seguir interrogando a la Gente del Libro acerca de esta cuestión (Ṭ).
Versículo 23–24
وَلَا تَقُولَنَّ لِشَا۟ىْءٍ إِنِّى فَاعِلٌۭ ذَٰلِكَ غَدًا ﴿٢٣﴾ إِلَّآ أَن يَشَآءَ ٱللَّهُ ۚ وَٱذْكُر رَّبَّكَ إِذَا نَسِيتَ وَقُلْ عَسَىٰٓ أَن يَهْدِيَنِ رَبِّى لِأَقْرَبَ مِنْ هَٰذَا رَشَدًۭا ﴿٢٤﴾
walā taqūlanna lishayʾin innī fāʿilun dhālika ghadā · illā an yashāʾa llāhu wadhkur rabbaka idhā nasīta waqul ʿasā an yahdiyani rabbī liʾaqraba min hādhā rashadā
Y no digas jamás de nada: «Ciertamente lo haré mañana»,
salvo [añadiendo]: «Si Dios quiere». Y recuerda a tu Señor cuando olvides, y di: «Puede ser que mi Señor me guíe más cerca de esto a la rectitud».
23–24Estos versículos se dirigen al Profeta Mahoma, recordándole que jamás debe formular una promesa respecto a lo que pueda hacer mañana, entendiendo por ello el futuro en general (Z), sin reconocer que su cumplimiento depende de la Voluntad de Dios. En su contexto, atañe a la promesa inicial del Profeta a los mequíes de que respondería a sus preguntas sobre los jóvenes de la caverna al día siguiente, asumiendo que recibiría revelación de Dios antes de ese momento sobre cómo responder a sus cuestiones; según algunos, no recibió revelación durante quince días, lo que indujo a los mequíes a dudar de su capacidad para responder y, en última instancia, de su condición profética (Ṭ). Algunos comentaristas sugieren que el versículo puede leerse como una instrucción al Profeta para que reconozca verbalmente la Voluntad de Dios en todos estos asuntos añadiendo la cláusula condicional «si Dios quiere» (in shāʾ Allāh) a cualquier promesa de acción futura (R, Z). Constituye, por ende, una práctica habitual de los musulmanes pronunciar esta fórmula siempre que hablan de aquello que esperan realizar o que anhelan que acontezca en el futuro. Esta costumbre sirve como un recordatorio constante de que nada acontece al margen de la Voluntad de Dios y reconoce que el futuro se halla firmemente en Sus Manos.
El v. 24 instruye además al Profeta, y por extensión a todas las personas, a recordar a tu Señor de nuevo en caso de olvidar mencionar la dependencia de toda acción futura respecto a la Voluntad divina. El precepto coránico aquí planteado —de responder al olvido de Dios no con amargo pesar, sino sencillamente con un recuerdo renovado y la rectificación del estado del alma y de la mente— es análogo al mandato de 6:68: Y cuando veas a quienes se enzarzan en vanas disputas sobre Nuestros signos, apártate de ellos hasta que cambien de conversación. Y si Satanás te hace olvidar, una vez que te hayas acordado, no te sientes en compañía de los injustos. Según algunos, es preferible percatarse del error de haber olvidado reconocer la función de la Voluntad de Dios y corregirse mientras se permanezca todavía en el mismo lugar y situación en que se formuló la declaración original (JJ, Z). Otros afirman que puede pronunciarse la fórmula incluso mucho después (Ṭ, Z), si bien uno podría seguir estando obligado a ofrecer expiación por un juramento incumplido (Ṭ); respecto a la importancia de mantener los juramentos, véase el comentario a 16:91–92; en cuanto a la expiación por juramentos quebrantados, véase 5:89c. Puede ser que mi Señor me guíe más cerca de esto a la rectitud puede entenderse como el contenido del recuerdo que uno formula al percatarse de haber olvidado reconocer la Voluntad divina en un asunto (Z), o bien puede ser la súplica del Profeta para que se le otorguen signos y pruebas aún mayores de su condición profética que el haber sido informado por Dios acerca de los jóvenes de la caverna (Bḍ, JJ, Z).
Versículo 25–26
وَلَبِثُوا۟ فِى كَهْفِهِمْ ثَلَٰثَ مِا۟ئَةٍۢ سِنِينَ وَٱزْدَادُوا۟ تِسْعًۭا ﴿٢٥﴾ قُلِ ٱللَّهُ أَعْلَمُ بِمَا لَبِثُوا۟ ۖ لَهُۥ غَيْبُ ٱلسَّمَٰوَٰتِ وَٱلْأَرْضِ ۖ أَبْصِرْ بِهِۦ وَأَسْمِعْ ۚ مَا لَهُم مِّن دُونِهِۦ مِن وَلِىٍّۢ وَلَا يُشْرِكُ فِى حُكْمِهِۦٓ أَحَدًۭا ﴿٢٦﴾
walabithū fī kahfihim thalātha miʾatin sinīna wazdādū tisʿā · quli llāhu aʿlamu bimā labithū lahū ghaybu s-samāwāti wal-arḍi abṣir bihī waʾasmiʿ mā lahum min dūnihī min waliyyin walā yushriku fī ḥukmihī aḥadā
Y permanecieron en su caverna trescientos años, a los que se añaden nueve más.
Di: «Dios sabe mejor cuánto permanecieron. A Él pertenece lo Oculto de los cielos y de la tierra. ¡Qué bien ve, qué bien oye! No tienen fuera de Él protector alguno, y Él a nadie asocia en Su Juicio».
25–26La declaración de que los jóvenes permanecieron en la caverna durante 309 años es, según algunos, el modo en que Dios informa al Profeta del cómputo de años que la Gente del Libro afirma que pasaron en la caverna (Ṭ, Z); no obstante, podría no ser el número exacto y real de años, como sugiere la afirmación subsiguiente: Dios sabe mejor cuánto permanecieron (v. 26). Otros sostienen que esta cifra representa el número real de años que los jóvenes durmieron en la caverna (Ṭ), y que Dios sabe mejor alude al tiempo que permanecieron en la cueva tras su muerte, acaecida poco después de despertar y ser descubiertos (véase 18:19–21c; Ṭ). Otros sugieren aún que la cifra de 309 años representa el número real de años transcurridos en la caverna y que vino a zanjar una disputa existente sobre la cuestión, de ahí que Dios sabe mejor cuánto permanecieron (Z). Algunos comentaristas hacen notar además que se alude al número de años como trescientos años, a los que se añaden nueve más debido a que 300 años representa el período que durmieron en la cueva con arreglo al calendario solar, y habrían de sumarse otros 9 años si este mismo lapso se computara con arreglo al calendario lunar, que era el seguido por el Profeta y los árabes (IK, JJ, Q).
Lo Oculto pertenece a Dios solo (10:20; 11:123; 16:77) y solo Dios conoce lo oculto, como en 6:59: Y junto a Él están las llaves de lo Oculto. Nadie las conoce sino Él; y Él sabe lo que hay en la tierra y en el mar; no cae una sola hoja sin que Él lo sepa, ni grano alguno en las tinieblas de la tierra, ni nada verde o seco, que no esté en un Libro claro (véanse también 23:92; 27:65; 72:26). ¡Qué bien ve, qué bien oye! es una exclamación que denota que nadie ve ni oye como Dios ni mejor que Él (IK, Q), Quien es el que Todo lo Oye, el que Todo lo Ve, y acerca de Quien se afirma: Las miradas no Lo alcanzan, pero Él alcanza todas las miradas (6:103). Ellos —esto es, bien los jóvenes de la caverna (R), bien quienes disputaban acerca de su asunto (R)— no tienen fuera de Él protector alguno (véanse también, p. ej., 6:70; 11:20; 29:22; 33:18; 42:32; 46:32). El que no tenga copartícipe [...] en Su Juicio significa que Su Sentencia es definitiva y no admite apelación ni revisión alguna (IK); o bien, en este contexto concreto, puede significar que Su pronunciamiento acerca de los jóvenes de la caverna y la duración de su sueño constituye el juicio concluyente sobre la materia (R).
Versículo 27
وَٱتْلُ مَآ أُوحِىَ إِلَيْكَ مِن كِتَابِ رَبِّكَ ۖ لَا مُبَدِّلَ لِكَلِمَٰتِهِۦ وَلَن تَجِدَ مِن دُونِهِۦ مُلْتَحَدًۭا ﴿٢٧﴾
wautlu mā ūḥiya ilayka min kitābi rabbika lā mubaddila likalimātihī walan taŷida min dūnihī multaḥadā
Y recita lo que te ha sido revelado del Libro de tu Señor. Nadie puede alterar Sus Palabras. Y no hallarás refugio alguno fuera de Él.
27Los mequíes, a quienes desagradaba el Corán revelado al Profeta, solían pedirle que trajera un Corán distinto o que lo modificara para acomodarlo a sus preferencias (véase 10:15). El presente versículo constituye una réplica a tales peticiones (Z), instruyendo al Profeta a recitar lo que le ha sido revelado (véase asimismo 29:45) y recordándole que nadie puede alterar Sus Palabras (véanse también 6:115; 10:64). Solo Dios puede modificar Sus revelaciones, sustituyendo una por otra (véanse 16:101 y su comentario).
Versículo 28
وَٱصْبِرْ نَفْسَكَ مَعَ ٱلَّذِينَ يَدْعُونَ رَبَّهُم بِٱلْغَدَوٰةِ وَٱلْعَشِىِّ يُرِيدُونَ وَجْهَهُۥ ۖ وَلَا تَعْدُ عَيْنَاكَ عَنْهُمْ تُرِيدُ زِينَةَ ٱلْحَيَوٰةِ ٱلدُّنْيَا ۖ وَلَا تُطِعْ مَنْ أَغْفَلْنَا قَلْبَهُۥ عَن ذِكْرِنَا وَٱتَّبَعَ هَوَىٰهُ وَكَانَ أَمْرُهُۥ فُرُطًۭا ﴿٢٨﴾
waiṣbir nafsaka maʿa lladhīna yadʿūna rabbahum bil-ghadāti wal-ʿashiyyi yurīdūna waŷhahū walā taʿdu ʿaynāka ʿanhum turīdu zīnata l-ḥayāti d-dunyā walā tuṭiʿ man aghfalnā qalbahū ʿan dhikrinā wattabaʿa hawāhu wakāna amruhū furuṭā
Y persevera pacientemente con quienes invocan a su Señor mañana y tarde deseando Su Rostro. Y no apartes tus ojos de ellos deseando el esplendor de la vida de este mundo, ni obedezcas a aquel cuyo corazón hemos hecho descuidado de Nuestro recuerdo, que sigue sus pasiones y cuyos actos desbordan todo límite.
28Este versículo atañe al episodio en que algunos magnates mequíes manifestaron su disposición a sentarse a escuchar las enseñanzas del Profeta, a condición de que los seguidores más humildes del Profeta se marcharan, para no tener que alternar con personas de baja condición social (Ṭ, W), episodio analizado pormenorizadamente en el comentario a 6:52: Y no expulses a quienes invocan a su Señor mañana y tarde deseando Su Rostro. Nada de su cuenta te incumbe a ti y nada de tu cuenta les incumbe a ellos, como para que los rechaces y te conviertas así en uno de los transgresores. Aquí, al igual que en 6:52, se instruye al Profeta a permanecer constante junto a sus devotos sinceros que invocan a su Señor —es decir, recordándole, alabándole, glorificándole, suplicándole y realizando sus oraciones (Ṭ).
El que Lo invoquen mañana y tarde puede significar que lo hacen en esos momentos específicos o que lo hacen incesantemente; la prescripción de alabar, glorificar o invocar a Dios mañana y tarde se encuentra también en 33:42; 48:9; 76:25. Lo invocan deseando Su Rostro, es decir, procurando complacer a Dios y ganarse Su Recompensa antes que recompensas o provechos terrenales (Ṭ); cf. 2:272; 13:22; 30:38–39; 76:9; 92:18–20. Desde una perspectiva mística, esta expresión alude en su grado más excelso a la búsqueda de la contemplación y visión de Dios. Se le ordena al Profeta no apartar sus ojos de ellos deseando el esplendor de la vida de este mundo, esto es, no desviar la mirada por encima de ellos hacia otros adeptos potenciales que pudieran ser más acaudalados o influyentes (Ṭ; para una situación semejante, véase 80:1c), ni preferir la compañía de los ricos y encumbrados frente a la de los desfavorecidos que son devotos y sinceros (Ṭ). Más tarde, se relató que el Profeta dijo respecto a este último grupo: «Alabado sea Dios, Quien no me hizo morir antes de ordenar a mi alma perseverar con paciencia junto a algunos hombres de mi comunidad» (IK, Ṭ, W). Aquel cuyo corazón hemos hecho descuidado se refiere a los mequíes que pretendían que el Profeta expulsara a sus seguidores más pobres (Ṭ). El que sus actos desbordan todo límite significa que son pródigos, negligentes y desmedidos, anteponiendo sus mezquinos caprichos a la verdad.
Versículo 29
وَقُلِ ٱلْحَقُّ مِن رَّبِّكُمْ ۖ فَمَن شَآءَ فَلْيُؤْمِن وَمَن شَآءَ فَلْيَكْفُرْ ۚ إِنَّآ أَعْتَدْنَا لِلظَّٰلِمِينَ نَارًا أَحَاطَ بِهِمْ سُرَادِقُهَا ۚ وَإِن يَسْتَغِيثُوا۟ يُغَاثُوا۟ بِمَآءٍۢ كَٱلْمُهْلِ يَشْوِى ٱلْوُجُوهَ ۚ بِئْسَ ٱلشَّرَابُ وَسَآءَتْ مُرْتَفَقًا ﴿٢٩﴾
waquli l-ḥaqqu mir rabbikum faman shāʾa falyuʾmin waman shāʾa falyakfur innā aʿtadnā liẓ-ẓālimīna nāran aḥāṭa bihim surādiquhā waʾin yastaghīthū yughāthū bimāʾin kal-muhli yashwī l-wuŷūha biʾsa sh-sharābu wasāʾat murtafaqā
Y di: «¡La verdad procede de vuestro Señor! Así pues, quien quiera, que crea; y quien quiera, que no crea». Ciertamente hemos preparado para los transgresores un Fuego cuyas bóvedas los envolverán. Y si piden socorro, serán socorridos con un agua semejante al plomo fundido que abrasará los rostros: ¡qué nefasta bebida y qué funesto lugar de reposo!
29Se afirma que este versículo fue revelado asimismo con relación al incidente expuesto en el v. 28. Quien quiera, que crea; y quien quiera, que no crea reviste el sentido de una seria advertencia. Lo que entraña esta declaración es que la obligación del Profeta estriba únicamente en proclamar la verdad; a él no le compete determinar quién aceptará la verdad y quién la rechazará. Se trata de una cuestión que concierne en última instancia a Dios (Q, R) o, desde la perspectiva humana, a cada individuo, quien debe decidir si sigue la verdad o le da la espalda (Z). Que este versículo constituye una advertencia y no una dispensa o licencia lo confirman las frases de la segunda mitad de la aleya, las cuales relatan los tormentos del Infierno que han sido preparados para los transgresores.
El Fuego se describe adoptando la forma de bóvedas o pabellones que los envolverán; esto es, el Fuego los rodeará por todos los costados, desde arriba y desde abajo; véanse asimismo 29:55; 39:16. El agua semejante al plomo fundido es uno de los diversos líquidos espantosos con que serán atormentados los moradores del Infierno. O bien dichos fluidos se vierten sobre los réprobos del Infierno, o bien se les obliga a beberlos; véanse 6:70; 10:4; 22:19; 37:67; 38:57; 40:72; 44:48; 47:15; 56:42, 54, 93; 78:25; 88:5, así como 44:43–46: Ciertamente el árbol de Zaqqūm es el alimento del pecador, como plomo fundido hirviendo en sus vientres, como el hervor del agua hirviente. En el presente versículo, el agua semejante al plomo fundido es tanto arrojada sobre los réprobos del Infierno como administrada como una nefasta bebida para ellos. Algunos describen esta imagen como un muro de agua que se desploma sobre el Infierno, y cuando los condenados intentan beber de ella para aliviar su sed, el ardor del agua les calcina los rostros (Z). Las funestas bebidas del Infierno —tanto hirvientes como gélidas— contrastan vívidamente con las bebidas sumamente deleitables del Jardín (véase 47:15). El que esta agua vaya a abrasar los rostros concuerda con otros versículos que indican que el castigo en el Más Allá o bien se aplica o bien se manifiesta de manera eminente en los «rostros», siendo los rostros un símbolo de la persona en su totalidad y no meramente una parte de su cuerpo; véanse 3:106; 4:47; 8:50; 10:27; 14:50; 17:97; 21:39; 23:104; 25:34; 27:90; 33:66; 39:60; 47:27; 54:48; 67:27; 80:40–41.
Versículo 30
إِنَّ ٱلَّذِينَ ءَامَنُوا۟ وَعَمِلُوا۟ ٱلصَّٰلِحَٰتِ إِنَّا لَا نُضِيعُ أَجْرَ مَنْ أَحْسَنَ عَمَلًا ﴿٣٠﴾
inna lladhīna āmanū waʿamilū ṣ-ṣāliḥāti innā lā nuḍīʿu aŷra man aḥsana ʿamalā
En cuanto a quienes crean y obren rectamente, ciertamente Nosotros no dejaremos sin recompensa a quien haya obrado con excelencia.
30Creer y realizar obras rectas se mencionan frecuentemente juntos como los dos fundamentos inseparables del éxito en este mundo en lo que atañe a la vida del Más Allá; véanse, p. ej., 2:25; 3:57; 4:57; 5:69; 7:42; 17:9. Véase asimismo 98:7: En verdad aquellos que creen y obran rectamente son lo mejor de la creación. Para Nosotros no dejaremos sin recompensa a quien haya obrado con excelencia, cf. 9:120; 11:115; 12:56, 89; lo mismo se predica de los creyentes (3:171) y de quienes obran con rectitud (7:170). La fe, la sumisión mediante las buenas obras y la excelencia constituyen los tres componentes esenciales de la religión —īmān, islām e iḥsān— según el célebre ḥadīz de Gabriel, en el cual el īmān se asocia a los fundamentos del dogma; el islām a los cinco pilares o prácticas preceptivas (atestiguar la Unicidad de Dios, cumplir la oración, abonar el azaque, ayunar en el mes de Ramadán y peregrinar en el ḥaŷŷ); y el iḥsān a la virtud y la excelencia espiritual.
Versículo 31
أُو۟لَٰٓئِكَ لَهُمْ جَنَّٰتُ عَدْنٍۢ تَجْرِى مِن تَحْتِهِمُ ٱلْأَنْهَٰرُ يُحَلَّوْنَ فِيهَا مِنْ أَسَاوِرَ مِن ذَهَبٍۢ وَيَلْبَسُونَ ثِيَابًا خُضْرًۭا مِّن سُندُسٍۢ وَإِسْتَبْرَقٍۢ مُّتَّكِـِٔينَ فِيهَا عَلَى ٱلْأَرَآئِكِ ۚ نِعْمَ ٱلثَّوَابُ وَحَسُنَتْ مُرْتَفَقًۭا ﴿٣١﴾
ulāʾika lahum ŷannātu ʿadnin taŷrī min taḥtihimu l-anhāru yuḥallawna fīhā min asāwira min dhahabin wayalbasūna thiyāban khuḍram min sundusin waʾistabraqim muttakiʾīna fīhā ʿalā l-arāʾiki niʿma th-thawābu waḥasunat murtafaqā
Para esos serán los Jardines del Edén por cuyos bajos fluyen ríos. En ellos serán adornados con brazaletes de oro y vestirán ropajes verdes de seda fina y rico brocado, recostados en divanes. ¡Qué excelente recompensa y qué hermoso lugar de reposo!
31Los creyentes descritos en el v. 30 serán recompensados con los Jardines del Edén (designados de igual forma en 9:72; 13:23; 16:31; 19:61; 20:76; 35:33; 38:50; 40:8; 98:8). La descripción de los Jardines paradisíacos como provistos de ríos que fluyen por sus bajos se reitera en más de dos decenas de versículos coránicos; para un análisis de esta imagen, véase 2:25c. Este versículo describe asimismo los goces del Jardín incluyendo lo que aparenta ser, al menos en un plano literal, una serie de deleites sensibles o materiales, tales como brazaletes de oro (o de plata en 76:21) y ropajes verdes de seda fina; véanse asimismo 22:23; 35:33; 76:21, donde también se mencionan juntos, así como 44:53, que alude únicamente a vestiduras de seda. No obstante, numerosos comentaristas consideran que estas descripciones sensoriales revisten carácter simbólico y no han de tomarse al pie de la letra. Las vestiduras se describen como verdes debido a que, según algunos, este color es el más placentero a la vista (Q), y en 55:76 los moradores del Paraíso se recuestan sobre cojines verdes. Al-Rāzī aventura la hipótesis de que las vestiduras verdes de seda representan lo que han adquirido mediante sus obras, mientras que los brazaletes encarnan una dádiva suplementaria concedida por Dios (R). Según un ḥadīz, la magnificencia de las galas en el Jardín refleja el grado en que uno se ha purificado mediante las abluciones en la vida terrenal (Q). Se añade además que los habitantes del Paraíso estarán recostados en divanes (véanse asimismo 15:47; 36:56; 37:44; 52:20; 56:15; 76:13; 83:23, 35; 88:13), a los cuales algunos describen provistos de cortinajes o baldaquinos (IK, Q, R, Ṭ) y enjoyados (Q). Las joyas de oro, las vestimentas de fina seda y los lechos elevados habrían denotado un lujo inmenso, en especial en el contexto del desierto árabe, donde el sayal áspero de lana y sentarse en el suelo constituían la norma cotidiana, y algunos comentaristas señalan que estas imágenes pretenden sugerir que los bienaventurados del Paraíso serán como reyes, ataviados con suntuosidad y entronizados (Q, Z). De interpretarse literalmente, estos deleites paradisíacos podrían parecer de naturaleza mundana y materialista; de hecho, en 43:35 los adornos de oro y los divanes se describen como el disfrute de la vida de este mundo. Al mismo tiempo, el oro y la seda se consideran de condición noble; además, constituyen lujos vedados a los varones musulmanes según varios aḥādīz, siendo bienes cuyo disfrute en la vida terrenal solo se permite a las mujeres. Aunque la prohibición de vestir oro y seda para los varones no gozaba del rango central o primordial de la prohibición de consumir bebidas embriagantes (véase 5:90), existe una clara analogía entre tales bebidas y el oro y la seda en tanto que placeres presentes pero vedados en este mundo para los hombres, destinados a ser gozados exclusivamente en el Más Allá. En las interpretaciones sufíes, los diversos lujos del Jardín descritos en el Corán se entienden como símbolos de los goces espirituales inherentes a la contemplación de Dios en toda Su Majestad y Belleza, y de la intimidad, amor y unión con Dios que los justos experimentarán allí (Qu, Su).
