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Daniel 3

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Daniel 3 Mención en el comentario

…y no a los perseguidos (véase v. 7). El Corán podría estar aludiendo a la historia de los tres israelitas arrojados a un horno ardiente en Daniel 3 (donde aquellos que arrojaron a los israelitas al horno resultan muertos por sus llamas). En contraste, Rudi Paret (505–6)…

Daniel 3 en la Biblia de Jerusalén

Nabucodonosor erige una estatua de oro

1El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, de treinta metros de alta por tres de ancha, y la colocó en la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia.

2El rey Nabucodonosor mandó convocar a los sátrapas, prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, abogados y jueces, y a todas las autoridades provinciales, para que asistieran a la inauguración de la estatua que había erigido.

3Se reunieron, pues, los sátrapas, prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, abogados y jueces, y todas las autoridades provinciales, para la inauguración de la estatua erigida por el rey Nabucodonosor; y todos estaban en pie ante la estatua erigida por el rey Nabucodonosor.

4El heraldo pregonó con voz potente: «A todos los pueblos, naciones y lenguas se os hace saber:

5En el momento en que oigáis el sonido del cuerno, la flauta, la cítara, el arpa, el salterio, la zampoña y los demás instrumentos musicales, os postraréis para adorar la estatua de oro que ha erigido el rey Nabucodonosor.

6Y aquél que no se postre y la adore será inmediatamente arrojado a un horno de fuego abrasador.»

7Y efectivamente, en cuanto se escuchó el sonido del cuerno, la flauta, la cítara, el arpa, el salterio, la zampoña y los demás instrumentos musicales, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron a adorar la estatua de oro que había erigido el rey Nabucodonosor.

Denuncia y condena de los judíos

8Sin embargo, algunos caldeos se presentaron a denunciar a los judíos.

9Tomaron la palabra y dijeron al rey Nabucodonosor: «¡Viva el rey eternamente!

10Tú, majestad, has ordenado que todo hombre, al oír el sonido del cuerno, la flauta, la cítara, el arpa, el salterio, la zampoña y los demás instrumentos musicales, se postre y adore la estatua de oro,

11y que aquél que no se postre para adorarla sea arrojado a un horno de fuego abrasador.

12Pues bien, hay unos judíos, Sidrac, Misac y Abdénago, a quienes has encomendado la administración de la provincia de Babilonia, que no te hacen caso, majestad; no sirven a tu dios ni adoran la estatua de oro que has erigido.»

13Totalmente enfurecido, Nabucodonosor mandó llamar a Sidrac, Misac y Abdénago, y cuando fueron introducidos ante el rey,

14Nabucodonosor les dijo: «¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no servís a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que yo he erigido?

15¿Estáis dispuestos ahora, cuando oigáis el sonido del cuerno, la flauta, la cítara, el arpa, el salterio, la zampoña y los demás instrumentos musicales, a postraros para adorar la estatua que yo he hecho? Porque si no la adoráis, seréis inmediatamente arrojados a un horno de fuego abrasador; y entonces ¿cuál será el dios que os libre de mis manos?»

16Sidrac, Misac y Abdénago contestaron al rey Nabucodonosor: «No tenemos que responder sobre este asunto.

17Si el Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego abrasador y de tu poder, majestad, nos librará.

18Pero, si no lo hace, has de saber, majestad, que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que has erigido.»

19Entonces Nabucodonosor, lleno de cólera y con el semblante alterado a causa de Sidrac, Misac y Abdénago, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre,

20y ordenó que algunos de los hombres más fornidos de su ejército ataran a Sidrac, Misac y Abdénago y los arrojaran al horno de fuego abrasador.

21Al instante estos hombres fueron atados con sus calzones, túnicas, gorros y mantos, y fueron arrojados al horno de fuego abrasador.

22Como la orden real era apremiante y el horno estaba al rojo vivo, las llamaradas mataron a los hombres que habían llevado a Sidrac, Misac y Abdénago,

23mientras los tres hombres, Sidrac, Misac y Abdénago, caían atados dentro del horno de fuego abrasador.

Cántico de Azarías en el horno

24Caminaban entre las llamas alabando a Dios y bendiciendo al Señor.

25Entonces Azarías, de pie en medio del fuego, se puso a orar así:

26«Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza;
que tu nombre sea glorificado por los siglos.

