«Nuestros corazones son incircuncisos»
Relato coránico
Aunque la natividad de María no se cuenta entre ellos, varios de los estudios de caso anteriores involucran el castigo divino (p. ej., EC 2, 3, 6, 7). Este es nuevamente el caso de al-Nisāʾ (4) 153–6, donde el Corán se centra en las transgresiones de los judíos. En al-Nisāʾ (4) 153 el Corán menciona una petición de la Gente del Libro para que el Profeta les haga descender un «libro» del cielo, asemejándola a una exigencia anterior de que Moisés les mostrara a Dios. De este modo, parece que aquí el término «Gente del Libro» se refiere únicamente a los judíos (en el v. 160 se les denomina alladhīna hādū). El Corán pasa entonces a una discusión más prolongada sobre las transgresiones judías. Esto sirve, en última instancia, para explicar por qué Dios les prohibió cosas anteriormente permitidas (v. 160), y por qué ha preparado un castigo para los incrédulos de entre ellos (v. 161). En el núcleo de la discusión se encuentra el versículo 155, en el cual el Corán enumera de modo sumario las principales faltas de los judíos:
Así, por su ruptura de la alianza,
y por su incredulidad en los signos de Dios,
y por haber matado a los profetas,
y por su afirmación: «Nuestros corazones son ghulf»,
en realidad Dios ha sellado [sus corazones] a causa de su incredulidad,
de modo que solo unos pocos de ellos creen.
El foco principal del presente estudio de caso es la declaración «Nuestros corazones son ghulf», una de las tres afirmaciones que el Corán atribuye a los judíos en la perícopa más amplia. En el versículo 156, el Corán se refiere a «su dicho» (qawl) contra María (presumiblemente una acusación de fornicación), al que califica de «una calumnia terrible».490 En el versículo 157, el Corán cita (y luego refuta) su afirmación: «Matamos al Cristo, Jesús, hijo de María». Mientras que estas dos últimas afirmaciones están vinculadas por la sintaxis y por el motivo temático de la calumnia, la afirmación «Nuestros corazones son ghulf» es independiente. Constituye, en cambio, el pretexto para la conclusión del versículo 155: «en realidad Dios los ha sellado [sus corazones] a causa de su incredulidad, de modo que solo unos pocos de ellos creen».
Esta afirmación aparece también en un segundo pasaje, al-Baqara (2) 87–8:
(2.87) Dimos el Libro a Moisés y dispusimos mensajeros tras él. Dimos pruebas claras a Jesús, hijo de María, y lo fortalecimos con el Espíritu Santo. Cada vez que un mensajero os traía algo que no deseabais, os ensoberbecíais. A unos desmentisteis y a otros matasteis. (88) Dijeron: «Nuestros corazones son ghulf». En realidad, Dios los ha maldecido a causa de su incredulidad, y pocos de ellos creen.
Tanto en al-Nisāʾ como en al-Baqara, la declaración «Nuestros corazones son ghulf» va precedida de una acusación contra el rechazo o asesinato de los mensajeros por parte de los judíos. En ambos casos va seguida de una afirmación del castigo retributivo de Dios. Según al-Nisāʾ (4) 155, Él selló los corazones de los judíos a causa de su incredulidad. Según al-Baqara (2) 88, maldijo sus corazones a causa de su incredulidad.
En ambos casos, además, la afirmación sobre los «corazones» está vinculada a esta aseveración mediante la partícula bal, que traduzco arriba como «en realidad». Esta traducción es deliberadamente ambigua, ya que bal puede leerse de varias maneras distintas según cómo se conciba la declaración «Nuestros corazones son ghulf». Si el Corán pretende que esto era el pretexto esgrimido por los judíos ante los mensajeros divinos a quienes rechazaban (es decir, que un corazón ghulf es algo bueno), entonces bal presumiblemente debería significar «al contrario» (es decir, los corazones de los judíos no son ghulf). Si el Corán pretende, en cambio, que esto era la confesión y explicación judía de su propio pecado (es decir, que un corazón ghulf es algo malo), entonces bal significaría «en efecto» / «ciertamente» (es decir, los corazones de los judíos son ghulf y Dios, por consiguiente, los selló o maldijo).
Por último, debe señalarse también que la sintaxis amplia de al-Nisāʾ (4) 155 es paralela al comienzo de al-Māʾida (5) 13: «Por haber quebrantado su pacto (bi-mā naqḍihim mīthāqahum), los maldijimos y endurecimos sus corazones (laʿannāhum wa-jaʿalnā qulūbahum qāsiyatan; cf. Q 2.74; 6.43; 22.53; passim)». Se hace evidente así que el versículo en cuestión forma parte de un tropo coránico más amplio en el que la violación del pacto por parte de los judíos (es decir, su rechazo de Dios) y su rechazo de los mensajeros se asocian con la condición de sus corazones.
Problemas para los intérpretes
La mayoría de los traductores consideran ghulf como un adjetivo que significa algo así como «sellados» o «cubiertos». Paret traduce el sintagma qulūbunā ghulfun en al-Nisāʾ (4) 155 mediante una frase preposicional: «Unser Herz ist hinter einem Schleier» [«Nuestro corazón está tras un velo»]. Fakhry traduce: «Our hearts are sealed» [«Nuestros corazones están sellados»] (y con ello insinúa que esta frase simplemente anticipa el final del versículo: «Dios los ha sellado [ṭabaʿa] a causa de su incredulidad»). Abdel Haleem traduce ghulf como adjetivo, aunque de modo idiomático: «Our minds are closed» [«Nuestras mentes están cerradas»].491 Pickthall considera asimismo que ghulf es un adjetivo, pero el significado que le asigna es notablemente distinto. Traduce qulūbunā ghulfun como «Our hearts are hardened» [«Nuestros corazones están endurecidos»], aparentemente a la luz de al-Māʾida (5) 13 («endurecimos sus corazones [qāsiyatan]»).