Versículo 32–33
۞ وَٱضْرِبْ لَهُم مَّثَلًۭا رَّجُلَيْنِ جَعَلْنَا لِأَحَدِهِمَا جَنَّتَيْنِ مِنْ أَعْنَٰبٍۢ وَحَفَفْنَٰهُمَا بِنَخْلٍۢ وَجَعَلْنَا بَيْنَهُمَا زَرْعًۭا ﴿٣٢﴾ كِلْتَا ٱلْجَنَّتَيْنِ ءَاتَتْ أُكُلَهَا وَلَمْ تَظْلِم مِّنْهُ شَيْـًۭٔا ۚ وَفَجَّرْنَا خِلَٰلَهُمَا نَهَرًۭا ﴿٣٣﴾
waiḍrib lahum mathalar raŷulayni ŷaʿalnā liʾaḥadihimā ŷannatayni min aʿnābin waḥafafnāhumā binakhlin waŷaʿalnā baynahumā zarʿā · kiltā l-ŷannatayni ātat ukulahā walam taẓlim minhu shayʾ wafaŷŷarnā khilālahumā naharā
Y proponles la parábola de dos hombres: a uno de ellos le dimos dos huertos de viñas, los cercamos de palmeras y pusimos sembrados entre ambos.
Ambos huertos dieron sus frutos sin mengua alguna, e hicimos brotar un río en medio de ellos.
32–33La parábola de los dos hombres narrada en los vv. 32–44 prosigue la reflexión sobre la aversión de los magnates mequíes a alternar con aquellos seguidores del Profeta a quienes consideraban inferiores a su rango social. Advierte que quienes son desagradecidos ante las bendiciones mundanas que Dios les ha dispensado y hacen de ellas motivo de vanagloria personal son propensos a creer que tales bienes son inalterables y a quedar desolados al perderlos; cf. 2:264–66; 68:17–32; 34:15–16. El que esta parábola apuntara de manera inmediata a los idólatras mequíes queda sugerido por el hecho de que los huertos descritos en ella son análogos a aquellos que los mequíes desafiaron al Profeta a hacer brotar como condición para creer en él en 17:90–91: Y dijeron: «No creeremos en ti hasta que hagas brotar para nosotros un manantial de la tierra, o hasta que poseas un huerto de palmeras y viñas y hagas brotar ríos en medio de él». Los huertos de viñas y palmeras constituyen en el Corán un emblema de la prosperidad mundana y al mismo tiempo de la Beneficencia divina; véanse 6:99, 141; 23:19; 36:34.
Algunos relatos afirman que los dos hombres eran hermanos —bien dos israelitas, bien dos hermanos del clan de Majzūm en La Meca—, uno de los cuales era creyente y el otro incrédulo (R, Z); el hermano incrédulo invirtió toda su herencia en bienes mundanos, mientras que el hermano creyente entregó la suya en caridad (Z). Algunos comentaristas sugieren que estos dos hermanos son los mismos que debaten sobre la resurrección en 37:51–60 (R, Z). El que los dos huertos no fallasen en lo más mínimo [o dieran sus frutos sin mengua alguna] podría traducirse de forma más literal diciendo que los huertos «no le hicieron agravio alguno», por cuanto fructificaban regularmente. Esto contrasta vivamente con la caracterización del dueño del huerto en el v. 35 como alguien que comete iniquidad contra sí mismo a través de su soberbia y sus ilusiones mundanas.
Versículo 34
وَكَانَ لَهُۥ ثَمَرٌۭ فَقَالَ لِصَٰحِبِهِۦ وَهُوَ يُحَاوِرُهُۥٓ أَنَا۠ أَكْثَرُ مِنكَ مَالًۭا وَأَعَزُّ نَفَرًۭا ﴿٣٤﴾
wakāna lahū thamarun faqāla liṣāḥibihī wahuwa yuḥāwiruhū ana aktharu minka mālan waʾaʿazzu nafarā
Y tuvo [abundantes] frutos y dijo a su compañero mientras conversaba con él: «Yo poseo más riquezas que tú y soy más poderoso en hombres».
34El hombre de los dos huertos tuvo [abundantes] frutos, lo cual puede aludir a los frutos de las huertas, si bien zamar, aquí vertido como «fruto», significa también «ganancia» o «provecho», y puede denotar cuantiosas riquezas de diversa índole, incluidos oro y plata (R, Ṭ, Z). El hombre acaudalado se jacta además de ser más poderoso en hombres, esto es, en descendencia, particularmente hijos varones, así como en servidores y partidarios (Z). Las riquezas y los hijos se mencionan conjuntamente en el Corán como distintivos del rango mundano (véase el v. 46), si bien el Corán previene de que tales bienes no son forzosamente indicios del Favor divino (9:55, 85; 23:55–56) ni pueden preservar del Castigo de Dios (3:10, 116; 9:69; 26:88), pese a las pretensiones de ciertos incrédulos que desestimaron las advertencias proféticas de destrucción diciendo: Nosotros poseemos más riquezas e hijos, y no seremos castigados (34:35).
Versículo 35–36
وَدَخَلَ جَنَّتَهُۥ وَهُوَ ظَالِمٌۭ لِّنَفْسِهِۦ قَالَ مَآ أَظُنُّ أَن تَبِيدَ هَٰذِهِۦٓ أَبَدًۭا ﴿٣٥﴾ وَمَآ أَظُنُّ ٱلسَّاعَةَ قَآئِمَةًۭ وَلَئِن رُّدِدتُّ إِلَىٰ رَبِّى لَأَجِدَنَّ خَيْرًۭا مِّنْهَا مُنقَلَبًۭا ﴿٣٦﴾
wadakhala ŷannatahū wahuwa ẓālimul linafsihī qāla mā aẓunnu an tabīda hādhihī abadā · wamā aẓunnu s-sāʿata qāʾimatan walaʾir rudidttu ilā rabbī laʾaŷidanna khayram minhā munqalabā
Y entró en su huerto cometiendo iniquidad contra sí mismo, y dijo: «No creo que esto perezca jamás.
Ni creo que la Hora sea inminente. Y si soy devuelto a mi Señor, de seguro hallaré a cambio algo mejor que esto en el Más Allá».
35–36La descripción de la incredulidad y el pecado como actos de «cometer iniquidad contra uno mismo» se reitera a lo largo del Corán (p. ej., 3:117; 10:44). En este pasaje, el hombre opulento «comete iniquidad contra sí mismo» mediante la soberbia y su negativa a reconocer que su provisión proviene de Dios (Z). La exuberancia de sus huertos engaña al protagonista de esta parábola haciéndole suponer que jamás perecerán, a pesar de que todas las cosas perecen excepto Su Rostro (28:88; cf. 55:26). Esta quimera delata el desvío moral consistente en la «excesiva esperanza en los bienes mundanos» (ṭūl al-amal; Z), la cual entraña desentenderse de la caducidad de todas las cosas creadas y de la propia mortalidad. Véase 104:3, donde se señala que quien acapara cuantiosas riquezas supone que sus riquezas lo harán inmortal. El hombre acaudalado de esta parábola no cree que la Hora sea inminente, y los comentaristas entienden tanto esto como su afirmación condicional: si soy devuelto a mi Señor como muestra de su escepticismo global respecto al Más Allá o a su propia resurrección (Ṭ). A pesar de tal incertidumbre, confía en que, de ser realmente resucitado, hallará a cambio algo mejor que esto —esto es, superior a sus feraces huertos— en el Más Allá. Ello obedece a que cree que sus riquezas y buena fortuna le corresponden en virtud de sus propios méritos personales y, al asumir que tales méritos trascienden a la muerte, espera disfrutar de opulencia e hijos en el Más Allá también (R); véanse asimismo 19:77: ¿Has visto a quien no cree en Nuestros signos y dice: «Me serán dados ciertamente riquezas e hijos»?; y 19:77–78c.
Versículo 37–38
قَالَ لَهُۥ صَاحِبُهُۥ وَهُوَ يُحَاوِرُهُۥٓ أَكَفَرْتَ بِٱلَّذِى خَلَقَكَ مِن تُرَابٍۢ ثُمَّ مِن نُّطْفَةٍۢ ثُمَّ سَوَّىٰكَ رَجُلًۭا ﴿٣٧﴾ لَّٰكِنَّا۠ هُوَ ٱللَّهُ رَبِّى وَلَآ أُشْرِكُ بِرَبِّىٓ أَحَدًۭا ﴿٣٨﴾
qāla lahū ṣāḥibuhū wahuwa yuḥāwiruhū akafarta billadhī khalaqaka min turābin thumma min nuṭfatin thumma sawwāka raŷulā · lākinna huwa llāhu rabbī walā ushriku birabbī aḥadā
Le dijo su compañero mientras dialogaba con él: «¿Acaso descrees de Quien te creó del polvo, luego de una gota de esperma y luego te formó como hombre?
Pero en lo que a mí respecta, Él es Dios, mi Señor, y no asocio a nadie como copartícipe de mi Señor.
37–38El hecho de que los seres humanos hayan sido creados del polvo (cf. 3:59; 30:20) y a partir de una gota (cf. 16:4; 23:13–14; 36:77; 75:37; 76:2; 80:19) se entiende como indicativo de la bajeza ontológica del ser humano, especialmente ante Dios. En otros pasajes, el origen humano a partir del polvo y ulteriormente a partir de una gota encarna dos fases del desarrollo del ser humano (22:5; 35:11; 40:67). Te formó como hombre alude a que Dios completó su conformación como individuo maduro (Z), dotado de inteligencia y responsabilidad religiosa (taklīf; R). El creyente prosigue su interpelación al incrédulo afirmando: No asocio a nadie como copartícipe de mi Señor; es decir, reconoce que toda pobreza y opulencia proceden de Dios (Q, R) y, por ende, se muestra agradecido en la abundancia y paciente en la adversidad (R).
Versículo 39–41
وَلَوْلَآ إِذْ دَخَلْتَ جَنَّتَكَ قُلْتَ مَا شَآءَ ٱللَّهُ لَا قُوَّةَ إِلَّا بِٱللَّهِ ۚ إِن تَرَنِ أَنَا۠ أَقَلَّ مِنكَ مَالًۭا وَوَلَدًۭا ﴿٣٩﴾ فَعَسَىٰ رَبِّىٓ أَن يُؤْتِيَنِ خَيْرًۭا مِّن جَنَّتِكَ وَيُرْسِلَ عَلَيْهَا حُسْبَانًۭا مِّنَ ٱلسَّمَآءِ فَتُصْبِحَ صَعِيدًۭا زَلَقًا ﴿٤٠﴾ أَوْ يُصْبِحَ مَآؤُهَا غَوْرًۭا فَلَن تَسْتَطِيعَ لَهُۥ طَلَبًۭا ﴿٤١﴾
walawlā idh dakhalta ŷannataka qulta mā shāʾa llāhu lā quwwata illā billāhi in tarani ana aqalla minka mālan wawaladā · faʿasā rabbī an yuʾtiyani khayram min ŷannatika wayursila ʿalayhā ḥusbānam mina s-samāʾi fatuṣbiḥa ṣaʿīdan zalaqā · aw yuṣbiḥa māʾuhā ghawran falan tastaṭīʿa lahū ṭalabā
Y cuando entraste en tu huerto, ¿por qué no dijiste: ‘[Esto es] lo que Dios quiere. No hay poder ni fuerza sino en Dios’? Si ves que soy inferior a ti en riquezas e hijos,
puede ser que mi Señor me conceda algo mejor que tu huerto y envíe contra él una calamidad desde el cielo, convirtiéndolo en un erial resbaladizo,
o que sus aguas se hundan profundamente, de modo que no puedas alcanzarlas».
39–41Lo que Dios quiere (mā shāʾ Allāh), locución sumamente habitual en el habla cotidiana musulmana, entraña el reconocimiento de que nada acontece al margen de la Voluntad de Dios; véase 7:188, donde se ordena decir al Profeta: No poseo poder alguno sobre el beneficio o perjuicio que me sobrevenga, salvo lo que Dios quiera (véase asimismo 10:49). No hay fuerza sino en Dios (lā quwwata illā bi-Llāh) reconoce que nadie puede lograr nada sin el auxilio de Dios (R). Según Ibn Kazīr, este versículo constituye el origen de la costumbre religiosa musulmana de exclamar, ante cualquier ventura favorable, mā shāʾ Allāh («lo que Dios quiere») y lā quwwata illā bi-Llāh («no hay fuerza sino en Dios»), si bien esta última expresión se pronuncia igualmente en coyunturas donde uno experimenta impotencia ante la adversidad o la tribulación. Según un ḥadīz, el Profeta identificó esta última frase, o la fórmula análoga lā ḥawla wa-lā quwwata illā bi-Llāh («no hay poder ni fuerza sino en Dios»), ambas empleadas con profusión en la vida musulmana, como uno de los «tesoros del Paraíso» (IK).
En el v. 40, las palabras del creyente prosiguen confrontando la jactancia del incrédulo y expresando su confianza en que Dios bien podría concederle algo mejor que los huertos del incrédulo, ya sea en este mundo o en el Más Allá (Aj, R); véanse 4:77; 7:169; 12:57; 16:30, donde se asevera que el Más Allá es mejor para los temerosos que este mundo. La esperanza formulada por el creyente respecto a su propio porvenir va acompañada de una advertencia al incrédulo de que Dios puede enviar contra sus huertos una calamidad [o cómputo punitivo] desde el cielo, esto es, un castigo de lo alto (IK, R, Ṭ). Algunos comentaristas interpretan calamidad desde el cielo como rayos fulminantes (ṣawāʿiq; Bḍ, R, Z), sugiriendo una tempestad o aguacero torrencial que arrasará sus árboles y cultivos hasta convertir sus huertos en un erial resbaladizo, es decir, en tierra rasa y estéril (IK). El rayo destructor se menciona en otros pasajes coránicos como instrumento del Castigo divino o como demostración del Poder de Dios; véanse 4:153; 13:13; 14:13, 17; 51:44. Véanse asimismo los vv. 7–8, que afirman que, pese a los múltiples «adornos» con que Dios ha provisto la tierra, esta quedará finalmente reducida a un yermo desolado; véase también 20:106.
Versículo 42–44
وَأُحِيطَ بِثَمَرِهِۦ فَأَصْبَحَ يُقَلِّبُ كَفَّيْهِ عَلَىٰ مَآ أَنفَقَ فِيهَا وَهِىَ خَاوِيَةٌ عَلَىٰ عُرُوشِهَا وَيَقُولُ يَٰلَيْتَنِى لَمْ أُشْرِكْ بِرَبِّىٓ أَحَدًۭا ﴿٤٢﴾ وَلَمْ تَكُن لَّهُۥ فِئَةٌۭ يَنصُرُونَهُۥ مِن دُونِ ٱللَّهِ وَمَا كَانَ مُنتَصِرًا ﴿٤٣﴾ هُنَالِكَ ٱلْوَلَٰيَةُ لِلَّهِ ٱلْحَقِّ ۚ هُوَ خَيْرٌۭ ثَوَابًۭا وَخَيْرٌ عُقْبًۭا ﴿٤٤﴾
waʾuḥīṭa bithamarihī faʾaṣbaḥa yuqallibu kaffayhi ʿalā mā anfaqa fīhā wahiya khāwiyatun ʿalā ʿurūshihā wayaqūlu yālaytanī lam ushrik birabbī aḥadā · walam takul lahū fiʾatun yanṣurūnahū min dūni llāhi wamā kāna muntaṣirā · hunālika l-walāyatu lillāhi l-ḥaqqi huwa khayrun thawāban wakhayrun ʿuqbā
Y sus frutos fueron destruidos. Comenzó entonces a retorcerse las manos por lo que había gastado en él mientras yacía desolado sobre sus emparrados, diciendo: «¡Ojalá no hubiera asociado a nadie como copartícipe de mi Señor!».
Y no tuvo facción alguna que le auxiliara fuera de Dios, ni pudo auxiliarse a sí mismo.
Ahí la protección solo pertenece a Dios, el Verdadero. Él es el mejor en recompensa y el mejor en desenlace.
42–44Sus frutos fueron destruidos —es decir, asolados por la ruina—, lo que significa bien que perdió todas sus riquezas, bien que su huerto fue arrasado de manera imprevista tal como le había advertido su hermano creyente en los vv. 40–41 (IK, JJ). Al percatarse de ello, comenzó a retorcerse las manos como ademán de aflicción y arrepentimiento tardío (IK, R). Pese a las jactancias previas del incrédulo en cuanto a ser más poderoso en hombres que su hermano (v. 34), en este estado de ruina se halla sin facción alguna que le auxilie fuera de Dios, viéndose completamente impotente por sí mismo (véase asimismo 28:81).
Algunos comentaristas hacen notar que los vv. 43–44 pueden puntuarse de forma distinta para leer: «Y no tuvo facción alguna que le auxiliara fuera de Dios, ni pudo auxiliarse a sí mismo allí. La protección pertenece a Dios», de suerte que «allí» actúa como adverbio que describe la impotencia del incrédulo en lugar del estado en el cual «la protección pertenece a Dios» (IK). Protección traduce walāyah, y compete en última instancia a Dios solo, por cuanto Dios es el Walī, el «Protector» (de la misma raíz), especialmente para los creyentes (véanse 2:257; 3:68; 5:55 y su comentario). El Corán recalca con frecuencia que no hay protector alguno fuera de Dios (2:107, 120; 4:123, 173; 6:70).
Walāyah puede leerse aquí asimismo como wilāyah, en cuyo caso denotaría que «la autoridad pertenece a Dios» (IK). Ambos vocablos, walāyah y wilāyah, se escriben de forma idéntica en el texto árabe sin vocalizar, y los eruditos discrepan acerca de cuál era la pronunciación pretendida en este versículo (IK, Ṭ). Si bien los significados de ambos términos pueden solaparse en el uso corriente, walāyah designa principalmente un estado de cercanía, proximidad, devoción, amistad, apego y patrocinio tutelar. Wilāyah denota más habitualmente una suerte de investidura o autoridad derivada de la vinculación con una instancia superior: en el uso político puede denotar la autoridad de un gobernador local o provincial nombrado por el califa o por otra autoridad central; en el discurso místico, alude al rango de los santos sufíes que han alcanzado autoridad espiritual merced a su cercanía a Dios y disponen por tanto de potestad para iniciar a otros en la vía espiritual.
El Verdadero [o la Realidad] traduce al-ḥaqq, que también podría verterse como «lo Verdadero» o «la Verdad». La Realidad o «el Verdadero» (al-Ḥaqq) se cuenta entre los noventa y nueve Nombres divinos y goza de particular predicamento como designación de Dios en los escritos filosóficos y místicos. Como alternativa, algunos sugieren que al-ḥaqq en este versículo puede leerse como un adjetivo que califica a protección, de suerte que el versículo podría traducirse: «la verdadera protección pertenece a Dios» (Bḍ).
Versículo 45
وَٱضْرِبْ لَهُم مَّثَلَ ٱلْحَيَوٰةِ ٱلدُّنْيَا كَمَآءٍ أَنزَلْنَٰهُ مِنَ ٱلسَّمَآءِ فَٱخْتَلَطَ بِهِۦ نَبَاتُ ٱلْأَرْضِ فَأَصْبَحَ هَشِيمًۭا تَذْرُوهُ ٱلرِّيَٰحُ ۗ وَكَانَ ٱللَّهُ عَلَىٰ كُلِّ شَىْءٍۢ مُّقْتَدِرًا ﴿٤٥﴾
waiḍrib lahum mathala l-ḥayāti d-dunyā kamāʾin anzalnāhu mina s-samāʾi fakhtalaṭa bihī nabātu l-arḍi faʾaṣbaḥa hashīman tadhrūhu r-riyāḥu wakāna llāhu ʿalā kulli shayʾim muqtadirā
Y proponles la parábola de la vida de este mundo: [es] como el agua que hacemos descender del cielo; con ella se mezcla la vegetación de la tierra, pero luego se vuelve heno seco que los vientos dispersan. Y Dios es poderoso sobre todas las cosas.
45Esta parábola recapitula las enseñanzas morales de la parábola más extensa de los vv. 32–44, a saber: que la vida de este mundo depende de la Munificencia divina, encarnada aquí en el agua que se hace descender del cielo. Durante un tiempo la vida florece, pues el Poder y la Misericordia de Dios hacen brotar la vegetación; pero luego permite que esta se torne heno seco, es decir, materia inerte dispersada por los vientos. Esta imaginería evoca los huertos del incrédulo de la parábola previa, los cuales prosperan de forma aparentemente interminable gracias a la provisión divina, para experimentar luego un desenlace fulminante como erial raso y estéril. Para parábolas semejantes, véanse asimismo 39:21; 57:20.
Versículo 46
ٱلْمَالُ وَٱلْبَنُونَ زِينَةُ ٱلْحَيَوٰةِ ٱلدُّنْيَا ۖ وَٱلْبَٰقِيَٰتُ ٱلصَّٰلِحَٰتُ خَيْرٌ عِندَ رَبِّكَ ثَوَابًۭا وَخَيْرٌ أَمَلًۭا ﴿٤٦﴾
al-mālu wal-banūna zīnatu l-ḥayāti d-dunyā wal-bāqiyātu ṣ-ṣāliḥātu khayrun ʿinda rabbika thawāban wakhayrun amalā
Las riquezas y los hijos son el adorno de la vida de este mundo, pero las obras que perduran —las buenas acciones— son mejores en recompensa ante tu Señor y mejores [como fuente de] esperanza.
46Las riquezas y los hijos son el adorno de este mundo porque se consideran fuente de prestigio y seguridad. No obstante, el Corán deja meridianamente claro que tales dones no constituyen necesariamente indicios del Favor divino, que no pueden librar a nadie del castigo en este mundo ni en el venidero (véanse 18:34c; 17:6c), y que, al igual que los demás «adornos» terrenales, terminarán por desaparecer (véase 18:7–8c). Por el contrario, las buenas acciones «perduran» en la medida en que reportan una recompensa duradera en el Más Allá; véase asimismo 19:76: Y las obras que perduran —las buenas acciones— son mejores en recompensa ante tu Señor y de mejor desenlace.
Versículo 47
وَيَوْمَ نُسَيِّرُ ٱلْجِبَالَ وَتَرَى ٱلْأَرْضَ بَارِزَةًۭ وَحَشَرْنَٰهُمْ فَلَمْ نُغَادِرْ مِنْهُمْ أَحَدًۭا ﴿٤٧﴾
wayawma nusayyiru l-ŷibāla watarā l-arḍa bārizatan waḥasharnāhum falam nughādir minhum aḥadā
El Día en que pongamos en marcha las montañas y veas la tierra como una llanura abierta. Y los congregaremos sin dejar atrás a ninguno de ellos.