27Porque nos has tratado con justicia,
todas tus acciones son veraces,
rectos todos tus caminos,
todas tus sentencias justas.

28Has aplicado condenas justas
en todo cuanto has ejecutado contra nosotros,
y contra Jerusalén, la ciudad santa de nuestros padres.
Todo lo has ejecutado verdadera y justamente,
a causa de nuestros pecados.

29Porque hemos pecado, hemos obrado mal, alejándonos de ti,
hemos fallado en todo y no hemos escuchado tus mandamientos,

30ni hemos obedecido,
ni hemos cumplido lo que se nos mandaba
para nuestro bien.

31Y en todo cuanto nos has enviado,
en todo cuanto nos has hecho,
has actuado con justicia fiel.

32Nos entregaste en poder de enemigos
sin ley, malvados y apóstatas,
y en poder de un rey injusto, el más perverso de toda la tierra.

33Y ahora no podemos ni abrir la boca,
la vergüenza y la deshonra abruman a tus siervos y a tus fieles.

34¡No nos abandones para siempre,
por el honor de tu nombre,
no rompas tu alianza,

35no nos niegues tu misericordia,
por Abrahán tu amigo,
por Isaac tu siervo,
por Israel tu consagrado,

36a quienes tú prometiste
multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo,
como la arena de la orilla del mar!

37Señor, somos el más insignificante de todos los pueblos
y hoy nos sentimos humillados en toda la tierra,
a causa de nuestros pecados.

38En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes;
ni holocaustos, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso,
ni un lugar donde ofrecerte las primicias y alcanzar tu misericordia.

39Pero acepta nuestra alma arrepentida y nuestro espíritu humillado,
como un holocausto de carneros y toros,
y millares de corderos cebados.

40Que éste sea hoy nuestro sacrificio ante ti
y volvamos a serte fieles,
porque los que en ti confían no quedarán avergonzados.

41Ahora que te seguimos de todo corazón, que te respetamos y buscamos tu rostro,
no nos avergüences.

42Trátanos conforme a tu bondad
y a tu gran misericordia.

43Sálvanos como en tus maravillosas gestas
y engrandece tu fama, Señor.

44Que sean humillados todos los que maltratan a tus siervos,
que se vean confundidos, privados de toda su fuerza y su dominio,
y que sea destruido su poder.

45Y que sepan que tú eres el Señor y el Dios único,
glorioso en toda la tierra.»

46Los siervos del rey que los habían arrojado al horno no cesaban de atizar el fuego con nafta, pez, estopa y sarmientos.

47Las llamas se elevaban cuarenta y nueve codos por encima del horno

48y, al extenderse, abrasaron a los caldeos que se encontraban junto al horno.

49Pero el ángel del Señor bajó al horno junto a Azarías y sus compañeros, expulsó las llamas de fuego fuera del horno

50e hizo que una brisa refrescante recorriera el interior del horno, de manera que el fuego no los tocó lo más mínimo, ni les causó ningún daño o molestia.

Cántico de los tres jóvenes

51Entonces los tres se pusieron a cantar a coro, glorificando y bendiciendo a Dios dentro del horno de esta manera:

52«Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,
alabado y ensalzado por los siglos.
Bendito sea tu nombre, santo y famoso,
aclamado y ensalzado por los siglos.

53Bendito seas en el templo de tu santa gloria,
aclamado y glorioso por los siglos.

54Bendito seas en tu trono real,
aclamado y ensalzado por los siglos.

55Bendito tú, que sondeas los abismos sentado sobre querubines,
alabado y ensalzado por los siglos.

56Bendito seas en el firmamento celeste,
alabado y glorificado por los siglos.

57Todas las obras del Señor, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

58Ángeles del Señor, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

59Cielos, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

60Todas las aguas celestes, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

61Todas los ejércitos del Señor, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

62Sol y luna, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

63Estrellas celestes, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

64Lluvia y rocío, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

65Todos los vientos, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

66Fuego y calor, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

67Frío y bochorno, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

68Rocíos y nevadas, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

69Hielo y frío, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

70Escarchas y nieves, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

71Noches y días, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

72Luz y oscuridad, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

73Relámpagos y nubes, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

74Bendiga la tierra al Señor,
que lo alabe y lo ensalce por los siglos.