Yusuf Ali, por su parte, traduce: «Our hearts are the wrappings (which preserve God’s Word; We need no more)» [«Nuestros corazones son las envolturas (que preservan la Palabra de Dios; no necesitamos más)»]. A su juicio, ghulf es un sustantivo plural para designar algún tipo de cubiertas o recipientes que, según la nota entre paréntesis de Yusuf Ali, contienen la palabra de Dios.
Por último, dos traductores adoptan una aproximación netamente distinta al sintagma qulūbunā ghulfun en al-Nisāʾ (4) 155. Arberry traduce: «Our hearts are uncircumcised» [«Nuestros corazones son incircuncisos»]. La traducción de Blachère es similar: «Nos cœurs sont incirconcis!» [«¡Nuestros corazones son incircuncisos!»]. En otras palabras, tanto Arberry como Blachère entienden la declaración qulūbunā ghulfun como una metáfora, nada menos que una metáfora bíblica bien conocida. Esta misma perspectiva resulta evidente en la traducción que hace Paret del sintagma tal como aparece en al-Baqara (2) 88: «Unser Herz ist (eben) unbeschnitten» [«Nuestro corazón es (precisamente) incircunciso»]. Sin embargo, en al-Nisāʾ (4) 155 Paret traduce ghulf en consonancia con la opinión común de que se trata de un adjetivo que significa «sellado» o «cubierto».
Esta última traducción refleja la postura del Tafsīr Muqātil. Según el Tafsīr Muqātil, los judíos pronunciaron las palabras «Nuestros corazones son ghulf» ante Muḥammad a modo de decir: «Nuestros corazones tienen cubiertas y envolturas sobre ellos. No comprenden ni entienden lo que dices, oh Muḥammad».492
Con Ṭabarī se hace manifiesto que esta cuestión no era tan sencilla para la mayoría de los comentaristas. Algunos de los eruditos, relata, sostienen que ghulf es el plural del adjetivo aghlaf, según el modelo de aḥmar / ḥumr.493 Ṭabarī refiere nada menos que doce tradiciones en apoyo de esta opinión y declara su propia preferencia por ella. Sin embargo, cita también una segunda opinión (la reflejada en la traducción de Yusuf Ali), a saber: que ghulf debería leerse en realidad ghuluf,494 un sustantivo (plural de ghilāf, según el patrón kitāb / kutub) que significa «recipientes» o «envolturas».495 Una tradición en apoyo de esta opinión explica que con este término los judíos se jactaban ante el Profeta de que sus corazones ya estaban colmados de conocimiento. Era su manera de decir: «No te necesitan, Muḥammad».496
Zamakhsharī sigue la primera opinión mencionada por Ṭabarī, identificando ghulf como un adjetivo y el plural de aghlaf. Con todo, en el comentario de Zamakhsharī resulta evidente que el empleo de ghulf para calificar a «corazón» es inusual, pues ofrece una explicación bastante pormenorizada de lo que podría significar:
En otras palabras [el corazón] es una naturaleza (khilqa) o disposición (jibla) que está envuelta en una cubierta. Aquello que Muḥammad —la bendición y la paz de Dios sean con él— trajo no lo alcanza y no lo comprende. [Ghulf] procede de al-aghlaf, que significa aquel que no está circuncidado. Esto es como su declaración: «Nuestros corazones están en envolturas que los protegen de aquello a lo que nos llamas» [Q 41.5].497
Zamakhsharī formula aquí una notable intuición filológica: que el Corán está empleando ghulf, una palabra que en sentido propio significa «incircunciso», en un sentido metafórico. Esta es, ciertamente, la clave para comprender este término; sin embargo, al carecer de acceso al subtexto coránico, Zamakhsharī no es capaz de discernir qué clase de metáfora está empleando el Corán. Por ello pasa por alto este punto y, en su lugar, se apoya en una comparación entre «Nuestros corazones son ghulf» y la frase de Fuṣṣilat (41) 5 «Nuestros corazones están en envolturas (qulūbunā fī akinna)». Esta comparación, no obstante, no es exacta. Akinna es un sustantivo plural, mientras que ghulf, según su propia lectura, es un adjetivo.
Al igual que al-Ṭabarī, Ibn Kathīr señala dos posturas contrapuestas respecto a esta palabra.498 Comienza con la conocida opinión de que ghulf es un adjetivo y el plural de aghlaf.499 Ibn Kathīr pasa luego a la segunda postura de al-Ṭabarī (que atribuye en un lugar a Ibn ʿAbbās y en otro a al-Zamakhsharī), a saber, que el vocablo debe leerse ghuluf y entenderse como el plural de ghilāf, es decir, «recipientes» o «envoltorios».500 Explica este punto de vista mediante una tradición según la cual los judíos creían que no necesitaban más conocimiento que la Tawrāt.501
Por último, Ibn Kathīr menciona asimismo una única tradición (atribuida a al-Ḥasan b. ʿAlī b. Abī Ṭālib) que sostiene que ghulf significa «incircunciso». La declaración «nuestros corazones son ghulf» sería entonces una metáfora con la que los judíos reconocían la impureza de sus corazones. No obstante, Ibn Kathīr suscribe en su lugar la opinión del Tafsīr Muqātil, de al-Ṭabarī y de al-Zamakhsharī, según la cual ghulf es un adjetivo que significa «sellado», y la declaración de los judíos es una explicación que adujeron para no escuchar a Muḥammad. Ibn Kathīr comenta: «El asunto no es como ellos pretenden. Más bien, sus corazones están malditos y sellados».502
Subtexto
La confusión de los mufassirūn en torno al término ghulf es producto, por un lado, del estilo alusivo del Corán y, por otro, de la brecha entre el Corán y el tafsīr. El hecho de que el Corán no haga esfuerzo alguno por explicar la metáfora de los corazones incircuncisos (ghulf) presupone que, en el momento de la composición / proclamación coránica, esta era bien conocida. En cambio, el hecho de que dicha metáfora resultara tan enigmática para los mufassirūn pone de manifiesto cuánto se había olvidado. Esta observación ya se ha formulado en estudios de caso precedentes. Aquí, sin embargo, resulta aún más evidente.
