El NobleCORÁN القرآن الكريم Biblioteca · Reynolds

El relato coránico

Después de que Adán es hecho descender del Jardín en al-Aʿrāf (7) 25, el Corán se dirige a su descendencia:

¡Hijos de Adán! Os hemos hecho descender vestiduras que cubran vuestras vergüenzas y rīsh. Mas la vestidura de la piedad es mejor. Esa es una señal de Dios, tal vez así recuerden.

El presente estudio de caso se centra en el término rīsh, un hapax legomenon en el Corán. Rīsh es un plural colectivo que significa literalmente «plumas». En su contexto citado arriba resulta desconcertante tanto para los intérpretes clásicos como para los modernos. Como veremos, la mayoría intenta prescindir del sentido literal de rīsh entendiéndolo como una metáfora. En un artículo reciente, James Bellamy concluye que la palabra rīsh en sí misma es errónea, proponiendo que el texto sea enmendado aquí para leer en su lugar wirāʾ, un sustantivo no atestiguado proveniente de la misma raíz del verbo yuwārī (Q 7:26), que podría significar «una cobertura». Al defender la pertinencia de su enmienda, Bellamy comienza con el comentario: «Primero, nos deshacemos de las plumas».122 En el presente estudio propondré que conservemos las plumas. Más aún, sostendré más adelante que las plumas son una clave para una comprensión más profunda del pasaje más amplio aquí tratado.

Al-Aʿrāf (7) 26 se dirige a los «hijos de Adán». Esta frase es algo más que una manera idiomática de dirigirse a la humanidad. Hay solo seis apariciones de ella en el Corán (Q 7:26, 27, 31, 35, 127; 36:60). Notablemente, cuatro de ellas están agrupadas en este pasaje vinculado a la historia de Adán, y una quinta se encuentra en la misma sūra. La última aparición (Q 36:60) figura en un versículo, no inconexo con este pasaje, que advierte sobre las asechanzas de Satanás. Así, la locución «hijos de Adán» parece ser un modismo destinado a conectar a la audiencia del Corán con la historia de Adán.

En al-Aʿrāf (7) 26 el Corán recuerda a los «hijos de Adán» la vestidura y las plumas que Dios «hizo descender» (presumiblemente desde el cielo) y los exhorta a revestirse de piedad.123 A continuación, pasando a la tercera persona, el Corán añade: «Esa es una señal de Dios, tal vez así recuerden». Esta última frase es particularmente reveladora, puesto que en el Corán el término traducido aquí como «señal» (āya, pl. āyāt) significa con mayor precisión un «milagro probatorio», un acto divino que da testimonio de Dios y de su soberanía. Al recordar que Dios ha realizado tal señal, los hombres sabrán temer el juicio divino. Las plagas enviadas sobre el pueblo de Faraón (Q 8:52) y el sueño milagroso de los Compañeros de la Caverna (Q 18:17) se cuentan entre tales señales milagrosas. Sin embargo, cabría preguntarse razonablemente: ¿qué tienen de tan milagroso la vestidura y las plumas?

La respuesta parece residir en la historia de Adán, con la cual el versículo 26 está estrechamente vinculado. El término para «partes vergonzosas» (ár. sawʾāt) en este versículo es precisamente el que aparece en el versículo 20, que describe la intención de Satanás de poner al descubierto las «partes vergonzosas» de Adán y de la mujer, y en el versículo 22a, que describe cómo logró hacerlo. Aparece también con posterioridad, en el versículo 27, en el cual el Corán advierte a su audiencia, nuevamente llamada «hijos de Adán», de las artimañas de Satanás. Al mismo tiempo, la vestidura y las plumas del versículo 26 se construyen sobre la referencia del versículo 22b a Adán y su esposa cubriéndose con hojas del jardín. Según el versículo 26, Dios les dio algo mejor para vestir.124

Problemas para los intérpretes

Pero, ¿acaso pudieron haberse puesto plumas? Esta parece ser una imagen de una torpeza insalvable. En consecuencia, la mayoría de los traductores modernos concluye que el Corán utiliza las plumas únicamente como un símbolo, y traducen rīsh de modo metafórico:

  • Pickthall: «splendid vesture» [espléndida vestidura]
  • Yusuf Ali: «adornment» [adorno]
  • Blachère: «atours» [atavíos]
  • Paret: «Schmuck» [joyas / adorno]
  • Fakhry: «finery» [galas]
  • Abdel Haleem: «adornment» [adorno]125

Solo Arberry disiente y traduce rīsh literalmente: «feathers» [plumas].