75Montes y colinas, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

76Plantas de la tierra, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

77Manantiales, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

78Mares y ríos, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

79Cetáceos y seres acuáticos, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

80Todas las aves del cielo, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

81Todas las bestias y ganados, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

82Seres humanos, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

83Israelitas, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

84Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

85Siervos del Señor, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

86Espíritus y almas de los justos, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

87Santos y humildes de corazón, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.

88Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
Porque él nos ha rescatado del abismo,
nos ha salvado del poder de la muerte,
nos ha sacado del horno de llama ardiente,
nos ha sacado de en medio del fuego.

89Dad gracias al Señor, porque es bueno,
porque su misericordia perdura por los siglos.

90Todos los que adoráis al Señor, bendecid al Dios de los dioses,
alabadlo y dadle gracias,
porque su misericordia perdura por los siglos.»
24 El rey Nabucodonosor se quedó atónito, se levantó rápidamente y preguntó a sus consejeros: «¿No hemos arrojado al fuego a tres hombres atados?» Ellos le respondieron: «Así es, majestad.» 25 El rey repuso: «Pues yo estoy viendo cuatro hombres desatados que caminan entre el fuego sin sufrir daño, y el cuarto parece un ser divino.» 26 Entonces Nabucodonosor se acercó a la boca del horno de fuego abrasador y dijo: «Sidrac, Misac y Abdénago, servidores del Dios Altísimo, salid y venid aquí.» Y Sidrac, Misac y Abdénago salieron de entre el fuego. 27 Los sátrapas, prefectos, gobernadores y consejeros del rey se apiñaron para examinar a estos hombres: el fuego no había afectado a sus cuerpos, sus cabellos no estaban chamuscados, sus calzones estaban intactos y ni siquiera despedían olor a quemado. 28 Nabucodonosor exclamó: «Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que ha enviado a su ángel para salvar a sus siervos. Pues ellos, confiando en él, desobedecieron la orden del rey y han arriesgado sus vidas antes que servir y adorar a otro dios que no fuera el suyo. 29 Por ello, yo ordeno que todo hombre de cualquier pueblo, nación o lengua que hable mal del Dios de Sidrac, Misac y Abdénago sea cortado en pedazos y su casa derribada, porque no hay otro dios que pueda salvar como éste.» 30 Y el rey hizo prosperar a Sidrac, Misac y Abdénago en la provincia de Babilonia.

Notas de la BJ (9)

3,1 LXX y Teodoción añaden: «en su decimoctavo año», y LXX: «después de haber sometido ciudades, provincias y todos los habitantes de la tierra, del Indo a Etiopía», ver Est 1 1; 8 9.

3,5 Es difícil distinguir con precisión las características de esta lista de instrumentos musicales. La «cítara» era probablemente un triángulo con cuatro cuerdas; el «salterio», una especie de guitarra; y la «zampoña», un instrumento rústico de viento.

3,24 La larga adición que sigue, vv. 24-90 (en cursiva), únicamente conservada en traducciones griega y siríaca, ha tenido seguramente un original hebreo o arameo. Seguimos a Teodoción; los LXX ofrecen algunas variantes o inversiones. El v. 24 del arameo coincide con el v. 91 del griego.

3,35 O: «amado». Es el título más hermoso de Abrahán, el que ha conservado en las tradiciones árabe y musulmana.

3,55 Es una de las formas de invocar a Yahvé en el arca de la Alianza, ver 1 S 4 4. Sobre los querubines del templo de Jerusalén, ver Ex 25 18+; 1 R 6 22-28; 2 Cro 3 10-13.

3,67 Los vv. 67-68 sólo se encuentran en los LXX y en un solo manuscrito de Teod.

3,90 Se trata de un ángel protector, ver v. 28 (95).

3,90 La expresión se encuentra en los Sal.; en otros pasajes, siempre es puesta en boca de un no-judío, ver Gn 14 18; Nm 24 16; Is 14 14.

3,90 Lit. «entregaron su cuerpo». Teod. añade: «al fuego», lectura que ha inspirado a San Pablo, 1 Co 13 3.

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Daniel 6

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Daniel 6:27 Mención en el comentario

En Daniel 6:27 (26), el rey persa Darío identifica al Dios de Israel como «el Dios vivo, él permanece para siempre (elāhā ḥayyā w-qayyām…

Daniel 6:27 en la Biblia de Jerusalén

27Ordeno que en todos los dominios de mi reino sea respetado y temido el Dios de Daniel, porque él es el Dios vivo, que subsiste por siempre;
su reino no será destruido
y su imperio durará hasta el fin.