Ghulf, al fin y al cabo, es un término árabe inequívoco, el plural del bien atestiguado adjetivo singular aghlaf, «incircunciso».503 Aun si resulta gramaticalmente anómalo emplear un adjetivo en plural (y no en femenino singular) con un sustantivo no humano (o ghayr ʿāqil),504 esto no pudo constituir una objeción para los mufassirūn, quienes se muestran dispuestos a considerar que ghulf es un adjetivo plural que significa «sellado». En efecto, la tradición citada por Ibn Kathīr indica que eran conscientes de la posibilidad de que significara, en cambio, «incircunciso». Con todo, la rechazaron, presumiblemente porque, al desconocer la metáfora, hallaban absurda la idea de un corazón incircunciso. Los traductores modernos, en cambio, carecen de semejante excusa. Resulta así asombroso ver cómo todos ellos (salvo Blachère, Arberry y Paret en un caso) siguen a los mufassirūn e ignoran la metáfora.505
Ciertamente, la circuncisión del corazón es un tropo recurrente en la Biblia para describir la obediencia y el amor a Dios. Cuando Moisés exhorta a los israelitas a vivir piadosamente una vez que crucen el río Jordán, les dice: «Circuncidad, pues, vuestro corazón y no endurezcáis más vuestra cerviz» (Deuteronomio 10:16). En otro pasaje, Moisés explica que Dios llevará a cabo esta labor por ellos: «Yahveh tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tu descendencia, para que ames a Yahveh tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas» (Deuteronomio 30:6). El profeta Jeremías, por su parte, recurre al mismo tropo en sus exhortaciones proféticas: «Circuncidaos para Yahveh, extirpad el prepucio de vuestros corazones, hombres de Judá y habitantes de Jerusalén» (Jeremías 4:4).506
Los profetas emplean asimismo el tropo de la circuncisión del corazón en tono de condena. Cuando Ezequiel reprende a los israelitas por permitir que los gentiles entren en el Templo, proclama: «Así dice el Señor Yahveh: “Basta ya de todas vuestras abominaciones, casa de Israel, introduciendo a extranjeros, incircuncisos de corazón e incircuncisos de carne, para que estén en mi santuario y profanen mi templo”» (Ezequiel 44:6b–7; cf. v. 9). Jeremías incluye a Israel mismo entre las naciones con corazones incircuncisos:
He aquí que vienen días —oráculo de Yahveh— en que castigaré a todo el que esté circuncidado sólo en la carne: a Egipto, a Judá, a Edom, a los hijos de Amón, a Moab y a todos los que se afeitan las sienes, los que habitan en el desierto; porque todas las naciones, y aun toda la casa de Israel, son incircuncisas de corazón. (Jeremías 9:24–25)
De este modo, el corazón incircunciso es una acusación dirigida contra Israel mismo. A esta luz resulta comprensible por qué el Corán no se limita a proclamar que los judíos tienen corazones incircuncisos: convierte esto en una proclama de los propios judíos (qawlihim qulūbunā ghulfun). Del mismo modo, en lo relativo a la muerte de Jesús, el Corán transforma una acusación bíblica (cf. Hechos 3:14; 4:10; 7:52) en una proclama asumida por los judíos (Q 4:157).
El interés del Corán por este tropo se torna todavía más evidente a la luz del Nuevo Testamento.507 Pablo, por ejemplo, utiliza reiteradamente la imagen del corazón circunciso en sus exhortaciones. En Romanos comenta:
Pues no es judío el que lo es en lo exterior, ni la circuncisión es la visible en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu y no en la letra; cuya alabanza no proviene de los hombres, sino de Dios. (Romanos 2:28–29; cf. Filipenses 3:3)
En otro lugar, Pablo desarrolla la metáfora aún más: «En él fuisteis circuncidados con una circuncisión no hecha por manos humanas, mediante el despojo del cuerpo de las pasiones carnales, en la circuncisión de Cristo» (Colosenses 2:11).