Los demás traductores siguen el precedente de los mufassirūn. El Tafsīr Muqātil explica que el término rīsh se refiere en realidad a «bienes» o «posesiones» (māl).126 Qummī lo considera una referencia bien a «enseres» (matāʿ) o a «posesiones», si bien añade una interpretación esotérica: «Las partes pudendas de los púdicos no se muestran aun cuando uno sea despojado de sus ropas. Las partes pudendas de los depravados quedan expuestas aun cuando uno esté cubierto de ropas».127

Ṭabarī, por otra parte, comienza describiendo la ocasión de la revelación de este versículo. Los Quraysh, relata, solían realizar el ṭawāf («circunvalación») a la Kaʿba desnudos, y Dios reveló este versículo para amonestarlos.128 Se vuelve entonces hacia los debates filológicos sobre rīsh, repitiendo en primer lugar la opinión del Tafsīr Muqātil (citando la autoridad de Ibn ʿAbbās y Mujāhid) de que rīsh significa «posesiones», y señalando una tradición bajo la autoridad de Ibn Zayd en el sentido de que significa «belleza». Ṭabarī añade que algunos eruditos (Suddī, Ḍaḥḥāk y ʿUrwa b. Zubayr, entre otros) siguen una lectura alternativa: riyāsh (la forma estándar de plural del nomen unitatis rīsha).129 Con todo, su definición del término sigue siendo metafórica (amwāl, «posesiones», o maʿāsh, «sustento / medio de vida»).130 La palabra para plumas adquirió este significado metafórico, explica Ṭabarī, porque las plumas se utilizan con frecuencia para vestiduras lujosas, o para rellenar un colchón o una manta. Entre los beduinos, añade, rīsh es el símbolo de la abundancia (khiṣb) y del lujo (rafāha).131

Así pues, el análisis de Ṭabarī de al-Aʿrāf (7) 26 sugiere que en este versículo Dios habla de vestimenta (libāsan yuwārī sawʾātikum), por un lado, y de posesiones materiales (wa-rīsh), por el otro. Zamakhsharī discrepa. Al notar (como hace Ṭabarī) que las plumas se emplean en prendas decorativas, sostiene que al-Aʿrāf (7) 26 se refiere a dos tipos de vestimenta. Según su lectura, este versículo explica que Dios envió «vestiduras para cubrir vuestras partes vergonzosas (libāsan yuwārī sawʾātikum) y vestiduras para vuestro adorno (wa-rīsh)».132 Esto, apunta Zamakhsharī, demuestra que es lícito para los musulmanes llevar vestiduras con propósito de ornato.133 Ibn Kathīr sigue a Zamakhsharī en este punto, al explicar: «libās es aquello que cubre las partes prohibidas (o vergonzosas) y rīsh es aquello que embellece la apariencia».134 Por lo demás, Ibn Kathīr reporta una serie de tradiciones explicativas, semejantes a las citadas por Ṭabarī, que insisten en que rīsh (o riyāsh) tiene un significado metafórico.135

Subtexto

Los mufassirūn adoptan, por ende, un enfoque atomista respecto a esta cuestión, centrando su atención casi de manera exclusiva en el versículo en el que aparece rīsh (Q 7.26), sin preocuparse por la relación de dicho versículo con su contexto literario, a saber, el relato de Adán y su mujer en el jardín. Ṭabarī, en cambio, conecta al-Aʿrāf (7) 26 con un informe relativo a los coraichitas paganos que realizaban el ṭawāf desnudos. De este modo, desvincula por completo el versículo del relato de Adán y lo inserta, en su lugar, en la historia de Muḥammad.