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  • 2 al-Baqarah2:255 · comentario de Reynolds

    255 Dios: no hay dios sino Él, el Viviente, el Subsistente por Sí mismo. Ni la somnolencia se apodera de Él ni el sueño. Suyo es cuanto hay en los cielos y cuanto hay en la tierra. ¿Quién podrá interceder ante Él si no es con Su permiso? Conoce lo que está ante ellos y lo que está detrás de ellos. Y nada abarcan de Su Conocimiento, salvo lo que Él quiere. Su Pedestal abarca los cielos y la tierra, y Su preservación no Le fatiga; y Él es el Excelso, el Grandioso.

Daniel 7

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Daniel 7:10

Un río de fuego manaba y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones estaban de pie ante él; el tribunal se sentó y los libros fueron abiertos. (Dan 7:10)

Daniel 7:10 en la Biblia de Jerusalén

10Fluía un río de fuego
que manaba delante de él.
Miles y miles le servían,
millones lo acompañaban.
El tribunal se sentó,
y se abrieron los libros.

Notas de la BJ (1)

7,10 El libro en que se inscriben todos los actos humanos, buenos y malos. Ver Jr 17 1; Ml 3 16; Sal 40 8; 56 9; Lc 10 20; Ap 20 12+. Sobre el Libro de la Vida, ver 12 1+.

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  • 17 al-Isrāʾ17:13–14 · comentario de Reynolds

    13 Y a cada hombre le hemos atado su destino al cuello, y en el Día de la Resurrección le sacaremos un libro que encontrará abierto de par en par.

    14 «¡Lee tu libro! Hoy basta tu propia alma como ajustadora de cuentas contra ti».

  • 39 al-Zumar39:69 · comentario de Reynolds

    69 La tierra brillará con la Luz de su Señor, se dispondrá el Libro, y se hará comparecer a los profetas y a los testigos. Se dictará juicio entre ellos con la verdad, y no se cometerá injusticia con ellos.

  • 83 al-Muṭaffifīn83:18–21 · comentario de Reynolds

    18 ¡No! En verdad, el libro de los piadosos está en ʿIlliyyūn.

    19 ¿Y qué te hará saber lo que es ʿIlliyyūn?

    20 Un libro escrito,

    21 presenciado por los allegados.

Daniel 8

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Daniel 8:16 Mención en el comentario

La identificación de Gabriel como el agente, o mensajero, de esta revelación concuerda con el papel de Gabriel como mensajero ante Daniel (Dan 8:16; 9:21–27) en el Antiguo Testamento y ante Zacarías (Luc 1:19) y María (Luc 1:26) en el Nuevo Testamento.

Daniel 8:16 en la Biblia de Jerusalén

16y oí una voz humana junto al río Ulay, que gritaba: «Gabriel, explícale a éste la visión.»

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  • 2 al-Baqarah2:97–99 · comentario de Reynolds

    97 Quienquiera que sea enemigo de Gabriel: ciertamente él es quien lo hizo descender sobre tu corazón con el permiso de Dios, confirmando lo que había antes de él, y como guía y buena nueva para los creyentes.

    98 Quienquiera que sea enemigo de Dios, de Sus ángeles y de Sus mensajeros, y de Gabriel y Miguel: ciertamente Dios es enemigo de los incrédulos.

    99 Y ciertamente te hemos hecho descender signos claros, y solo los perversos descreerán de ellos.

Daniel 9

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Daniel 9:21–27 Mención en el comentario

La identificación de Gabriel como el agente, o mensajero, de esta revelación concuerda con el papel de Gabriel como mensajero ante Daniel (Dan 8:16; 9:21–27) en el Antiguo Testamento y ante Zacarías (Luc 1:19) y María (Luc 1:26) en el Nuevo Testamento.

Daniel 9:21–27 en la Biblia de Jerusalén

21aún estaba rezando mi oración, cuando Gabriel, el personaje que yo había visto antes en la visión, se me acercó volando a la hora de la ofrenda de la tarde.

22Y al llegar, me dijo: «Daniel, he venido ahora para infundirte comprensión.