En estos pasajes, la circuncisión del corazón constituye una imagen crucial mediante la cual los cristianos ilustraban su doctrina acerca de la Ley. El Corán, por su parte, recurre a esta imagen no para su enseñanza sobre la Ley, sino en el marco de su polémica antijudía.508 Por tanto, la aparición de esta misma imagen en un pasaje antijudío de los Hechos de los Apóstoles adquiere particular trascendencia. En Hechos 7, Lucas pone en boca del mártir Esteban la condena de los judíos a lo largo de un extenso discurso ante el Sanedrín. En el punto culminante de dicha alocución, Esteban exclama:
¡Duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como hicieron vuestros padres, así hacéis vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron la venida del Justo, de quien vosotros habéis sido ahora traidores y homicidas; vosotros, que recibisteis la Ley por disposición de ángeles y no la guardasteis. (Hechos 7:51–53)
La correlación entre este pasaje y el de al-Nisāʾ (4) 155–157 es elocuente. Esteban acusa a los judíos de ser incircuncisos de corazón y de oídos (v. 51); el Corán los recrimina por afirmar que son incircuncisos de corazón (4:155). Esteban acusa a los judíos de oponerse al Espíritu Santo (v. 51); el Corán los acusa de incredulidad ante los signos de Dios (4:155, 156). Esteban acusa a los judíos de haber asesinado a los profetas (v. 52; sobre lo cual cf. Mt 23:31); el Corán los acusa de matar a los profetas (4:155). Esteban acusa a los judíos de traicionar y asesinar al Cristo (v. 52); el Corán los acusa de pretender haber matado al Cristo (4:157). Esteban acusa a los judíos de transgredir la Ley (v. 53); el Corán los acusa de violar su pacto (4:155).509
Por supuesto, el Corán no reproduce simplemente los Hechos. Mientras que Lucas presenta a Esteban proclamando que los judíos son incircuncisos de corazón y de oídos, el Corán (Q 2.88, 4.155) habla únicamente de sus corazones incircuncisos. Este hecho no debería causar sorpresa alguna a estas alturas, dado que se ha demostrado reiteradamente que la relación del Corán con la literatura bíblica se caracteriza no por la imitación, sino más bien por la alusión y la homilética.510
Bajo esta luz, vale la pena señalar el uso homilético de este mismo tropo por parte de Afraates. En su Homilía sobre la circuncisión, Afraates está casi por completo absorbido por su argumento de que los judíos son incircuncisos de corazón. Al citar la alocución de Moisés a los israelitas en Deuteronomio 10:16, Afraates comenta: «Así pues, se sabe que quienquiera que no circuncide el prepucio de su corazón, tampoco la circuncisión de su carne tiene valor alguno para él».511 Efrén repite de modo similar la acusación de que los judíos son incircuncisos de corazón. Dirigiéndose a Dios en su Homilía sobre Nuestro Señor, observa: «Luego conferiste tu signo, la circuncisión del corazón, por la cual se reconoció que los circuncidados no eran tuyos».512 Juan Crisóstomo (m. 407) emplea el tropo del corazón incircunciso para describir el malestar espiritual de los judíos en tiempos de Cristo, y advertir así a su auditorio cristiano.513
El autor siriaco Isaac de Antioquía (m. a finales del siglo V), en su Homilía contra los judíos, describe la naturaleza de su propia circuncisión:
Estoy circuncidado, no en (la) carne sino más bien (con una) circuncisión que no está (hecha) por manos.
No con la remoción de la carne sino, en el Espíritu, mediante una remoción que (aparta) del mal.514
En su Epistula de hymno trisagio, Juan Damasceno (m. 749) aborda la circuncisión del corazón al parafrasear el discurso de Esteban en Hechos 7. De manera elocuente, Juan hace que Esteban acuse a los judíos de ser «incircuncisos de corazón (aperitmētoi tē kardia)», pero, al igual que el Corán, omite el final de la frase, «y de oídos (kai tois ōsin)», tal como aparece en Hechos 7.515 Esto es comprensible, dado que el propósito de Juan no es proporcionar una cita precisa de la Biblia, sino más bien emplear una imagen bíblica que resonara en su auditorio y contribuyera a su homilía. Precisamente lo mismo puede concluirse ahora respecto al Corán.
Notas
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Buhtān está conectado con el siriaco bhūttānā, no con la raíz árabe b-h-t (que se relaciona con «confusión»). Véase TS, 37; FV, 84. ↩
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Añade en una nota al pie (p. 65, n. b): «Literalmente "nuestros corazones están cubiertos", o "encapsulados"». ↩
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En apoyo de esta opinión, Ṭabarī compara ghulf con sustantivos en plural que significan «cubiertas» o «envoltorios», tales como aghṭiya, akinna (cf. Q 41.5) o ghishāwa. Según Ṭabarī, los judíos le decían de ese modo a Muḥammad: «Hay velos y envolturas [entre nosotros] y aquello a lo que nos convocas. No comprendemos lo que dices ni lo entendemos». Ṭabarī, 6:10, sobre Q 4.155. ↩
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Sobre esto, cf. MQQ, 2:178. ↩
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Ṭabarī compara ghuluf con awʿiya. Ṭabarī, 1:408, sobre Q 2.88. ↩
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Ṭabarī, 1:408, sobre Q 2.88. Ṭabarī cita otras tres tradiciones en favor de esta postura. ↩
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Zamakhsharī, 1:163–4, sobre Q 2.87–9. No obstante, Zamakhsharī detecta asimismo una convicción teológica particular en la afirmación qulūbunā ghulfun. Los judíos argüían con ello, insiste él, que Dios creó sus corazones en esa condición. Compara su argumento, por un lado, con los politeístas que atribuyen su adoración de ángeles femeninos a la voluntad divina (citando Q 43.20: «Si el Misericordioso hubiera querido de otro modo, no los habríamos adorado») y, por otro lado, con sus adversarios teológicos en la cuestión del libre albedrío, a quienes califica de Mujbira («creyentes en la coacción divina»). Añade, para colmo: «Que Dios los humille». Ibid., 1:586, sobre Q 4.153–9. ↩
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Al igual que sus predecesores, Ibn Kathīr incluye (con la autoridad de Ibn ʿAbbās) la tradición de que «nuestros corazones son ghulf» significa que «no comprenden». Ibn Kathīr, 1:122, sobre Q 2.88. Sigue una tradición similar atribuida a ʿIkrima, el cliente de Ibn ʿAbbās. ↩
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A esta postura Ibn Kathīr añade una tradición (atribuida a Ḥudhayfa) con la siguiente explicación: «El corazón aghlaf tiene ira sobre sí. Este es el corazón del incrédulo». Ibn Kathīr, 1:133, sobre Q 2.88. ↩