Y, sin embargo, el propio Corán orienta al lector hacia el relato de Adán. La declaración en al-Aʿrāf (7) 26 de que Dios envió vestiduras «para cubrir vuestras vergüenzas» queda explicada por el versículo siguiente, en el cual el Corán amonesta: «¡Hijos de Adán! Que Satanás no os descarríe como expulsó a vuestros padres del jardín, despojándolos de sus vestiduras para mostrarles sus vergüenzas» (Q 7.27). Con esto, el Corán recuerda a la audiencia cómo Satanás mintió a Adán y a su esposa, incitándolos a comer del árbol prohibido (Q 7.20–1). Cuando sucumbieron a sus tentaciones y comieron del fruto del árbol, «se les manifestaron sus vergüenzas» (Q 7.22).

El papel de Satanás en el relato coránico del jardín difiere, desde luego, del de Génesis, donde solo una serpiente acecha en el jardín. No obstante, los textos exegéticos judíos sugieren de forma creciente que la serpiente debe identificarse con Satanás, mientras que los textos exegéticos cristianos hacen explícita dicha identificación.136 En el Corán, la serpiente ha cedido su lugar por completo a Satanás. Así, el midrás judío y cristiano actúa como una suerte de puente entre los relatos bíblicos y coránicos del jardín. Lo mismo podría afirmarse respecto a la cuestión de las vestiduras de Adán y Eva. En Génesis, a Adán y Eva no se les despoja de sus ropas cuando comen del árbol. En su lugar, «Se abrieron los ojos de ambos y supieron (וַיֵּדְעוּ; LXX ἔγνωσαν) que estaban desnudos» (Gn 3.7). Sin embargo, conforme a una extendida tradición del midrás judío, Génesis 3.7 no versa sobre una transformación en la visión o en el conocimiento de Adán y Eva, sino más bien sobre la pérdida de una vestidura original y celeste.137 Dicho en otros términos: fueron verdaderamente desnudados o, como formula el Corán, «se les manifestaron sus vergüenzas».

En consonancia con ello, los exegetas judíos insisten en que, cuando Génesis 2:25 menciona que Adán y Eva estaban desnudos en el jardín, pretende señalar que no disponían de ropas manufacturadas.138 Más bien, conforme a Génesis Rabbah (20:12), vestían una «túnica de luz»,139 o (según otra tradición) una especie de piel que era tan «lisa como la uña de un dedo y tan hermosa como una joya».140 A este ropaje primigenio se le denomina con frecuencia vestidura de «gloria»,141 término inspirado en la exégesis del Salmo 8:4–5: «¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, o el hijo de Adán para que de él te cuides? Lo hiciste poco menos que un dios, lo coronaste de gloria y honor». En la Peshitta siriaca, este último sintagma aparece como «lo vestiste de honor y gloria» (b-īqārā wa-b-shūbḥā aʿṭeftāh).

Por consiguiente, Efrén relata que Adán y Eva no se avergonzaban de su desnudez porque se hallaban cubiertos —antes de comer del árbol— por una vestidura de santidad (qūdshā) y gloria (shūbḥā).142 En la Cueva de los Tesoros, Adán y Eva se encuentran asimismo vestidos de gloria (shūbḥā), con vestimentas reales (lbūshê malkūtā; 2:17), antes de su caída. Satanás, celoso de Adán, consuma su venganza convenciendo a Eva de que coma del árbol prohibido. Al hacerlo (4:15), es despojada de su vestidura celeste. Cuando Adán come (4:18), también él queda despojado.