47Las montañas se mencionan en varios versículos como elemento de estabilidad y firmeza para la tierra (véanse 16:19; 21:31; 31:30; y asimismo 78:7, donde se las describe como estacas, en el sentido de puntales de una tienda). No obstante, el Día Último, o en el cataclismo escatológico, las montañas son descritas como puestas en marcha (véanse asimismo 27:88; 52:10; 78:20; 81:3); algunos entienden que esto significa que serán arrancadas de la tierra (Ṭ, Z) o aniquiladas (R), o que serán elevadas de ella y surcarán los aires como nubes (27:88; Q). En otros pasajes se las describe como dispersadas (20:105; 77:10); reducidas a polvo (56:5); trituradas (69:14); como montones de arena movediza (73:14); y como lana cardada (70:9; 101:5) en el Último Día. Una vez eliminadas o allanadas las montañas, la tierra se convertirá en una llanura abierta sin nada que obstaculice la visión. Algunos afirman que será una llanura abierta porque todos los árboles y la vegetación, así como todas las construcciones humanas, serán arrasados de ella (Q, R, Ṭ). Abierta traduce bārizah, derivado de una raíz que significa «hacerse visible con claridad» o «emerger», y algunos sugieren que la alusión remite a la salida de los muertos de sus tumbas para la comparecencia y juicio final (R).
Versículo 48
وَعُرِضُوا۟ عَلَىٰ رَبِّكَ صَفًّۭا لَّقَدْ جِئْتُمُونَا كَمَا خَلَقْنَٰكُمْ أَوَّلَ مَرَّةٍۭ ۚ بَلْ زَعَمْتُمْ أَلَّن نَّجْعَلَ لَكُم مَّوْعِدًۭا ﴿٤٨﴾
waʿuriḍū ʿalā rabbika ṣaffal laqad ŷiʾtumūnā kamā khalaqnākum awwala marratim bal zaʿamtum allan naŷʿala lakum mawʿidā
Y comparecerán ante tu Señor dispuestos en filas: «Ciertamente habéis venido a Nosotros tal como os creamos la primera vez. Mas pretendíais que jamás fijaríamos una cita para vosotros».
48En el Día del Juicio, las gentes serán dispuestas en filas ante Dios; los comentaristas describen estas filas o hileras como análogas a las formadas para la oración (Q) o alrededor de la Kaʿbah en La Meca (R). Se dice que cada fila o hilera estará ocupada por una comunidad religiosa determinada (Q). Esta expresión puede traducirse asimismo como «dispuestos [...] en hilera», es decir, en una única línea de modo que todos sean visibles entre sí (R).
En ese Día las gentes acudirán a Dios tal como Él las creó la primera vez, lo que indica que, del mismo modo que creó e infundió vida a las personas inicialmente, así también posee el poder de otorgarles una nueva vida en el Día de la Resurrección. Constituye un argumento reiterado contra quienes creían en Dios como Creador pero negaban Su poder para resucitar, como en 17:51: Dirán entonces: «¿Quién nos hará volver?». Di: «Aquel que os originó la primera vez»; véanse también 36:79; 41:21. El que las gentes comparezcan ante Dios en este Día como Él las creó la primera vez podría significar además que acuden a Él en el mismo estado en que las creó originariamente, esto es, solas, desnudas y sin ningún apoyo mundano (Q, Z), como en 6:94: Y [Dios dirá]: «Ahora habéis venido a Nosotros solos, tal como os creamos la primera vez, y habéis dejado tras vosotros lo que os habíamos concedido»; véase asimismo 19:80. Este versículo constituye una réplica a quienes, a semejanza de los magnates mequíes, se consideraban superiores a quienes no disfrutaban de su misma opulencia ni rango social, indicando que todas esas distinciones mundanas brillarán por su ausencia en aquel Día (R). La cita alude al momento en que la Resurrección y la Congregación sobre las que advertían los profetas se consumarán efectivamente (Z).
Versículo 49
وَوُضِعَ ٱلْكِتَٰبُ فَتَرَى ٱلْمُجْرِمِينَ مُشْفِقِينَ مِمَّا فِيهِ وَيَقُولُونَ يَٰوَيْلَتَنَا مَالِ هَٰذَا ٱلْكِتَٰبِ لَا يُغَادِرُ صَغِيرَةًۭ وَلَا كَبِيرَةً إِلَّآ أَحْصَىٰهَا ۚ وَوَجَدُوا۟ مَا عَمِلُوا۟ حَاضِرًۭا ۗ وَلَا يَظْلِمُ رَبُّكَ أَحَدًۭا ﴿٤٩﴾
wawuḍiʿa l-kitābu fatarā l-muŷrimīna mushfiqīna mimmā fīhi wayaqūlūna yāwaylatanā māli hādhā l-kitābi lā yughādiru ṣaghīratan walā kabīratan illā aḥṣāhā wawaŷadū mā ʿamilū ḥāḍiran walā yaẓlimu rabbuka aḥadā
Y el Libro será colocado. Verás entonces a los culpables atemorizados por lo que hay en él, y dirán: «¡Ay de nosotros! ¿Qué clase de libro es este, que no deja nada, pequeño o grande, sin haberlo registrado?». Y hallarán presente cuanto hicieron. Y tu Señor no comete injusticia con nadie.
49El Libro aquí no se refiere al Corán ni a las escrituras sagradas en general, sino al registro de las acciones realizadas durante la vida que todos recibirán en el Día del Juicio. El que este libro sirva como testigo exhaustivo de las obras humanas se menciona asimismo en 10:61; 34:3–4; 36:12; 45:29–30. En otros pasajes este libro es descrito como escrito por nobles guardianes, entendiendo por tales a los ángeles (82:10–12), y atado como un augurio al cuello de cada ser humano (17:13). Se entrega a unos en su mano derecha, lo que presagia un juicio favorable, y a otros en su izquierda, lo que augura castigo (69:18–25; 84:7–11); véanse también 83:7–9, 18–20.
Los culpables expresan su pesar por haber malgastado sus vidas (IK) y se muestran aterrorizados ante el libro que no deja nada sin registrar, y en el que hallan registradas todas sus obras, buenas y malas, pequeñas y grandes. Temen tanto el castigo de Dios como la deshonra ante los ojos de los demás seres humanos (R), pues el libro desvela ahora abiertamente aquellas malas acciones que pudieron haberse ocultado a los demás durante la vida terrenal. El que el Señor no comete injusticia con nadie en el proceso de juicio se reitera a lo largo de todo el Corán, pues el castigo impuesto a los individuos en ese Día responderá únicamente a lo que sus propias manos enviaron por delante (3:182; 8:51; 22:10), es decir, las acciones que libremente decidieron cometer. Además, un ḥadīz afirma que Dios no conducirá a nadie ni al Jardín ni al Infierno hasta que todas las cuentas pendientes entre los seres humanos hayan quedado saldadas equitativamente, y todo lo que se adeuda a quienes van hacia el Fuego, incluso de parte de los destinados al Jardín, haya sido restituido y viceversa (IK). La lectura conjunta de este versículo con el v. 47 pone de manifiesto que los seres humanos no tienen escapatoria posible al juicio de sus actos, pues Dios no dejará atrás a ninguno de ellos (v. 47) en el Día de la Resurrección, y allí se enfrentarán a un registro de sus obras que no deja nada al margen, punto subrayado por el empleo del mismo verbo árabe, ġādara, con el sentido de «dejar atrás» o «dejar fuera».
Versículo 50
وَإِذْ قُلْنَا لِلْمَلَٰٓئِكَةِ ٱسْجُدُوا۟ لِءَادَمَ فَسَجَدُوٓا۟ إِلَّآ إِبْلِيسَ كَانَ مِنَ ٱلْجِنِّ فَفَسَقَ عَنْ أَمْرِ رَبِّهِۦٓ ۗ أَفَتَتَّخِذُونَهُۥ وَذُرِّيَّتَهُۥٓ أَوْلِيَآءَ مِن دُونِى وَهُمْ لَكُمْ عَدُوٌّۢ ۚ بِئْسَ لِلظَّٰلِمِينَ بَدَلًۭا ﴿٥٠﴾
waʾidh qulnā lil-malāʾikati sŷudū liʾādama fasaŷadū illā iblīsa kāna mina l-ŷinni fafasaqa ʿan amri rabbihī afatattakhidhūnahū wadhurriyyatahū awliyāʾa min dūnī wahum lakum ʿaduwwum biʾsa liẓ-ẓālimīna badalā
Y cuando dijimos a los ángeles: «¡Postraos ante Adán!», se postraron, excepto Iblīs. Era de los genios y se apartó del mandato de su Señor. ¿Acaso le tomaréis a él y a su descendencia como protectores fuera de Mí, siendo ellos enemigos vuestros? ¡Qué pésimo trueque para los transgresores!
50La referencia a la orden impartida a los ángeles y a Iblīs de postrarse ante Adán forma parte del relato más amplio de la creación y caída de Adán que se encuentra en otros pasajes del Corán; véanse 2:30–39; 7:11–25; 15:28–43; 17:61–65; 20:115–24; 38:71–85 (véanse también los comentarios a 2:35–37; 7:19–25). Dicho relato se evoca sucintamente aquí como una advertencia suplementaria dirigida a los opulentos y orgullosos mequíes, recordándoles que la negativa de Iblīs a postrarse ante Adán obedeció de manera similar al orgullo y a un falso sentimiento de superioridad frente a Adán (R). El hecho de que todos los ángeles se postraran, excepto Iblīs, sugiere que el propio Iblīs se hallaba entre los ángeles, si bien inmediatamente después de esta frase Iblīs es identificado como de los genios. Ello ha suscitado un debate entre los eruditos islámicos acerca de si Iblīs debe clasificarse como ángel o como genio; véase 2:30c. Algunos afirman que el hecho de que Iblīs sea identificado como un genio inmediatamente después de la alusión a su falta de postración ante Adán constituye una explicación de dicho acto: esto es, si hubiese sido un ángel, se habría inclinado, puesto que los ángeles se hallan preservados de toda desobediencia a Dios (véase 21:27); pero al ser Iblīs un genio, rehusó hacerlo y por tanto se apartó del mandato de su Señor (Z). Otros sostienen que ciertamente era un ángel, tal vez el jefe de los ángeles, pero tras su desobediencia fue transformado de ángel a demonio (Satanás es el nombre empleado para designarlo tras su desobediencia) y por ende en genio (Z). Su descendencia alude a los genios malignos y a los demonios mencionados en otros lugares del Corán que, a semejanza suya, procuran extraviar a los seres humanos. El que algunas personas tomen a Satanás o a sus secuaces como protectores fuera de Dios —en el sentido de que los obedecen en lugar de obedecer a Dios (Z)— se menciona asimismo en 7:30: A unos ha guiado y a otros les ha correspondido con justicia el extravío; ciertamente tomaron a los demonios por protectores fuera de Dios creyéndose bien guiados (cf. 4:119). Son los enemigos de los seres humanos, como el propio Satanás, a quien se describe reiteradamente como un enemigo manifiesto (véanse, p. ej., 2:208; 6:142; 7:22; 12:5; 17:53; 28:15). El pésimo trueque es el canje de la verdadera protección de Dios (véase 18:42–44c) por la ilusoria «protección» de Satanás (véase 14:22c).
Versículo 51
۞ مَّآ أَشْهَدتُّهُمْ خَلْقَ ٱلسَّمَٰوَٰتِ وَٱلْأَرْضِ وَلَا خَلْقَ أَنفُسِهِمْ وَمَا كُنتُ مُتَّخِذَ ٱلْمُضِلِّينَ عَضُدًۭا ﴿٥١﴾
mā ashhadttuhum khalqa s-samāwāti wal-arḍi walā khalqa anfusihim wamā kuntu muttakhidha l-muḍillīna ʿaḍudā
No los hice testigos de la creación de los cielos y de la tierra, ni tampoco de su propia creación. Ni tomo como apoyo a quienes extravían.
51El hecho de que Dios no hiciera a los demonios testigos de la creación de los cielos y de la tierra denota que, al no haber sido los demonios copartícipes de Dios en la creación, resulta ilógico considerarlos copartícipes de Dios en la adoración (Z); cf. 10:28; 13:16. El que ni siquiera fueran testigos de su propia creación subraya que ellos mismos son meras criaturas creadas (R).
Versículo 52
وَيَوْمَ يَقُولُ نَادُوا۟ شُرَكَآءِىَ ٱلَّذِينَ زَعَمْتُمْ فَدَعَوْهُمْ فَلَمْ يَسْتَجِيبُوا۟ لَهُمْ وَجَعَلْنَا بَيْنَهُم مَّوْبِقًۭا ﴿٥٢﴾
wayawma yaqūlu nādū shurakāʾiya lladhīna zaʿamtum fadaʿawhum falam yastaŷībū lahum waŷaʿalnā baynahum mawbiqā
Y el Día en que Él diga: «¡Llamad a quienes pretendíais que eran Mis copartícipes!», los invocarán, pero no les responderán, y pondremos entre ellos un abismo.
52Este es uno de varios versículos según los cuales en el Día del Juicio Dios conminará a quienes le asociaron copartícipes en la vida terrenal a que invoquen a sus «partícipes» (véanse, p. ej., 6:22; 16:27; 28:62) para que intercedan por ellos o los auxilien (R), mas solo a modo de reproche, pues tales copartícipes los abandonarán, se desentenderán de ellos o serán incapaces de prestarles ayuda alguna (p. ej., 6:94; 10:28; 16:86; 28:63). El abismo (mawbiq) entre ellos puede aludir a un lugar de perdición (IK, Q, R, Ṭ) o a un valle del Infierno en el que serán arrojados quienes asociaron partícipes con Dios (IK, Q, R, Ṭ). Otros sugieren que mawbiq puede referirse aquí a la enemistad que se suscitará entre los idólatras y los partícipes que atribuían a Dios en el Día del Juicio (R, Ṭ, Z). Otros interpretan aún el abismo entre ellos como una alusión a la inmensa extensión intermedia (barzaj) en el Más Allá entre quienes consideraban a los ángeles copartícipes de Dios (como hacían los idólatras mequíes) y los propios ángeles, por cuanto los primeros yacerán en las profundidades del Infierno y los últimos en las más encumbradas esferas del reino celestial (R, Z).
Versículo 53
وَرَءَا ٱلْمُجْرِمُونَ ٱلنَّارَ فَظَنُّوٓا۟ أَنَّهُم مُّوَاقِعُوهَا وَلَمْ يَجِدُوا۟ عَنْهَا مَصْرِفًۭا ﴿٥٣﴾
waraʾā l-muŷrimūna n-nāra faẓannū annahum muwāqiʿūhā walam yaŷidū ʿanhā maṣrifā
Y los culpables verán el Fuego y sabrán que van a caer en él, y no hallarán modo de escapar de él.
53El que los culpables sepan que van a caer en él significa que tienen la certeza de que tal es su destino ineludible (R, Z). Saber traduce aquí ẓannū, vocablo que puede significar asimismo meramente pensar o conjeturar algo. Al-Rāzī sugiere por tanto que el versículo puede denotar también que los culpables divisan el Fuego mientras se halla todavía distante; mas creen que se encuentra inminente debido a la intensidad con que oyen su furor y rugido (25:12), y temen precipitarse en él en ese mismo instante. En cualquiera de los dos casos, no pueden escapar: esto es, carecen de medio alguno para alterar su marcha, puesto que son empujados hacia adelante por los ángeles (R); véanse 37:1–3c; 50:21c. Véase asimismo 19:86, donde los culpables son conducidos al Infierno como un rebaño sediento; y 39:71, donde los incrédulos son conducidos al Infierno en tropeles; así como 41:19.
Versículo 54
وَلَقَدْ صَرَّفْنَا فِى هَٰذَا ٱلْقُرْءَانِ لِلنَّاسِ مِن كُلِّ مَثَلٍۢ ۚ وَكَانَ ٱلْإِنسَٰنُ أَكْثَرَ شَىْءٍۢ جَدَلًۭا ﴿٥٤﴾
walaqad ṣarrafnā fī hādhā l-qurʾāni lin-nāsi min kulli mathalin wakāna l-insānu akthara shayʾin ŷadalā
Y ciertamente hemos expuesto a la humanidad en este Corán toda clase de parábolas. Pero el hombre es, entre todos los seres, el más dado a disputar.
54Para la afirmación de que el Corán contiene toda clase de parábolas para la humanidad —es decir, para la instrucción moral y religiosa de los seres humanos—, véanse 17:89c; 30:58; 39:27. Los seres humanos son dados a disputar, oponiéndose con vanidad y polemizando contra los profetas y mensajeros enviados a ellos (Ṭ) sobre la base de falsos conceptos (Bḍ); véase el v. 56, y asimismo 16:4, donde se describe al ser humano como un adversario manifiesto, junto con su comentario.
Versículo 55
وَمَا مَنَعَ ٱلنَّاسَ أَن يُؤْمِنُوٓا۟ إِذْ جَآءَهُمُ ٱلْهُدَىٰ وَيَسْتَغْفِرُوا۟ رَبَّهُمْ إِلَّآ أَن تَأْتِيَهُمْ سُنَّةُ ٱلْأَوَّلِينَ أَوْ يَأْتِيَهُمُ ٱلْعَذَابُ قُبُلًۭا ﴿٥٥﴾
wamā manaʿa n-nāsa an yuʾminū idh ŷāʾahumu l-hudā wayastaghfirū rabbahum illā an taʾtiyahum sunnatu l-awwalīna aw yaʾtiyahumu l-ʿadhābu qubulā
Y nada impide a los hombres creer cuando les llega la guía y pedir perdón a su Señor, salvo [que aguardan a] que les sobrevenga el destino de los pueblos antiguos o que el castigo comparezca ante ellos cara a cara.
55Las gentes aguardan a que les sobrevenga el destino [o proceder habitual] de los antiguos; es decir, esperan a ver si la misma aniquilación terrenal que abatió a los pueblos pretéritos caerá sobre ellos también (Z); cf. 16:33; 43:86; 47:18. En otros pasajes, el Corán advierte que una destrucción análoga bien podría ser inminente, por cuanto Dios no altera Su manera de actuar con los incrédulos; véase 35:43: ¿Acaso aguardan algo salvo el proceder con los antiguos? No hallarás alteración en el proceder de Dios, ni hallarás cambio en el proceder de Dios. El castigo que puede comparecer cara a cara alude muy probablemente al castigo del Más Allá (Z). Cara a cara traduce qubulan, vocablo que también puede significar «de improviso» o «súbitamente» (Ṭ), siendo este el modo en que a menudo se afirma que el Castigo divino sobreviene a las gentes (véanse, p. ej., 6:44; 7:95; 26:202). Es posible asimismo vocalizar este vocablo alternativamente como qabalan, con el sentido de «en el futuro» (Z).
Versículo 56
وَمَا نُرْسِلُ ٱلْمُرْسَلِينَ إِلَّا مُبَشِّرِينَ وَمُنذِرِينَ ۚ وَيُجَٰدِلُ ٱلَّذِينَ كَفَرُوا۟ بِٱلْبَٰطِلِ لِيُدْحِضُوا۟ بِهِ ٱلْحَقَّ ۖ وَٱتَّخَذُوٓا۟ ءَايَٰتِى وَمَآ أُنذِرُوا۟ هُزُوًۭا ﴿٥٦﴾
wamā nursilu l-mursalīna illā mubashshirīna wamundhirīna wayuŷādilu lladhīna kafarū bil-bāṭili liyudḥiḍū bihi l-ḥaqqa wattakhadhū āyātī wamā undhirū huzuwā
Y no enviamos a los mensajeros sino como portadores de albricias y como advertidores. Pero los que no creen disputan con falsedad para refutar con ella la verdad. Y toman Mis signos y aquello de lo que fueron advertidos a burla.
56El término mensajeros aquí traduce mursalīn y engloba por tanto a todos los portadores de mensajes procedentes de Dios, incluyendo tanto a los mensajeros (rusul) como a los profetas (anbiyāʾ). Los mensajeros fueron enviados a la vez como portadores de albricias y como advertidores (cf. 2:213; 4:165; 6:48). Lo mismo se afirma de forma específica respecto al Profeta Mahoma en 2:119; 7:188; 11:2; 17:105; 25:56; 33:45; 34:28. Los incrédulos no solo disputan contra la verdad, sino que además se mofan de los signos y advertencias que se les han comunicado, lo cual señalan los comentaristas que constituye el grado más perverso de desmentido (IK) y una actitud que evidencia su profunda ignorancia y endurecimiento de corazón (R). Otros versículos aluden a quienes toman los signos de Dios o la religión misma a burla (2:231; 5:57; 45:9, 35).
Versículo 57
وَمَنْ أَظْلَمُ مِمَّن ذُكِّرَ بِـَٔايَٰتِ رَبِّهِۦ فَأَعْرَضَ عَنْهَا وَنَسِىَ مَا قَدَّمَتْ يَدَاهُ ۚ إِنَّا جَعَلْنَا عَلَىٰ قُلُوبِهِمْ أَكِنَّةً أَن يَفْقَهُوهُ وَفِىٓ ءَاذَانِهِمْ وَقْرًۭا ۖ وَإِن تَدْعُهُمْ إِلَى ٱلْهُدَىٰ فَلَن يَهْتَدُوٓا۟ إِذًا أَبَدًۭا ﴿٥٧﴾
waman aẓlamu mimman dhukkira biʾāyāti rabbihī faʾaʿraḍa ʿanhā wanasiya mā qaddamat yadāhu innā ŷaʿalnā ʿalā qulūbihim akinnatan an yafqahūhu wafī ādhānihim waqran waʾin tadʿuhum ilā l-hudā falan yahtadū idhan abadā
¿Y quién es más injusto que aquel a quien se le recuerdan los signos de su Señor, pero se aparta de ellos y olvida lo que sus manos enviaron por delante? Ciertamente hemos puesto velos sobre sus corazones para que no lo comprendan, y en sus oídos una sordera. Y aunque los llames a la guía, jamás se dejarán guiar.
57La pregunta retórica que se inicia con ¿Quién es más injusto que...? se reitera a lo largo del Corán, con frecuencia en relación con quienes desmienten los signos de Dios; véase 32:22, donde se formula la pregunta idéntica, así como 6:21; 7:37; 10:17; 29:68; 39:32. En lo relativo a que Dios pone velos sobre sus corazones [...] y en sus oídos una sordera, véanse el comentario a la declaración idéntica en 6:25 y a una similar en 2:7. Quienes están espiritualmente «cubiertos por velos» o «sordos» son refractarios a la guía provista por los signos de Dios; de ahí que, aunque se les llame a la guía, no surtirá efecto alguno. Véase asimismo 2:6: En verdad, da igual para los incrédulos que los adviertas o no los adviertas; no creerán.
