33 En verdad, Dios eligió a Adán, a Noé, a la familia de Abraham y a la familia de ʿImrān por encima de los mundos,
34 como descendencia los unos de los otros. Y Dios es Omnioyente, Omnisciente.
35 [Recuerda] cuando la mujer de ʿImrān dijo: «¡Señor mío! He consagrado a Ti lo que hay en mi vientre, como ofrenda exclusiva. Acéptalo, pues, de mí. En verdad, Tú eres el Omnioyente, el Omnisciente».
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El lenguaje de «ser escogido por Dios» (muṣṭafā) se emplea en relación con diversas figuras en el Corán (véase 3:42; 6:84–87; 7:144; 38:47). De hecho, uno de los nombres del Profeta Muhammad es al-Muṣṭafā, «el Elegido». Familia [o casa] se emplea aquí en el sentido de linaje familiar. Al igual que en otros lugares, como 21:71, sobre todos los mundos podría leerse también como «sobre todas las gentes» y se emplea asimismo en conexión con otras figuras (por ejemplo, 2:47; 6:86; 7:140).
ʿImrān es el nombre del padre de María (también en el v. 35; 66:12), quien no es nombrado en la Biblia, pero es conocido en la literatura extrabíblica como Joaquín, que significa «Aquel a quien Yahvé levantó». Los comentaristas que equiparan el nombre ʿImrān con el hebreo Amram (el nombre del padre de Moisés) y que por tanto creen que tanto el padre de Moisés como el padre de María se llamaban por separado ʿImrān, no parecen tener conocimiento del nombre de Joaquín. El Corán y el Ḥadīz no nombran al padre de Moisés; de ahí que no esté claro cómo se produjo la equiparación entre ʿImrān y Amram, aun cuando comentaristas tan tempranos como Muqātil (m. 150/767) parecen aceptarla y establecen una distinción explícita entre ambos (incluidos los siglos que median entre ellos). Es digno de mención que ʿImrān proviene de la raíz ʿ-m-r, entre cuyos significados figuran «erigir», «edificar» o «levantar». El nombre es afín a la palabra ʿumrān, que significa edificio, estructura o civilización construida, y la terminación -ān es sumamente común en árabe, como en el nombre ʿUzmān y en muchos otros vocablos, tales como gaḍbān, subḥān, sakrān, ḥirmān, ḥasrān, furqān. Podría conjeturarse que ʿImrān Allāh equivale a Yehoyaqim.
Como descendientes, unos de otros se entiende en términos de linaje de sangre, en cuanto que la Familia de ʿImrān desciende de la Familia de Abraham, que a su vez desciende de Noé, quien descendía de Adán (M). Se entiende también como una filiación espiritual, en la medida en que estas casas y figuras se encuentran enlazadas a través de su adoración y obediencia al Dios Único (Ṭ). El versículo puede leerse asimismo como una manera de no elevar un linaje familiar por encima de otro, dado que la frase aquí vertida como unos de otros aparece como sois los unos de los otros en 4:25 (M).
[Recuerda] cuando traduce la partícula árabe iḏ, que indica conexión con algo que ha precedido. En este caso se afirma que está vinculada, como ocurre a menudo, con la orden implícita uḏkur, que significa «recuerda» o «menciona». Se relata que el padre de María, ʿImrān, murió antes de que ella naciera, y su madre, Ḥannah (Ana), prometió consagrar a su criatura al servicio del Templo, para estudiar y aprender del Libro y hallarse libre de otras obligaciones fuera del servicio y la adoración (R, Ṭ).
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El nombre ʿImrān (v. 33) parece corresponderse con el bíblico Amram, el padre de Moisés, Aarón y Miriam (la forma hebrea de «María») (cf. Num 26:59; 1Ch 5:29; también Exo 15:20). Aquí (cf. Q 66:12), sin embargo, aparece como el padre de María, la madre de Jesús. El Corán confunde así a las dos Marías, del mismo modo en que lo hace cuando describe a María como «hermana de Aarón» (Q 19:28; nótese cómo en esa misma azora, 19:53, Moisés es llamado el «hermano de Aarón»). Dicha confluencia es con toda probabilidad una confusión (sobre esto véase Geiger, Judaism and Islam, 136–37), si bien algunos especialistas sostienen que se trata de un recurso intencional para enfatizar el vínculo de María con el templo de Jerusalén donde (según la tradición que el Corán sigue en este pasaje) fue criada. El autor cristiano siriaco del siglo IV Afraates traza un paralelismo entre las dos Marías: «Miriam se apostó a la orilla del río cuando Moisés flotaba en el agua; y María dio a luz a Jesús, después de que el ángel Gabriel le hubo hecho la anunciación» (Demonstrations 21:10).
El Corán sigue aquí de cerca el Protoevangelio de Santiago, una obra cristiana griega compuesta a finales del siglo II y traducida al siriaco en el siglo V. En el Protoevangelio, la madre de María (Ana; hb. «Hannah») es estéril, pero ante sus lamentos, Dios envía a un ángel del cielo para anunciarle que concebirá un hijo. En acción de gracias, Ana proclama que consagrará a la criatura al servicio de Dios en el templo de Jerusalén. La escena recapitula la de Ana en 1 Samuel, con una salvedad fundamental: mientras que la Ana del Antiguo Testamento pide a Dios un hijo varón (dado que «todo primogénito varón pertenece al Señor»; Exo 13:12), Ana (al igual que la esposa de ʿImrān en el Corán) manifiesta ante Dios su disposición a aceptar tanto a un varón como a una hembra (cf. Q 3:36):
Y he aquí que un ángel del Señor se le presentó y dijo: «Ana, Ana, el Señor ha escuchado tu súplica. Concebirás y darás a luz, y de tu prole se hablará en el mundo entero». Y Ana dijo: «Vive el Señor mi Dios, que si doy a luz una criatura, sea varón o hembra, la ofreceré como don al Señor mi Dios, y estará a su servicio todos los días de su vida». (Protoevangelium 4.1, énfasis añadido)
El modo en que el Corán presenta a la madre de María encomendando a esta y a sus «descendientes» (es decir, Jesús) a la protección divina frente al diablo podría aludir a la doctrina cristiana de que María y Jesús estuvieron exentos de pecado. Respecto a la referencia a Satán como «lapidado» (ár. rajīm), véase el comentario a 15:26–35.