En la Homilía sobre la partida de Adán del Paraíso de Jacobo de Sarug, el pecado de Adán y Eva los despoja de forma semejante de la gloriosa (shbīḥā) vestidura con la que Dios los había ataviado, y los cubre, en su lugar, de ignominia.143 Al llegar el momento de su juicio, el ropaje de hojas que Eva había cosido para ellos se marchita y se desprende, dejando a ambos desnudos ante su Creador. Dios crea entonces nuevas vestiduras para ellos, como signo de que la misericordia divina es superior a su reproche.144

La secuencia sugerida por esta tradición exegética es, por tanto, la siguiente: Adán y Eva fueron creados con vestiduras celestiales; dichas vestiduras les fueron arrebatadas al comer del árbol, y en su lugar se hicieron prendas con hojas de higuera (Gn 3.7). Finalmente Dios, tras proclamar el decreto de expulsión (Gn 3.14–19), les proveyó de nuevas vestimentas: «Yahveh Dios hizo túnicas de piel (kotnōt ʿōr) y los vistió» (Gn 3.21). El Corán sigue exactamente esta misma secuencia: Adán y Eva son despojados (Q 7.22a), confeccionan coberturas con hojas del jardín (Q 7.22b), Dios proclama el decreto de expulsión (Q 7.24–25) y les provee de nuevas vestiduras (Q 7.26). En efecto, la caracterización de estas vestiduras como un signo, o más propiamente un milagro (āya), del cual los seres humanos habrán de acordarse (Q 7.26b), sugiere que el Corán no alude aquí a una vestimenta ordinaria, sino a las ropas extraordinarias que Dios mismo confeccionó para Adán y Eva.

La convergencia del Corán con esta tradición exegética más amplia sugiere que la explicación de las plumas también podría buscarse en estas «túnicas de piel». Existe una notable tradición de especulación en torno a la naturaleza de estas túnicas tanto entre exegetas judíos como cristianos. Génesis Rabbah (18:6), verbigracia, explica que al referirse a «túnicas de piel» la Biblia no alude literalmente a la piel, sino más bien a materias primas derivadas de esta, como los pellejos o la lana de los animales. De este modo, consigna Génesis Rabbah, ciertas autoridades concluyen que las «túnicas de piel» eran ropajes de lana circasiana, mientras que otras proponen lana de camello o pelo de liebre.145 La Cueva de los Tesoros ofrece aún otras lecturas: que a Adán y Eva se les dieron prendas hechas de la «piel» de los árboles (qlāfê d-īlānê), esto es, corteza,146 o que no se les otorgó ropaje alguno. Las «túnicas de piel» no habrían sido sino la propia piel humana, que Dios creó para ellos y extendió sobre sus cuerpos.147 Jacobo se limita a insistir en que en verdad no estaban hechas de piel, sino a partir de la nada. La Biblia describe estas vestiduras metafóricamente como piel (o pellejo) debido a que eran gruesas y suaves al tacto.148

Todas estas proposiciones podrían antojarse interpretaciones un tanto insólitas del sintagma «túnicas de piel» en Génesis 3.21. Desde luego, resultaría más fiel al texto postular que estas túnicas estaban efectivamente hechas de piel, a saber, cueros de animales. Por el contrario, los exegetas proponen que estaban compuestas únicamente de lana o de pelo esquilado de la piel. La Cueva de los Tesoros, por su parte, brinda las explicaciones ingeniosas, si bien escasamente evidentes, de que Dios los vistió con la corteza de un árbol (¿del árbol prohibido?) o con piel humana. La noción de que las «túnicas de piel» estuviesen confeccionadas con pellejos de animales no se encuentra en parte alguna de la tradición exegética primitiva.

La razón de esto reside en un detalle del Génesis. La sangre solo se derrama después de que la humanidad abandona el jardín. Solo entonces la mujer da a luz (Gn 4.1–2). Solo entonces se sacrifica un animal en ofrenda a Dios (Gn 4.4). Solo después del diluvio, por su parte, los animales se convierten en alimento lícito. En Génesis 1.29, Dios especifica que las «plantas que dan semilla» y los «árboles con frutos que dan semilla» serán el alimento de la humanidad. En Génesis 2.16 Dios le dice a Adán que puede comer de todos los árboles, pero no menciona el consumo de animales. Sin embargo, cuando Noé sale del arca, Dios le concede autoridad sobre los animales: «Infundiréis temor y miedo a todos los animales de la tierra y a todas las aves del cielo, a todo lo que se mueve sobre la tierra y a todos los peces del mar; en vuestras manos son entregados» (Gn 9.2).149 En el jardín, en otras palabras, no se habría dado muerte a un animal para obtener su piel. En consecuencia, los exegetas conjeturan que las «túnicas de piel» estaban hechas de la «corteza» de un árbol, o bien de lana, para lo cual basta con esquilar una oveja, sin necesidad de sacrificarla. Del mismo modo, estas túnicas pudieron haberse elaborado a partir de plumas mudadas o desprendidas de un ave, siempre y cuando no se desplumara al ave hasta causarle la muerte.

