49 Y [recordad] cuando os libramos de la gente de Faraón, que os infligía un castigo atroz, degollando a vuestros hijos varones y dejando con vida a vuestras mujeres; en ello hubo una gran prueba procedente de vuestro Señor.
50 Y cuando abrimos para vosotros el mar y os salvamos, y ahogamos a la gente de Faraón mientras vosotros mirabais.
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El empleo de cuando (idh) vincula este versículo y los subsiguientes con el v. 47 en el sentido de «recordad cuando», dado que idh puede significar «recordad cuando» con independencia del uso explícito de una palabra como udhkur («recordad»). Idh puede conllevar también el sentido de «¡He aquí!» o «¡Ved!».
La gente o casa (āl) alude a la familia o pueblo de Faraón (término que en sí mismo significa «gran casa»). Aparte de describirlo como un castigo o tormento (ʿadhāb), el Corán no aporta una razón específica para la matanza mencionada en este versículo. A la luz del hecho de que Faraón repite la misma amenaza más tarde, cuando Moisés ya es adulto (7:127; 40:25), esto indicaría que el asesinato de varones era una forma de castigo colectivo o de control demográfico (R; cf. Éxodo 1), más que el resultado de un vaticinio de sucesos futuros, como a veces se menciona en los comentarios (Ṭ, R, IK), por parte de adivinos o astrólogos (o incluso a través de un sueño de Faraón) advirtiendo de que nacería un niño entre los israelitas que se alzaría y destruiría el reino de Faraón; véase 20:25–28c. Véase también 28:4.
La prueba (balāʾ) es léxicamente una puesta a prueba o comprobación, vinculada aquí por lo general a los padecimientos, pero entendida por algunos como una niʿmah o bendición, que figura en 2:47 (Ṭ). En el Corán un bien puede ser también una prueba, como en 21:35: Os probamos con el mal y con el bien; y en 7:168: Y los probamos con bienes y con males.
Abrimos para vosotros el mar es literalmente «dividimos el mar por medio de vosotros», donde los israelitas serían el agente, por así decirlo, de la partición. El mar (baḥr), que no se nombra, alude a una masa de agua salada (Q), identificada por la mayoría de las autoridades como el mar Rojo. El ahogamiento de los egipcios se menciona en 7:136; 8:54; 10:90; 17:103; 20:77–79; 26:65–66 (cf. Éxodo 14–15). Además de en el relato de Noé (11:36–48 passim), el ahogamiento se menciona asimismo como castigo en 17:69 y 36:43.
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visión de conjunto El versículo 47 parece reflejar la destacada doctrina bíblica (como se aprecia, por ejemplo, en Exo 4:22; 19:5–6; Deu 7; 10:15; 2Sa 7:23–24; Isa 43:20–21) según la cual Israel era la única nación con la que Dios mantenía una relación especial. Véase el comentario sobre 2:122–23.
El pasaje que sigue (vv. 48–74, con ciertos interludios) remite a anécdotas vinculadas principalmente a las peregrinaciones de los israelitas por el desierto. Sin embargo, el Corán no se limita a relatar estas anécdotas tal como se encuentran en el Éxodo o en Números. En su lugar, entreteje estas referencias en un argumento más amplio sobre la infidelidad de los judíos. En este sentido, su planteamiento se asemeja al del Salmo 106, en el cual el salmista rememora la infidelidad de su propio pueblo:
9Increpó al mar Rojo y se secó, los hizo marchar por los abismos como por un desierto; 10los salvó de manos del adversario, los libró de las garras del enemigo. 11Las aguas cubrieron a sus adversarios, no quedó de ellos ni uno solo. 12Entonces creyeron en sus palabras y cantaron sus alabanzas. 13Bien pronto olvidaron sus obras, no tuvieron paciencia para esperar su designio; . . . 19Fabricaron un becerro en el Horeb, se postraron ante una estatua de metal fundido; 20cambiaron su gloria por la imagen de un buey que come hierba. 21Se olvidaron del Dios que los salvaba, que había hecho grandes portentos en Egipto . . . (Psa 106:9–13; 19–21; cf. Exo 32:1–6, 23; Num 14:20–23; Psa 95:8–11; Jer 31:31–32)
Podría compararse asimismo este pasaje con el discurso de Esteban ante el Sanedrín en los Hechos de los Apóstoles, en el cual Esteban reprende a los israelitas por el modo en que han sido infieles al Dios que tanto hizo por ellos (Act 7:39–42; cf. 1Co 10:1–11).
Cf. 7:127, 141; 14:6; 28:4; 40:25:
15El rey de Egipto dijo también a las comadronas de las hebreas, de las cuales una se llamaba Sifrá y la otra Puá: 16«Cuando asistáis a las mujeres hebreas en el parto, observad las dos piedras. Si es un niño, matadlo; pero si es una niña, dejadla vivir». (Exo 1:15–16)