Versículo 58
وَرَبُّكَ ٱلْغَفُورُ ذُو ٱلرَّحْمَةِ ۖ لَوْ يُؤَاخِذُهُم بِمَا كَسَبُوا۟ لَعَجَّلَ لَهُمُ ٱلْعَذَابَ ۚ بَل لَّهُم مَّوْعِدٌۭ لَّن يَجِدُوا۟ مِن دُونِهِۦ مَوْئِلًۭا ﴿٥٨﴾
warabbuka l-ghafūru dhū r-raḥmati law yuʾākhidhuhum bimā kasabū laʿaŷŷala lahumu l-ʿadhāba bal lahum mawʿidul lan yaŷidū min dūnihī mawʾilā
Y tu Señor es el Indulgente, Dueño de la Misericordia. Si los castigara por lo que se han granjeado, les apresuraría el castigo. Mas tienen una cita fijada, de la que no hallarán refugio alguno.
58Advertencias análogas sobre la potestad de Dios para castigar a los incrédulos por lo que se han granjeado se hallan en 16:61 y 35:45, si bien en dichos versículos la advertencia radica en que, si Dios procediera de tal suerte, no dejaría sobre la faz de la tierra una sola criatura viva; véase 35:45c. En el presente versículo, Dios no castiga a los incrédulos de manera inmediata por cuanto es Indulgente y Dueño de la Misericordia. Más bien, los deja hasta su cita fijada, en referencia al plazo fijado para su muerte o destrucción, a fin de darles ocasión para arrepentirse y enmendar su conducta. Según algunos, este versículo se entiende como una advertencia a los incrédulos de La Meca en particular, a quienes Dios no castigó de inmediato a pesar de su extrema hostilidad contra el Profeta (R, Z). La cita fijada para su destrucción puede aludir bien a su comparecencia ante el Juicio en el Día de la Resurrección (R), bien a la Batalla de Badr (2/624; R, Z), durante la cual muchos mequíes, incluidos varios de los más destacados antagonistas del Profeta, resultaron muertos. De la que no hallarán refugio alguno o escapatoria frente al Castigo de Dios (R, Z).
Versículo 59
وَتِلْكَ ٱلْقُرَىٰٓ أَهْلَكْنَٰهُمْ لَمَّا ظَلَمُوا۟ وَجَعَلْنَا لِمَهْلِكِهِم مَّوْعِدًۭا ﴿٥٩﴾
watilka l-qurā ahlaknāhum lammā ẓalamū waŷaʿalnā limahlikihim mawʿidā
Y a aquellas ciudades las destruimos por las transgresiones que cometieron, y fijamos un plazo para su destrucción.
59El Corán alude reiteradamente a la aniquilación de ciudades enteras como consecuencia de su incredulidad y sus transgresiones. Todas estas referencias se hallan en suras mequíes y se entiende unánimemente que constituían advertencias para los coraichitas de La Meca; véanse 6:131; 7:96; 11:100–102; 28:59; 46:26–27. El que Dios haya fijado un plazo para su destrucción entraña que determinó un momento concreto, conocido solo por Él, para su castigo, el cual no puede adelantarse ni retrasarse; véase 34:30, donde se instruye al Profeta a advertir a los mequíes diciendo: Tendréis la cita de un Día que no podréis retrasar ni una sola hora ni adelantar.
Versículo 60–82
وَإِذْ قَالَ مُوسَىٰ لِفَتَىٰهُ لَآ أَبْرَحُ حَتَّىٰٓ أَبْلُغَ مَجْمَعَ ٱلْبَحْرَيْنِ أَوْ أَمْضِىَ حُقُبًۭا ﴿٦٠﴾ فَلَمَّا بَلَغَا مَجْمَعَ بَيْنِهِمَا نَسِيَا حُوتَهُمَا فَٱتَّخَذَ سَبِيلَهُۥ فِى ٱلْبَحْرِ سَرَبًۭا ﴿٦١﴾ فَلَمَّا جَاوَزَا قَالَ لِفَتَىٰهُ ءَاتِنَا غَدَآءَنَا لَقَدْ لَقِينَا مِن سَفَرِنَا هَٰذَا نَصَبًۭا ﴿٦٢﴾ قَالَ أَرَءَيْتَ إِذْ أَوَيْنَآ إِلَى ٱلصَّخْرَةِ فَإِنِّى نَسِيتُ ٱلْحُوتَ وَمَآ أَنسَىٰنِيهُ إِلَّا ٱلشَّيْطَٰنُ أَنْ أَذْكُرَهُۥ ۚ وَٱتَّخَذَ سَبِيلَهُۥ فِى ٱلْبَحْرِ عَجَبًۭا ﴿٦٣﴾ قَالَ ذَٰلِكَ مَا كُنَّا نَبْغِ ۚ فَٱرْتَدَّا عَلَىٰٓ ءَاثَارِهِمَا قَصَصًۭا ﴿٦٤﴾ فَوَجَدَا عَبْدًۭا مِّنْ عِبَادِنَآ ءَاتَيْنَٰهُ رَحْمَةًۭ مِّنْ عِندِنَا وَعَلَّمْنَٰهُ مِن لَّدُنَّا عِلْمًۭا ﴿٦٥﴾ قَالَ لَهُۥ مُوسَىٰ هَلْ أَتَّبِعُكَ عَلَىٰٓ أَن تُعَلِّمَنِ مِمَّا عُلِّمْتَ رُشْدًۭا ﴿٦٦﴾ قَالَ إِنَّكَ لَن تَسْتَطِيعَ مَعِىَ صَبْرًۭا ﴿٦٧﴾ وَكَيْفَ تَصْبِرُ عَلَىٰ مَا لَمْ تُحِطْ بِهِۦ خُبْرًۭا ﴿٦٨﴾ قَالَ سَتَجِدُنِىٓ إِن شَآءَ ٱللَّهُ صَابِرًۭا وَلَآ أَعْصِى لَكَ أَمْرًۭا ﴿٦٩﴾ قَالَ فَإِنِ ٱتَّبَعْتَنِى فَلَا تَسْـَٔلْنِى عَن شَىْءٍ حَتَّىٰٓ أُحْدِثَ لَكَ مِنْهُ ذِكْرًۭا ﴿٧٠﴾ فَٱنطَلَقَا حَتَّىٰٓ إِذَا رَكِبَا فِى ٱلسَّفِينَةِ خَرَقَهَا ۖ قَالَ أَخَرَقْتَهَا لِتُغْرِقَ أَهْلَهَا لَقَدْ جِئْتَ شَيْـًٔا إِمْرًۭا ﴿٧١﴾ قَالَ أَلَمْ أَقُلْ إِنَّكَ لَن تَسْتَطِيعَ مَعِىَ صَبْرًۭا ﴿٧٢﴾ قَالَ لَا تُؤَاخِذْنِى بِمَا نَسِيتُ وَلَا تُرْهِقْنِى مِنْ أَمْرِى عُسْرًۭا ﴿٧٣﴾ فَٱنطَلَقَا حَتَّىٰٓ إِذَا لَقِيَا غُلَٰمًۭا فَقَتَلَهُۥ قَالَ أَقَتَلْتَ نَفْسًۭا زَكِيَّةًۢ بِغَيْرِ نَفْسٍۢ لَّقَدْ جِئْتَ شَيْـًۭٔا نُّكْرًۭا ﴿٧٤﴾ ۞ قَالَ أَلَمْ أَقُل لَّكَ إِنَّكَ لَن تَسْتَطِيعَ مَعِىَ صَبْرًۭا ﴿٧٥﴾ قَالَ إِن سَأَلْتُكَ عَن شَىْءٍۭ بَعْدَهَا فَلَا تُصَٰحِبْنِى ۖ قَدْ بَلَغْتَ مِن لَّدُنِّى عُذْرًۭا ﴿٧٦﴾ فَٱنطَلَقَا حَتَّىٰٓ إِذَآ أَتَيَآ أَهْلَ قَرْيَةٍ ٱسْتَطْعَمَآ أَهْلَهَا فَأَبَوْا۟ أَن يُضَيِّفُوهُمَا فَوَجَدَا فِيهَا جِدَارًۭا يُرِيدُ أَن يَنقَضَّ فَأَقَامَهُۥ ۖ قَالَ لَوْ شِئْتَ لَتَّخَذْتَ عَلَيْهِ أَجْرًۭا ﴿٧٧﴾ قَالَ هَٰذَا فِرَاقُ بَيْنِى وَبَيْنِكَ ۚ سَأُنَبِّئُكَ بِتَأْوِيلِ مَا لَمْ تَسْتَطِع عَّلَيْهِ صَبْرًا ﴿٧٨﴾ أَمَّا ٱلسَّفِينَةُ فَكَانَتْ لِمَسَٰكِينَ يَعْمَلُونَ فِى ٱلْبَحْرِ فَأَرَدتُّ أَنْ أَعِيبَهَا وَكَانَ وَرَآءَهُم مَّلِكٌۭ يَأْخُذُ كُلَّ سَفِينَةٍ غَصْبًۭا ﴿٧٩﴾ وَأَمَّا ٱلْغُلَٰمُ فَكَانَ أَبَوَاهُ مُؤْمِنَيْنِ فَخَشِينَآ أَن يُرْهِقَهُمَا طُغْيَٰنًۭا وَكُفْرًۭا ﴿٨٠﴾ فَأَرَدْنَآ أَن يُبْدِلَهُمَا رَبُّهُمَا خَيْرًۭا مِّنْهُ زَكَوٰةًۭ وَأَقْرَبَ رُحْمًۭا ﴿٨١﴾ وَأَمَّا ٱلْجِدَارُ فَكَانَ لِغُلَٰمَيْنِ يَتِيمَيْنِ فِى ٱلْمَدِينَةِ وَكَانَ تَحْتَهُۥ كَنزٌۭ لَّهُمَا وَكَانَ أَبُوهُمَا صَٰلِحًۭا فَأَرَادَ رَبُّكَ أَن يَبْلُغَآ أَشُدَّهُمَا وَيَسْتَخْرِجَا كَنزَهُمَا رَحْمَةًۭ مِّن رَّبِّكَ ۚ وَمَا فَعَلْتُهُۥ عَنْ أَمْرِى ۚ ذَٰلِكَ تَأْوِيلُ مَا لَمْ تَسْطِع عَّلَيْهِ صَبْرًۭا ﴿٨٢﴾
waʾidh qāla mūsā lifatāhu lā abraḥu ḥattā ablugha maŷmaʿa l-baḥrayni aw amḍiya ḥuqubā · falammā balaghā maŷmaʿa baynihimā nasiyā ḥūtahumā fattakhadha sabīlahū fī l-baḥri sarabā · falammā ŷāwazā qāla lifatāhu ātinā ghadāʾanā laqad laqīnā min safarinā hādhā naṣabā · qāla araʾayta idh awaynā ilā ṣ-ṣakhrati faʾinnī nasītu l-ḥūta wamā ansānīhu illā sh-shayṭānu an adhkurahū wattakhadha sabīlahū fī l-baḥri ʿaŷabā · qāla dhālika mā kunnā nabghi fartaddā ʿalā āthārihimā qaṣaṣā · fawaŷadā ʿabdam min ʿibādinā ātaynāhu raḥmatam min ʿindinā waʿallamnāhu mil ladunnā ʿilmā · qāla lahū mūsā hal attabiʿuka ʿalā an tuʿallimani mimmā ʿullimta rushdā · qāla innaka lan tastaṭīʿa maʿiya ṣabrā · wakayfa taṣbiru ʿalā mā lam tuḥiṭ bihī khubrā · qāla sataŷidunī in shāʾa llāhu ṣābiran walā aʿṣī laka amrā · qāla faʾini ttabaʿtanī falā tasʾalnī ʿan shayʾin ḥattā uḥditha laka minhu dhikrā · fainṭalaqā ḥattā idhā rakibā fī s-safīnati kharaqahā qāla akharaqtahā litughriqa ahlahā laqad ŷiʾta shayʾ imrā · qāla alam aqul innaka lan tastaṭīʿa maʿiya ṣabrā · qāla lā tuʾākhidhnī bimā nasītu walā turhiqnī min amrī ʿusrā · fainṭalaqā ḥattā idhā laqiyā ghulāman faqatalahū qāla aqatalta nafsan zakiyyatam bighayri nafsil laqad ŷiʾta shayʾ nukrā · qāla alam aqul laka innaka lan tastaṭīʿa maʿiya ṣabrā · qāla in saʾaltuka ʿan shayʾim baʿdahā falā tuṣāḥibnī qad balaghta mil ladunnī ʿudhrā · fainṭalaqā ḥattā idhā atayā ahla qaryatini staṭʿamā ahlahā faʾabaw an yuḍayyifūhumā fawaŷadā fīhā ŷidāran yurīdu an yanqaḍḍa faʾaqāmahū qāla law shiʾta lattakhadhta ʿalayhi aŷrā · qāla hādhā firāqu baynī wabaynika saʾunabbiʾuka bitaʾwīli mā lam tastaṭiʿ ʿalayhi ṣabrā · ammā s-safīnatu fakānat limasākīna yaʿmalūna fī l-baḥri faʾaradttu an aʿībahā wakāna warāʾahum malikun yaʾkhudhu kulla safīnatin ghaṣbā · waʾammā l-ghulāmu fakāna abawāhu muʾminayni fakhashīnā an yurhiqahumā ṭughyānan wakufrā · faʾaradnā an yubdilahumā rabbuhumā khayram minhu zakātan waʾaqraba ruḥmā · waʾammā l-ŷidāru fakāna lighulāmayni yatīmayni fī l-madīnati wakāna taḥtahū kanzul lahumā wakāna abūhumā ṣāliḥan faʾarāda rabbuka an yablughā ashuddahumā wayastakhriŷā kanzahumā raḥmatam mir rabbika wamā faʿaltuhū ʿan amrī dhālika taʾwīlu mā lam tasṭiʿ ʿalayhi ṣabrā
Y cuando Moisés dijo a su servidor: «No cejaré hasta que alcance la confluencia de los dos mares, aun cuando deba caminar durante mucho tiempo».
60–82Estos versículos contienen la narración de Moisés y del misterioso «siervo» a quien encuentra en la confluencia de los dos mares (v. 60). Este es el único relato sobre Moisés en el Corán que carece de paralelo en el texto bíblico. El misterioso siervo no es nombrado en el Corán, pero es identificado por todos los comentaristas y por un ḥadīz del Profeta como Jidr (o al-Jaḍir, «el Verde»). La mayoría considera a Jidr como un profeta que vive mucho más allá del lapso ordinario de una vida humana y a quien de hecho se asocia con la vida perdurable o con aquello que se sitúa más allá o en medio de los reinos de la vida y la muerte. Esta vinculación con la vida perpetua y el contraste entre Moisés —como heraldo de la Ley divina exotérica— y Jidr —como depositario de un conocimiento procedente de Nuestra Presencia (v. 65)— constituyen el fundamento de la riqueza metafísica y mística del relato y lo han hecho objeto de amplias interpretaciones en la literatura islámica. En el sufismo, Jidr es considerado el profeta de la iniciación en los misterios divinos, así como un guía espiritual singular de quien muchos, incluido el célebre metafísico sufí Ibn ʿArabī (m. 638/1240), afirmaron haber recibido iniciación.
Con las otras dos narraciones principales de esta sura —la de los jóvenes de la caverna en los vv. 9–26 y la de Ḏū-l-Qarnayn en los vv. 83–98—, esta historia comparte el tema de los ámbitos intermedios: entre la vida y la muerte, entre el conocimiento exotérico y el esotérico, entre los dos mares, entre los dos desfiladeros (v. 93) que median entre los extremos oriental y occidental alcanzados por Ḏū-l-Qarnayn.
La historia de Moisés y Jidr relatada en estos versículos ha sido leída desde múltiples perspectivas. Brinda una de las demostraciones más dramáticas del poder de Dios sobre la vida, la muerte y la resurrección, tema presente asimismo en el relato anterior de los jóvenes de la caverna. Mas esta historia se entiende también como una narración simbólica de la disparidad entre el conocimiento formal y exotérico basado en la escritura revelada o en la razón, por un lado, y el conocimiento esotérico que emana directamente de Dios, por otro; es asimismo un relato simbólico sobre el magisterio y el discipulado espiritual, así como sobre los distintos niveles del alma humana y su formación espiritual. Finalmente, el relato indica que la Voluntad de Dios opera misteriosamente a través de todos los acontecimientos y actos, dando fe de la existencia de una interpretación oculta (taʾwīl) de lo que se presencia y experimenta en este mundo, interpretación conocida solo por unos pocos, como Jidr, a quienes Dios Mismo ha concedido este saber de forma directa. Este conocimiento puede trascender la comprensión incluso de un gran profeta como Moisés, quien en esta historia representa la dimensión exotérica o externa de la religión.
60El servidor de Moisés es identificado de manera generalizada como Josué (Q, R, Ṭ, Z). Servidor traduce fatā, vocablo que puede significar asimismo sencillamente un joven o muchacho. En un ḥadīz, el Profeta prescribió referirse a los siervos o esclavos como «mi muchacho» (fatā) o «mi muchacha» (fatāt; Q, R, Z) en lugar de «mi esclavo» o «mi siervo»; en este contexto, el término alude al hecho de que el joven Josué acompañaba a Moisés, le servía y aprendía de él (Z). La relación entre Moisés y Josué es la de maestro y discípulo, siendo Moisés quien fija las metas y parámetros de su marcha, declarando: No cejaré [...] aun cuando deba caminar durante mucho tiempo. Con posterioridad, al encontrarse Moisés con Jidr, Moisés pasará a ser el discípulo respecto al maestro, Jidr, mientras que Jidr mismo es un siervo consagrado únicamente a Dios (véase el v. 65, donde se describe a Jidr como uno de Nuestros siervos).
Moisés busca la confluencia de los dos mares (maŷmaʿ al-baḥrayn). En el Corán, los dos mares se entienden en su sentido más literal como alusión al agua dulce de los ríos y al agua salada de los mares (25:53). El Corán alude al punto donde ambos confluyen como la sede de una «barrera» impenetrable (barzaj o ḥāŷiz) interpuesta entre ambos, en la que los dos tipos de agua se mezclan pero ninguno transgrede los confines del otro (cf. 25:53; 27:61; 55:19–20). Diversos comentaristas sugieren posibles localizaciones geográficas para la confluencia de los dos mares aludida en este versículo, si bien tales propuestas tienden a ser vagas o geográficamente insostenibles, tales como el punto de encuentro del mar Pérsico (acaso el Golfo Pérsico) y el mar Romano (alusión probable al Mediterráneo), o bien en Tánger (R, Ṭ, Z). Con todo, la localización geográfica resulta en última instancia irrelevante para el relato. Más bien, Moisés busca esta confluencia porque se le había anunciado que en dicho paraje encontraría a alguien más sabio que él (Z). Se transmite en un ḥadīz que en cierta ocasión el pueblo de Moisés le preguntó quién era el hombre más sabio, y él respondió que lo era él mismo. A Dios le desagradó tal respuesta, por cuanto Moisés no Lo reconoció a Él como la Fuente de todo saber y por tanto como el Supremo Conocedor, y le respondió (a través de Gabriel) haciéndole saber que había un siervo de Dios cuyo conocimiento aventajaba al del propio Moisés, y que Moisés encontraría a dicho siervo en la confluencia de los dos mares (IK, Q, Z; para diversas versiones de este relato, véase R).
Algunos comentaristas sugieren que los dos mares aluden aquí a los propios Moisés y Jidr como personificaciones de dos «mares de conocimiento» (R, Z). En la medida en que esta narración reviste un sentido simbólico sobre el conocimiento, los dos mares encarnan dos tipos de saber. Los ríos de agua dulce, con su curso lineal y direccional, simbolizan el pensamiento racional y el conocimiento de la Ley divina que conduce a la salvación o hacia Dios, mientras que el mar salado, con su inmensidad, sus corrientes impredecibles y su profundidad insondable, simboliza el conocimiento interior profundo y la naturaleza infinita y omniabarcante del Conocimiento divino, o de la Divinidad Misma, que los seres humanos no pueden «penetrar» mediante modalidades lineales o lógicas de intelección, del mismo modo que el agua dulce fluvial no puede rebasar la barrera divisoria entre los dos mares. Los dos mares operan así como símbolo de las distintas modalidades de Conocimiento divino poseídas por Moisés y Jidr: Moisés representa el Conocimiento divino manifestado en la Ley revelada, y Jidr representa el Conocimiento divino en su vertiente directa e inmediata, cuya adquisición constituye la meta de la vía mística (véase 18:65c). Si este versículo se lee como una alegoría de la naturaleza del alma, entonces los dos mares pueden remitir al mundo del espíritu y al mundo corpóreo (K), siendo el alma humana la confluencia o el punto de contacto entre ambos órdenes.
Versículo 61
فَلَمَّا بَلَغَا مَجْمَعَ بَيْنِهِمَا نَسِيَا حُوتَهُمَا فَٱتَّخَذَ سَبِيلَهُۥ فِى ٱلْبَحْرِ سَرَبًۭا ﴿٦١﴾
falammā balaghā maŷmaʿa baynihimā nasiyā ḥūtahumā fattakhadha sabīlahū fī l-baḥri sarabā
Y cuando llegaron a la confluencia de ambos, se olvidaron de su pez, y este emprendió su camino por el mar, abriéndose paso.
61Aunque Moisés y su servidor, Josué, sabían que buscaban la confluencia de los dos mares, el relato sugiere que no reconocieron dicho punto al alcanzarlo, y que fue en ese preciso lugar donde se olvidaron de su pez. Perdieron asimismo su pez en esta confluencia cuando cobró vida de nuevo y emprendió su camino por el mar. El hecho de que el pez reviviera en ese paraje constituye un indicio de la presencia de Jidr allí (Qu), en la medida en que Jidr encarna la vida que trasciende las ataduras del tiempo —tanto por su efecto «reverdeciente» sobre cuanto le rodea (véase 18:65c) como por su aparente intemporalidad.
Se relata que en cierto momento de su marcha, Moisés y Josué se detuvieron a descansar junto a una roca cercana a un manantial designado como la «fuente de la vida» (IK, Q, Z), ignorando que se trataba efectivamente de la confluencia entre los dos mares que andaban buscando. Se decía que el pez que portaban en una cesta era un pez salado y curado del que Moisés y Josué ya habían comido parte (Q, Th, Z). No obstante, en ese punto el pez salado y parcialmente consumido entró en contacto con el agua del manantial y cobró vida milagrosamente. El pez entró en contacto con el agua bien cuando Moisés o Josué lo salpicaron inadvertidamente con algo de agua al realizar sus abluciones para la oración (Q, R, Z), bien cuando el agua del arroyo procedente de la «fuente de la vida» fluyó cerca de la cesta, alcanzando y reanimando al pez en su interior y volcando finalmente el cesto, lo que permitió al pez escapar hacia el mar (Q). Se describe además que el pez marchó abriéndose paso [o haciéndose un conducto], excavándose un túnel hacia el mar. Si bien cabría esperar que semejante túnel hacia el mar quedara anegado por el agua marina fluyendo hacia su abertura, los comentaristas refieren que el agua del mar quedó milagrosamente contenida fuera del túnel, permitiendo al pez transitar por él hacia el mar (JJ, Q).
