…y no a los perseguidos (véase v. 7). El Corán podría estar aludiendo a la historia de los tres israelitas arrojados a un horno ardiente en Daniel 3 (donde aquellos que arrojaron a los israelitas al horno resultan muertos por sus llamas). En contraste, Rudi Paret (505–6)…
Daniel 3 en la Biblia de Jerusalén
Nabucodonosor erige una estatua de oro
1El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro, de treinta metros de alta por tres de ancha, y la colocó en la llanura de Dura, en la provincia de Babilonia.
2El rey Nabucodonosor mandó convocar a los sátrapas, prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, abogados y jueces, y a todas las autoridades provinciales, para que asistieran a la inauguración de la estatua que había erigido.
3Se reunieron, pues, los sátrapas, prefectos, gobernadores, consejeros, tesoreros, abogados y jueces, y todas las autoridades provinciales, para la inauguración de la estatua erigida por el rey Nabucodonosor; y todos estaban en pie ante la estatua erigida por el rey Nabucodonosor.
4El heraldo pregonó con voz potente: «A todos los pueblos, naciones y lenguas se os hace saber:
5En el momento en que oigáis el sonido del cuerno, la flauta, la cítara, el arpa, el salterio, la zampoña y los demás instrumentos musicales, os postraréis para adorar la estatua de oro que ha erigido el rey Nabucodonosor.
6Y aquél que no se postre y la adore será inmediatamente arrojado a un horno de fuego abrasador.»
7Y efectivamente, en cuanto se escuchó el sonido del cuerno, la flauta, la cítara, el arpa, el salterio, la zampoña y los demás instrumentos musicales, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron a adorar la estatua de oro que había erigido el rey Nabucodonosor.
Denuncia y condena de los judíos
8Sin embargo, algunos caldeos se presentaron a denunciar a los judíos.
9Tomaron la palabra y dijeron al rey Nabucodonosor: «¡Viva el rey eternamente!
10Tú, majestad, has ordenado que todo hombre, al oír el sonido del cuerno, la flauta, la cítara, el arpa, el salterio, la zampoña y los demás instrumentos musicales, se postre y adore la estatua de oro,
11y que aquél que no se postre para adorarla sea arrojado a un horno de fuego abrasador.
12Pues bien, hay unos judíos, Sidrac, Misac y Abdénago, a quienes has encomendado la administración de la provincia de Babilonia, que no te hacen caso, majestad; no sirven a tu dios ni adoran la estatua de oro que has erigido.»
13Totalmente enfurecido, Nabucodonosor mandó llamar a Sidrac, Misac y Abdénago, y cuando fueron introducidos ante el rey,
14Nabucodonosor les dijo: «¿Es cierto, Sidrac, Misac y Abdénago, que no servís a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que yo he erigido?
15¿Estáis dispuestos ahora, cuando oigáis el sonido del cuerno, la flauta, la cítara, el arpa, el salterio, la zampoña y los demás instrumentos musicales, a postraros para adorar la estatua que yo he hecho? Porque si no la adoráis, seréis inmediatamente arrojados a un horno de fuego abrasador; y entonces ¿cuál será el dios que os libre de mis manos?»
16Sidrac, Misac y Abdénago contestaron al rey Nabucodonosor: «No tenemos que responder sobre este asunto.
17Si el Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego abrasador y de tu poder, majestad, nos librará.
18Pero, si no lo hace, has de saber, majestad, que nosotros no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que has erigido.»
19Entonces Nabucodonosor, lleno de cólera y con el semblante alterado a causa de Sidrac, Misac y Abdénago, mandó encender el horno siete veces más fuerte que de costumbre,
20y ordenó que algunos de los hombres más fornidos de su ejército ataran a Sidrac, Misac y Abdénago y los arrojaran al horno de fuego abrasador.
21Al instante estos hombres fueron atados con sus calzones, túnicas, gorros y mantos, y fueron arrojados al horno de fuego abrasador.
22Como la orden real era apremiante y el horno estaba al rojo vivo, las llamaradas mataron a los hombres que habían llevado a Sidrac, Misac y Abdénago,
23mientras los tres hombres, Sidrac, Misac y Abdénago, caían atados dentro del horno de fuego abrasador.
Cántico de Azarías en el horno
24Caminaban entre las llamas alabando a Dios y bendiciendo al Señor.
25Entonces Azarías, de pie en medio del fuego, se puso a orar así:
26«Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres, digno de alabanza;
que tu nombre sea glorificado por los siglos.
27Porque nos has tratado con justicia,
todas tus acciones son veraces,
rectos todos tus caminos,
todas tus sentencias justas.
28Has aplicado condenas justas
en todo cuanto has ejecutado contra nosotros,
y contra Jerusalén, la ciudad santa de nuestros padres.