Notas

  1. J. Bellamy, «Ten Qurʾānic emendations», JSAI 31, 2006, (118–38) 132. ↩

  2. Cf. al-aʿrāf (7) 31: «¡Oh hijos de Adán!, llevad vuestro ornato (zīna) en cada lugar de adoración». ↩

  3. Cf. la descripción que hace el Corán de las vestiduras de seda (18:31; 22:23; 35:33; 44:53, passim) que Dios prepara para los creyentes en el paraíso. Así, Q 76.12: «Los recompensará por su paciencia con un jardín y seda». ↩

  4. En su artículo «Clothing», S. M. Toorawa traduce rīsh como «attire» [atavío]. Véase EQ, 1:346b. ↩

  5. Tafsīr Muqātil, 2:33, sobre Q 7.26. ↩

  6. Qummī, 1:232, sobre Q 7.26. ↩

  7. Ṭabarī, 8:146, sobre Q 7.26. ↩

  8. Esta última forma aparece de hecho en la mayoría de las qirāʾāt (ʿĀṣim, Abū ʿAmr, al-Ḥasan al-Baṣrī, Zirr b. Ḥubaysh, etc.). Véase MQQ, 2:350. ↩

  9. Ṭabarī, 8:148, sobre Q 7.26. ↩

  10. Ibíd. ↩

  11. Zamakhsharī, 2:97, sobre Q 7.26. ↩

  12. Zīna; cita Q 16.8 y 16.6 como prueba adicional. Zamakhsharī, 2:97, sobre Q 7.26. ↩

  13. Ibn Kathīr, 2:200, sobre Q 7.26. ↩

  14. Ibíd. Ibn Kathīr recurre a tradiciones relativas a las vestiduras decorativas. Entre ellas figura un ḥadīth en el que el Profeta declara: «Quienquiera que tome un manto nuevo y se lo vista debe decir, cuando este alcance su clavícula: “Alabado sea Dios, que me ha vestido con aquello que cubre mis partes íntimas y embellece mi vida”». En una segunda versión, transmitida con la autoridad de Aḥmad b. Ḥanbal, se hace que el Profeta emplee el término árabe para plumas en sentido metafórico: «Alabado sea Dios, que me provee de riyāsh con que embellecerme entre las gentes y cubrir mis partes íntimas». Ibn Kathīr, 2:200, sobre Q 7.26. ↩

  15. A este respecto, véase EC 2, n. 97 supra. ↩

  16. En relación con esto, véase H. Reuling, After Eden: Church Fathers and Rabbis on Genesis 3:16 – 21, Leiden: Brill, 2006, esp. 253–61. ↩

  17. Sobre la cuestión de la piel de Adán y Eva en la exégesis judía y cristiana, véase ante todo Anderson, «Garments of skin»; cf. el tratamiento más sucinto de J. C. Reeves, «Some explorations of the intertwining of Bible and Qurʾān», en Reeves (ed.), Bible and Qurʾān (43–60) 56–8. ↩

  18. La idea de una vestidura de luz está vinculada a la exégesis de Gn 3:21, donde se refiere que Dios hizo «túnicas de piel», en hebreo kotnōt ʿōr, para Adán y Eva. Algunos exegetas leyeron en su lugar kotnōt ōr (con alef en vez de ʿayin), es decir, «vestiduras de luz». Esto les permitía eludir la improcedente noción de que Dios hubiera matado y desollado a un animal para confeccionar la túnica. Sin embargo, dado que una túnica de luz parecería ser una vestidura bienaventurada, se sostenía comúnmente (como en Gn R. 20:12) que Gn 3:21 debía entenderse como referido a la vestimenta original de Adán y Eva, y no a la vestimenta (como sugeriría la ubicación del v. 21 en el texto) que llevaban al salir del paraíso. Se trata aquí de un caso de taʾkhīr al-muqaddam bíblico. ↩