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Con respecto a esta última postura, Ibn Kathīr establece una comparación entre ghuluf y el término akinna de fuṣṣilat (41) 5, el cual tanto Ṭabarī como Zamakhsharī vinculan, en cambio, a la opinión de que dicho término es un adjetivo. Aunque la elección de Ibn Kathīr posee cierto sentido gramatical (tanto ghuluf como akinna son sustantivos en plural), carece de sentido lógico, ya que fuṣṣilat (41) 5 no presenta a los judíos afirmando que sus corazones sean akinna, sino únicamente que están en akinna. ↩
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Sobre ghulf como plural de aghlaf, véase Lane, AEL, 6:2283. La forma fonológicamente afín aqlaf también está atestiguada (Lane, AEL, 8:2292c). Este doblete coincide con el del siriaco. Qlap significa «circuncidar» y qlāpā (cf. gr. kblujoV) puede referirse a diversas envolturas, incluidas la corteza de los árboles, la cáscara del huevo, la vaina del haba, las escamas de los peces y el prepucio (véase TS, 3639). Se hallan significados paralelos para la raíz g.l.f. (TS, 732). Presumiblemente, esta última raíz se corresponde con el árabe gh.l.f (y el hebreo ʿ*.l.f.*; cf. F. Brown, The New Brown-Driver-Briggs-Genesius Hebrew and English Lexicon, Peabody, MA: Hendrickson, 1979, 763a). Adviértase, no obstante, que la raíz siriaca básica para la circuncisión es g.z.r. (TS, 700), tal como se observa en la Psh. (p. ej., Hechos 7.51, Romanos 2.29). ↩
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Nótese el femenino singular qāsiyya empleado para concordar con qulūb en Q 5.13; 22.53. Sin embargo, en Q 59.14 qulūb se modifica mediante el adjetivo plural shattā. Sobre la regla clásica de la concordancia adjetival, véase W. Wright, A Grammar of the Arabic Language, 3.ª edición revisada por W.R. Smith y M.J. de Goeje, Londres: Cambridge University Press, 1898, 1:195C. El Corán presenta ejemplos (p. ej., Q 2.80; 3.7) de adjetivos femeninos plurales que modifican a sustantivos no humanos en plural femenino, mas tales casos resultan más admisibles para los gramáticos posteriores. ↩
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Basetti-Sani (Koran in the Light of Christ, 157), quien sostiene que Q 2.87–91 es un pasaje paradigmático de la condena coránica de la oposición judía hacia Jesús, identifica la metáfora bíblica del corazón incircunciso en Q 2.88. Igualmente J. MacAuliffe, «Heart», EQ, 408a. ↩
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Cf. Jeremías 6.10. ↩
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El mismo tropo prosigue en la literatura midrásica. Génesis Rabbah (46.5) explica que existen cuatro tipos de prepucio. Además del prepucio corporal, existen los prepucios metafóricos del «oído, la boca y el corazón». Trad. Freedman et al., 1:392. Pirqē de-Rabbī Elīʿezer ofrece una explicación similar: «Hay cinco clases de prepucio en el mundo. Cuatro pertenecen a los hombres y una a los árboles. Las que pertenecen a los hombres son: el prepucio del oído [cf. Jeremías 6.10], el prepucio de los labios [cf. Éx 6.12], el prepucio del corazón [cf. Deuteronomio 10.16] y el prepucio de la carne» (29; ed. Börner-Klein, 317). Seguidamente, Pirqē de-Rabbī Elīʿezer aclara: «El prepucio del corazón impide [a Israel] cumplir la voluntad de su creador» (ed. Börner-Klein, 319). ↩
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A este respecto Geiger comenta (Was hat Mohammed, 195) que Muḥammad «wollte er eine Entfernung von diesen hassenswerten Menschen recht fest machen und so seine Moslemen durch völlig entgegengesetzte Gebräuche von ihnen trennen». ↩
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Adviértanse asimismo los paralelismos entre Hechos 7.41–2 y Q 4.153. ↩
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Un fenómeno similar se advierte con la metáfora del corazón empedernido. En al-māʾida (5) 13a el Corán, al referirse a los judíos, proclama: «Por haber quebrantado su pacto (bi-mā naqḍihim mīthāqahum), los maldijimos y endurecimos sus corazones (laʿannāhum wa-jaʿalnā qulūbahum qāsiyatan)». Esto refleja un modismo de Ezequiel, quien lamenta que «toda la casa de Israel es dura de cerviz y empedernida (qeshē) de corazón» (Ezequiel 3.7; traducción propia). ↩
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Afraates, Homilía 11 (Sobre la circuncisión), párr. 5, trad.: Neusner, Aphrahat and Judaism, 23; texto siriaco: Wright, Homilies of Aphraates, 207. A este respecto, cf. A.L. Williams, Adversus Judaeos, Cambridge: Cambridge University Press, 1935, 96. ↩
-
Homilía sobre Nuestro Señor, 7. Trad. en C. Shepardson, Anti-Judaism and Christian Orthodoxy: Ephrem’s Hymns in Fourth-Century Syria, Washington, DC: Catholic University of America Press, 2008, 103. Cf. Efrén, Himnos sobre la Natividad, 26:11 (trad. Shepardson, 102). ↩
-
Véase Juan Crisóstomo, Adversus Judaeos, PG 48, ed. J.-P. Migne, París: Migne, 1862, (843–942) 845; Contra Judaeos, gentiles et haereticos, PG 48, ed. J.-P. Migne, París: Migne, 1862, (1075–80) 1079. Con anterioridad a Crisóstomo, este tropo se halla en Orígenes, quien escribe: «Si hay alguien que arda en deseos obscenos y pasiones vergonzosas y, por decirlo brevemente, que “adultere en su corazón” [Mt 5.28], este hombre es “incircunciso de corazón”. Pero también es “incircunciso de corazón” quien alberga opiniones heréticas en su mente y urde en su corazón afirmaciones blasfemas contra el conocimiento de Cristo». Orígenes, Homilías sobre el Génesis y el Éxodo, 98. ↩
-
S. Kazan, «Isaac of Antioch’s homily against the Jews [part 1]», Oriens Christianus 45, 1961, (30–78) 47, ll. 355–8. ↩
-
Juan Damasceno, Epistula de hymno trisagio, PG 95, ed. J.-P. Migne, París: Migne, 1864, (22–62) 23.15. ↩
Informe
Documento de Información: «Nuestros corazones son incircuncisos» — Análisis Filológico y del Subtexto Bíblico en el Corán
Resumen Ejecutivo
Este documento examina el análisis realizado por Gabriel Said Reynolds sobre la enigmática declaración coránica «Nuestros corazones son ghulf» (qulūbunā ghulfun), presente en las azoras al-Nisāʾ (4) 155 y al-Baqara (2) 88. A través de un enfoque histórico-crítico, se sintetiza cómo la exégesis islámica tradicional (tafsīr) perdió progresivamente la comprensión del trasfondo metaforizado de este término, optando por interpretarlo como «sellados», «cubiertos» o «recipientes [de conocimiento]».
