El NobleCORÁN القرآن الكريم Biblioteca · Reynolds

El relato coránico

Cuando el Corán hace que los creyentes de entre la Gente del Sabbat pregunten a sus compañeros por qué se molestan en predicar a incrédulos a quienes Dios ha jurado castigar, los compañeros responden: «Para presentar una excusa ante vuestro Señor y para que quizás teman a Dios» (Q 7.164). Esperan, por tanto, el arrepentimiento de un pueblo condenado. Esta esperanza, que de otro modo podría parecer absurda, adquiere sentido a la luz de Yūnus (10) 98:

Judá y Benjamín están dispersos por todos los países». Trad. Freedman et al., 1:671. Una vez más, este río posee una cualidad legendaria y misteriosa. Más allá de él yacen las diez tribus que jamás regresaron de su exilio, y cuyo paradero nunca fue descubierto.

Ojalá hubiera habido una sola ciudad que creyera y a la que su fe le hubiera beneficiado, aparte del pueblo de Jonás.351 Creyeron y apartamos de ellos el castigo humillante en la vida de este mundo. Les concedimos un disfrute por un tiempo.

Aquí, en el único versículo que menciona a Jonás en la azora que lleva su nombre, el Corán sugiere («apartamos de ellos...») que su pueblo creyó solo después de que Dios hubiera decretado su castigo, y que su fe, a pesar de todo, los salvó. Este informe discurre en sentido contrario al topos coránico habitual de la historia profética, según el cual el profeta exhorta a su pueblo a arrepentirse y creer para evitar que Dios los castigue; el pueblo se niega a creer y Dios los destruye.

Se vuelve a hacer referencia a la fe del pueblo de Jonás en un pasaje de al-Ṣāffāt (37):

(37.139) Jonás fue ciertamente uno de los mensajeros. (140) Huyó hacia la nave colmada. (141) Echaron suertes y fue él el condenado. (142) El pez se lo tragó y fue digno de censura. (143) Si no hubiera sido de los que glorifican, (144) habría permanecido en su vientre hasta el Día de la Resurrección. (145) Pero lo arrojamos a una orilla desolada, estando enfermo. (146) E hicimos brotar sobre él un árbol de yaqṭīn. (147) Lo enviamos a cien mil o más. (148) Creyeron y les concedimos un disfrute por un tiempo.352

Según este pasaje, Jonás cometió un acto digno de censura (v. 142), perdonado únicamente merced a su alabanza en el vientre del pez (143–144). Al-Anbiyāʾ (21) 87–88 añade algunos detalles a este relato:

(21.87) El Hombre del Pez (dhū l-nūn) se marchó airado y pensó que no tendríamos poder sobre él. Clamó en las tinieblas: «No hay más dios que Tú. ¡Gloria a Ti! Ciertamente he sido de los injustos». (88) Le respondimos y lo libramos de la angustia. Así es como salvamos a los creyentes.

Si en verdad las «tinieblas» (Q 21.87) son una alusión al vientre del pez, el Corán cita aquí la alabanza de Jonás a la que se alude en al-Ṣāffāt (37) 143. La partida airada de Jonás (Q 21.87) parecería ser entonces el acto reprobable que fue expiado mediante su alabanza. Con todo, se trata de un pasaje notablemente alusivo. El Corán no explica de dónde partió, adónde se dirigió ni por qué iba allí en primer lugar.

Por su parte, al-Qalam (68) 48–50 parece referirse a un segundo acto reprobable de Jonás. En al-Ṣāffāt (37) 143–144 nos enteramos de que Jonás habría permanecido en el vientre del pez si no hubiera alabado a Dios. En al-Qalam se nos enseña que el «Compañero del Pez» (ṣāḥib al-ḥūt; v. 48) habría sido arrojado a una tierra yerma (cf. Q 37.145) sumido en el reproche, si no hubiera sido porque «lo alcanzó la gracia de su Señor y lo contó entre los justos» (v. 50). Dicho de otro modo, este error no fue perdonado por la alabanza de Jonás, sino por la gracia de Dios. El Corán sugiere, de este modo, que Jonás pecó dos veces y fue perdonado dos veces.

Jonás es, a todas luces, un profeta singular en el Corán. Huye de Dios airado, dudando de que Dios tenga el poder de constreñirlo, y solo regresa a Dios cuando es abatido hasta las entrañas de la tierra (Q 21.87).353 Por consiguiente, el Corán emplea el ejemplo de Jonás para advertir a su auditorio: «Sé paciente ante el decreto de tu Señor y no seas como el Compañero del Pez, cuando clamó angustiado» (Q 68.48).354 Problemas para los intérpretes Las faltas de Jonás Por supuesto, la idea de un profeta pecador dista de ser grata para los mufassirūn, todos ellos influidos en diversa medida por el principio dogmático de la infalibilidad profética.355 Sin embargo, los mufassirūn tuvieron que lidiar con la sugerencia coránica (Q 21.87) de que Jonás se enojó con Dios, un pecado que no debe tomarse a la ligera. El Tafsīr Muqātil explica que Jonás no estaba en realidad airado con Dios, sino con el rey Ezequías b. Aḥār356 y otros israelitas incrédulos.357 Qummī refiere en un pasaje que Jonás estaba irritado por las acciones de su pueblo.358 En otro lugar, sin embargo, concluye más bien que Jonás se encolerizó con Dios cuando el pueblo al que había sido enviado se arrepintió y Dios les perdonó Su ira.359