  19. Trad. Freedman et al., 1:171. Pirqē de-Rabbī Elīʿezer (14) explica de modo semejante que Adán vestía «una piel de cuerno y la nube de gloria lo cubría. Después de que comió del fruto del árbol, la piel de uña le fue despojada». Pirke de-Rabbi Elieser, ed. y trad. D. Börner-Klein, 142. Del mismo modo, el Tárgum de Pseudo-Jonatán menciona que las vestiduras que Adán y Eva cosieron con hojas de higuera (Gn 3:7) sirvieron como reemplazo de «las vestiduras de gloria con las que habían sido creados». Targum of Pseudo-Jonathan (sobre Gn 3:7), en Targum du Pentateuque, Sources chrétiennes 245, 256, 261, 271, 282, trad. R. Le Déaut, París: Cerf, 1978–81, 245:91. Cf. Anderson, «Garments of skin», 134. ↩

  20. Así Gn R. 11:2, Tárgum Neofiti (Gn 3:21), y los textos judíos Apocalipsis de Moisés (20:2), 3 Baruc (4:16) y 2 Enoc (22:8). A este respecto, véase TB, 116–9. ↩

  21. De Paradiso 15:8–9 (ed. Beck, 64); cf. G. Anderson, «The fall of Satan in the thought of St. Ephrem», Hugoye: Journal of Syriac Studies [http://syrcom.cua.edu/syrcom/Hugoye] 3, 2001, 1, 11, n. 48. Cuando Efrén retrata en otro pasaje a los bienaventurados en el cielo, reflexiona: «Entre los santos, ninguno está desnudo, pues se han revestido de gloria * ni está ninguno cubierto con aquellas hojas ni de pie en la vergüenza * pues han hallado, por medio de nuestro Señor, la túnica que pertenece a Adán y Eva». De Paradiso 6.9 (ed. Beck, 21; trad. Brock, 112). ↩

  22. Jacobo de Sarug, Quatre homélies métriques sur la création, vv. 573–4, p. 55 (trad., 61). Cf. el texto cristiano gnóstico Apócrifo de Juan (24:6–8), que relata: «Y los expulsó del paraíso y los vistió con densas tinieblas». Véase TB, 133. ↩

  23. Jacobo de Sarug, Quatre homélies métriques sur la création, vv. 1025–26, p. 74 (trad., 84). ↩

  24. Trad. Freedman et al., 1:171. Cf. Reeves, «Explorations of the intertwining of Bible and Qurʾān», 57. El Tárgum de Pseudo-Jonatán (sobre Gn 3:21) sugiere que Dios confeccionó ropas a partir de la piel que la serpiente había mudado, opinión compartida por Pirqē de-Rabbī Elīʿezer (20; ed. Börner-Klein, 212). ↩

  25. Esta tradición no se conserva en la edición de Ri, sino en la edición anterior de C. Bezold. Véase Die Schatzhöhle, 2:28 (trad. alemana, 1:6). ↩

  26. Ed. Ri, 4:22–3; p. 37 (trad., 17). A este respecto, cf. Anderson, «Garments of skin», 135–6. ↩

  27. Jacobo de Sarug, Quatre homélies métriques sur la création, v. 997, p. 72 (trad., 82) y vv. 1000–2, pp. 72–3 (trad., 82). ↩

  28. Cf. LJ, 5:104. El Talmud babilónico (Sanhedrīn 59b) explica: «A Adán no le fue permitido comer carne, pues está escrito [Génesis 1:29; cf. 2:16]: “a vosotros os servirá de alimento, y a todas las bestias de la tierra”, lo cual implica que las bestias de la tierra no habrán de ser para vosotros. Mas con la llegada de los hijos de Noé, fue permitido, pues se dice [Génesis 9:3]: “así como las legumbres y la hierba verde os lo he dado todo”». ↩