Las aportaciones y conclusiones fundamentales de este estudio se estructuran en los siguientes puntos clave:
- Identificación Filológica: La palabra árabe ghulf es el plural del adjetivo aghlaf, cuyo significado inequívoco y literal es «incircunciso».
- Brecha Exegetica: La confusión entre los mufassirūn (comentaristas tradicionales como al-Ṭabarī, Zamakhsharī e Ibn Kathīr) y la mayoría de los traductores modernos radica en el olvido de la metáfora bíblica subyacente. Al no comprender la idea de un «corazón incircunciso», alteraron el sentido léxico para adaptarlo a «corazones cubiertos o sellados».
- Subtexto Bíblico y Polemista: La imagen del «corazón incircunciso» es un tropo recurrente en la Biblia hebrea (Deuteronomio, Jeremías, Ezequiel) y en el Nuevo Testamento (Hebreos, Cartas Paulinas, Hechos de los Apóstoles) para reprender la desobediencia espiritual de Israel.
- Correspondencia con Hechos 7: Existe una correlación temática y sintáctica directa entre el discurso del mártir Esteban en Hechos 7:51–53 y la perícopa de al-Nisāʾ (4) 155–157, donde se vincula la acusación de tener el corazón incircunciso con el rechazo a los signos divinos, la muerte de los profetas, el quiebre de la alianza y la pretensión de haber matado al Mesías.
- Uso Homilético: El Corán no realiza una copia textual de las Escrituras anteriores, sino que reconfigura y emplea alusivamente el material homilético y polemista circulante en el cristianismo tardoantiguo y siríaco (ejemplificado por autores como Afraates, Efrén, Juan Crisóstomo y Juan Damasceno).
1. Contexto Coránico y Marco Narrativo
El tropo del «corazón incircunciso» aparece de forma explícita en dos pasajes del Corán, insertado en el contexto de una severa polémica y condena divina por las transgresiones atribuidas a los judíos (alladhīna hādū / Gente del Libro):
A. al-Nisāʾ (4) 153–161
En esta perícopa, el Corán repasa una serie de faltas históricas de los judíos (incluyendo la demanda previa de ver a Dios o el descenso de un libro del cielo) para fundamentar el castigo retributivo y la prohibición de cosas que antes les eran lícitas (vv. 160–161).
El versículo 155 condensa de manera sumaria estas acusaciones principales:
- Ruptura de la alianza (mīthāq).
- Incredulidad en los signos de Dios.
- Asesinato de los profetas.
- La afirmación judía: «Nuestros corazones son ghulf».
El versículo concluye afirmando la respuesta divina: «en realidad Dios ha sellado [sus corazones] a causa de su incredulidad, de modo que solo unos pocos de ellos creen». En los versículos siguientes (156–157), el Corán enlaza sintáctica y temáticamente esta recriminación con «su dicho» (qawl) calumnioso contra María y su proclamación de haber matado a Jesús, el Cristo.
B. al-Baqara (2) 87–88
El pasaje sigue una estructura estrictamente paralela:
- Menciona la entrega del Libro a Moisés, el envío de mensajeros tras él y las pruebas claras dadas a Jesús fortalecido por el Espíritu Santo.
- Denuncia la soberbia judía: «A unos desmentisteis y a otros matasteis» (v. 87).
- Cita su declaración: «Nuestros corazones son ghulf» (v. 88).
- Sentencia el castigo retributivo: «En realidad, Dios los ha maldecido a causa de su incredulidad, y pocos de ellos creen».
C. Vínculo Sintáctico y la Partícula Bal
En ambos pasajes, la frase «Nuestros corazones son ghulf» precede inmediatamente a la afirmación del castigo divino (sellado o maldición) y se conecta mediante la partícula bal («en realidad» / «al contrario»):
- Si se entiende que tener un corazón ghulf era un pretexto positivo esgrimido por los judíos (p. ej., «nuestros corazones están protegidos/llenos de conocimiento»), bal funciona como refutación: «Al contrario, Dios los ha sellado/maldito».
- Si se concibe como una confesión o reconocimiento de su propia impureza/pecado (es decir, «nuestros corazones son incircuncisos/impuros»), bal actúa como confirmación: «En efecto, Dios los ha sellado/maldito por su incredulidad».