Con Ṭabarī resulta evidente que la explicación de la ira de Jonás se había convertido en un motivo de discordia. Presenta cuatro opiniones distintas sobre este asunto. Según una primera postura (para la cual cita dos tradiciones, una de ellas transmitida con la autoridad de Ibn ʿAbbās), Jonás estaba airado ante la impiedad de su pueblo. Según una segunda opinión, Jonás estaba enfurecido con Dios por haber suspendido Su castigo. Una tradición (también bajo la autoridad de Ibn ʿAbbās) explica que Jonás quedó avergonzado cuando Dios se retractó de un castigo que Jonás había predicho públicamente. Proclamó: «Por Dios, jamás volveré a ellos como un mentiroso».360 O, como sostiene otra tradición, no estaba avergonzado, sino atemorizado, ya que aquel pueblo ejecutaba a los mentirosos.361

De acuerdo con una tercera opinión, Jonás estaba airado con Dios, pero únicamente por el hecho de que Dios lo cargó con el peso del profetismo, «pesos que solo unos pocos pueden soportar».362 Por último, según una cuarta postura, Jonás estaba airado con Dios, pero solo debido a la premura con la que Dios insistió en que partiera a su misión. Dios ni siquiera le dio a Jonás tiempo para calzarse las sandalias.363

Ṭabarī concluye simplemente que Jonás estaba enojado con Dios, sin especificar un motivo. Si hubiese estado enojado con su pueblo (pecador), explica Ṭabarī, Dios no habría castigado a Jonás (Q 37.142),364 y el Corán no lo habría utilizado como un ejemplo de advertencia para el Profeta Muḥammad (Q 68.48).365

Zamakhsharī, quien coincide en que Jonás estaba enojado con Dios,366 encuentra en el Corán otros indicios de las faltas de Jonás. En primer lugar, señala que Jonás no debió haber abandonado a su pueblo encolerizado (Q 21.87a): «Debió haber sido paciente y esperar el permiso de Dios para dejarlos».367 En segundo lugar, Zamakhsharī observa que Jonás se equivocó al pensar que Dios no tenía poder sobre él (lan naqdira ʿalayhi; Q 21.87b). Sobre este segundo punto, Zamakhsharī advierte que algunos eruditos —presumiblemente los opositores de la Muʿtazila— insisten en que Jonás no dudó del poder divino, sino únicamente de la doctrina de la preordenación divina (qadar). Una tradición que respalda esta postura describe cómo el califa Muʿāwiya acudió a Ibn ʿAbbās en busca de una explicación para este versículo, diciendo:

«Ayer me golpearon las olas del Corán y me estoy ahogando en ellas. Eres mi única esperanza de salvación». [Ibn ʿAbbās] dijo: «¿De qué se trata, oh Muʿāwiya?». Él leyó este versículo y dijo: «¿Acaso podría un profeta de Dios pensar que Él no tenía poder (lā yaqduru) sobre él?». [Ibn ʿAbbās] dijo: «Esto trata sobre el qadar (“preordenación”) y no sobre la qudra (“poder”)».368

Zamakhsharī, como cabría esperar de un muʿtazilī, insiste en que el sentido pretendido es qudra. Aun así, propone soluciones para eludir la conclusión que tanto turbó a Muʿāwiya. El significado del texto podría ser que Jonás pensó que Dios no ejercería Su poder; o bien el Corán podría querer decir que los actos de Jonás fueron semejantes a los de alguien que verdaderamente pensaba que Dios no tenía poder sobre él (aunque el propio Jonás no creyera semejante cosa);369 o el Corán podría aquí estar refiriéndose no a las convicciones de Jonás, sino a una tentación satánica (waswasat al-shayṭān), tentación que Jonás refutó, «como hace el creyente prudente ante las incitaciones de Satanás, ante las tentaciones que Satanás susurra a cada instante».370 Esta fue, en otras palabras, la versión de Jonás de los versículos satánicos.

Si Zamakhsharī procura defender el carácter de Jonás, Ibn Kathīr va todavía más lejos. Jamás admite la posibilidad de que Jonás hubiera podido estar enojado con Dios, insistiendo en que el profeta estaba enojado con su pueblo.371 Aun así, Ibn Kathīr se ve forzado a seguir el texto del Corán y admitir que Jonás al menos había incurrido en alguna falta (cf. Q 21.87). A este respecto, Ibn Kathīr relata una tradición destinada a enfatizar el arrepentimiento de Jonás. Cuando Jonás fue engullido por el pez, explica la tradición, el eco de Jonás adorando a Dios llegó hasta los ángeles en el cielo. Estos preguntaron a Dios por aquel sonido extraño y lejano, y Dios respondió:

«Ese es Mi siervo Jonás. Se rebeló contra Mí y por eso lo he encerrado en el vientre del pez». Preguntaron: «¿Te refieres al virtuoso siervo cuyas buenas obras ascendían a Ti cada día y cada noche?». Él respondió: «Sí». Ante esto, los ángeles intercedieron por Jonás y Dios ordenó al pez que lo arrojara a la orilla.372

Con el mismo propósito, Ibn Kathīr cita en otro lugar un ḥadīth en el que el Profeta declara: «Ningún siervo de Dios debe decir: “Yo soy mejor que Jonás”».373

La secuencia de los acontecimientos

Sin embargo, la cuestión de las faltas de Jonás no es el único aspecto de su relato que supone un desafío para los mufassirūn. Estos también se afanan por establecer una secuencia básica de los acontecimientos para dicha narración. El problema a este respecto radica en si la misión de Jonás a su pueblo precedió o siguió a su estancia en el pez. La dificultad comienza con al-Ṣāffāt (37) 139–48, pasaje que alude primero a la partida de Jonás de algún lugar (140), luego al incidente del pez (142–5) y al incidente del árbol (146), y después a su misión (147–8). Los mufassirūn asumen que la partida del versículo 140 es la partida de Jonás de su misión en Nínive, lo cual la situaría antes del incidente del pez. No obstante, esta presunción parece quedar desmentida por la mención de la misión de Jonás al final del pasaje.