23Desde el comienzo de tu oración se ha pronunciado una palabra y yo he venido a comunicártela, porque eres un hombre apreciado. Entiende la palabra y comprende la visión:

24«Setenta semanas han sido fijadas
a tu pueblo y a tu ciudad santa
para poner fin al delito,
sellar los pecados
y expiar la culpa;
para establecer la justicia eterna,
sellar visión y profecía
y consagrar el santo de los santos.

25Entérate y comprende:
Desde que se dio la orden
de reconstruir Jerusalén,
hasta la llegada de un príncipe ungido,
pasarán siete semanas
y sesenta y dos semanas;
y serán reconstruidos calles y fosos,
aunque en tiempos difíciles.

26Pasadas las sesenta y dos semanas
matarán al ungido sin culpa,
y un príncipe que vendrá con su ejército
destruirá la ciudad y el santuario.
Su fin será un cataclismo
y hasta el final de la guerra durarán
los desastres anunciados.

27Sellará una firme alianza con muchos
durante una semana;
y en media semana
suprimirá el sacrificio y la ofrenda,
y pondrá sobre el ala del templo
el ídolo abominable,
hasta que la ruina decretada
recaiga sobre el destructor.»

Notas de la BJ (15)

9,21 Lit. «volando con vuelo, me tocó».

9,23 «hombre» se sobreentiende aquí. Ver 10 11.19. La vulg. traduce «el varón de deseos», pero se trata de la amistad o aprecio de Dios por Daniel, no de los deseos de su alma.

9,23 La profecía que sigue, paralela a la de los cap. inmediatos, se refiere a los acontecimientos de la persecución de Antíoco, pero en un estilo literario alusivo y misterioso (ausencia de nombres propios, cifras convencionales redondeadas), que indica que el texto tiene un alcance más elevado. Al igual que el anuncio del reino mesiánico, 2 28+; 7 13+, alcanzará su realización definitiva en tiempo de Cristo y de la Iglesia. La era de plenitud descrita en el v. 24 supera inifinitamente una vuelta cualquiera a la paz. Pero el detalle de los vv. 25-27, que describen los períodos precedentes, sigue siendo oscuro.

9,24 Se trata de un número perfecto de semanas de años. El punto de partida del cómputo es la fecha de la revelación hecha a Jeremías, ver v. 25, y el término que se considera es la restauración de Jerusalén y la vuelta de los cautivos, que 2 Cro 36 22-23 (= Esd 1 1-3) ve realizados por el decreto liberador de Ciro el 538.

9,24 «Sellar» significa o «poner fin a» como más arriba, o «garantizar», y aquí tiene el sentido pleno de «realizar».

9,24 El altar o el Templo, o bien el sumo sacerdote, ver 1 Cro 23 13: la restauración del sacerdocio santo coincide con la del altar y el Templo, y se la considera en una misma perspectiva profética.

9,25 «ungido», ver Ex 30 22+; 1 S 9 26+; Is 45 1. Los Padres más antiguos de la Iglesia no concuerdan sobre la identidad de este príncipe ungido, como tampoco en la afirmación de que el v. 26 se refiera a la muerte de Jesús. Algunos remitían la última semana al fin de los tiempos.

9,25 Es el período de la reconstrucción bajo el régimen persa.

9,26 Se puede identificar, con Teodoción, a este ungido con el sumo sacerdote Onías III, ver 2 M 4 30-38, depuesto hacia el 175 y asesinado por gente de Antíoco Epífanes: él sería también el príncipe de la alianza de 11 22.

9,26 Ha debido de caer una palabra del texto. Teod. suple «sin culpa». Se ha propuesto «sucesor».

9,26 Anunciados por Dios, ver 8 25+.

9,27 Este pasaje se aclara quizá a la luz de 11 30-32: la «alianza» designaría aquí la reunión de los impíos en torno al tirano que los ha arrastrado a traicionar la Santa Alianza. Ver 1 M 1 21.43.52; 2 M 4 10s.

9,27 La abolición del antiguo sacrificio no significa aquí su sustitución por el sacrificio de la nueva alianza; los pasajes paralelos muestran que es obra de los impíos.

9,27 «del Templo» añadido por sentido.