Versículo 62
فَلَمَّا جَاوَزَا قَالَ لِفَتَىٰهُ ءَاتِنَا غَدَآءَنَا لَقَدْ لَقِينَا مِن سَفَرِنَا هَٰذَا نَصَبًۭا ﴿٦٢﴾
falammā ŷāwazā qāla lifatāhu ātinā ghadāʾanā laqad laqīnā min safarinā hādhā naṣabā
Y cuando hubieron pasado más allá, dijo a su servidor: «Tráenos nuestra comida. Por cierto que hemos hallado fatiga en este viaje nuestro».
62A pesar del milagro del pez —ignorado por Moisés, y presenciado pero olvidado por Josué (véase el v. 63)—, Moisés y Josué pasaron más allá de aquel sitio para proseguir su camino. El que Moisés y Josué «pasaran de largo» de la confluencia o no la reconocieran por lo que era se explica al comprender que dicha confluencia representa un barzaj, un enclave liminal entre dos mundos que en sí mismo carece de extensión espacial. Tras abandonar la confluencia y la fuente de la vida, Moisés comenzó a experimentar hambre y fatiga (K, Z); Moisés solicitó por ende a su servidor, Josué, que les trajese su comida, refiriéndose al pez. Algunos sugieren que Dios indujo el hambre en Moisés para recordarle el pez (Ṭs) y facilitar así su retorno a la confluencia de los dos mares.
Si esta narración se lee como un relato simbólico del viaje del alma que se aparta de Dios hacia la existencia mundana para luego retornar a Él, cabe señalar que, mientras se hallaba en la confluencia de los dos mares, Moisés era sustentado como un infante en el vientre materno, sin necesidad de comer ni afanarse, y sin experimentar hambre ni cansancio; pero su paso más allá de dicho punto simboliza el nacimiento del alma a la existencia mundana y su desvinculación de su fuente de nutrición originaria, viéndose Moisés, al igual que el alma, fatigado por las nuevas tribulaciones y carencias que semejante nacimiento entraña (K).
Versículo 63–64
قَالَ أَرَءَيْتَ إِذْ أَوَيْنَآ إِلَى ٱلصَّخْرَةِ فَإِنِّى نَسِيتُ ٱلْحُوتَ وَمَآ أَنسَىٰنِيهُ إِلَّا ٱلشَّيْطَٰنُ أَنْ أَذْكُرَهُۥ ۚ وَٱتَّخَذَ سَبِيلَهُۥ فِى ٱلْبَحْرِ عَجَبًۭا ﴿٦٣﴾ قَالَ ذَٰلِكَ مَا كُنَّا نَبْغِ ۚ فَٱرْتَدَّا عَلَىٰٓ ءَاثَارِهِمَا قَصَصًۭا ﴿٦٤﴾
qāla araʾayta idh awaynā ilā ṣ-ṣakhrati faʾinnī nasītu l-ḥūta wamā ansānīhu illā sh-shayṭānu an adhkurahū wattakhadha sabīlahū fī l-baḥri ʿaŷabā · qāla dhālika mā kunnā nabghi fartaddā ʿalā āthārihimā qaṣaṣā
Dijo: «¿Viste? Cuando nos refugiamos en la roca, me olvidé ciertamente del pez —y nadie me hizo olvidarlo salvo Satanás, impidiendo que lo mencionara—, ¡y emprendió su camino por el mar de manera prodigiosa!».
Dijo: «¡Eso es lo que buscábamos!». Y regresaron sobre sus pasos, desandando el camino.
63–64Al pedírsele el pez, Josué recordó haber presenciado su milagrosa fuga hacia el mar. ¿Viste? no reviste un sentido interrogativo real, pues Josué sabía perfectamente que Moisés no había presenciado la pérdida del pez; más bien, es el modo que Josué emplea para presentar el prodigioso suceso ante Moisés (Ṭs).
Los comentaristas señalan que Josué, al igual que Moisés, sabía que iban en pos de la confluencia de los dos mares —según ciertos relatos, sabía incluso que la pérdida del pez constituiría la señal inequívoca de haber alcanzado su destino (JJ, R)—; mas quedó sumido en el sueño tras presenciar la huida del pez y olvidó el asunto al despertar. Josué procuró disculpar su descuido alegando que fue Satanás quien le hizo olvidar mencionárselo a Moisés (Q). Mas ahora, al narrarle a Moisés el episodio del pez, se maravilla de lo acaecido.
Cuando Moisés supo lo ocurrido con el pez, exclamó: ¡Eso es lo que buscábamos!, al percatarse de inmediato —o según algunos relatos tras haber sido advertido con antelación (R, Ṭ)— de que el sitio donde el pez se había arrojado al mar era con exactitud el paraje donde encontraría al siervo de Dios más sabio que él (véase 18:60c). Moisés supo por ende que debían regresar a aquel enclave, de modo que regresaron sobre sus pasos, desandando el camino. Si se lee la historia como narración simbólica del viaje del alma, el desandar de pasos de Moisés encarna el retorno espiritual hacia Dios, revocando la «caída» en la existencia mundana y el alejamiento de Dios: un retorno a la fiṭrah primera (véase 30:30c) o naturaleza primordial en la que fue concebido el ser humano (K).
Versículo 65
فَوَجَدَا عَبْدًۭا مِّنْ عِبَادِنَآ ءَاتَيْنَٰهُ رَحْمَةًۭ مِّنْ عِندِنَا وَعَلَّمْنَٰهُ مِن لَّدُنَّا عِلْمًۭا ﴿٦٥﴾
fawaŷadā ʿabdam min ʿibādinā ātaynāhu raḥmatam min ʿindinā waʿallamnāhu mil ladunnā ʿilmā
Y hallaron a uno de Nuestros siervos a quien habíamos concedido una misericordia de Nuestra parte y a quien habíamos enseñado un conocimiento procedente de Nuestra Presencia.
65Uno de Nuestros siervos es identificado por todos los comentaristas como Jidr sobre la base de los aḥādīz (IK, Q). Se decía que se le otorgó el apelativo de Jidr (o al-Jāḍir, «el Verde») debido a que doquiera que oraba o se detenía, todo su entorno reverdecía (Q, R, Th), esto es, se renovaba de vida; y en las manifestaciones artísticas islámicas, tales como las miniaturas persas, a Jidr se le representa invariablemente ataviado de verde.
Jidr es considerado ampliamente como profeta (Q, R), si bien algunos sostienen que no era sino un siervo justo de Dios o un ángel (Q). No obstante, los comentaristas esgrimen diversos argumentos que corroboran la condición profética de Jidr, entre ellos el haber recibido un conocimiento directo e inmediato de parte de Dios, rasgo distintivo de la profecía (R), y el hecho de que Moisés le siguiera y solicitara aprender de él, lo que sugiere que, al menos en ciertos aspectos, Jidr era superior a Moisés, y nadie puede ser superior a un profeta salvo otro profeta (Q, R). Además, en el v. 82, Jidr afirma que los diversos actos que ejecuta y que tanto sobrecogen a Moisés no los llevó a cabo por propia iniciativa [o mandato propio], lo que revela que los cumplió por Mandato divino, otro rasgo inherente a la profecía, como en 21:27: No se Le adelantan en la palabra y actúan con arreglo a Su Mandato. Por último, algunos comentaristas observan que el significado recóndito de los actos y sucesos conocido por Jidr (véanse los vv. 78–82) solo puede alcanzarse a través de la revelación divina, privilegio exclusivo de los profetas (Q).
Según un relato, cuando regresaron a la confluencia de los dos mares, Moisés halló a Jidr sentado o recostado sobre una alfombra verde dispuesta sobre las aguas y envuelto en su manto, y Moisés le saludó con la paz (Q). Diversas tradiciones refieren que Jidr descorrió la parte del manto que le cubría el rostro y preguntó: «¿Acaso hay paz en tu tierra? ¿Quién eres?», tras lo cual Moisés se presentó (Q, Th); en otra versión, Jidr reconoció a Moisés de inmediato y lo saludó como al «profeta de los Hijos de Israel» (Q). Algunos consideran que Jidr vivía ya en tiempos del legendario héroe y monarca persa Afarīdūn (Fereydūn) y en los inicios de la era de Ḏū-l-Qarnayn (cuya historia sigue inmediatamente a esta), así como durante la época de Moisés (Z). Jidr sigue siendo una figura de primer orden en el pensamiento islámico, en especial entre los practicantes sufíes, algunos de los cuales lo consideran un maestro místico eterno y misterioso que todavía hoy guía e incluso inicia a ciertas personas en la vía sufí a través de sueños y visiones.
En el presente versículo se declara que a Jidr se le había concedido una misericordia de Nuestra parte, lo cual muchos entienden como una alusión a la profecía (Q, R, Z) o a una suerte de perfección espiritual que le permite permanecer enteramente libre de las trabas de la materia densa (K), otorgándole una existencia perpetua. Se le había enseñado asimismo un conocimiento procedente de Nuestra Presencia (ʿilm min ladunnā), lo que se entiende de forma unánime como el conocimiento de lo Oculto, el cual solo a Dios compete (JJ, Q, Z). Se trata de un saber esotérico de las realidades recónditas de las cosas y de las verdades universales que le son reveladas de forma directa (K, Q), sin la mediación de maestro humano alguno (K, R, Su), adquirido mediante inspiración divina y no mediante esfuerzo intelectual humano (Qu). Apelando a la terminología árabe de este versículo, Abū Ḥāmid al-Ġazzālī y otros maestros sufíes aluden con frecuencia al saber que solo puede adquirirse a través del desvelamiento místico (ʿilm al-mukāshafah) denominándolo «conocimiento procedente de la Presencia divina» (ʿilm ladunī; R), mientras que el maestro sufí bagdadí Ŷunayd (m. 297/910) caracterizaba el conocimiento de Jidr como el «desvelamiento de las luces procedentes de los arcanos de lo Oculto» (Su). La descripción de Jidr como receptor de «una misericordia de Dios» y de «un conocimiento de Su Presencia» reproduce los términos de la súplica de los jóvenes de la caverna en el v. 10, cuando rogaban a Dios solicitando una misericordia procedente de Tu Presencia.
Jidr le dijo a Moisés que Dios le había conferido un conocimiento que no le había otorgado a Moisés, pero que a Moisés le había conferido asimismo un saber que no le había dado a él (a Jidr; véanse IK, R, Z en 18:60); de ahí la alusión a Moisés y Jidr como representativos de «dos mares» de conocimiento (véase 18:60c). El comentarista sufí al-Sulamī afirma en su exégesis a 18:66 que, si bien Moisés era más sabio que Jidr en lo que Moisés había recibido de Dios, Jidr era más sabio en otros aspectos; y mientras Moisés «subsistía» en la verdad, Jidr se hallaba aniquilado en ella, refiriéndose a las dos estaciones espirituales que los sufíes describen como «subsistencia en Dios» (baqāʾ) y aniquilación en Dios (fanāʾ). Mas, con todo el saber reunido entre ambos, se transmite que Jidr dijo a Moisés mientras contemplaba un gorrión junto al agua: «Mi saber y tu saber, comparados con el Conocimiento de Dios, no son sino la minúscula porción de agua que este gorrión toma en su pico» (IK, Th).
Versículo 66
قَالَ لَهُۥ مُوسَىٰ هَلْ أَتَّبِعُكَ عَلَىٰٓ أَن تُعَلِّمَنِ مِمَّا عُلِّمْتَ رُشْدًۭا ﴿٦٦﴾
qāla lahū mūsā hal attabiʿuka ʿalā an tuʿallimani mimmā ʿullimta rushdā
Moisés le dijo: «¿Puedo seguirte para que me enseñes de lo que se te ha enseñado como juicio recto?».
66Al encontrarse con Jidr, Moisés le pregunta de inmediato: ¿Puedo seguirte para que me enseñes?, lo cual pone de relieve la sincera búsqueda de Moisés del saber interior por sí mismo, su ausencia de soberbia y su disposición a humillarse ante alguien más sabio que él a pesar de su propio rango profético (R). A la luz del relato precedente de los jóvenes de la caverna —en el que los judíos dijeron a los mequíes que podían verificar si Mahoma era un profeta auténtico poniendo a prueba su conocimiento sobre los jóvenes y su historia—, al-Rāzī observa en su comentario a 18:60 que la narración de Moisés y Jidr deja en claro que incluso profetas de la talla de Moisés no abarcan la totalidad del saber, pues por encima de todo poseedor de conocimiento hay un omnisciente (12:76). Moisés demuestra por ende la actitud recta que debe observarse al encontrarse ante quien sabe más que uno mismo, a saber: una actitud de humildad y un sincero anhelo de aprender. La actitud y conducta de Moisés sirven asimismo como amonestación moral para los idólatras mequíes, cuya arrogancia y repudio de la revelación traída por el Profeta contrastan vivamente con la humildad y sinceridad de Moisés al comparecer ante Jidr. Moisés solicita en concreto que se le enseñe algo de lo que a Jidr se le había transmitido como juicio recto; en el v. 10, los jóvenes de la caverna suplican asimismo a Dios que les conceda un juicio recto en sus asuntos.
Versículo 67–68
قَالَ إِنَّكَ لَن تَسْتَطِيعَ مَعِىَ صَبْرًۭا ﴿٦٧﴾ وَكَيْفَ تَصْبِرُ عَلَىٰ مَا لَمْ تُحِطْ بِهِۦ خُبْرًۭا ﴿٦٨﴾
qāla innaka lan tastaṭīʿa maʿiya ṣabrā · wakayfa taṣbiru ʿalā mā lam tuḥiṭ bihī khubrā
Dijo: «En verdad no podrás tener paciencia conmigo.
¿Y cómo podrías tener paciencia con aquello que no abarcas en conocimiento?».
67–68La réplica de Jidr: No podrás tener paciencia conmigo no constituye una mera objeción, sino una constatación de la verdad y un presagio de la separación de ambos en el v. 78. Moisés no puede tener paciencia con Jidr por cuanto Moisés ha sido enviado como profeta de la Ley divina exterior, mientras que a Jidr se le han encomendado ciertos actos que aparentemente contravienen dicha Ley, pero que encierran una dimensión recóndita. Sabiendo esto, Jidr advierte que tanto a él como a Moisés se les ha asignado una vocación espiritual particular, distinta e incluso aparentemente contradictoria, y que por tanto Moisés no puede ser su compañero (IK, Ṭs), al menos no por mucho tiempo. Al igual que las aguas de los dos mares que se entremezclan fugazmente en la confluencia o barzaj entre ambos, Moisés y Jidr pueden viajar juntos durante un breve lapso, pero finalmente cada cual debe seguir su propio rumbo para que un profeta no comprometa la misión del otro. Jidr inquiere: ¿Y cómo podrías tener paciencia con aquello que no abarcas en conocimiento?, pues, con arreglo a otros versículos, lo que uno abarca del Saber divino depende de la Voluntad y designio de Dios, como en 2:255: Y no abarcan nada de Su Conocimiento sino lo que Él quiere. En esta narración, a Moisés solo se le ha enseñado lo que es justo y recto con respecto a la realidad externa y visible de las cosas, careciendo del conocimiento de lo Oculto, saber que le ha sido concedido a Jidr (K). Moisés, a diferencia de Jidr, se halla constreñido por el tiempo y los límites del cuerpo material, lo cual, según ciertos comentaristas sufíes, era lo que le velaba del conocimiento de las realidades ocultas y verdades espirituales otorgadas a Jidr (K), quien en su condición intemporal parece desvinculado de las cargas y corruptibilidad del cuerpo.
Versículo 69–70
قَالَ سَتَجِدُنِىٓ إِن شَآءَ ٱللَّهُ صَابِرًۭا وَلَآ أَعْصِى لَكَ أَمْرًۭا ﴿٦٩﴾ قَالَ فَإِنِ ٱتَّبَعْتَنِى فَلَا تَسْـَٔلْنِى عَن شَىْءٍ حَتَّىٰٓ أُحْدِثَ لَكَ مِنْهُ ذِكْرًۭا ﴿٧٠﴾
qāla sataŷidunī in shāʾa llāhu ṣābiran walā aʿṣī laka amrā · qāla faʾini ttabaʿtanī falā tasʾalnī ʿan shayʾin ḥattā uḥditha laka minhu dhikrā
Dijo: «Me encontrarás paciente, si Dios quiere, y no desobedeceré ninguna orden tuya».
Dijo: «Si me sigues, no me preguntes por nada hasta que yo te haga mención de ello».
69–70Moisés asegura: Me encontrarás paciente, merced a la firmeza de su disposición para asimilar este saber y a la sinceridad de su búsqueda (K), si bien añade la salvedad: si Dios quiere, reconociendo que todo suceso futuro depende de la Voluntad de Dios (Q, Ṭs). Véanse los vv. 23–24, donde se previene al Profeta Mahoma jamás prometer nada en el futuro sin invocar la Voluntad divina. Jidr instruye a Moisés, como condición inexcusable para permitirle acompañarle: No me preguntes por nada hasta que yo te haga mención de ello. Al-Qushayrī observa que la exigencia de Jidr refleja la norma de cortesía espiritual que un discípulo debe observar ante un maestro o un estudiante ante un sabio (Qu). Tras haber depositado su confianza en Jidr como guía, a Moisés solo le incumbe seguir la senda de su maestro; no le compete inquirir sobre las verdades espirituales hasta que el maestro determine que ha llegado el momento oportuno para ello (K, R). Las palabras de Jidr ilustran asimismo la conducta que un maestro debe observar hacia el discípulo: el maestro asume la responsabilidad de ponderar las necesidades y facultades receptivas del alumno ante una enseñanza determinada (R).
Versículo 71
فَٱنطَلَقَا حَتَّىٰٓ إِذَا رَكِبَا فِى ٱلسَّفِينَةِ خَرَقَهَا ۖ قَالَ أَخَرَقْتَهَا لِتُغْرِقَ أَهْلَهَا لَقَدْ جِئْتَ شَيْـًٔا إِمْرًۭا ﴿٧١﴾
fainṭalaqā ḥattā idhā rakibā fī s-safīnati kharaqahā qāla akharaqtahā litughriqa ahlahā laqad ŷiʾta shayʾ imrā
Partieron, pues, hasta que, al embarcar en una nave, le abrió una brecha. Dijo [Moisés]: «¿Le has abierto una brecha para ahogar a su gente? ¡Ciertamente has cometido algo monstruoso!».
71Moisés y Jidr subieron a una nave cuyo armador, según se transmite, reconoció a Jidr como profeta y les permitió por ende viajar sin cobrarles pasaje (IK, Th, Z). Acto seguido, Jidr abrió una brecha en la nave, a punto de hacerla zozobrar, lo que indignó a Moisés. Si este relato se interpreta como narración simbólica del viaje del alma, la nave puede simbolizar el cuerpo, el cual transporta a los individuos a través del mar de la existencia material permitiéndoles realizar actos de culto; la rotura de la nave ejecutada por Jidr encarna por tanto el modo en que el dominio del cuerpo sobre el alma puede ser «quebrantado» mediante ejercicios espirituales y ascetismo (K).
Versículo 72–73
قَالَ أَلَمْ أَقُلْ إِنَّكَ لَن تَسْتَطِيعَ مَعِىَ صَبْرًۭا ﴿٧٢﴾ قَالَ لَا تُؤَاخِذْنِى بِمَا نَسِيتُ وَلَا تُرْهِقْنِى مِنْ أَمْرِى عُسْرًۭا ﴿٧٣﴾
qāla alam aqul innaka lan tastaṭīʿa maʿiya ṣabrā · qāla lā tuʾākhidhnī bimā nasītu walā turhiqnī min amrī ʿusrā
Dijo: «¿No te dije que no podrías tener paciencia conmigo?».
Dijo: «No me reprendas por haber olvidado, ni me impongas una gran dificultad en mi asunto».
72–73Jidr le recordó a Moisés su advertencia previa de que no sería capaz de tener paciencia con él, advertencia que recalca que la determinación de uno debe ser inquebrantable si pretende transitar semejante vía (K). La petición de Moisés de no ser reprendido por haber olvidado su promesa de no interrogar a Jidr evoca 2:286, donde los creyentes suplican: ¡Señor nuestro! No nos castigues si olvidamos o erramos.
Versículo 74
فَٱنطَلَقَا حَتَّىٰٓ إِذَا لَقِيَا غُلَٰمًۭا فَقَتَلَهُۥ قَالَ أَقَتَلْتَ نَفْسًۭا زَكِيَّةًۢ بِغَيْرِ نَفْسٍۢ لَّقَدْ جِئْتَ شَيْـًۭٔا نُّكْرًۭا ﴿٧٤﴾
fainṭalaqā ḥattā idhā laqiyā ghulāman faqatalahū qāla aqatalta nafsan zakiyyatam bighayri nafsil laqad ŷiʾta shayʾ nukrā
Continuaron, pues, hasta que se encontraron con un muchacho y lo mató. Dijo [Moisés]: «¿Has matado a un alma inocente que no había matado a ninguna otra alma? ¡Ciertamente has cometido un acto abominable!».
74Prosiguiendo la marcha, Moisés y Jidr se toparon con un muchacho a quien Jidr dio muerte, según se transmite golpeándole la cabeza con una piedra (IK). Moisés se llenó de indignación ante el hecho de que Jidr matara a un alma inocente, esto es, a un joven muchacho que no había matado a ninguna otra alma ni cometido pecado capital alguno (IK). Semejante homicidio resultaba enteramente contrario a la Ley divina traída por Moisés; véase 5:32: Prescribimos a los Hijos de Israel que quien matare a un alma —a no ser por otra alma o por sembrar la corrupción en la tierra— sería como si hubiese matado a toda la humanidad junta. Moisés juzgó este acto aún más grave que lo que Jidr había perpetrado con anterioridad (IK). Desde una perspectiva mística, el muchacho muerto personifica el alma concupiscente propensa al mal (al-nafs al-ammārah bi-l-sūʾ), la cual es «aniquilada» cuando se vencen la ira y demás pasiones perniciosas en el interior de uno mismo (K).
Versículo 75–76
۞ قَالَ أَلَمْ أَقُل لَّكَ إِنَّكَ لَن تَسْتَطِيعَ مَعِىَ صَبْرًۭا ﴿٧٥﴾ قَالَ إِن سَأَلْتُكَ عَن شَىْءٍۭ بَعْدَهَا فَلَا تُصَٰحِبْنِى ۖ قَدْ بَلَغْتَ مِن لَّدُنِّى عُذْرًۭا ﴿٧٦﴾
qāla alam aqul laka innaka lan tastaṭīʿa maʿiya ṣabrā · qāla in saʾaltuka ʿan shayʾim baʿdahā falā tuṣāḥibnī qad balaghta mil ladunnī ʿudhrā
Dijo: «¿No te dije que no podrías tener paciencia conmigo?».