Sobre esta cuestión, el Tafsīr Muqātil relata que Jonás emprendió su misión, hacia una ciudad llamada Nínive,374 antes de ser engullido por el pez.375 Qummī coincide con esto y refiere la historia de Jonás con cierto detalle. En la ciudad de Jonás había dos hombres virtuosos, uno piadoso (ʿābid), llamado Malīkhā, y el otro versado (ʿālim), llamado Rūbīl. Malīkhā instaba a Jonás a proclamarles el castigo de Dios, pero Rūbīl insistía en que no lo hiciera, puesto que Dios terminaría por revocar Su castigo. Jonás escuchó a Malīkhā. Proclamó el castigo de Dios y huyó de la ciudad antes de la hora temible. Empero, Rūbīl permaneció allí, suplicó a la gente que se arrepintiera y les enseñó cómo rezar. Así lo hicieron con fervor, implorando el perdón de Dios. Tal como Rūbīl había predicho, Dios revocó Su castigo. Encolerizado, Jonás huyó hacia la costa y subió a bordo de un barco (cf. Q 37.140), pero Dios envió un gran pez que inmovilizó la embarcación en el mar. Cuando los marineros echaron suertes y resultó que Jonás era el responsable del aprieto en el que se encontraban (cf. Q 37.141), lo arrojaron al agua y el pez lo engulló (cf. Q 37.142).376 Más tarde, el pez arrojó a Jonás a una tierra yerma (cf. Q 37.145, donde es Dios, y no el pez, Quien lo arroja), donde Dios hizo brotar la planta de yaqṭīn (cf. Q 37.146).377

Esta narración, sin embargo, no integra los dos últimos versículos (147–8) del pasaje de al-Ṣāffāt, versículos que sugieren que la misión de Jonás tuvo lugar después del incidente del pez. En consecuencia, surge una perspectiva distinta en una narración transmitida por Ṭabarī, según la cual la alusión coránica previa a la marcha de Jonás encolerizado (Q 21.87; cf. 37.140) no se refiere a su partida desde Nínive, sino a su partida hacia Nínive:

Gabriel se presentó ante [Jonás], diciéndole: «Ve a la tierra de Nínive y adviérteles del castigo que se ha preparado para ellos». [Jonás] dijo: «Permíteme buscar una montura». [Gabriel] respondió: «El asunto es demasiado urgente para eso». [Jonás] dijo: «Permíteme buscar calzado». Él respondió: «El asunto es demasiado urgente para eso»... De modo que Jonás se encolerizó, partió y subió a bordo de un barco. Mas, al embarcar, la nave quedó atascada. No avanzaba ni retrocedía. De modo que echaron suertes... El pez se acercó agitando la cola. Se le dijo: «Oh pez, no te damos a Jonás como sustento, sino que te lo damos a él como refugio y mezquita»... El pez lo engulló y partió de aquel lugar con él hasta pasar Ayla; luego avanzó con él hasta pasar el Tigris, y después continuó con él hasta arrojarlo en Nínive.378

El problema parece resolverse. La partida de Jonás encolerizado (v. 140) no fue de Nínive, sino de su desagradable encuentro con Gabriel. Así, la mención posterior de la misión (vv. 147–8) ya no resulta redundante. Y, sin embargo, al-Ṭabarī cita en otro lugar una tradición que plantea las cosas precisamente a la inversa. En ella, la cólera de Jonás, al igual que en la tradición de al-Qummī, no se debe a la insistencia importuna del ángel Gabriel, sino a la obstinación de los ninivitas.379

Al-Zamakhsharī también concluye que el incidente del pez ocurrió únicamente después de que Jonás partiese encolerizado de su misión (v. 140). Respecto a la alusión a la misión de Jonás al final de al-Ṣāffāt (37) 139–48, explica puntualmente: «La intención aquí es su misión anterior a su pueblo, los habitantes de Nínive».380 De este modo, al-Zamakhsharī resuelve el problema mediante la gramática. El Corán simplemente ha mencionado con posterioridad un hecho que debe sobrentenderse con anterioridad (taqdīm al-muʾakhkhar).

Ibn Kathīr sigue la secuencia de al-Zamakhsharī en su discusión de al-Anbiyāʾ (21) 87–8. Jonás es tragado por el pez solo después de abandonar Nínive.381 No obstante, cuando Ibn Kathīr llega a al-Ṣāffāt (37) 139–48 cita una tradición contradictoria según la cual la misión de Jonás tuvo lugar después del incidente del pez.382 En su haber, Ibn Kathīr reconoce la contradicción y propone una explicación. Sugiere que Jonás fue a Nínive dos veces: «No hay motivo por el cual no pudiera haber regresado, tras salir del pez, ante el pueblo al que fue enviado por primera vez, y que ellos creyeran entonces en él».383 Asimismo, menciona una solución propuesta por al-Baghawī (Abū Muḥammad al-Farrāʾ, m. 516 / 1122): que Jonás fue enviado a cierto pueblo antes del incidente del pez, y a un pueblo diferente con posterioridad.

La salvación del pueblo de Jonás

Por descontado, la sola idea de la fe y la salvación del pueblo de Jonás es en sí misma extraordinaria, puesto que el Corán abunda en ejemplos de pueblos (los de Noé, Lot, Hūd, Ṣāliḥ, etc.) que se negaron obstinadamente a creer y fueron destruidos. Es más, en Yūnus (10) 98 el Corán sugiere que el pueblo de Jonás creyó solo después de que Dios hubiera decidido destruirlos. Apenas unos versículos antes (Q 10.90–2), el Corán describe cómo Faraón se arrepintió y fue salvado in extremis, mas su pueblo murió ahogado a pesar de ello (cf. Q 7.136; 8.54; 17.103). Al-Ṭabarī señala que la fe del pueblo de Jonás les benefició, «mientras que la fe de Faraón no le benefició cuando se estaba ahogando».384 A la luz de la naturaleza extraordinaria de la salvación del pueblo de Jonás, los mufassirūn emplean todas sus energías creativas para ilustrar la efusión con la que se arrepintieron.