9,27 Lit. «la abominación horrible» o «desoladora». Esta expresión (šiqqûṣîm mešõmēm), debe evocar por una parte los antiguos baales, objeto de la idolatría en otro tiempo reprochada a Israel por sus profetas (šiqqûṣ es un equivalente despectivo de Baal y šõmēm es un juego de palabras con el título de esos baales fenicios «reyes de los cielos», baal šamem); y, por otra, al Zeus Olímpico, a quien se consagró el Templo de Jerusalén, ver 2 M 6 2.

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  • 2 al-Baqarah2:97–99 · comentario de Reynolds

    97 Quienquiera que sea enemigo de Gabriel: ciertamente él es quien lo hizo descender sobre tu corazón con el permiso de Dios, confirmando lo que había antes de él, y como guía y buena nueva para los creyentes.

    98 Quienquiera que sea enemigo de Dios, de Sus ángeles y de Sus mensajeros, y de Gabriel y Miguel: ciertamente Dios es enemigo de los incrédulos.

    99 Y ciertamente te hemos hecho descender signos claros, y solo los perversos descreerán de ellos.

Daniel 9:24 Mención en el comentario

Daniel 9:24 presenta al ángel Gabriel hablándole a Daniel del sellamiento de «visión y profecía» durante «setenta semanas». Tertuliano (en…

Daniel 9:24 en la Biblia de Jerusalén

24«Setenta semanas han sido fijadas
a tu pueblo y a tu ciudad santa
para poner fin al delito,
sellar los pecados
y expiar la culpa;
para establecer la justicia eterna,
sellar visión y profecía
y consagrar el santo de los santos.

Notas de la BJ (3)

9,24 Se trata de un número perfecto de semanas de años. El punto de partida del cómputo es la fecha de la revelación hecha a Jeremías, ver v. 25, y el término que se considera es la restauración de Jerusalén y la vuelta de los cautivos, que 2 Cro 36 22-23 (= Esd 1 1-3) ve realizados por el decreto liberador de Ciro el 538.

9,24 «Sellar» significa o «poner fin a» como más arriba, o «garantizar», y aquí tiene el sentido pleno de «realizar».

9,24 El altar o el Templo, o bien el sumo sacerdote, ver 1 Cro 23 13: la restauración del sacerdocio santo coincide con la del altar y el Templo, y se la considera en una misma perspectiva profética.

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Daniel 12

Leer el capítulo
Daniel 12:1

En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran Príncipe que defiende a los hijos de tu pueblo. Será aquel un tiempo de angustia cual nunca la hubo desde que existen las naciones hasta ese día. Pero en aquel tiempo tu pueblo se salvará, todos aquellos cuyos nombres se hallen inscritos en el Libro. (Dan 12:1)

Daniel 12:1 en la Biblia de Jerusalén

1«En aquel tiempo surgirá Miguel, el gran Príncipe que se ocupa de tu pueblo. Serán tiempos difíciles como no los habrá habido desde que existen las naciones hasta ese momento. Entonces se salvará tu pueblo, todos los inscritos en el libro.

Notas de la BJ (1)

12,1 El libro de los Predestinados o Libro de la Vida, ver Ex 32 32-33; Sal 69 29; 139 16; Is 4 3; Lc 10 20; Ap 20 12+. Véase también Dn 7 10+.

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Daniel 13

Leer el capítulo
Daniel 13 Mención en el comentario

…(la misma ciudad en la que se ubica a Hārūt y Mārūt en el Corán) del relato griego de Susana, esposa de Joaquín (historia que figura como Daniel 13 en las Biblias católicas y ortodoxas), según la cual los ancianos acusan falsamente a Susana de fornicación (pretendiendo de ese…

Daniel 13 en la Biblia de Jerusalén

1Vivía en Babilonia un hombre llamado Joaquín.

2Se había casado con una mujer llamada Susana, hija de Jelcías, que era muy bella y fiel a Dios.

3Sus padres eran justos y habían educado a su hija según la ley de Moisés.

4Joaquín era muy rico y tenía un jardín contiguo a su casa; como era el más ilustre de los judíos, todos solían reunirse allí.

5Aquel año habían sido designados jueces dos ancianos del pueblo, de esos de quienes dice el Señor: «Los ancianos y jueces que presumen de guías del pueblo han traído la injusticia de Babilonia.»

6Ellos frecuentaban la casa de Joaquín, y todos los que tenían algún pleito pendiente acudían a ellos.