Dijo: «Si te pregunto sobre algo después de esto, ya no me acompañes más. Habrás alcanzado suficiente disculpa de mi parte».
75–76Jidr reiteró su advertencia acerca de la incapacidad de Moisés para ser paciente, y Moisés volvió a mostrarse compungido. Sus palabras Si te pregunto . . . después de esto, ya no me acompañes más, al igual que la advertencia de Jidr, anticipan asimismo la separación definitiva de caminos entre Moisés y Jidr en el v. 78. Habrás alcanzado suficiente disculpa de mi parte constituye el reconocimiento por parte de Moisés de que ya ha dado a Jidr justificación suficiente para abandonar su compañía, dado que Moisés había infringido por dos veces la exigencia de Jidr de que no formulara preguntas.
Versículo 77
فَٱنطَلَقَا حَتَّىٰٓ إِذَآ أَتَيَآ أَهْلَ قَرْيَةٍ ٱسْتَطْعَمَآ أَهْلَهَا فَأَبَوْا۟ أَن يُضَيِّفُوهُمَا فَوَجَدَا فِيهَا جِدَارًۭا يُرِيدُ أَن يَنقَضَّ فَأَقَامَهُۥ ۖ قَالَ لَوْ شِئْتَ لَتَّخَذْتَ عَلَيْهِ أَجْرًۭا ﴿٧٧﴾
fainṭalaqā ḥattā idhā atayā ahla qaryatini staṭʿamā ahlahā faʾabaw an yuḍayyifūhumā fawaŷadā fīhā ŷidāran yurīdu an yanqaḍḍa faʾaqāmahū qāla law shiʾta lattakhadhta ʿalayhi aŷrā
Continuaron, pues, hasta que llegaron a los habitantes de una ciudad y pidieron alimento a sus gentes. Pero estas rehusaron brindarles hospitalidad. Hallaron entonces en ella un muro que estaba a punto de derrumbarse, y él lo enderezó. Dijo [Moisés]: «Si hubieras querido, podrías haber cobrado un salario por ello».
77Los habitantes de la ciudad, que algunos especulan pudo haber sido Antioquía o Eilat (R), rehusaron brindarles hospitalidad. Cuando se marchaban, Jidr se detuvo a reparar un muro que estaba inclinado. Moisés había prometido no hacer más preguntas, pero su afirmación Si hubieras querido, podrías haber cobrado una recompensa por ello encierra una pregunta implícita acerca de por qué Jidr no buscó retribución alguna por la buena obra que había hecho para una ciudad que no les había dispensado amabilidad alguna. La protesta de Moisés aquí llevó a Jidr a declarar su separación definitiva (en el v. 78). Los comentaristas extraen una lección moral de la protesta de Moisés y de la reacción de Jidr, a saber: que realizar una buena obra y luego procurar por ella una recompensa mundana anula el mérito espiritual de la buena obra (Su). La virtud y la perfección espirituales provienen de Dios y deben buscarse por sí mismas, no por afán de recompensa mundana (K). Algunos comentaristas sugieren asimismo que la protesta de Moisés en este punto colmó el vaso, pues mientras que las quejas previas de Moisés concernían al bienestar de otros (los tripulantes de la nave, el muchacho), su protesta en este caso brotó de su propia hambre y deseo (Qu).
De acuerdo con la interpretación de este relato como una narración simbólica del viaje del alma, si la nave averiada por Jidr representa el cuerpo «quebrantado» por los ejercicios espirituales y el ascetismo, y el muchacho muerto representa el alma concupiscente propensa al mal, la cual es abatida al vencer las pasiones, entonces el muro reparado simboliza el «alma en paz» (al-nafs al-muṭmaʾinnah; véase c. 89:27), que puede ser restaurada mediante el perfeccionamiento del carácter y la virtud una vez que las pasiones corporales y el alma concupiscente han sido subyugadas (K).
Versículo 78
قَالَ هَٰذَا فِرَاقُ بَيْنِى وَبَيْنِكَ ۚ سَأُنَبِّئُكَ بِتَأْوِيلِ مَا لَمْ تَسْتَطِع عَّلَيْهِ صَبْرًا ﴿٧٨﴾
qāla hādhā firāqu baynī wabaynika saʾunabbiʾuka bitaʾwīli mā lam tastaṭiʿ ʿalayhi ṣabrā
Dijo: «Esta es la separación entre tú y yo. Te informaré del significado de aquello con lo que no pudiste tener paciencia:
78Como se sugería desde el comienzo de este relato, la separación entre Moisés y Jidr resulta inevitable, pues cuando Moisés demostró no ser lo suficientemente paciente como para abstenerse de cuestionar los actos de Jidr, tal como Jidr había predicho, Jidr dejó de tener paciencia para mantener la compañía de Moisés (Qu). La confluencia entre estos «dos mares de conocimiento» (véase c. 18:60), al igual que la unión entre los dos mares físicos, solo puede ser un encuentro transitorio. A pesar de la breve compenetración de Moisés —como representante de la ley exotérica y profeta de la Palabra Divina revelada en el tiempo— y Jidr —como representante de la verdad esotérica e intemporal—, ambos profetas deben desempeñar sus vocaciones de manera separada el uno del otro, al igual que los dos mares, cuyas distintas naturalezas salada y dulce deben permanecer separadas aunque se mezclen en el barzaj. Con todo, al-Qushayrī señala que, si bien Moisés deseaba permanecer con Jidr y continuar aprendiendo de él, Jidr prefirió abandonar la compañía de Moisés, prefiriendo la soledad con Dios a la compañía de los seres creados.
Antes de separarse, no obstante, Jidr se ofreció a informar a Moisés del significado (taʾwīl), o sabiduría oculta, de sus acciones (R), con las cuales Moisés no pudo tener paciencia. Taʾwīl se traduce tanto aquí como en 3:7 simplemente como «interpretación», pero en la tradición islámica posterior este término se emplea con frecuencia para aludir al significado interior o esotérico de las aleyas coránicas y los aḥādīṯ —un uso del vocablo que parece verse respaldado por la afirmación en 3:7 de que el taʾwīl de ciertas aleyas del Corán solo es conocido por Dios (véase c. 3:7)—. Si el taʾwīl se entiende aquí en el sentido de denotar un significado interior o esotérico, el uso que hace Jidr de este término sugiere entonces que existe un sentido oculto o esotérico en todos los fenómenos y acontecimientos, así como en lo que Dios ha revelado en las sagradas escrituras: un sentido que solo es conocido por Dios y por aquellos a quienes, como a Jidr, se les ha otorgado conocimiento de la Presencia de Dios (v. 65). Aunque esta aleya marca la despedida entre Jidr y Moisés, la capacidad de Jidr de compartir el taʾwīl de sus actos con Moisés indica que el alma de Moisés había sido purificada y fortalecida lo suficiente para la recepción del sentido espiritual y el encuentro con lo Oculto (al-ġayb), que habían estado velados a Moisés hasta este punto y sobre lo cual se le había prohibido inquirir (K).
Versículo 79
أَمَّا ٱلسَّفِينَةُ فَكَانَتْ لِمَسَٰكِينَ يَعْمَلُونَ فِى ٱلْبَحْرِ فَأَرَدتُّ أَنْ أَعِيبَهَا وَكَانَ وَرَآءَهُم مَّلِكٌۭ يَأْخُذُ كُلَّ سَفِينَةٍ غَصْبًۭا ﴿٧٩﴾
ammā s-safīnatu fakānat limasākīna yaʿmalūna fī l-baḥri faʾaradttu an aʿībahā wakāna warāʾahum malikun yaʾkhudhu kulla safīnatin ghaṣbā
En cuanto a la nave, pertenecía a unos indigentes que trabajaban en el mar. Quise averiarla porque detrás de ellos había un rey que se apoderaba de toda nave por la fuerza.
79Jidr explicó que su acto de averiar la nave fue en realidad un medio para salvarla, pues un rey tiránico confiscaba todas las embarcaciones en buen estado, y el daño que Jidr causó a la nave la hizo indeseable para el rey, salvándola a la postre para sus dueños. La lección moral aquí puede consistir en que, cuando uno se ve forzado a elegir entre dos males perjudiciales, debe escoger el menos dañino, pues averiar la nave acarreó un perjuicio menor para sus dueños que el hecho de que les fuera confiscada de forma permanente (R). Siguiendo la interpretación de este relato como una narración simbólica del periplo del alma, al-Kāshānī sugiere que el daño infligido por Jidr a la nave simboliza el «quebrantamiento» del cuerpo mediante la disciplina espiritual y el ascetismo a fin de impedir que el cuerpo sea «capturado» por el alma concupiscente inclinada al mal (K). El hecho de que este acto aparentemente destructivo de Jidr sea en última instancia salvífico establece un paralelismo con el arrojo del infante Moisés a las aguas dentro de un cesto: un acto que pudo haber parecido encaminado a causarle la muerte, pero que fue al final el instrumento de su liberación frente a la orden tiránica de Faraón de «capturar» y dar muerte a todo recién nacido varón de los israelitas.
Versículo 80–81
وَأَمَّا ٱلْغُلَٰمُ فَكَانَ أَبَوَاهُ مُؤْمِنَيْنِ فَخَشِينَآ أَن يُرْهِقَهُمَا طُغْيَٰنًۭا وَكُفْرًۭا ﴿٨٠﴾ فَأَرَدْنَآ أَن يُبْدِلَهُمَا رَبُّهُمَا خَيْرًۭا مِّنْهُ زَكَوٰةًۭ وَأَقْرَبَ رُحْمًۭا ﴿٨١﴾
waʾammā l-ghulāmu fakāna abawāhu muʾminayni fakhashīnā an yurhiqahumā ṭughyānan wakufrā · faʾaradnā an yubdilahumā rabbuhumā khayram minhu zakātan waʾaqraba ruḥmā
Y en cuanto al muchacho, sus padres eran creyentes y temimos que les hiciese sufrir mucho por rebeldía e incredulidad.
Quisimos, pues, que su Señor les diera en su lugar a uno mejor que él en pureza y más próximo en misericordia.
80–81En estos versículos, la muerte del muchacho se explica como un medio para ahorrar a sus progenitores el dolor y la aflicción derivados de la rebeldía e incredulidad que manifestaría más adelante en la vida. Sin embargo, dado que el muchacho es descrito como aún muy joven, sus padres todavía no habrían presenciado en él rebeldía e incredulidad alguna, por lo que solo pudieron considerar su fallecimiento como una tragedia, desconociendo de qué tribulaciones futuras los había librado Dios. Por ende, en relación con estas aleyas, Ibn Kaṯīr cita el ḥadīṯ: «Dios no decreta nada para un creyente sin que ello sea mejor para él» (IK). La objeción de Moisés a la muerte del joven infligida por Jidr se fundamenta en la ley religiosa que prohíbe el derramamiento de sangre inocente, mientras que la explicación de Jidr demuestra que dicha muerte fue ordenada como un acto de sabiduría y, en última instancia, de misericordia por parte del Dios Omnisciente. El relato sirve además como una demostración narrativa de la divergencia entre la Voluntad de Dios para los seres humanos tal como se discierne a través de los mandatos prescriptivos contenidos en la Ley Sagrada y la revelación, y Su Voluntad o Decreto supremo, el cual trasciende la comprensión humana. Sirve así como fuente de meditación sobre los distintos planos de la Voluntad Divina y la relación entre la Voluntad Divina y la justicia humana.
Versículo 82
وَأَمَّا ٱلْجِدَارُ فَكَانَ لِغُلَٰمَيْنِ يَتِيمَيْنِ فِى ٱلْمَدِينَةِ وَكَانَ تَحْتَهُۥ كَنزٌۭ لَّهُمَا وَكَانَ أَبُوهُمَا صَٰلِحًۭا فَأَرَادَ رَبُّكَ أَن يَبْلُغَآ أَشُدَّهُمَا وَيَسْتَخْرِجَا كَنزَهُمَا رَحْمَةًۭ مِّن رَّبِّكَ ۚ وَمَا فَعَلْتُهُۥ عَنْ أَمْرِى ۚ ذَٰلِكَ تَأْوِيلُ مَا لَمْ تَسْطِع عَّلَيْهِ صَبْرًۭا ﴿٨٢﴾
waʾammā l-ŷidāru fakāna lighulāmayni yatīmayni fī l-madīnati wakāna taḥtahū kanzul lahumā wakāna abūhumā ṣāliḥan faʾarāda rabbuka an yablughā ashuddahumā wayastakhriŷā kanzahumā raḥmatam mir rabbika wamā faʿaltuhū ʿan amrī dhālika taʾwīlu mā lam tasṭiʿ ʿalayhi ṣabrā
Y en cuanto al muro, pertenecía a dos muchachos huérfanos de la ciudad, y bajo él había un tesoro que les pertenecía. Su padre era un hombre recto, y tu Señor dispuso que alcanzaran la madurez y extrajeran su tesoro, como misericordia de tu Señor. Y no lo hice por propia iniciativa. Este es el significado de aquello con lo que no pudiste tener paciencia».
82Jidr explicó que el muro estaba a punto de derrumbarse en un lugar donde se hallaba enterrado el tesoro heredado perteneciente a dos muchachos huérfanos. Al reparar y enderezar el muro, Jidr hizo posible que los muchachos pudieran acceder a su tesoro cuando crecieran. Aunque el tesoro situado bajo el muro parecería aludir a bienes materiales de alguna índole, los comentaristas sugieren que podría referirse a alguna forma de conocimiento (IK, R) que había quedado oculta o «sepultada» para que los muchachos la descubrieran más adelante, cuando fuesen capaces de comprenderla. Esta interpretación parece cobrar especial verosimilitud a la luz de la mención previa de la interpretación oculta (taʾwīl) de los actos de Jidr, la cual, a semejanza del tesoro enterrado, permaneció vedada a la visión exterior de Moisés. Leyendo la historia como una analogía para el alma, al-Kāshānī sugiere que el muro reparado simboliza el «alma en paz» (al-nafs al-muṭmaʾinnah; 89:27; véase también c. 18:77), que puede ser «reparada» una vez que los elementos más viles del alma han sido subyugados. El tesoro enterrado bajo el muro alude al conocimiento espiritual (maʿrifah) sepultado en el corazón, al cual solo se puede acceder una vez que el alma ha sido conducida a un estado «de paz» y una vez que las facultades intelectivas alcanzan la madurez (K) y se hallan exentas de las tentaciones del cuerpo y del alma concupiscente.
Jidr asevera que no actuó por propia iniciativa, indicando con ello que obraba bajo el Mandato o Voluntad de Dios, el cual permanece inescrutable para la mente humana —incluso para la mente de un profeta como Moisés— sin una explicación del significado oculto (taʾwīl) de los fenómenos, tal como Jidr provee aquí. Leer la referencia al taʾwīl que Jidr hace de sus actos en conjunción con la referencia en 3:7 a un taʾwīl, o interpretación de la revelación, conocido únicamente por Dios y por los firmes en el conocimiento, pone de relieve que cuanto uno encuentra, sea en la escritura o en el mundo fenoménico, encierra un sentido cognoscible solo para Dios y tal vez para un número muy selecto de Sus «siervos», tales como Jidr. El hecho de que las acciones de Jidr se ejecuten conforme al Mandato de Dios, como Jidr sugiere aquí, denota asimismo que la Voluntad de Dios se manifiesta en un nivel en la Ley Divina (es decir, en Sus mandatos prescriptivos para los seres humanos), pero en otro nivel en todo cuanto Él hace existir, incluidos sucesos y actos que, en su superficie, parecen contradecir la Voluntad Divina tal como se manifiesta en la Ley.
Al-Rāzī comenta que los juicios de los profetas se basan forzosamente en el aspecto exterior de los fenómenos y sucesos, citando el ḥadīṯ del Profeta: «Nosotros juzgamos conforme a lo manifiesto; y Dios responde de lo íntimo [o de los secretos, sarāʾir]»; por contraste, los juicios de Jidr se fundamentaban en las verdaderas finalidades de los fenómenos y acontecimientos. Sin embargo, después de que Moisés hubo perfeccionado el estado del conocimiento de la šarīʿah —esto es, la Ley Divina aplicada a los fenómenos exteriores—, Dios lo envió a Jidr para enseñarle conocimiento en un nivel más perfecto e interior. Esto indica, para al-Rāzī, que la trayectoria idónea para el conocimiento religioso consiste en avanzar desde el dominio de la ciencia de la šarīʿah, o Ley Divina —la cual ordena y dictamina conforme al aspecto exterior de los fenómenos—, hacia la ciencia de lo interior, que hace comprender a uno las verdaderas realidades de las cosas (ḥaqāʾiq al-umūr; R).
Versículo 83
وَيَسْـَٔلُونَكَ عَن ذِى ٱلْقَرْنَيْنِ ۖ قُلْ سَأَتْلُوا۟ عَلَيْكُم مِّنْهُ ذِكْرًا ﴿٨٣﴾
wayasʾalūnaka ʿan dhī l-qarnayni qul saʾatlū ʿalaykum minhu dhikrā
Y te preguntan acerca de Ḏū-l-Qarnayn. Di: «Os recitaré un recuerdo de él».
83La historia de Ḏū-l-Qarnayn, «aquel cuyos viajes abarcaron el oriente y el occidente», constituye uno de los asuntos sobre los cuales los mecanos interrogaron al Profeta por consejo de ciertos sabios judíos, cuyo parecer habían recabado los mecanos al intentar determinar la veracidad de la profecía de Muḥammad; véase la introducción a esta sura. Según un informe, algunos de la Gente del Libro acudieron directamente ante el Profeta para preguntarle acerca de Ḏū-l-Qarnayn (Ṭ).
Un ḥadīṯ identifica a Ḏū-l-Qarnayn como un joven de Rūm (es decir, de las tierras occidentales) que fundó la ciudad egipcia de Alejandría (Ṭ, Ṭs), en otras palabras, el griego Alejandro, hijo de Filipo (R), ampliamente conocido como Alejandro Magno. Aunque en los comentarios musulmanes tradicionales se le identifica mayoritariamente con Alejandro, algunos eruditos islámicos de la época moderna lo han identificado con el antiguo rey persa Ciro el Grande (Ṭb). De acuerdo con un ḥadīṯ, Ḏū-l-Qarnayn recibió la visita de un ángel que ascendió con él a través del firmamento hasta que pudo contemplar la totalidad de la tierra y el mar insondable que circunda el orbe (Q, Ṭ). Algunos lo consideran sencillamente un siervo justo de Dios a quien Dios otorgó soberanía sobre el mundo junto con conocimiento y sabiduría (R, Z). Otros sugieren que era un profeta (R, Ṭs, Z) o un ángel (R, Z). Se le describe como alguien que amaba a Dios y a quien Dios amaba (Ṭ, Ṭs). Se decía que las nubes, e incluso la luz y las tinieblas mismas, habían sido puestas a su servicio, de modo que si viajaba de noche, una luz orientadora iluminaba la senda ante él, mientras que las tinieblas lo protegían por detrás (R, Z).
Una profusa especulación y leyenda rodea el significado de su nombre o epíteto, Ḏū-l-Qarnayn (lit. «el de los dos cuernos»). Algunos sugieren que lucía en la cabeza lo que parecían ser dos cuernos (R, Ṭ, Ṭs, Z); tras llamar a las gentes hacia el Dios Único, fue golpeado en el cuerno derecho y muerto, pero luego resucitado por Dios; después fue golpeado en el cuerno izquierdo, murió (Ṭ) y, según algunos, fue resucitado de nuevo (R, Z). Otros relatos refieren que este nombre alude a su condición de monarca tanto de Rūm como de Persia (Ṭ, Z); o, según un ḥadīṯ, remite a sus travesías, de las que se cuenta que circundaron ambos «cuernos» de la tierra: el oriente y el occidente (R, Ṭs, Z). Hay quienes refieren que tuvo un sueño en el que se aproximó al sol hasta aferrar con sus manos sus cuernos oriental y occidental, y que a partir de entonces la gente le llamó Ḏū-l-Qarnayn (R, Ṭs). Otros más mencionan que los dos costados de su cabeza eran de cobre (R, Ṭ, Z), o que portaba un tocado o yelmo con dos cuernos a los lados (R, Z). Por último, algunos sugieren que se trató meramente de un título conferido como muestra de su valentía e intrepidez (R, Z). Algunos aducen que su nombre significa que vivió durante dos siglos (qarnayn; Ṭs), si bien esto es discordante con el Alejandro histórico, quien falleció siendo bastante joven.
Versículo 84
إِنَّا مَكَّنَّا لَهُۥ فِى ٱلْأَرْضِ وَءَاتَيْنَٰهُ مِن كُلِّ شَىْءٍۢ سَبَبًۭا ﴿٨٤﴾
innā makkannā lahū fī l-arḍi waʾātaynāhu min kulli shayʾin sababā
En verdad lo consolidamos en la tierra y le dimos los medios para todas las cosas.
84El hecho de que Dios consolidara a Ḏū-l-Qarnayn en la tierra significa que le allanó la tierra y se la hizo accesible (Ṭ, Ṭs), de suerte que pudiera recorrerla y someterla bajo su dominio con holgura. Se dice asimismo que Dios le concedió los medios para todas las cosas, lo cual la mayoría interpreta como un conocimiento de todas las cosas (Ṭ, Ṭs), así como el poder y los instrumentos con los que procurarse cuanto deseara (R, Ṭs, Z).
Versículo 85–86
فَأَتْبَعَ سَبَبًا ﴿٨٥﴾ حَتَّىٰٓ إِذَا بَلَغَ مَغْرِبَ ٱلشَّمْسِ وَجَدَهَا تَغْرُبُ فِى عَيْنٍ حَمِئَةٍۢ وَوَجَدَ عِندَهَا قَوْمًۭا ۗ قُلْنَا يَٰذَا ٱلْقَرْنَيْنِ إِمَّآ أَن تُعَذِّبَ وَإِمَّآ أَن تَتَّخِذَ فِيهِمْ حُسْنًۭا ﴿٨٦﴾
faʾatbaʿa sababā · ḥattā idhā balagha maghriba sh-shamsi waŷadahā taghrubu fī ʿaynin ḥamiʾatin wawaŷada ʿindahā qawman qulnā yādhā l-qarnayni immā an tuʿadhdhiba waʾimmā an tattakhidha fīhim ḥusnā
Y siguió un camino,
hasta que, cuando llegó al ocaso del sol, lo encontró poniéndose en un manantial cenagoso, y halló junto a él a un pueblo. Dijimos: «¡Oh Ḏū-l-Qarnayn! O bien los castigas o bien los tratas con bondad».