El Tafsīr Muqātil relata que el pueblo de Jonás se arrepintió únicamente cuando vio de facto el castigo descender sobre sus cabezas. Se vistieron de sayal, derramaron ceniza sobre sus cabezas, separaron a las madres de sus hijos y a las mujeres de sus maridos, y clamaron a Dios colectivamente. Ante esto, Dios retiró el castigo (Q 10.98).385

Según al-Ṭabarī, «el temor al castigo divino envolvió al pueblo de Jonás como una mortaja envuelve la tumba».386 Toda la ciudad subió a un lugar alto y oró fervientemente;387 «se vistieron de sayal, separaron a cada bestia de su cría y clamaron a Dios durante 40 días».388 De acuerdo con otra tradición, buscaron a un sabio que les enseñó a orar con las siguientes palabras: «Oh Viviente, no hay más Dios que Tú».389

Al-Zamakhsharī relata en un pasaje que los ninivitas se arrepintieron únicamente cuando vieron a Jonás huir de la ciudad.390 En otro lugar, explica que ignoraron su predicación comentando: «Cuando veamos la aproximación (asbāb) de la aniquilación, creeremos en ti».391 Al-Zamakhsharī prosigue:

Cuando hubieron transcurrido treinta y cinco días, una terrible nube negra, con un denso humo, cubrió el cielo. Descendió hasta envolver su ciudad, ennegreciendo sus tejados. Ante esto, se vistieron de sayal y salieron a un punto elevado con sus mujeres, crías y animales. Separaron a las mujeres de sus hijos y a los animales de sus crías. Sintieron gran compasión mutua. Sus voces y sus lamentos ascendieron a lo alto. Manifestaron así su fe, arrepentimiento y súplica. Dios tuvo misericordia de ellos y les retiró el castigo. Era un viernes y el día de ʿĀshūrāʾ.392

En su comentario a Yūnus (10) 98, Ibn Kathīr describe la conversión del pueblo de Jonás en términos similares. Sostiene que los habitantes de Nínive se arrepintieron cuando perdieron el rastro de Jonás y Dios «infundió el temor en sus corazones».393 En otros pasajes, no obstante, Ibn Kathīr explica que tomaron en serio las profecías de destrucción de Jonás solo cuando supieron que un profeta no miente.394

Subtexto

En su mayor parte, el Corán sigue de cerca la narrativa bíblica de Jonás. En efecto, las referencias y alusiones coránicas a la historia de Jonás no plantean problema alguno a quien esté familiarizado con el relato bíblico. En cuanto a la cuestión de las faltas de Jonás, la historia bíblica no solo acepta que Jonás es un profeta imperfecto, sino que enfatiza —e incluso exagera— sus imperfecciones. El Jonás bíblico huye de Dios y se dirige a Tarsis, el confín del mundo (Jonás 1:3), claramente convencido de que Dios no gobierna sobre el mundo entero (cf. Q 21.87).395 Cuando Dios responde desatando una tempestad sobre el mar, son los marineros gentiles, y no Jonás, quienes temen el nombre de Yahweh (Jonás 1:9–10). Cuando Jonás es tragado por el pez, se arrepiente, alaba a Dios (Jonás 2:2–10; cf. Q 21.87–8; 37.143–4) y, una vez vomitado en tierra firme, prosigue hacia Nínive (Jonás 3:3). Con todo, Jonás apenas predica allí con gran entusiasmo. Recorre tan solo un día de camino en una ciudad que requiere tres jornadas para ser atravesada (Jonás 3:3) y proclama una sola frase a sus gentes (Jonás 3:4). Más adelante, Jonás lamenta haber predicado en absoluto, y se enfurece cuando Dios perdona a la ciudad (Jonás 4:1–2), enfurecido hasta el punto de desear la muerte (Jonás 4:3). La furia de Jonás, desde luego, se debe en parte a la identidad simbólica de Asiria como enemiga y opresora de Israel. El Corán no explicita este punto en ningún momento, pero tampoco lo hace el Libro de Jonás, al menos no de manera abierta. En cualquier caso, el Corán sigue de cerca la caracterización bíblica de Jonás como el profeta recalcitrante y, con suma pertinencia, se vale de él como ejemplo admonitorio para su audiencia (Q 68.48).

De igual modo, la cuestión de la secuencia de los acontecimientos se resuelve cuando el Corán se lee en interlocución con su subtexto bíblico. Si el Corán se lee aisladamente, al-Ṣāffāt (37) 139–48 parece sugerir tanto que la misión precedió al incidente del pez (v. 140) como que fue posterior a este (vv. 147–8). Ibn Kathīr se pregunta en consecuencia si Jonás tuvo dos misiones distintas.396 Sin embargo, cuando se siguen las propias referencias coránicas a la historia bíblica de Jonás, el callejón sin salida desaparece por completo. En ella, Jonás no parte (Q 37.140) de Nínive, sino de dondequiera que se encontrase (presumiblemente Palestina) cuando Dios lo llamó por primera vez (Jonás 1:2–3). El incidente del pez acaece a continuación (Q 37.142–5; Jonás 1–2), luego la misión (Jonás 3) y, posteriormente, el incidente del árbol o enredadera (Jonás 4).