7A mediodía, cuando la gente se marchaba, Susana entraba a pasear en el jardín de su marido.

8Los dos ancianos la veían a diario cuando entraba a pasear y llegaron a desearla apasionadamente.

9Perdieron la cabeza y desviaron su atención, olvidándose de Dios y de sus sentencias justas.

10Los dos estaban locos de pasión por ella, pero no se atrevían a confesarse mutuamente su tormento,

11pues les daba vergüenza reconocer el deseo de tener relaciones con ella,

12y todos los días acechaban afanosamente para verla.

13Un día se dijeron el uno al otro: «Vámonos a casa, que es la hora de comer». Al salir, se separaron,

14pero dieron la vuelta y regresaron al mismo sitio. Tras preguntarse mutuamente el motivo, terminaron reconociendo su pasión y acordaron aprovechar la ocasión en que pudieran sorprenderla sola.

15Un día, mientras acechaban el momento apropiado, entró Susana como en días anteriores acompañada solamente por dos criadas y, como hacía calor, quiso bañarse en el jardín.

16No había nadie allí, excepto los dos ancianos, que escondidos la espiaban.

17Susana dijo a las criadas: «Traedme aceite y perfumes, y cerrad las puertas del jardín para que pueda bañarme.»

18Ellas obedecieron, cerraron las puertas del jardín y salieron por la puerta lateral para traer lo que Susana había pedido, sin ver a los ancianos que estaban escondidos.

19En cuanto salieron las criadas, los dos ancianos se levantaron, se acercaron corriendo a ella

20y le dijeron: «Las puertas del jardín están cerradas y nadie nos ve. Nosotros te deseamos; así que déjanos acostarnos contigo.

21Si te niegas, te acusaremos diciendo que estabas con un joven y que por eso habías despedido a tus criadas.»

22Susana empezó a gemir y dijo: «¡No tengo escapatoria! Si consiento, me espera la muerte; pero si me niego, no me libraré de vosotros.

23Prefiero caer en vuestras manos por no consentir a pecar contra el Señor.»

24Y Susana se puso a gritar a grandes voces. Pero los dos ancianos también gritaron contra ella,

25y uno de ellos corrió a abrir las puertas del jardín.

26Al oír el griterío en el jardín, los de la casa se precipitaron por la puerta lateral para ver qué ocurría,

27y cuando los ancianos contaron su historia, los criados quedaron abochornados, porque jamás se había dicho de Susana nada parecido.

28A la mañana siguiente, cuando la gente se reunió en casa de Joaquín, su marido, llegaron también los dos ancianos con la perversa intención de condenar a muerte a Susana.

29Y en presencia del pueblo dijeron: «Id a buscar a Susana, la hija de Jelcías y mujer de Joaquín.» Fueron a buscarla

30y ella compareció acompañada de sus padres, sus hijos y todos sus parientes.

31Susana era sumamente delicada y muy hermosa.

32Aquellos canallas le ordenaron que se quitase el velo con el que estaba cubierta, para poder regodearse en su belleza.

33Sus familiares y todos los que la veían rompieron a llorar.

34Entonces los dos ancianos se levantaron en medio de la asamblea y pusieron sus manos sobre la cabeza de Susana.

35Ella, llorando, levantó la mirada al cielo, pues su corazón confiaba plenamente en el Señor.

36Los ancianos dijeron: «Mientras paseábamos nosotros solos por el jardín, entró ésta con dos criadas, cerró las puertas y despidió a las doncellas.

37Entonces se le acercó un joven que estaba escondido y se acostó con ella.

38Nosotros estábamos en un rincón del jardín y, al ver la infamia, corrimos hacia ellos

39y los sorprendimos abrazados, pero a él no pudimos atraparlo porque era más fuerte que nosotros, y abriendo la puerta se escapó.

40A ésta, en cambio, la agarramos y le preguntamos quién era aquel joven,

41pero no quiso decírnoslo. De todo esto nosotros somos testigos.»
La asamblea los creyó como ancianos y jueces del pueblo que eran, y condenaron a muerte a Susana.

42Entonces Susana se puso a gritar a grandes voces: «Dios eterno, que ves lo escondido y conoces todo antes de que suceda,

43tú sabes que éstos han dado falso testimonio contra mí. Y ahora tengo que morir, sin haber hecho nada de lo que éstos han tramado injustamente contra mí.»