85–86Ḏū-l-Qarnayn siguió un camino; es decir, viajó por una ruta o calzada (IK, Ṭ, Ṭs) entre oriente y occidente (Ṭ), guiándose por hitos y diversos puntos de escala (Ṭ). Puesto que Dios otorgó a Ḏū-l-Qarnayn los medios para todas las cosas (v. 84), al-Rāzī dice que cuando deseaba algo, recurría a estos medios para conseguirlo (R). Que encontrara el sol poniéndose en un manantial cenagoso no es entendido literalmente por la mayoría de los comentaristas, sino que se considera más bien como la descripción de cómo el sol poniente aparecía ante la mirada humana (IK, JJ, Ṭs): el confín más occidental de la tierra conocida por Ḏū-l-Qarnayn (si se le asimila a Alejandro) lindaba con el océano (IK, R), y al declinar el sol, parecía ocultarse en las remotas extensiones marinas, que se divisaban oscuras en la lontananza.
En este confín occidental halló a un pueblo que, según la leyenda, residía en una ciudad provista de doce mil puertas (IK, R). El contexto de la aleya da a entender que Ḏū-l-Qarnayn halló a este pueblo viviendo en estado de incredulidad (kufr) o de idolatría (širk; R, Ṭs). Por ello Dios le concedió la opción de bien castigarlos, esto es, matarlos por su persistencia en la idolatría (R, Ṭs, Z), o bien tratarlos con bondad, literalmente «adoptar respecto a ellos una vía benévola» (tattaḫiḏa fīhim ḥusnan). Esto se entiende en el sentido de que debía llamarlos al islām —es decir, a la sumisión y adoración del Dios Único— procurando encaminarlos rectamente (Z), o que debía mostrarse generoso e indulgente hacia ellos (R). Ḏū-l-Qarnayn optó por llamarlos al islām, advirtiendo que quienes rechazaran su llamado serían castigados (v. 87), mientras que quienes creyeran recibirían una hermosísima recompensa (v. 88). Que Dios le hablara y le instruyera directamente de este modo sugiere que recibió una modalidad de revelación divina (waḥy), lo cual sustenta la tesis de que era profeta (R, Ṭs), si bien otros entienden que las instrucciones de Dios le fueron transmitidas por vía de inspiración (ilhām; Ṭs).
Versículo 87
قَالَ أَمَّا مَن ظَلَمَ فَسَوْفَ نُعَذِّبُهُۥ ثُمَّ يُرَدُّ إِلَىٰ رَبِّهِۦ فَيُعَذِّبُهُۥ عَذَابًۭا نُّكْرًۭا ﴿٨٧﴾
qāla ammā man ẓalama fasawfa nuʿadhdhibuhū thumma yuraddu ilā rabbihī fayuʿadhdhibuhū ʿadhāban nukrā
Dijo: «A quien haya cometido iniquidad lo castigaremos. Luego será devuelto a su Señor y Él lo castigará con un castigo terrible.
87A quien haya cometido iniquidad, en este contexto, alude a aquellos que asociaron partícipes a Dios (Ṭs) y persistieron en la incredulidad (R) tras haber sido exhortados al monoteísmo por Ḏū-l-Qarnayn (IK). Lo castigaremos denota su ejecución en esta vida como escarmiento por su incredulidad (R, Ṭs), y el castigo terrible mencionado más adelante en la aleya alude al suplicio de los incrédulos en el Más Allá (Ṭs).
Versículo 88
وَأَمَّا مَنْ ءَامَنَ وَعَمِلَ صَٰلِحًۭا فَلَهُۥ جَزَآءً ٱلْحُسْنَىٰ ۖ وَسَنَقُولُ لَهُۥ مِنْ أَمْرِنَا يُسْرًۭا ﴿٨٨﴾
waʾammā man āmana waʿamila ṣāliḥan falahū ŷazāʾani l-ḥusnā wasanaqūlu lahū min amrinā yusrā
Pero quien crea y obre con rectitud tendrá una recompensa, la más hermosa, y le daremos órdenes fáciles de cumplir».
88Quien crea y obre con rectitud se refiere a quienes procedan así una vez que Ḏū-l-Qarnayn llame a la población al culto monoteísta (IK). Tanto la fe como las buenas obras son requisitos sine qua non para el ingreso en el Jardín paradisíaco, conforme se reitera en docenas de aleyas (p. ej., 2:25; 3:57; 4:57; 5:9; 7:42; 19:60; 28:80; 34:37). Tendrá una recompensa, la más hermosa puede significar que la recompensa misma es la más hermosa (R); véase, por ejemplo, 3:148; 4:95; 10:26; 13:18; 18:2, donde la retribución de los creyentes y virtuosos se califica de hermosa. Algunos sugieren asimismo que puede significar «recibirá una recompensa [por la obra] que es la más hermosa» (R, Z); esta obra «más hermosa» aludiría a la proclamación del testimonio de la Unicidad de Dios (šahādah; Z) o al hecho de «creer y obrar rectamente» (R). Que Ḏū-l-Qarnayn les dé órdenes fáciles de cumplir puede indicar que únicamente les exigirá los preceptos de la limosna obligatoria y el tributo de la tierra (zakāh y ḫarāŷ) en una medida y de un modo que les resulte fácil de satisfacer (R, Z); o puede significar sencillamente que los tratará con benevolencia (IK).
Versículo 89–90
ثُمَّ أَتْبَعَ سَبَبًا ﴿٨٩﴾ حَتَّىٰٓ إِذَا بَلَغَ مَطْلِعَ ٱلشَّمْسِ وَجَدَهَا تَطْلُعُ عَلَىٰ قَوْمٍۢ لَّمْ نَجْعَل لَّهُم مِّن دُونِهَا سِتْرًۭا ﴿٩٠﴾
thumma atbaʿa sababā · ḥattā idhā balagha maṭliʿa sh-shamsi waŷadahā taṭluʿu ʿalā qawmil lam naŷʿal lahum min dūnihā sitrā
Luego siguió un camino,
hasta que, cuando llegó al orto del sol, lo encontró saliendo sobre un pueblo para el que no habíamos dispuesto cobijo alguno frente a él.
89–90Respecto a siguió un camino, es decir, una ruta, véase c. 18:85–86. Cuando Ḏū-l-Qarnayn arribó al orto del sol, esto es, al confín más oriental de la civilización humana, halló a un pueblo para el que no habíamos dispuesto cobijo alguno frente a él, es decir, frente al sol. Los comentaristas refieren que este pueblo habitaba una comarca que carecía de montañas o árboles que brindaran sombra natural, así como de edificaciones u otras estructuras para resguardarse del sol (Ṭ). Algunos sugirieron que el suelo no permitía sostener construcciones (JJ, Z) o que aquellas gentes carecían de conocimientos para edificar estructuras (Ṭs). Cuando el sol se hallaba en su cénit, buscaban amparo frente a sus rayos arrojándose al agua o excavando galerías subterráneas (Ṭ, Z); una vez que el sol alcanzaba su cenit y comenzaba a declinar, volvían a emerger (Ṭ, Z). Hay quienes señalan que a Ḏū-l-Qarnayn se le confirió el mismo mandato divino con respecto a este pueblo que el otorgado para quienes moraban en la región del ocaso (v. 86; Ṭs).
Versículo 91
كَذَٰلِكَ وَقَدْ أَحَطْنَا بِمَا لَدَيْهِ خُبْرًۭا ﴿٩١﴾
kadhālika waqad aḥaṭnā bimā ladayhi khubrā
Así [fue], y abarcábamos en pleno conocimiento cuanto ante él se hallaba.
91Que Dios poseyera cabal conocimiento de cuanto ante él se hallaba puede entenderse en el sentido de que tenía conocimiento de estas extrañas gentes con las que Ḏū-l-Qarnayn se topó (Ṭ). Cuanto ante él se hallaba puede interpretarse asimismo como «cuanto consigo tenía», en cuyo caso Dios poseía pleno conocimiento de los ejércitos, pertrechos y demás recursos que Ḏū-l-Qarnayn tenía en su haber (IK, Ṭs, Z).
Versículo 92–93
ثُمَّ أَتْبَعَ سَبَبًا ﴿٩٢﴾ حَتَّىٰٓ إِذَا بَلَغَ بَيْنَ ٱلسَّدَّيْنِ وَجَدَ مِن دُونِهِمَا قَوْمًۭا لَّا يَكَادُونَ يَفْقَهُونَ قَوْلًۭا ﴿٩٣﴾
thumma atbaʿa sababā · ḥattā idhā balagha bayna s-saddayni waŷada min dūnihimā qawmal lā yakādūna yafqahūna qawlā
Luego siguió un camino,
hasta que, cuando llegó entre los dos desfiladeros, halló tras ellos a un pueblo que apenas comprendía palabra alguna.
92–93Respecto a siguió un camino, es decir, una ruta, véase c. 18:85–86. Los comentaristas refieren de modo muy mayoritario que los dos desfiladeros aluden a las montañas de Armenia y Azerbaiyán, las cuales constituían una «barrera» frente a las tierras y pueblos situados más al norte (R, Ṭ). En el lugar entre los dos desfiladeros, esto es, en una brecha entre las montañas (Ṭ), halló a un pueblo que moraba en la vertiente próxima (o meridional) de los montes. Aquellas gentes apenas comprendían palabra alguna, lo cual significa que hablaban una lengua que solo ellos entendían y no comprendían ninguna otra (Ṭs), o que únicamente podían entender a los demás con suma dificultad o mediante señas y ademanes (R). No obstante, hablaron con Ḏū-l-Qarnayn y este los entendió, tal vez, según sugirieron algunos, porque Dios le otorgó una aptitud especial para comprender su idioma, al igual que había concedido a Salomón el conocimiento del lenguaje de las aves (27:16; Ṭs), o bien porque mediaba un intérprete (Ṭs).
Versículo 94
قَالُوا۟ يَٰذَا ٱلْقَرْنَيْنِ إِنَّ يَأْجُوجَ وَمَأْجُوجَ مُفْسِدُونَ فِى ٱلْأَرْضِ فَهَلْ نَجْعَلُ لَكَ خَرْجًا عَلَىٰٓ أَن تَجْعَلَ بَيْنَنَا وَبَيْنَهُمْ سَدًّۭا ﴿٩٤﴾
qālū yādhā l-qarnayni inna yaʾŷūŷa wamaʾŷūŷa mufsidūna fī l-arḍi fahal naŷʿalu laka kharŷan ʿalā an taŷʿala baynanā wabaynahum saddā
Dijeron: «¡Oh Ḏū-l-Qarnayn! Ciertamente Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ [Gog y Magog] siembran la corrupción en la tierra. ¿Te pagaremos un tributo a cambio de que erijas una barrera entre nosotros y ellos?».
94Gog y Magog traducen Yaʾŷūŷ y Maʾŷūŷ, también llamados Yāŷūŷ (o Āŷūŷ) y Māŷūŷ en otros pasajes de la literatura árabe (R, Ṭ). Los comentaristas transmiten que Gog y Magog son la descendencia de Jafet, hijo de Noé (IK, Ṭs, Z); véase Génesis 10:2, donde Magog figura como uno de los hijos de Jafet. Algunos han conjeturado que Gog y Magog eran los antepasados o parientes remotos de los turcos (IK, R, Ṭs, Z) o posiblemente de los dailamitas (procedentes de las regiones al norte de Irán; R, Z), si bien tales especulaciones parecen fundamentarse en la temible reputación que ambos pueblos tenían como guerreros para los musulmanes medievales. Algunos sugieren que Yaʾŷūŷ o Āŷūŷ puede derivar de taʾaŷŷuŷ, que significa encender un fuego, y Maʾŷūŷ de mawŷ, en referencia a las olas del mar (R) —ambas fuerzas destructivas—. Gog y Magog son mencionados asimismo en las escrituras hebreas y en el Nuevo Testamento como potestades devastadoras: en Ezequiel 38:2 se ordena al profeta Ezequiel profetizar contra Gog, de la tierra de Magog, quien atacaría a Israel; y en Apocalipsis 20:8, Gog y Magog aluden a las naciones que Satanás instigará para combatir junto a él en el fin de los tiempos.
Un ḥadīṯ describe a Gog y Magog como seres de colosal estatura (Ṭs), aunque otros relatos especulativos los retratan de maneras diversas: bien sumamente diminutos, bien gigantescos (R), con garras y dientes de fieras salvajes (R); se decía de cada varón entre ellos que engendraba mil vástagos, portando todos ellos armas y alimentándose de toda clase de bestias sobre la faz de la tierra (Ṭs). Se les califica de corruptores, término empleado a lo largo de todo el Corán para indicar la corrupción espiritual así como la conducta violenta e inicua en la tierra; véanse c. 2:11–12; c. 5:33. Que Gog y Magog fuesen corruptores se interpreta en el sentido de que devoraban a las personas (R, Ṭ) y consumían todos los víveres y recursos del territorio (R, Ṭs, Z), y de que aquellas gentes habían padecido gran tormento y mortandad a manos suyas (Ṭs, Z). Los pobladores de esta comarca ofrecieron por ende a Ḏū-l-Qarnayn un tributo, esto es, alguna suerte de remuneración por erigir la barrera entre ellos y Gog y Magog (Ṭs).
Según otra interpretación, esta aleya se refiere a Gog y Magog sembrando la corrupción en la tierra en una época posterior, en las inmediaciones del advenimiento de la Hora (Ṭ, Ṭs), y su irrupción se menciona en conexión con los acontecimientos escatológicos descritos en el Ḥadīṯ y otras fuentes islámicas. Esotérica o simbólicamente, Gog y Magog pueden ser identificados con los diversos desarrollos negativos y destructivos en la psique humana y en la cultura religiosa que la tradición islámica predice para las proximidades del fin de los tiempos, cuando los diques tradicionales frente a tales tendencias se hayan debilitado o fracturado. Véase también 21:96–97, que alude a la devastación futura que Gog y Magog desencadenarán en aquel tiempo: Hasta que sean liberados Gog y Magog y se precipiten desde cada colina, y la promesa verdadera se aproxime.
Versículo 95
قَالَ مَا مَكَّنِّى فِيهِ رَبِّى خَيْرٌۭ فَأَعِينُونِى بِقُوَّةٍ أَجْعَلْ بَيْنَكُمْ وَبَيْنَهُمْ رَدْمًا ﴿٩٥﴾
qāla mā makkannī fīhi rabbī khayrun faʾaʿīnūnī biquwwatin aŷʿal baynakum wabaynahum radmā
Dijo: «Aquello en lo que mi Señor me ha establecido es mejor; ayudadme, pues, con fuerza de trabajo. Erigiré una muralla entre vosotros y ellos.
95Ḏū-l-Qarnayn respondió: Aquello en lo que mi Señor me ha establecido es mejor, dando a entender que Dios le había colmado de tan inmensa riqueza y extensión de dominios que no tenía necesidad alguna de cuanto podían ofrecerle (R, Ṭs), y que prestaría este servicio puramente por virtud y por hacer el bien (IK). Al-Rāzī e Ibn Kaṯīr hacen notar que esta respuesta es análoga a la de Salomón en 27:36 cuando recibió los presentes de la reina de Saba: ¿Me ofrecéis riquezas? Lo que Dios me ha dado es mejor que lo que os ha dado a vosotros. Con todo, Ḏū-l-Qarnayn pidió al pueblo que lo ayudaran con fuerza, esto es, proporcionándole hombres vigorosos, herramientas y materiales para auxiliarlo en la construcción de la barrera (IK, R, Ṭs).
Versículo 96–97
ءَاتُونِى زُبَرَ ٱلْحَدِيدِ ۖ حَتَّىٰٓ إِذَا سَاوَىٰ بَيْنَ ٱلصَّدَفَيْنِ قَالَ ٱنفُخُوا۟ ۖ حَتَّىٰٓ إِذَا جَعَلَهُۥ نَارًۭا قَالَ ءَاتُونِىٓ أُفْرِغْ عَلَيْهِ قِطْرًۭا ﴿٩٦﴾ فَمَا ٱسْطَٰعُوٓا۟ أَن يَظْهَرُوهُ وَمَا ٱسْتَطَٰعُوا۟ لَهُۥ نَقْبًۭا ﴿٩٧﴾
ātūnī zubara l-ḥadīdi ḥattā idhā sāwā bayna ṣ-ṣadafayni qāla nfukhū ḥattā idhā ŷaʿalahū nāran qāla ātūnī ufrigh ʿalayhi qiṭrā · famā sṭāʿū an yaẓharūhu wamā staṭāʿū lahū naqbā
Traedme bloques de hierro». Luego, cuando hubo nivelado los dos riscos, dijo: «¡Avivad el fuego!», hasta que, cuando lo hubo puesto al rojo vivo, dijo: «Traedme cobre fundido para verterlo encima».
Así pues, no pudieron escalarla ni pudieron perforarla.
96–97Ḏū-l-Qarnayn niveló los dos riscos colmando el espacio intermedio con piezas o lingotes de hierro (JJ, Ṭs). Mediante la orden ¡Avivad el fuego! les mandó soplar fuego sobre los bloques de hierro que llenaban el desfiladero hasta que el hacinamiento férreo estuvo al rojo vivo o llameante (JJ, Ṭs). Vertió a continuación cobre fundido —o, según otras versiones, latón o bronce fundidos— sobre la barrera de hierro ardiente para obturar los intersticios entre las piezas de hierro (JJ, Ṭs) y forjar una muralla compacta (Ṭs), la cual Gog y Magog fueron incapaces de escalar por arriba o de abrirle brecha por abajo (Ṭs). Si bien la mayoría de los comentaristas ubica estas montañas y el paso entre ellas en las regiones de Armenia y Azerbaiyán, algunos sostienen que los dos montes se hallaban cerca de donde el mar romano (Mediterráneo) se une al océano (Atlántico) (Ṭs).
Versículo 98
قَالَ هَٰذَا رَحْمَةٌۭ مِّن رَّبِّى ۖ فَإِذَا جَآءَ وَعْدُ رَبِّى جَعَلَهُۥ دَكَّآءَ ۖ وَكَانَ وَعْدُ رَبِّى حَقًّۭا ﴿٩٨﴾
qāla hādhā raḥmatum mir rabbī faʾidhā ŷāʾa waʿdu rabbī ŷaʿalahū dakkāʾa wakāna waʿdu rabbī ḥaqqā
Dijo: «Esto es una misericordia de mi Señor. Pero cuando llegue la Promesa de mi Señor, Él la reducirá a polvo. Y la Promesa de mi Señor es verdadera».
98Ḏū-l-Qarnayn declaró que esta barrera que había erigido, o bien la capacidad para construirla (R), constituía una misericordia de su Señor para contener los estragos de Gog y Magog lejos de las gentes. Añadió asimismo que cuando llegue la Promesa de su Señor —esto es, con el desencadenamiento de los sucesos de la Hora, únicamente después de que Jesús haya dado muerte al Anticristo, según algunos (Ṭs), y a medida que se aproxime el momento de la Resurrección (R)—, Dios reducirá la barrera a polvo y la allanará a ras de suelo (Ṭs). Ello concuerda con las descripciones coránicas de la destrucción de las montañas en general por parte de Dios a la llegada de la Hora; véanse 20:105; 56:5; 69:14; 70:9; 73:14; 77:10; 78:20; 81:3; 101:5. Algunos vinculan este relato con la figura de Jidr (véase c. 18:65), señalando que Jidr y Eliseo (al-Yasaʿ; véanse 6:86; 38:48) se encuentran cada noche ante esta muralla montañosa para impedir que Gog y Magog logren salir (Ṭs). Que la Promesa de Dios es verdadera se repite en numerosos versículos; véanse 4:122; 10:4, 55; 18:21; 28:13; 30:60; 31:33; 35:5; 40:77.
Versículo 99
۞ وَتَرَكْنَا بَعْضَهُمْ يَوْمَئِذٍۢ يَمُوجُ فِى بَعْضٍۢ ۖ وَنُفِخَ فِى ٱلصُّورِ فَجَمَعْنَٰهُمْ جَمْعًۭا ﴿٩٩﴾
wataraknā baʿḍahum yawmaʾidhin yamūŷu fī baʿḍin wanufikha fī ṣ-ṣūri faŷamaʿnāhum ŷamʿā
Y dejaremos que ese Día choquen unos contra otros como olas. Y se tocará la trompeta, y los congregaremos a todos juntos.
99Ese Día significa en el Último Día, antes de la Resurrección pero tras la muerte del Anticristo (IK). Quienes son dejados para que choquen unos contra otros son o bien Gog y Magog y los seres humanos, cuyas vidas y posesiones invaden (IK), o bien los seres humanos y los genios, que se acometen mutuamente en ese momento (Aj, IK). Algunos afirman que estas huestes que chocan unas contra otras no podrán, con todo, penetrar en La Meca, Medina ni Jerusalén (Aj). En aquel instante, se tocará la trompeta, anunciando el advenimiento del Día de la Resurrección. Se dice que la trompeta será hecha sonar por Serafiel (Isrāfīl) o por uno de los otros arcángeles (IK); para otras menciones de la trompeta como heraldo de la Resurrección y, en ciertos pasajes, como el estrépito que despertará a los muertos de sus sepulcros, véanse 20:102; 23:101; 27:87; 36:51; 39:68; 50:20; 69:13; 74:8; 78:18; véase asimismo c. 39:68.
Versículo 100
وَعَرَضْنَا جَهَنَّمَ يَوْمَئِذٍۢ لِّلْكَٰفِرِينَ عَرْضًا ﴿١٠٠﴾
waʿaraḍnā ŷahannama yawmaʾidhil lil-kāfirīna ʿarḍā
Y expondremos el Infierno ese Día ante los incrédulos en orden de batalla,
100Ese Día, Dios expondrá el Infierno . . . ante los incrédulos, de suerte que puedan contemplarlo y oír sus rugidos y gemidos (Aj), aun antes de ingresar en él.
Versículo 101
ٱلَّذِينَ كَانَتْ أَعْيُنُهُمْ فِى غِطَآءٍ عَن ذِكْرِى وَكَانُوا۟ لَا يَسْتَطِيعُونَ سَمْعًا ﴿١٠١﴾
alladhīna kānat aʿyunuhum fī ghiṭāʾin ʿan dhikrī wakānū lā yastaṭīʿūna samʿā
aquellos cuyos ojos estuvieron velados a Mi recuerdo y no podían oír.
101Aquellos cuyos ojos estuvieron velados . . . y no podían oír alude a quienes fueron espiritualmente ciegos y sordos en la vida presente, haciéndose impermeables a los mensajes revelados de los profetas y a la Unicidad de Dios. Menciones análogas sobre el velo de los ojos y la incapacidad de oír como metáforas de la ceguera y sordera espirituales se hallan en varios versículos; véanse c. 2:7; c. 6:25.
Versículo 102
أَفَحَسِبَ ٱلَّذِينَ كَفَرُوٓا۟ أَن يَتَّخِذُوا۟ عِبَادِى مِن دُونِىٓ أَوْلِيَآءَ ۚ إِنَّآ أَعْتَدْنَا جَهَنَّمَ لِلْكَٰفِرِينَ نُزُلًۭا ﴿١٠٢﴾
afaḥasiba lladhīna kafarū an yattakhidhū ʿibādī min dūnī awliyāʾa innā aʿtadnā ŷahannama lil-kāfirīna nuzulā
¿Acaso creen los que no creen que pueden tomar a Mis siervos como protectores en vez de a Mí? ¡En verdad hemos preparado el Infierno como hospedaje para los incrédulos!