Por supuesto, al-ṣāffāt, a diferencia del relato bíblico de Jonás, alude al incidente del árbol (Q 37.146) antes de referirse a la misión (Q 37.147–8). Pero el conflicto es sólo aparente, dado que la alusión coránica a la misión de Jonás aquí no se corresponde con la narración de Jonás 3 (cuestión abordada, en cambio, en Q 10.98). Corresponde más bien al epílogo de la historia en Jonás 4. Cuando el Corán (Q 37.145) se refiere a que Dios arrojó a Jonás a un lugar desolado (cf. Q 37.145: ʿarāʾ), no está aludiendo a que el pez lo vomitara en la orilla (cf. Jonás 2.11), como sostienen los mufassirūn, sino más bien a la estancia de Jonás al oriente de Nínive (Jonás 4.5). La aridez del lugar queda implícita en la noticia de que Jonás construyó un cobertizo (Jonás 4.5) y de que Dios le proveyó de una enredadera que le daba sombra (Q 4.146; Jonás 4.6). Cuando Dios destruye esta misma planta (Jonás 4.7) y envía un viento abrasador y un sol abrasante (Jonás 4.8), lo hace para darle a Jonás una lección de compasión:

Respondió Yahveh: «Tú te conmueves por el ricino, que no te ha costado ningún esfuerzo y que no hiciste crecer, el cual brotó en una noche y en una noche pereció. ¿Y no he de conmoverme yo por Nínive, la gran ciudad, en la que hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, por no hablar de todos los animales?» (Jonás 4.10–11)

Estas son las palabras que se reflejan en la conclusión del pasaje sobre Jonás en al-ṣāffāt: «Lo enviamos a cien mil o más. Creyeron y les dimos un respiro por un tiempo» (Q 37.147–8).

Por último, en cuanto a la cuestión de la extraordinaria salvación del pueblo de Jonás (cf. Q 10.98a), el Corán desarrolla aquí un importante tema bíblico. La insistencia del Corán (Q 10.98b) en que el pueblo de Jonás se salvó después de que Dios hubiera determinado destruirlo resulta problemática para los mufassirūn,397 pero constituye un comentario sumamente acertado sobre el relato bíblico. En efecto, en la Biblia Jonás no acude a advertir a los habitantes de Nínive, sino simplemente a anunciar la destrucción de su ciudad (Jonás 3.4). Aun así, el pueblo responde creyendo en Dios y confiando en su misericordia (Jonás 3.5). El propio rey se viste de sayal, se sienta sobre un montón de ceniza (Jonás 3.6) y ordena a su pueblo manifestar signos de arrepentimiento.398 Con esta escena hiperbólica, el libro de Jonás funciona como una sátira para humillar a Israel. Los gentiles, que en las narraciones del Pentateuco y de los Libros Históricos son los enemigos de Yahveh,399 temen la palabra de Yahveh más que el propio profeta israelita.

Sin embargo, cuando el Corán cita el extraordinario ejemplo del pueblo de Jonás, no se ocupa de Israel, sino de su propio auditorio. En yūnus (10) 93, el Corán hace referencia a las discordias entre los judíos que surgieron una vez que Dios les hubo otorgado la revelación. A partir de allí se vuelve hacia su audiencia, mencionando cuántas personas niegan las advertencias de Dios hasta el momento mismo de su perdición (Q 10.95–7). Sólo entonces cita el Corán el ejemplo de Nínive, lamentando: «Si tan solo otra ciudad hubiera creído, y beneficiádose de su creencia, aparte del pueblo de Jonás» (Q 10.98a).

A primera vista, esta mención resulta extraordinaria. Aparte de Jonás, ninguno de los profetas bíblicos mayores o menores aparece en el Corán. Y difícilmente podría considerarse a Jonás como el más prominente de aquellos profetas. En efecto, en el Antiguo Testamento queda empequeñecido ante Isaías, Jeremías, Ezequiel y otros.

No sucede así, empero, en el Nuevo Testamento. Tanto Mateo como Lucas presentan a Jesús insistiendo en que el único signo que se le dará a su generación es el «signo de Jonás» (Mt 12.39; Lc 11.29). Si bien Mateo (12.40) hace que Jesús compare su muerte y resurrección con la permanencia de Jonás en el pez, el sentido primordial de esta expresión, tanto para Mateo como para Lucas, parece residir en el modo en que Jesús (al igual que Elías antes de él) es rechazado por su propio pueblo. Así, Jesús proclama: «En el Día del Juicio los hombres de Nínive se levantarán contra esta generación y la condenarán, porque ante la predicación de Jonás se arrepintieron; y miren, aquí hay algo más grande que Jonás» (Mt 12.41; cf. Lc 11.32). En yūnus (10) 98 el Corán hace referencia a la historia de Jonás de forma exactamente idéntica: para contrastar el arrepentimiento del pueblo de Jonás con la obstinación de su propia audiencia. Así, las alusiones del Corán al relato de Jonás reflejan el contenido del libro veterotestamentario, pero la interpretación homilética del Nuevo Testamento.400

La evidencia filológica sugiere asimismo que el Corán se halla en diálogo con la interpretación cristiana de la historia de Jonás. La forma coránica del nombre Jonás, Yūnus, está conectada con el arameo cristiano palestinense Yūnis (del griego Ἰωνᾶς),401 y no con el hebreo Yōnā.402 El epíteto coránico de Jonás, dhū l-nūn («el Hombre del Pez»; Q 21.87), refleja también un subtexto cristiano, en la medida en que nūn guarda relación con el siriaco nūnā, no con el hebreo dāgā.403 Es importante advertir, entonces, la tradición homilética cristiana en la cual Jonás es una alegoría de la obstinación de los judíos y de la misericordia de Dios hacia las naciones.404 Esta tradición aparece no sólo en los Evangelios de Mateo y Lucas, sino también en una homilía (mēmrā) de Efrén sobre El arrepentimiento de Nínive.405 En ella, Efrén relata cómo Jonás se maravillaba ante la dureza de corazón de los judíos —un tropo que resulta también central para el Corán (Q 5.13; cf. EC 10)— y ante la misericordia de Dios:

Se sonrojó por los hijos de su propio pueblo. Vio que los ninivitas salían victoriosos. Y lloró por la simiente de Abraham. Vio a la simiente de Canaán en su sano juicio, mientras que la simiente de Jacob estaba obcecada; Vio a los incircuncisos heridos en el corazón, mientras que los circuncidados lo habían endurecido.406

El Corán, al igual que Efrén, se sirve del relato de Jonás para transmitir un mensaje sobre el arrepentimiento humano y la misericordia divina. Es este mensaje el que, en última instancia, explica el interés del Corán por la figura de Jonás, con exclusión de casi todos los demás profetas bíblicos.