Asimismo, este patrón se integra dentro de un tropo coránico más amplio, ilustrado en al-Māʾida (5) 13, donde la violación del pacto (bi-mā naqḍihim mīthāqahum) se asocia de forma directa con el endurecimiento divino de los corazones (qāsiyatan).
2. El Dilema Exegético Tradicional (Tafsīr) y las Traducciones Modernas
La comprensión del término ghulf generó serias dificultades teológicas y lingüísticas para la exégesis islámica clásica y, por extensión, para los traductores contemporáneos.
¿CÓMO ENTENDER «GHULF»?
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Adjetivo: plural de «aghlaf» Sustantivo: plural de «ghilāf»
(«Incircunciso» -> reinterpretado («Ghuluf» = Recipientes/Envoltorios)
como «sellado» o «cubierto») │
│ ▼
├─ Tafsīr Muqātil: «corazones con cubiertas» └─ Interpretación: «Nuestros corazones
├─ al-Ṭabarī (opción 1): «velos/envoltorios» están colmados de conocimiento [de
├─ Zamakhsharī: reconoce etimología «incircunciso» la Torá] y no necesitamos más».
│ pero lo compara erróneamente con Q 41:5.
└─ Ibn Kathīr: apoya «sellado» (rechaza la
tradición de al-Ḥasan sobre la impureza).
A. Posturas en la Exégesis Clásica (Tafsīr)
- Tafsīr Muqātil: Sostiene que los judíos dijeron «nuestros corazones son ghulf» a modo de pretexto ante el Profeta, queriendo decir: «Nuestros corazones tienen cubiertas y envolturas sobre ellos; no comprenden ni entienden lo que dices».
- al-Ṭabarī: Reconoce que ghulf es el plural del adjetivo aghlaf (opinión que prefiere y apoya con doce tradiciones). Sin embargo, lo explica mediante sustantivos como aghṭiya o akinna («velos/cubiertas»). Cita además una segunda postura: leer el vocablo como el sustantivo ghuluf (plural de ghilāf), que significa «recipientes» o «envoltorios». Según esta segunda vía, los judíos se jactaban de que sus corazones ya estaban llenos de conocimiento y no necesitaban a Muḥammad.
- al-Zamakhsharī: Identifica correctamente que ghulf es un adjetivo plural de aghlaf, señalando agudamente su significado filológico primario: aquel que no está circuncidado. No obstante, al carecer de acceso al subtexto bíblico, desestimó la metáfora original y la interpretó como una naturaleza/disposición envuelta en una cubierta, comparándola con la expresión de Fuṣṣilat (41) 5 («Nuestros corazones están en envolturas» / qulūbunā fī akinna).
- Ibn Kathīr: Expone las dos posturas (adjetivo aghlaf vs. sustantivo ghuluf). Registra una tradición aislada atribuida a al-Ḥasan b. ʿAlī b. Abī Ṭālib, según la cual ghulf significa «incircunciso» (metaforizando la impureza del corazón). Pese a ello, Ibn Kathīr la descarta y se suma al consenso de que significa «sellado», sirviendo como excusa judía para no escuchar al Profeta.
B. Espectro de Traducciones Modernas
| Traductor | Traducción del sintagma qulūbunā ghulfun | Enfoque Lingüístico / Exegetico |
|---|---|---|
| Paret | «Nuestro corazón está tras un velo» (en Q 4:155) «Nuestro corazón es incircunciso» (en Q 2:88) | Inconsistente: oscila entre la tradición del tafsīr y la metáfora bíblica. |
| Fakhry | «Nuestros corazones están sellados» | Asume que la frase anticipa el verbo coránico ṭabaʿa («selló»). |
| Abdel Haleem | «Nuestras mentes están cerradas» | Traducción idiomática basada en adjetivo («cubierto/cerrado»). |
| Pickthall | «Nuestros corazones están endurecidos» | Adjetivo influenciado por el paralelismo con Q 5:13 (qāsiyatan). |
| Yusuf Ali | «Nuestros corazones son las envolturas [que preservan la Palabra de Dios]» | Sigue la lectura de ghuluf como sustantivo plural (recipientes). |
| Arberry / Blachère | «Nuestros corazones son incircuncisos» / «Nos cœurs sont incirconcis!» | Aceptan la metáfora bíblica exacta y la filología real del término. |
3. El Subtexto Bíblico: La Metáfora del «Corazón Incircunciso»
La filología confirma que ghulf es la forma plural regular del adjetivo aghlaf («incircunciso»), emparentado con raíces semíticas como el siríaco g-l-f / q-l-p (qlāpā = prepucio, envoltura, cáscara) y el hebreo ʿ-l-f. La renuencia de comentaristas y traductores a aceptar la traducción «incircunciso» se debió a que la idea de un «corazón incircunciso» les resultaba conceptualmente absurda, al ignorar la vasta tradición literaria bíblica.
En las Escrituras judeocristianas, la circuncisión del corazón es una metáfora recurrente para describir la fidelidad, el amor y la obediencia a Dios, mientras que el «corazón incircunciso» es el tropo por excelencia para condenar la rebelión espiritual.
A. Antiguo Testamento / Biblia Hebrea
- Mandato y Exhortación:
- Deuteronomio 10:16: «Circuncidad, pues, vuestro corazón y no endurezcáis más vuestra cerviz».
- Deuteronomio 30:6: «Yahveh tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tu descendencia, para que ames a Yahveh...».
- Jeremías 4:4: «Circuncidaos para Yahveh, extirpad el prepucio de vuestros corazones...».
- Reprensió y Condena a Israel:
- Ezequiel 44:6b–7: Reproche a la casa de Israel por introducir en el santuario a «extranjeros, incircuncisos de corazón e incircuncisos de carne».
