vv. 21–24 El sentido literal de este relato brinda un ejemplo del arbitraje equitativo de David entre dos partes. Muchos comentaristas, no obstante, lo conectan con el relato bíblico según el cual David se enamoró de Betsabé (transcrita como Bathshabāʿ o traducida como Bint al-Qasam, «Hija del Juramento») y envió luego a su esposo, Urías el hitita, a la primera línea del frente de batalla, donde perecería, a fin de que David quedara libre para casarse con ella (Q, Ṭ; véase 2 Samuel 11). Pero la idea de que David mantuvo relaciones adúlteras con Betsabé antes de la muerte de Urías, consignada en 2 Samuel 11:4–5, es considerada por los musulmanes como una abominación que no pudo haber sido cometida por un profeta. De ahí que este pormenor no figure en la mayoría de los relatos islámicos.
El fundamento para vincular estas aleyas con el relato bíblico de Betsabé estriba en interpretar el caso de la oveja incorporada al rebaño de noventa y nueve ovejas como una metáfora de las acciones de David —David, que poseía muchas esposas, tomó a Betsabé, la única esposa de Urías (IJ, Q, Ṭ)— y su semejanza con la confrontación que Natán plantea a David en 2 Samuel 12. Esta interpretación se apoya en el hecho de que David emitió juicio tras escuchar las palabras del demandante, que representaba la posición de Urías, sin haber escuchado los argumentos del demandado, que representaba la posición de David. Así, David comprendió que aquello era una metáfora de sus propias faltas, y sus palabras en la aleya 24 constituyen una condena de sus propios actos. Buscó entonces el perdón, cayó postrado y se arrepintió. Según esta interpretación, los dos visitantes eran ángeles enviados por Dios bajo forma humana (Āl, IJ, Q, Ṭ). La prueba que Dios puso a David (que lo habíamos puesto a prueba) aludiría entonces a toda la trama, desde el deseo de David hacia Betsabé hasta su momento de autoexamen. Se dice que Dios le envió esta prueba porque David había pedido ser elevado al rango de Abraham, Isaac y Jacob; Dios respondió enviándole una prueba similar a las que les había enviado a ellos (Ṭ).
Otros comentaristas sostienen que tales detalles no ameritan de por sí un nexo con la historia de Betsabé, sobre todo cuando semejante interpretación se ve obligada a extrapolar más allá del sentido patente del texto. Además, hay poco en el texto coránico que corrobore este vínculo y, como observa Ibn Kazīr, las bases para relacionar estas aleyas con la historia de Betsabé no se asientan en relatos fidedignos. Al-Rāzī mantiene asimismo que incluso la versión expurgada del relato, en la que no hay adulterio, contradice las cualidades atribuidas a David aquí y en otras sūrahs. Parece ser también como resultado del empeño en conectar esta aleya con la historia de Betsabé por lo que se afirma que los litigantes eran ángeles con apariencia humana, dado que en tal caso constituiría un mensaje procedente directamente de Dios.
David se sintió muy probablemente atemorizado cuando los litigantes irrumpieron ante él porque su santuario era de difícil acceso y él había ordenado que no se permitiese la entrada a nadie (IK); pensó en un principio que pretendían causarle daño (Āl, R). Este, mi hermano significa bien que son hermanos en la religión (Āl, Ṭ) o bien hermanos de sangre (Āl). El que un hermano venció al otro en la discusión denota que se impuso a él con sus argumentos (Āl), por ser su expresión más diáfana y elocuente (Ṭ).
¡Pero qué pocos son! es uno de los muchos pasajes donde el Corán lamenta la escasez de creyentes genuinos, de modo afín a 2:243 y 40:61: Pero la mayoría de la humanidad no da gracias (cf. 10:60; 12:38; 27:73) y a 11:17: Pero la mayoría de la humanidad no cree (cf. 12:103–6; 13:1; 17:89; 26:8, 67, 103, 121, 139, 158, 174, 190; 40:59). Aquellos que interpretan que los litigantes eran ángeles afirman que David supo que estaba siendo probado cuando uno de los ángeles miró al otro y sonrió, tras lo cual ascendieron al cielo (Āl, IJ, Q, Ṭ). Pero también puede entenderse en el sentido de que David simplemente comprendió que el litigio le había sido presentado por Dios para poner a prueba su sabiduría y su sentido de la justicia. El que David pidió perdón a su Señor parece ser el mensaje central del texto que induce a muchos a vincular este pasaje con la historia de Betsabé. Sin embargo, al-Rāzī argumenta que David pidió perdón más bien porque inicialmente receló de que los litigantes hubiesen entrado ante él con aviesas intenciones y por ello se atemorizó de ellos, cuando en realidad solo procuraban su consejo (R). Pudo deberse también a haber dictado sentencia en favor del demandante antes de oír el testimonio del acusado (R), una interpretación avalada por el mandato de juzga entre los hombres con la verdad y no sigas las pasiones (v. 26). Asimismo, podría entenderse en el sentido de que David pidió perdón por los litigantes (R), en cuyo caso se arrepintió se traduciría por «se volvió», y la primera frase de la aleya 25 se traduciría: «Y le perdonamos aquel [pecado] a él».
v. 25 Cf. v. 40. El hecho de que uno gozará de cercanía a Nosotros implica hallarse entre los allegados a Dios (56:11, 88; 83:21, 28), un término tomado por algunos como alusión al más elevado rango espiritual entre los seres humanos. Se dice que es fruto de actos devotos y virtuosos (9:99; 34:37), mientras que en otros pasajes se reprende a quienes procuran alcanzar la cercanía por otros cauces, tales como la intercesión de falsas deidades (39:3; 46:28).
Este es uno de los quince pasajes tras los cuales uno debe postrarse al recitar el Corán; véase 19:58c. Si bien la mayoría de las demás postraciones se consideran preceptivas, esta postración se considera de gratitud (IK). Se relata que el propio Profeta solía postrarse tras la recitación de esta aleya, pero aclarando a los fieles que no era obligatoria (IK).
v. 26 Respecto al significado de vicario en la tierra, véase 6:165c. Aquí las pasiones son entendidas por Ibn ʿArabī como todo aquello que una persona ama; de ahí que interprete esta aleya en el sentido de: «No sigas lo que tú amas, sino sigue lo que Yo amo» (Futūḥāt II 336.7). No sea que te desvíen del camino de Dios significa entonces: «No sea que la pasión te ofusque, te arruine y te ciegue ante el camino que Yo he prescrito como Ley para ti y por el que te he pedido transitar» (Futūḥāt II 336.8). Quienes han olvidado el Día del Ajuste de Cuentas alude a quienes lo niegan, a quienes han olvidado la realidad de la condición humana (véanse 7:172c; 3:30c) y a quienes viven inadvertidos y han descuidado por ende hacer lo necesario para prepararse para el Día del Juicio (IK). La expresión puede traducirse asimismo por: «a causa de lo que olvidaron en el Día del Ajuste de Cuentas», en cuyo caso aludiría a haber olvidado los actos de obediencia que les fueron prescritos (Ṭs), parte de aquello de lo que fueron advertidos (5:13–14), el recuerdo de Dios (58:19), o incluso su propia creación (36:78). También puede entenderse en el sentido de que han olvidado a sus propias almas, tal como se alude en 59:19: Y no seáis como quienes olvidaron a Dios, de suerte que Él les hizo olvidar sus propias almas (cf. 20:126; 45:34).