Notas

  1. O quizá: «¿Por qué ninguna ciudad llegó a creer, y se benefició de su fe, aparte del pueblo de Jonás?». ↩

  2. Para Speyer (BEQ, 410), la indicación coránica de que al pueblo de Jonás se le concedió un plazo «por un tiempo» (ilā ḥīn) es una alusión a la posterior destrucción de Nínive (a manos de los babilonios y otros en 612 a. C.). Sugiere que Muḥammad añadió esta precisión para excluir la posibilidad de que alguien familiarizado con la historia del Imperio asirio pudiera servirse de la noticia de la destrucción de Nínive para cuestionar su predicación acerca de la salvación de dicha ciudad. Más verosímilmente, esta indicación refleja menos una preocupación por la exactitud histórica que por la rima. Ambos versículos en los que aparece esta nota (Q 10:98; 37:148) se sitúan en pasajes donde el esquema de rima coránico (fāṣila) se fundamenta en una penúltima ī o ū. Al añadir «wa-mattaʿnāhum ilā ḥīn» a la palabra dunyā (que rompería la rima), el Corán logra mantener este esquema. ↩

  3. Aun así, el Corán incluye a Jonás en dos listas independientes (Q 4:163; 6:86) de mensajeros divinos. ↩

  4. El imaginario del relato de Jonás parece asimismo estar conectado con otros tópicos coránicos, si no haberlos configurado directamente. En al-Isrāʾ (17):66–69, por ejemplo, el Corán lamenta que los seres humanos solo reconozcan su dependencia de Dios y recurran a Él en súplica cuando se encuentran en el mar. De manera análoga, solo cuando el Faraón se enfrenta a la muerte en el mar se arrepiente y es salvado por Dios, al menos en su cuerpo (Q 10:90–92). ↩

  5. Para un panorama más amplio de las opiniones exegéticas sobre esta cuestión, véase H. Busse, «Jonah», EQ, 3:53–54. ↩

  6. Cf. 2 Reyes 18:1; heb. Ākhāz; sir. Ahār. La edición del Tafsīr Muqātil lee Ajār. ↩

  7. Tafsīr Muqātil, 3:90, ad Q 21:87. ↩

  8. Qummī, 2:49, ad Q 21:87. ↩

  9. Ibíd., 1:318–319, ad Q 10:98. ↩

  10. Ṭabarī, 17:77, ad Q 21:87. ↩

  11. Ibíd. Sobre esta postura, véase también Ṭabarī, 11:170, ad Q 10:98. ↩

  12. Una tradición que respalda esta postura (transmitida con la autoridad de Wahb b. Munabbih) refuta directamente la opinión de que Jonás estuviera airado con su pueblo (la primera postura), insistiendo en que quienes la siguen lo hacen «únicamente porque niegan que un profeta pueda enojarse con Dios». Ṭabarī, 17:77, ad Q 21:87. ↩

  13. Ṭabarī, 17:77, ad Q 21:87. ↩

  14. Busse señala que algunos mufassirūn que insisten en que Jonás estaba airado con su pueblo y no con Dios explican que el incidente con el pez no fue en realidad un castigo, sino más bien una «corrección» (taʾdīb). Busse, «Jonah», EQ, 3:54b. ↩

  15. Ṭabarī, 17:78, ad Q 21:87. ↩

  16. Zamakhsharī, 3:131, ad Q 21:87. ↩

  17. Ibíd. ↩

  18. Ibíd., 3:132. ↩

  19. Ibíd. ↩

  20. Ibíd. ↩

  21. Ibn Kathīr, 3:180, ad Q 21:87–88. Cf. la tradición análoga en p. 3:181. ↩

  22. Ibn Kathīr, 3:181, ad Q 21:87–88. Ibn Kathīr transmite una segunda versión de esta tradición en el contexto de Q 37:143–144 («Si no hubiese sido de los que glorifican, habría permanecido en su vientre hasta el Día de la Resurrección»). Aquí los ángeles explicitan el motivo de su intercesión: «¿No tendrás misericordia de él y lo salvarás en el momento de la aflicción, en consideración a [el bien que] hizo en el tiempo de prosperidad?». Ibn Kathīr, 4:20, ad Q 37:139–148. ↩

  23. Ibn Kathīr, 4:19, ad Q 37:139–148. ↩

  24. Tafsīr Muqātil, 3:621, ad Q 37:147. ↩

  25. Ibíd., ad Q 37:146. ↩

  26. Qummī, 1:318–319, ad Q 10:98. Qummī prosigue luego (p. 319) con una notable tradición según la cual los judíos desafían a ʿAlī b. Abī Ṭālib a que describa adónde llevó el pez a Jonás. Este responde que el pez lo condujo primero al mar Rojo (baḥr al-Qulzum; presumiblemente bajo la premisa de que Jonás zarpó desde el Ḥijāz), luego al mar de Egipto (es decir, el Mediterráneo), luego al mar de Ṭabaristān (es decir, el Caspio), luego al Tigris y después bajo la tierra. Allí se encontró con Coré (Qāraḥ / Qārun), quien había sido tragado por la tierra (Q 28:79–81) y permanecía en sus entrañas como castigo. Cuando Coré escuchó el sonido de Jonás orando dentro del pez, le llamó. Jonás respondió: «Soy el transgresor, el pecador, Jonás b. Mattay», respondió una voz. Ambos mantuvieron una conversación durante la cual Coré expresó remordimiento por lo que le había hecho al pueblo de Moisés. Ante esto, Dios lo liberó de su prisión subterránea. Teniendo a Coré por modelo, Jonás clamó a Dios en las tinieblas (cf. Q 21:87): «No hay más dios que Tú, ¡gloria a Ti! En verdad he sido de los transgresores». Dios, respondiendo a su plegaria, ordenó al pez que subiera a Jonás y lo vomitara en tierra firme. Cf. Pirqē de-Rabbī Elīʿezer (10; ed. Börner-Klein, 103), donde Jonás se encuentra con los hijos de Coré, quienes se hallan orando directamente debajo del Templo. ↩

