97 Quienquiera que sea enemigo de Gabriel: ciertamente él es quien lo hizo descender sobre tu corazón con el permiso de Dios, confirmando lo que había antes de él, y como guía y buena nueva para los creyentes.
98 Quienquiera que sea enemigo de Dios, de Sus ángeles y de Sus mensajeros, y de Gabriel y Miguel: ciertamente Dios es enemigo de los incrédulos.
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Dos relatos, semejantes en su tenor, aportan el trasfondo de este versículo. Uno describe al Profeta siendo interrogado por un grupo de judíos que le plantean preguntas que solo un profeta verdadero podría responder, entre las cuales figura una acerca de quién le trajo a Muḥammad el mensaje de parte de Dios. Cuando responde que fue Gabriel, replican que lo habrían seguido si hubiera dicho Miguel, quien a sus ojos es un agente de misericordia, mientras que Gabriel es portador de guerra, muerte y destrucción (IK). En el segundo relato, ʿUmar ibn al-Jaṭṭāb visita a los judíos mientras estudian la Torá, refiriendo que lo hace porque se complace en experimentar la confirmación recíproca entre la Torá y el Corán. Ellos le dicen a ʿUmar que creen que Muḥammad es un profeta, pero que no le siguen porque están «en paz» con ciertos ángeles pero no con otros, y Gabriel pertenece a este último grupo. Esta afirmación deja estupefacto a ʿUmar, quien se indigna ante la idea de que un ángel pueda ser amigo y otro enemigo cuando ambos se hallan a ambos lados de Dios según afirman los propios judíos. Al regresar para hablar con el Profeta, este le informa de que este versículo ya ha sido revelado (IK).
Miguel es el ángel preeminente en la tradición judía; se le menciona en el libro de Daniel (10:13–21) como el príncipe de Israel y en la literatura judía posterior como el intercesor de Israel y el maestro de Moisés. En otra literatura judía Gabriel y Miguel comparecen a menudo con cualidades y funciones complementarias: Miguel es nieve y Gabriel fuego; Miguel es llamado el misericordioso, mientras que Gabriel está puesto al frente de «los poderes»; y se atribuyen cualidades de mansedumbre a Miguel y de rigor a Gabriel. El libro de Henoc, por ejemplo, aborda el concepto de los ángeles caídos junto con la distribución de las funciones y atributos angélicos. En el contexto de una literatura que exalta a Miguel al rango de principal protector y defensor de los Hijos de Israel y asigna a Gabriel funciones tales como la destrucción y la muerte (p. ej., el midrash describe a Gabriel como el destructor de Sodoma), no sorprende que para algunos judíos surgiera una tradición que convirtió a Gabriel en un enemigo de los judíos en la medida en que era contemplado en cierta literatura rabínica y de otra índole como portador de muerte y destrucción, mientras que Miguel era el patrono especial de Israel y la encarnación de la misericordia. En la literatura judía en su conjunto, sin embargo, Gabriel, aunque no goza de la estatura de Miguel, es visto bajo una luz positiva.
Para comentaristas musulmanes como al-Rāzī, al menos parte de la aparente enemistad de los judíos hacia Gabriel derivaba del hecho de que Muḥammad no pertenecía a Israel, en cuyo caso la invocación de la severidad de Gabriel no sería más que una excusa que encubría su desagrado ante el hecho de que un árabe fuera elegido como profeta y el agente de la revelación fuese Gabriel. Para los musulmanes, censurar a Gabriel equivale a censurar a Dios, Quien lo envió. Al-Rāzī señala asimismo que los judíos niegan sostener semejante creencia, pero responde observando que sus desviaciones del pasado, como la adoración del becerro, no son siempre un reflejo de su práctica posterior.
El mensaje de Dios es hecho descender sobre el corazón del Profeta (cf. 26:194; 53:10–11), dado que el corazón es la sede del conocimiento y la comprensión, no únicamente del sentimiento. Véase el c. 2:7, donde se analizan las dimensiones del corazón en el Corán.
La estructura de este versículo no significa que Gabriel y Miguel sean distintos de los ángeles; por ejemplo, 55:68 menciona dátiles y granadas tras aludir a las frutas. Por añadidura, a veces se hace referencia a los ángeles también como mensajeros (p. ej., 10:21; 11:77). En relación con la advertencia de este versículo, los comentaristas suelen recordar relatos del ḥadīz de tenor similar, tales como: «A quienquiera que sea enemigo de un amigo de Dios (walī), Dios le declara la guerra».