44El Señor la escuchó

45y, cuando era conducida a la muerte, despertó el santo espíritu de un muchacho llamado Daniel,

46que se puso a gritar: «¡Yo soy inocente de la sangre de esta mujer!»

47Toda la gente se volvió hacia él y le preguntaron: «¿Qué significa eso que acabas de decir?»

48Él, de pie en medio de ellos, respondió: «¿Tan necios sois, israelitas, como para condenar a una hija de Israel sin hacer interrogatorios y sin investigar la verdad?

49¡Volved al tribunal, porque éstos han dado falso testimonio contra ella!»

50La gente volvió rápidamente y los ancianos dijeron a Daniel: «Siéntate aquí en medio de nosotros e infórmanos, ya que Dios te ha concedido tal privilegio.»

51Daniel les dijo: «Separadlos lejos el uno del otro, que voy a interrogarlos.»

52Una vez separados, Daniel llamó a uno de ellos y le dijo: «Envejecido en la maldad, ahora reaparecen tus delitos del pasado,

53cuando dictabas sentencias injustas, condenando a los inocentes y absolviendo a los culpables, aunque el Señor ordenaba: «No condenarás a muerte al inocente ni al justo.»

54Si realmente la viste, dinos bajo qué árbol los viste abrazados.» Él respondió: «Bajo una acacia.»

55Y Daniel replicó: «Tu mentira se vuelve contra ti, pues un ángel de Dios ya ha recibido la sentencia divina y te partirá en dos.»

56Una vez retirado éste, mandó traer al otro y le dijo: «¡Raza de Canaán, que no de Judá; la belleza te ha seducido y la pasión ha pervertido tu corazón!

57Así tratabais a las mujeres israelitas, y ellas por miedo se acostaban con vosotros. Pero una mujer judía no se ha sometido a vuestra maldad.

58Ahora dime: ¿Bajo qué árbol los sorprendiste abrazados?» Él respondió: «Bajo una encina.»

59Y Daniel replicó: «También tu mentira se vuelve contra ti, porque el ángel del Señor ya está esperando con la espada, para partirte en dos. Y así acabará con vosotros.»

60Entonces toda la asamblea se puso a gritar a grandes voces, bendiciendo a Dios que salva a los que esperan en él.

61Luego se levantaron contra los dos ancianos, a quienes Daniel había declarado convictos por propia confesión de falso testimonio,

62y les aplicaron el mismo castigo que ellos habían tramado contra su prójimo: de acuerdo con la ley de Moisés, fueron ejecutados. Y aquel día se salvó una vida inocente.

63Jelcías y su mujer dieron gracias a Dios por su hija Susana, lo mismo que su marido Joaquín y todos sus parientes, porque no había hecho nada vergonzoso.

64Y a partir de aquel día, Daniel gozó de gran estima entre el pueblo.

Notas de la BJ (4)

13,5 Se ignora a qué texto escriturístico se refiere.

13,22 Estaba prescrita la pena de muerte por el adulterio, Lv 20 10; Dt 22 22; ver Jn 8 4-5.

13,34 En la lapidación, precedida de la imposición de manos, intervenía toda la comunidad.

13,54 Aquí y en los vv. 58-59 el texto griego presenta un juego de palabras para designar el árbol y el castigo: sjinos y sjisei; prinos y kataprisê.

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Reynolds la cita a propósito de
  • 2 al-Baqarah2:102 · comentario de Reynolds

    102 Y siguieron lo que los demonios recitaban contra el reino de Salomón. Y no fue Salomón quien cayó en la incredulidad, sino que fueron los demonios los que cayeron en la incredulidad, enseñando a los hombres la magia y lo que fue hecho descender sobre los dos ángeles en Babilonia, Hārūt y Mārūt. Pero estos no enseñaban a nadie sin decir antes: «Nosotros no somos más que una prueba, ¡así pues, no caigas en la incredulidad!». Y de ellos aprendían aquello con lo que separaban al hombre de su esposa. Mas no perjudicaban con ello a nadie salvo con el permiso de Dios. Y aprendían lo que les dañaba y no les aprovechaba, sabiendo de sobra que quien compraba tal cosa no tendría parte alguna en el Más Allá. ¡Y por qué vil precio vendieron sus almas, si hubiesen sabido!