  27. Qummī, 1:319, ad Q 10.98. Existe una gran discrepancia entre los intérpretes acerca de la identidad de este árbol al que el Corán denomina yaqṭīn (Pickthall: «un árbol de calabaza» [a tree of gourd]; Yusuf Ali: «una planta rastrera de la familia de las cucurbitáceas» [a spreading plant of the gourd kind]; Paret: «Kürbispflanze [?]»). El Tafsīr Muqātil (3:621, ad Q 37.146) lo describe como una calabacera que proporcionaba sombra a Jonás, quien además bebía la leche de su fruto. Aunque el Tafsīr Muqātil por lo general no recurre a tradiciones, aquí se citan tres para validar su punto de vista, indicio de que se trataba de una cuestión exegética sumamente controvertida. Por su parte, Qummī glosa yaqṭīn con dubbāʾ (un tipo de calabaza) en dos pasajes (1:319, ad Q 10.98; 2:200, ad Q 37.146). En un tercero (1:320, ad Q 10.98) lo hace con qaraʿ (otro tipo de calabaza), añadiendo que brindó sombra a Jonás después de que se le hubiera caído el cabello y su piel se hubiera vuelto fina (y vulnerable al sol en un paraje desolado) debido al tiempo que pasó dentro del pez. Ṭabarī presenta un amplio panorama de este debate (23:102–3, ad Q 37.146). Según dos tradiciones, se trata de una planta que no crece más alto que la pierna de una persona. Según otra, es cualquier planta que brota y muere en el transcurso de un año. Según tres tradiciones, es dubbāʾ. Según una tradición, es baṭṭīkh («sandía»). Según ocho tradiciones, es qaraʿ. Conforme a una última tradición, no es ninguna de estas, sino un árbol diferente llamado únicamente yaqṭīn, con el cual Dios dispuso sombrear a Jonás. Zamakhsharī (4:62, ad Q 37.133–48) incluye asimismo la higuera y el platanero entre las propuestas. Ibn Kathīr (4:20, ad Q 37.139–48) cita un verso poético de Umayya b. Abī l-Ṣalt en su descripción de este árbol. Qummī conserva también material relativo al propósito didáctico de este árbol. Según Qummī, cuando Jonás se entristeció por la muerte del árbol, Dios le preguntó: «¿Te entristeces por un árbol que no plantaste ni regaste [...] pero no te entristeces por el pueblo de Nínive, más de cien mil [cf. Q 37.147] personas sobre las cuales estuve a punto de enviar la destrucción?», Qummī, 1:320, ad Q 10.98. De forma semejante, Ṭabarī transmite que cuando el árbol murió y Jonás se quejó del calor, Dios le dijo: «¿Te acongoja el calor del sol, pero no te acongojan los cien mil o más que se han arrepentido ante mí?», Ṭabarī, 23:104, ad Q 37.146. ↩

  28. Ṭabarī, 23:105, ad Q 37.147–9. ↩

  29. Ibíd. En otro lugar (11:170, ad Q 10.98) Ṭabarī manifiesta su preferencia por esta última postura. ↩

  30. Zamakhsharī, 4:62, ad Q 37.133–48. ↩

  31. Ibn Kathīr explica que Jonás abandonó Nínive indignado por la obstinación de su pueblo y acto seguido subió a bordo de un barco. Al desatarse una tempestad, los marineros decidieron elegir por sorteo a alguien a quien arrojar por la borda a fin de aligerar la nave. La suerte recayó en Jonás y este se arrojó al mar. No obstante, Dios envió un pez procedente del océano exterior (Al-baḥr al-akhḍar; cf. D. M. Dunlop, «Al-Baḥr al-Muḥīṭ», EI^2^, 1:934a) para que se lo tragara. Dios dio instrucciones a este pez: «No comas su carne ni quiebres sus huesos, pues Jonás no ha de ser sustento para ti, sino que tu vientre ha de ser una prisión para él». Jonás se puso a orar desde el vientre del pez, declarando: «¡Oh Señor!, he hecho de este lugar, al que ninguna otra persona ha llegado, una mezquita para ti». Ibn Kathīr, 3:181, ad Q 21.87–8. Cf. 4:19–20, ad Q 37.139–48. ↩

  32. Ibn Kathīr, 4:20, ad Q 37.137–48. Ibn Kathīr registra también una tradición según la cual el pez arrojó a Jonás junto al Tigris, el río asociado (como en la tradición de Ṭabarī antes citada) a Nínive, donde Jonás llevaría a cabo su misión. Una segunda tradición, empero, menciona Yemen. Ibn Kathīr concluye: «Dios sabe más». ↩

  33. Ibn Kathīr, 4:21, ad Q 37.137–48. ↩

  34. Ṭabarī, 11:170, ad Q 10.98. ↩

  35. Tafsīr Muqātil, 2:250, ad Q 10.98. ↩

  36. Ibíd. ↩

  37. Ṭabarī, 11:171, ad Q 10.98. ↩

  38. Ibíd., 11:172. ↩

  39. Ibíd. Esta última tradición reviste trascendencia doctrinal, pues sugiere que la piedad por sí sola no conduce a la salvación: se requiere, asimismo, una práctica religiosa adecuada. ↩