- Jeremías 9:24–25: Dios advierte que castigará a las naciones paganas y a Israel por igual, «porque todas las naciones, y aun toda la casa de Israel, son incircuncisas de corazón».
B. Literatura Rabínica / Midrásica
El tropo continuó vivo en el judaísmo post-bíblico. En Génesis Rabbah (46.5) y Pirqē de-Rabbī Elīʿezer (29) se explicita la existencia de metafóricos «prepucios» humanos (del oído, de la boca/labios y del corazón), señalando que «el prepucio del corazón impide [a Israel] cumplir la voluntad de su creador».
C. Nuevo Testamento
- Pablo de Tarso: Redefine la doctrina de la Ley distinguiendo entre la circuncisión exterior/carnal y la interior: «la circuncisión es la del corazón, en espíritu y no en la letra» (Romanos 2:28–29; cf. Filipenses 3:3; Colosenses 2:11).
- Discurso de Esteban (Hechos de los Apóstoles): La metáfora se convierte en una herramienta central dentro de la polémica judeocristiana.
4. Paralelismo Intertextual: Hechos 7 y la Homilética Patrística y Siríaca
El uso coránico del tropo en al-Nisāʾ (4) 155–157 no es aislado; muestra una correspondencia estructural asombrosa con el pasaje de Hechos 7:51–53, donde Esteban increpa al Sanedrín previo a su martirio.
A. Tabla Comparativa: Hechos 7 vs. Corán (Azora 4)
| Elemento Polemista | Discurso de Esteban (Hechos 7:51–53) | Texto Coránico (al-Nisāʾ 4:155–157) |
|---|---|---|
| Condición del Corazón | «¡Duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos!» (v. 51) | «...y por su afirmación: "Nuestros corazones son ghulf [incircuncisos]"» (v. 155) |
| Oposición a Dios / Signos | «Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo...» (v. 51) | «...su incredulidad en los signos de Dios...» (vv. 155, 156) |
| Muerte de los Profetas | «¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron...» (v. 52) | «...y por haber matado a los profetas...» (v. 155) |
| Asesinato / Pretensión sobre el Cristo | «...del Justo, de quien vosotros habéis sido ahora traidores y homicidas» (v. 52) | «...y por su afirmación: "Matamos al Cristo, Jesús, hijo de María"» (v. 157) |
| Violación de la Ley / Alianza | «...vosotros, que recibisteis la Ley [...] y no la guardasteis» (v. 53) | «Así, por su ruptura de la alianza...» (v. 155) |
B. La Tradición Homilética Tardoantigua y Siríaca
El Corán refleja la manera en que esta metáfora bíblica era transmitida y reelaborada en los sermones y textos polemistas (Adversus Judaeos) del área siríaca y bizantina:
- Afraates (Sabio Sirio, s. IV): En su Homilía sobre la circuncisión (Homilía 11), argumenta ampliamente que la circuncisión carnal carece de valor si no se circuncida el prepucio del corazón.
- Efrén de Siria (s. IV): En su Homilía sobre Nuestro Señor, afirma que Dios confirió la circuncisión del corazón como el verdadero signo, demostrando que los circuncidados en la carne no eran suyos.
- Juan Crisóstomo e Isaac de Antioquía: Emplearon el tropo para describir la ceguera o malestar espiritual judío y vindicar la circuncisión espiritual del cristiano «no hecha por manos».
- Juan Damasceno (m. 749): En su Epistula de hymno trisagio, al parafrasear el discurso de Esteban en Hechos 7, acusa a los judíos de ser «incircuncisos de corazón» (aperitmētoi tē kardia), pero omite la frase «y de oídos». Esta misma omisión selectiva se halla exactamente en el Corán (Q 2.88; 4.155), el cual habla únicamente de «corazones incircuncisos».
TRADICIÓN BÍBLICA Y PATRÍSTICA MECANISMO CORÁNICO
Deuteronomio / Jeremías / Ezequiel ──┐
├─► Reconfiguración Homilética ──► Apropiación Polemista
Hechos 7 (Esteban) / J. Damasceno ───┤ (Alusión, no copia literal) (Atribución directa a la
Afraates / Efrén de Siria ───────────┘ proclama judía: «qawlihim»)
5. Conclusiones Filológicas e Histórico-Críticas
- Naturaleza del Término Ghulf: Lingüística y fonológicamente, ghulf es el plural directo del adjetivo aghlaf («incircunciso»). Las explicaciones del tafsīr que lo interpretan como sustantivo (ghuluf = «recipientes») o adjetivo desfigurado («sellado/cubierto») son construcciones secundarias diseñadas para resolver un problema conceptual al haber perdido la pista de la metáfora.
- Apropiación y Transformación Coránica: En la literatura bíblica (p. ej., Hechos 7), la acusación de «incircuncisos de corazón» es un reproche lanzado contra los judíos por los profetas o apóstoles. El Corán aplica una técnica narrativa mediante la cual transforma esta condena bíblica en un dicho pronunciado por los propios judíos (qawlihim qulūbunā ghulfun), del mismo modo que transforma la acusación bíblica de haber matado a Jesús en una proclama asumida por ellos mismos en Q 4:157.
- Relación entre el Corán y el Subtexto Bíblico: La presencia de esta metáfora sin explicaciones previas en el texto coránico demuestra que la audiencia original de la proclamación coránica estaba familiarizada con el lenguaje homilético judeocristiano de la Antigüedad Tardía. El estilo del Corán en estos pasajes no es la copia directa de manuscritos, sino la alusión viva y la adaptación homilética de tropos bíblicos extendidos en el Oriente Próximo.