102El Corán asevera que los seres humanos no tienen protectores al margen de Dios (véase, p. ej., 42:46) y advierte con insistencia a quienes buscan vanamente amparadores fuera de Él (7:3; 13:16; 42:9), tales como los ídolos (2:257) o Satanás y sus secuaces (7:30; 18:50). Véase 29:41: La parábola de quienes toman protectores al margen de Dios es como la de la araña que teje una casa. En verdad la más frágil de las casas es la morada de la araña, ¡si supieran!. Que el Infierno sea descrito como un hospedaje (nuzul, vocablo que denota el agasajo que se brinda al huésped) puede conceptuarse como un uso marcadamente irónico, semejante a aquellas aleyas donde a los incrédulos se les anuncian albricias de un castigo doloroso (31:7; 45:8) o el Fuego del Infierno se describe como su refugio (24:57). El Infierno y sus tormentos son descritos asimismo como hospedaje en 56:52–56; 56:92–94. Compárese con el v. 107, donde el Jardín se califica de manera análoga como hospedaje para quienes creen y obran rectamente.
Versículo 103–105
قُلْ هَلْ نُنَبِّئُكُم بِٱلْأَخْسَرِينَ أَعْمَٰلًا ﴿١٠٣﴾ ٱلَّذِينَ ضَلَّ سَعْيُهُمْ فِى ٱلْحَيَوٰةِ ٱلدُّنْيَا وَهُمْ يَحْسَبُونَ أَنَّهُمْ يُحْسِنُونَ صُنْعًا ﴿١٠٤﴾ أُو۟لَٰٓئِكَ ٱلَّذِينَ كَفَرُوا۟ بِـَٔايَٰتِ رَبِّهِمْ وَلِقَآئِهِۦ فَحَبِطَتْ أَعْمَٰلُهُمْ فَلَا نُقِيمُ لَهُمْ يَوْمَ ٱلْقِيَٰمَةِ وَزْنًۭا ﴿١٠٥﴾
qul hal nunabbiʾukum bil-akhsarīna aʿmālā · alladhīna ḍalla saʿyuhum fī l-ḥayāti d-dunyā wahum yaḥsabūna annahum yuḥsinūna ṣunʿā · ulāʾika lladhīna kafarū biʾāyāti rabbihim waliqāʾihī faḥabiṭat aʿmāluhum falā nuqīmu lahum yawma l-qiyāmati waznā
Di: «¿Queréis que os informe de quiénes son los mayores perdedores en cuanto a sus obras?
Aquellos cuyo esfuerzo se extravía en la vida de este mundo, mientras creen que obran bien».
Esos son quienes no creen en los signos de su Señor ni en el encuentro con Él. Sus obras, pues, se malogran, y el Día de la Resurrección no les asignaremos peso alguno.
103–5Quienes no creen en los signos de su Señor ni en el encuentro con Él (v. 105) son calificados en este pasaje como los mayores perdedores, pues sus desvelos en este mundo resultan vanos; véase asimismo 7:147: En cuanto a quienes niegan Nuestros signos y el encuentro del Más Allá, sus obras se habrán malogrado. Tales personas creen que obran bien, pues como se señala en diversas aleyas, a los incrédulos e inicuos sus propias acciones les parecen hermosas (véase c. 6:108). Mas sus obras se habrán malogrado, porque son incrédulos, y a los actos desprovistos de fe no se les asigna peso alguno (cf. 2:217; 3:21–22; 5:5, 53; 6:88; 9:17; 33:19; 39:65; 47:9–10, 32). En 25:23 se declara que las obras de quienes sean culpables de desmentir a sus profetas se convertirán en polvo disperso.
Versículo 106
ذَٰلِكَ جَزَآؤُهُمْ جَهَنَّمُ بِمَا كَفَرُوا۟ وَٱتَّخَذُوٓا۟ ءَايَٰتِى وَرُسُلِى هُزُوًا ﴿١٠٦﴾
dhālika ŷazāʾuhum ŷahannamu bimā kafarū wattakhadhū āyātī warusulī huzuwā
Esa es su retribución —el Infierno— por haber sido incrédulos y por haber tomado Mis signos y a Mis mensajeros a burla.
Versículo 107–108
إِنَّ ٱلَّذِينَ ءَامَنُوا۟ وَعَمِلُوا۟ ٱلصَّٰلِحَٰتِ كَانَتْ لَهُمْ جَنَّٰتُ ٱلْفِرْدَوْسِ نُزُلًا ﴿١٠٧﴾ خَٰلِدِينَ فِيهَا لَا يَبْغُونَ عَنْهَا حِوَلًۭا ﴿١٠٨﴾
inna lladhīna āmanū waʿamilū ṣ-ṣāliḥāti kānat lahum ŷannātu l-firdawsi nuzulā · khālidīna fīhā lā yabghūna ʿanhā ḥiwalā
Quienes crean y obren rectamente tendrán los Jardines del Paraíso como hospedaje.
Morando en ellos, no desearán mudanza alguna de allí.
Versículo 109
قُل لَّوْ كَانَ ٱلْبَحْرُ مِدَادًۭا لِّكَلِمَٰتِ رَبِّى لَنَفِدَ ٱلْبَحْرُ قَبْلَ أَن تَنفَدَ كَلِمَٰتُ رَبِّى وَلَوْ جِئْنَا بِمِثْلِهِۦ مَدَدًۭا ﴿١٠٩﴾
qul law kāna l-baḥru midādal likalimāti rabbī lanafida l-baḥru qabla an tanfada kalimātu rabbī walaw ŷiʾnā bimithlihī madadā
Di: «Si el mar fuera tinta para las Palabras de mi Señor, el mar se agotaría antes de que se agotaran las Palabras de mi Señor, aun si trajéramos otro tanto para reponerlo».
109Las Palabras de mi Señor puede ser una alusión al Conocimiento y la Sabiduría divinas (ST, Z) o a los múltiples significados espirituales y mercedes del Corán y de toda Revelación Divina (Ṭs), antes bien que a las palabras literales del texto coránico en sí. Puede remitir asimismo a Su poder para crear y mandar cuanto Le place (Ṭs), pues Dios crea mediante la «Palabra», como en 2:117: Cuando decreta un asunto, tan solo le dice: «¡Sé!», y es (véanse asimismo 3:47; 6:73; 16:40; 19:35; 36:82; 40:68), y como en 4:171, donde la creación milagrosa de Jesús se presenta como Su Palabra depositada en María. En el marco de las consideraciones sobre el Jardín y el Infierno en los vv. 102–8, algunos han sugerido que las Palabras de mi Señor aluden aquí a las recompensas prometidas y los castigos advertidos en el Más Allá (Ṭs) o a las palabras pródigas que Dios dirigirá a las gentes del Jardín en la otra vida (Aj). Todo ello se describe aquí como más inagotable que el propio mar, pues por inmenso que sea el océano, es finito, mientras que las Palabras de Dios son infinitas (Aj, R) y eternas (ST). Véase también el comentario a 31:27: Y si todos los árboles que hay en la tierra fuesen plumas y el mar, aumentado con siete mares más [fuese tinta], no se agotarían las Palabras de Dios. Ciertamente Dios es Poderoso, Sabio.
Versículo 110
قُلْ إِنَّمَآ أَنَا۠ بَشَرٌۭ مِّثْلُكُمْ يُوحَىٰٓ إِلَىَّ أَنَّمَآ إِلَٰهُكُمْ إِلَٰهٌۭ وَٰحِدٌۭ ۖ فَمَن كَانَ يَرْجُوا۟ لِقَآءَ رَبِّهِۦ فَلْيَعْمَلْ عَمَلًۭا صَٰلِحًۭا وَلَا يُشْرِكْ بِعِبَادَةِ رَبِّهِۦٓ أَحَدًۢا ﴿١١٠﴾
qul innamā ana basharum mithlukum yūḥā ilayya annamā ilāhukum ilāhun wāḥidun faman kāna yarŷū liqāʾa rabbihī falyaʿmal ʿamalan ṣāliḥan walā yushrik biʿibādati rabbihī aḥadā
Di: «Yo solo soy un ser humano como vosotros. Me ha sido revelado que vuestro Dios es un Dios Único. Así pues, quien anhele el encuentro con su Señor, que obre con rectitud y no asocie a nadie en la adoración a su Señor».
110En diversas aleyas, el Profeta Muḥammad y otros enviados afirman que son solo un ser humano que transmite un mensaje de parte de Dios (véanse, p. ej., 14:11; 17:93; 41:6). Sin embargo, es precisamente la naturaleza meramente humana de los profetas lo que induce a algunos a dudar de ellos; véanse 6:91; 11:27; 14:10; 21:3; 23:24; 23:47; 26:154, 186; 36:15; 54:24; 64:6; 74:25. Quien anhele el encuentro con su Señor, y por ende crea, debe obrar con rectitud y no atribuir partícipes a Dios; es decir, debe guardarse del pecado imperdonable del širk, o idolatría (véase c. 4:48). Puesto que los creyentes son, por definición, ajenos al širk en su sentido manifiesto, Ibn ʿAŷībah cita en conexión con esta aleya un ḥadīṯ que exhorta a los creyentes a precaverse del «širk menor». Al preguntársele qué entrañaba el «širk menor», el Profeta respondió que aludía a la hipocresía o la ostentación religiosa (riyāʾ).
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Personajes
Figuras que nombra esta sura. Cada ficha reúne todos sus pasajes y un recorrido en orden de revelación.
En la Biblioteca
Capítulos y estudios de caso que tratan esta sura, con el número de referencias a ella.
Fuentes que cita Reynolds
Libros bíblicos y textos de la Antigüedad tardía citados en el comentario de esta sura. Cada uno lleva a todos los pasajes del Corán donde aparece.
Informe
Sūrah al-Kahf: Análisis Integral de Temas, Narrativas y Significados Metafísicos
Este documento proporciona una síntesis exhaustiva de la Sūrah al-Kahf (Capítulo 18 del Corán), basada en el análisis de fuentes académicas y comentarios tradicionales. La sūrah se presenta como una respuesta a desafíos teológicos, una guía sobre la naturaleza del conocimiento y una advertencia sobre la transitoriedad de la vida mundana.
1. Resumen Ejecutivo
La Sūrah al-Kahf es una sūrah de finales del periodo mecano, cuya revelación fue motivada por un desafío de la tribu de Quraysh para probar la veracidad del Profeta Muhammad. Se estructura en torno a tres narrativas principales: los Compañeros de la Cueva, Moisés y el siervo misterioso (Khiḍr), y Dhu’l-Qarnayn, junto con la parábola de los dos hombres y sus jardines.
Conclusiones y Hallazgos Críticos:
- Función Protectora: La tradición indica que recitar los primeros y últimos diez versículos protege contra las pruebas de la tumba y el al-Dajjāl (Anticristo).
- El Concepto de Barzakh: Un tema unificador es el estado intermedio o barrera, aplicado ontológicamente (entre espíritu y materia), temporalmente (entre muerte y resurrección) y geográficamente.
- Teodicea y Conocimiento: La sūrah explora la tensión entre el conocimiento exotérico (shari'ah) y el esotérico (ḥaqīqah), sugiriendo que la sabiduría divina a menudo opera de formas que desafían la lógica humana superficial.
- Crítica al Materialismo: Advierte que la riqueza y la descendencia son meros "adornos" que serán reducidos a una llanura yerma.
2. Análisis Temático
A. Contexto de Revelación y Desafíos de los Quraysh
La revelación surgió cuando los Quraysh enviaron a Naḍr ibn al-Ḥārith y ʿUqbah ibn Abī Muʿīṭ a consultar a los sabios judíos de Medina. Estos sugirieron tres preguntas para validar la profecía:
- Sobre un grupo de jóvenes de la antigüedad con una historia extraordinaria.
- Sobre un hombre que viajó a los extremos de la tierra (este y oeste).
- Sobre el "Espíritu" (al-Rūḥ).
Tensiones Identificadas:
- El Retraso de la Revelación: El Profeta prometió responder "mañana" sin decir "si Dios quiere". La revelación se retrasó quince días, lo que causó angustia al Profeta y burlas entre los Quraysh. Los versículos 23-24 sirven como una reprimenda y una instrucción perpetua sobre la dependencia de la voluntad divina (In shāʾ Allāh).
B. Los Compañeros de la Cueva (Aṣḥāb al-Kahf)
Identificados en la tradición cristiana como los "Siete Durmientes de Éfeso", estos jóvenes huyeron de la persecución del rey Daqyānūs (Decio).
- Significado Teológico: Su sueño de 309 años es una prueba del poder de Dios para la resurrección. Representa un estado de barzakh, donde el tiempo se experimenta de forma no lineal (ellos sintieron que pasó "un día o parte de un día").
- La Virtud de la Futuwwah: El texto destaca que eran "jóvenes" (fatiyyah), término asociado con la caballerosidad espiritual, la generosidad y el desapego de los bienes mundanos.
- El Perro: Se menciona su presencia en el umbral. Algunas fuentes sugieren que era un animal de caza o el perro de un pastor, mientras que visiones místicas indican que su lealtad a los amantes de Dios le otorgó un estatus especial.
C. Moisés y el Siervo Misterioso (Khiḍr)
Esta narrativa es única en el Corán y no tiene referente bíblico directo. Moisés busca a alguien más sabio que él en la "confluencia de los dos mares".
- Los "Dos Mares": Simbolizan el conocimiento racional/exotérico (Moisés) y el conocimiento directo/inspirado/esotérico (Khiḍr).
- La Paradoja de los Actos de Khiḍr:
- Dañar el barco: Para salvarlo de un rey tirano que confiscaba barcos sanos.
- Matar al niño: Para proteger a sus padres creyentes de su futura rebelión e incredulidad.
- Reparar el muro: Para preservar un tesoro perteneciente a dos huérfanos de un padre justo.
- Lección Central: Existe un taʾwīl (interpretación oculta) de los eventos mundanos que trasciende la comprensión humana limitada.
D. Dhu’l-Qarnayn: El Soberano de los Dos Cuernos
Identificado comúnmente como Alejandro Magno (o Ciro el Grande en tiempos modernos), es presentado como un rey justo con medios para alcanzar todos los rincones de la tierra.
- Los Viajes: Alcanzó el lugar donde el sol se pone en un "manantial turbio" y el lugar donde el sol sale sobre un pueblo sin refugio.
- La Barrera contra Gog y Magog: Construyó una muralla de hierro y cobre fundido para proteger a un pueblo de las incursiones de Gog y Magog (Yaʾjūj y Maʾjūj), descritos como trabajadores de la corrupción.
- Escatología: Se profetiza que esta barrera se desmoronará cerca del Día del Juicio.
E. Parábolas sobre la Vida Mundana
- Los Dos Hombres y los Jardines: Un hombre rico y orgulloso cree que sus jardines son eternos y duda de la "Hora". Su compañero creyente le advierte sobre la gratitud. El desenlace es la destrucción total de los jardines, dejando al rico con remordimiento.
- Naturaleza del Mundo: La vida es comparada con el agua que hace crecer la vegetación, la cual luego se convierte en paja seca dispersada por el viento.
3. Síntesis Trans-Fuente: Patrones y Marcos de Trabajo
| Concepto | Manifestación en las Narrativas |
|---|---|
| Viaje/Hégira | Los jóvenes huyen de la persecución; Moisés viaja por conocimiento; Dhu’l-Qarnayn viaja para establecer soberanía. |
| Intervención Divina | El sueño milagroso; el conocimiento ladunī (directo de Dios); el poder concedido para moldear el hierro. |
| Incertidumbre Humana | La disputa sobre el número de jóvenes; la impaciencia de Moisés ante Khiḍr; la duda del dueño del jardín sobre el Juicio. |
| La Infinitud de Dios | El versículo 109 afirma que si el mar fuera tinta para las "Palabras de mi Señor", se agotaría antes que las palabras de Dios. |
4. Detalles Worth Preserving
Terminología Específica
- Qayyim: Describe el Libro como "recto", custodio de escrituras anteriores y perfeccionador de la religión.
- Al-Raqīm: Se refiere a una inscripción (tableta de plomo) en la cueva, o el nombre del valle/montaña.
- ʿIlm Ladunnā: Conocimiento directo de la presencia divina, no mediado por el estudio humano.
- Mawbiq: El "abismo" o lugar de destrucción que Dios pondrá entre los idólatras y sus falsos ídolos en el Juicio.
Cifras y Datos Técnicos
- 309 años: Tiempo que los jóvenes permanecieron en la cueva (300 años solares equivalen a 309 lunares).
- La Muralla: Construida nivelando dos acantilados con bloques de hierro y vertiendo cobre fundido encima.
- Personajes Mencionados en Comentarios: Daqyānūs (Decio), Tīdhusīs (Teodosio), Josué (fatā de Moisés), Isrāfīl (el ángel de la trompeta).
Citas Directas Clave
- "Seguramente hicimos todo lo que hay en la tierra un adorno para ella, para probarlos sobre quién de ellos es más virtuoso en sus obras." (v. 7)
- "¿Acaso crees que los Compañeros de la Cueva y la Inscripción son una maravilla entre Nuestros signos?" (v. 9)
- "Por encima de todo poseedor de conocimiento, hay un sabio." (Cita del comentario al v. 60, refiriéndose a 12:76)
5. Preguntas Abiertas y Vacíos
Las fuentes no proporcionan respuestas definitivas sobre:
- La ubicación geográfica exacta: Se proponen Éfeso, Jordania o Turquía para la cueva, y varios puntos para los viajes de Dhu’l-Qarnayn, pero el texto coránico los mantiene deliberadamente ambiguos para enfatizar la lección espiritual sobre el detalle histórico.
- La identidad del "Espíritu": Aunque los Quraysh preguntaron sobre ello, la sūrah se centra en las otras dos preguntas, dejando el misterio del Espíritu como un conocimiento mayormente reservado a Dios.
- El número exacto de los Compañeros: El v. 22 desaconseja la disputa, calificando las especulaciones de "conjeturas sobre lo oculto".
- El estado profético de Dhu’l-Qarnayn: Existe desacuerdo sobre si era un profeta, un rey justo o un ángel.
Infografía
Diapositivas
Mapa mental
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- Late Makkan Surah
- Protection from Dajjal
- Response to Quraysh Challenges
- Trials of Faith
-
- Youthful Believers
- Escape from Persecution
- Miraculous 309-Year Sleep
- Allegory of Barzakh
- Sign of Resurrection
-
- Wealth and Social Status
- Delusion of Immortality
- Divine Ruin of Property
- Transience of Worldly Adornment
- Value of Enduring Deeds
-
- Junction of the Two Seas
- Exoteric vs. Esoteric Knowledge
- Lessons in Patience
- Hidden Interpretations (Ta'wil)
- The Damaged Ship
- The Slain Boy
- The Repaired Wall
-
- Righteous Sovereignty
- Travels to West and East
- Gog and Magog Corruption
- Iron and Copper Barrier
- Divine Promise of Destruction
-
- The Trumpet Blast
- Book of Deeds
- Recompense of Hell
- Gardens of Paradise
- The Greatest Losers
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- Inexhaustible Words of God
- Prophet as Human Being
- Sincerity in Worship
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Tabla de datos
| Rango de versículos | Tema central | Breve resumen del mensaje | Contexto adicional y simbolismo | Fuente |
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| 60-82 | Moisés y el siervo misterioso (Khiḍr) | Moisés busca conocimiento esotérico siguiendo a un siervo (Khiḍr) cuyas acciones (dañar un barco, matar a un joven, reparar un muro) parecen injustas pero tienen un propósito divino oculto. | Khiḍr (el Verde) representa el conocimiento 'ladunni' (directo de Dios) y la iniciación espiritual. El 'encuentro de los dos mares' simboliza la unión de la ley exotérica (shari'ah) y la verdad esotérica (haqiqa). | [1] |
| 83-98 | La historia de Dhu’l-Qarnayn | Un rey poderoso viaja a los extremos del mundo y construye una barrera de hierro y cobre para proteger a la gente de las tribus destructoras de Gog y Magog. | Identificado comúnmente con Alejandro Magno o Ciro el Grande. La barrera es un símbolo de protección divina temporal que se derrumbará antes del Día de la Resurrección (fin de los tiempos). | [1] |
| 9-26 | La historia de los Compañeros de la Cueva | Un grupo de jóvenes creyentes huye de la persecución y es puesto a dormir por Dios en una cueva durante siglos como un signo de Su poder sobre la resurrección. | Representa el concepto de 'barzakh' (estado intermedio). Místicamente, la cueva es el corazón y el sueño simboliza la aniquilación (fana) y subsistencia (baqa) en Dios. Se vincula históricamente con los Siete Durmientes de Éfeso. | [1] |
| 1-8 | Introducción y advertencia contra el materialismo | El Corán es un libro recto enviado para advertir y dar albricias. Se condena la creencia de que Dios tiene hijos y se describe la vida terrenal como un adorno pasajero que se convertirá en polvo. | La 'rectitud' del libro implica que es guardián de escrituras anteriores. El 'adorno' de la tierra es una prueba de desapego y ascetismo según Al-Ghazzālī. | [1] |
| 27-31 | Mandato de paciencia y recompensa de los creyentes | Se insta al Profeta a ser paciente con los creyentes humildes y a no buscar el favor de los poderosos. Se describe el castigo del fuego y las delicias del Jardín del Edén. | La vestimenta verde y brazaletes de oro en el paraíso se interpretan como símbolos de alegrías espirituales y visiones divinas, más que goces puramente materiales. | [1] |
| 32-44 | La parábola de los dos hombres y sus jardines | Un hombre rico y orgulloso desprecia a su compañero pobre; Dios destruye su jardín para recordarle que el poder y la riqueza solo pertenecen a Dios. | Advierte contra el 'tul al-amal' (esperanza excesiva en cosas mundanas). El concepto de 'walayah' o 'wilayah' destaca la protección y autoridad exclusiva de Dios. | [1] |
| 45-59 | La naturaleza de la vida y el juicio final | La vida es como lluvia que hace crecer plantas que luego se secan. En el Juicio, las montañas se moverán y los actos serán pesados según el Libro de las Obras. | Se relata la desobediencia de Iblis (hecho de jinn) como ejemplo de orgullo. Se menciona el 'mawbiq' como el abismo de destrucción o enemistad entre idólatras. | [1] |
| 99-110 | Conclusión y unicidad de Dios | Advertencia sobre el Infierno para los que se burlan y la promesa del Paraíso. Se enfatiza que las palabras de Dios son infinitas y que el Profeta es un ser humano que recibe revelación. | Se define el 'shirk menor' como la hipocresía o ostentación religiosa. Las 'Palabras del Señor' representan el conocimiento infinito que trasciende lo finito del mar físico. | [1] |