  40. Zamakhsharī, 2:371, ad Q 10.98. ↩

  41. Ibíd. ↩

  42. Ibíd., 2:371–2. El último apunte relativo a ʿĀshūrāʾ refleja verosímilmente la familiaridad de Zamakhsharī con las prácticas penitenciales chíitas de ese día, en el que se conmemora el martirio de Ḥusayn. Zamakhsharī añade más adelante (2:372) que el pueblo de Jonás buscó asimismo a un sabio para que les enseñara a orar. Este les instruyó para que dijeran: «¡Oh Viviente sin el cual no hay vida!, ¡oh Viviente que devuelve la vida a los muertos!, ¡oh Viviente, no hay más dios que tú!». ↩

  43. Se vistieron de sayal, separaron a los animales de sus crías y clamaron a Dios durante cuarenta noches. Hallaron a un docto que les enseñó a orar. Ibn Kathīr, 2:410, ad Q 10.98. ↩

  44. Ibn Kathīr, 3:180, ad Q 21.87–8. ↩

  45. El texto midrásico Mekīltā de-Rabbī Shimʿōn (ca. siglos III–IV d. C.) hace que Jonás imagine que Yahveh solo tiene poder en la tierra: «Pero Jonás pensó: Iré fuera de la tierra, donde la Shekinah no se revela». Mekīltā, trad. J. Z. Lauterbach, Filadelfia: Jewish Publication Society of America, 1976, 1:7 (cf. 8). En los Pirqē de-Rabbī Elīʿezer (10, ed. Börner-Klein, 93), Jonás expresa una idea similar: «Huiré a un lugar donde no se mencione su gloria. Si voy a los cielos, se dice que su gloria está allí, pues está dicho: "Su gloria está por encima de los cielos" (Sal 113:4). Si en la tierra, se dice que su gloria está allí, pues está dicho: "Toda la tierra está llena de su gloria" (Isaías 6:3)». ↩

  46. Ibn Kathīr, 4:21, ad Q 37.137–48. ↩

  47. Speyer (BEQ, 410) conjetura que a Muḥammad le resultó arduo comprender el relato de Jonás, el cual difiere radicalmente del relato coránico estándar de castigo. ↩

  48. «Ningún hombre ni animal, ganado vacuno u ovino, probará bocado; no pastarán ni beberán agua. Que todos se cubran de sayal y clamen a Dios con todas sus fuerzas; y arrepiéntase cada cual de su mal camino y de la violencia que haya en sus manos. ¿Quién sabe si Dios cambiará de parecer, se aplacará y desistirá del ardor de su ira, de modo que no perezcamos?». Jonás 3:7b–9. ↩

  49. En el Éxodo, por ejemplo, los israelitas son atacados inmediatamente después de su salida de Egipto por los amalecitas (Éx 17.8–13). Cuando Israel prevalece, Yahveh explica a Moisés: «Escribe esto en un libro para que sirva de memorial, y transmíteselo a Josué, porque borraré por completo la memoria de Amalec de debajo del cielo» (Éx 17.14). En efecto, tal como explica el Libro de Samuel, muchas generaciones después Yahveh envió a Saúl a aniquilar a los amalecitas (1 Samuel 15). En otra parte del Libro de Samuel, los filisteos derrotan a Israel y llevan el Arca de la Alianza, es decir, la sede de Yahveh mismo, a su templo en Gaza. Sin embargo, Yahveh humilla a su dios Dagón, quien cae repetidamente sobre su rostro, mientras hiere a los filisteos con tumores (1 Samuel 5). En el Libro de Jonás, en cambio, los ninivitas obedecen a Yahveh y Yahveh manifiesta compasión por ellos, e incluso por sus animales (Jonás 4.11). ↩

  50. B. Heller y A. Rippin describen el material coránico sobre Jonás como una «recreación perifrástica de la historia». «Yūnus b. Mattā», EI^2^, 11:348b. A la luz de su relación con el Nuevo Testamento, sin embargo, este material podría describirse mejor como una «recreación homilética» del mismo. ↩

  51. Véase F. Schulthess, Lexicon Syropalaestinum, Berlín: Reimer, 1903, 82a. ↩

  52. Sobre esto, véase Jeffery (FV, 296). Otros (Hirschfeld, Beiträge, 56; Rudolph, Abhängigkeit, 47; KU, 155; Mingana, «Syriac influence on the style of the Kurʾān», 83) desconocen la forma del arameo palestino y consideran únicamente el siriaco Yūnān (véase TS, 1581). Dado que este siriaco no coincide con el coránico Yūnus, sostienen que esta última forma procede directamente del griego. ↩

  53. Cf. FV, 282; Mingana, «Syriac influence on the style of the Kurʾān», 84. ↩

  54. Para un examen detallado de los comentarios siriacos sobre la historia de Jonás, véase J. M. Heisler, Gnat or Apostolic Bee: A Translation and Commentary on Theodoret’s Commentary on Jonah, tesis doctoral, Florida State University, 2006. ↩

  55. Esta homilía se conserva únicamente en forma griega, pero su autenticidad es generalmente aceptada. Para el texto, véase S. Ephraem Syri opera omnia quae exstant graece, syriace, latine, in sex tomos distributa, ed. J. S. Assemani, P. Mobarek y S. E. Assemani, Roma: s. e., 1732–46, 2:359–87; trad. inglesa: The Repentance of Nineveh: A Metrical Homily on the Mission of Jonah, by Ephraem Syrus, trad. H. Burgess, Londres: Blackader, 1853. Respecto a la historia y el contenido de la homilía, véase D. Hemmerdinger-Illiadou, «Saint Éphrem le Syrien: Sermon sur Jonas (Texte grec inédit)», Le Muséon 80, 1967, 47–74. ↩

  56. The Repentance of Nineveh, 5:77–87, trad. Burgess, 58. ↩