Todo lo has ejecutado verdadera y justamente,
a causa de nuestros pecados.
29Porque hemos pecado, hemos obrado mal, alejándonos de ti,
hemos fallado en todo y no hemos escuchado tus mandamientos,
30ni hemos obedecido,
ni hemos cumplido lo que se nos mandaba
para nuestro bien.
31Y en todo cuanto nos has enviado,
en todo cuanto nos has hecho,
has actuado con justicia fiel.
32Nos entregaste en poder de enemigos
sin ley, malvados y apóstatas,
y en poder de un rey injusto, el más perverso de toda la tierra.
33Y ahora no podemos ni abrir la boca,
la vergüenza y la deshonra abruman a tus siervos y a tus fieles.
34¡No nos abandones para siempre,
por el honor de tu nombre,
no rompas tu alianza,
35no nos niegues tu misericordia,
por Abrahán tu amigo,
por Isaac tu siervo,
por Israel tu consagrado,
36a quienes tú prometiste
multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo,
como la arena de la orilla del mar!
37Señor, somos el más insignificante de todos los pueblos
y hoy nos sentimos humillados en toda la tierra,
a causa de nuestros pecados.
38En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes;
ni holocaustos, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso,
ni un lugar donde ofrecerte las primicias y alcanzar tu misericordia.
39Pero acepta nuestra alma arrepentida y nuestro espíritu humillado,
como un holocausto de carneros y toros,
y millares de corderos cebados.
40Que éste sea hoy nuestro sacrificio ante ti
y volvamos a serte fieles,
porque los que en ti confían no quedarán avergonzados.
41Ahora que te seguimos de todo corazón, que te respetamos y buscamos tu rostro,
no nos avergüences.
42Trátanos conforme a tu bondad
y a tu gran misericordia.
43Sálvanos como en tus maravillosas gestas
y engrandece tu fama, Señor.
44Que sean humillados todos los que maltratan a tus siervos,
que se vean confundidos, privados de toda su fuerza y su dominio,
y que sea destruido su poder.
45Y que sepan que tú eres el Señor y el Dios único,
glorioso en toda la tierra.»
46Los siervos del rey que los habían arrojado al horno no cesaban de atizar el fuego con nafta, pez, estopa y sarmientos.
47Las llamas se elevaban cuarenta y nueve codos por encima del horno
48y, al extenderse, abrasaron a los caldeos que se encontraban junto al horno.
49Pero el ángel del Señor bajó al horno junto a Azarías y sus compañeros, expulsó las llamas de fuego fuera del horno
50e hizo que una brisa refrescante recorriera el interior del horno, de manera que el fuego no los tocó lo más mínimo, ni les causó ningún daño o molestia.
Cántico de los tres jóvenes
51Entonces los tres se pusieron a cantar a coro, glorificando y bendiciendo a Dios dentro del horno de esta manera:
52«Bendito seas, Señor, Dios de nuestros padres,
alabado y ensalzado por los siglos.
Bendito sea tu nombre, santo y famoso,
aclamado y ensalzado por los siglos.
53Bendito seas en el templo de tu santa gloria,
aclamado y glorioso por los siglos.
54Bendito seas en tu trono real,
aclamado y ensalzado por los siglos.
55Bendito tú, que sondeas los abismos sentado sobre querubines,
alabado y ensalzado por los siglos.
56Bendito seas en el firmamento celeste,
alabado y glorificado por los siglos.
57Todas las obras del Señor, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
58Ángeles del Señor, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
59Cielos, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
60Todas las aguas celestes, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
61Todas los ejércitos del Señor, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
62Sol y luna, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
63Estrellas celestes, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
64Lluvia y rocío, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
65Todos los vientos, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
66Fuego y calor, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
67Frío y bochorno, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
68Rocíos y nevadas, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
69Hielo y frío, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
70Escarchas y nieves, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
71Noches y días, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
72Luz y oscuridad, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
73Relámpagos y nubes, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
74Bendiga la tierra al Señor,
que lo alabe y lo ensalce por los siglos.
75Montes y colinas, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
76Plantas de la tierra, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
77Manantiales, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
78Mares y ríos, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
79Cetáceos y seres acuáticos, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
80Todas las aves del cielo, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
81Todas las bestias y ganados, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
82Seres humanos, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
83Israelitas, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
84Sacerdotes del Señor, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
85Siervos del Señor, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
86Espíritus y almas de los justos, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
87Santos y humildes de corazón, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
88Ananías, Azarías y Misael, bendecid al Señor,
alabadlo y ensalzadlo por los siglos.
Porque él nos ha rescatado del abismo,
nos ha salvado del poder de la muerte,
nos ha sacado del horno de llama ardiente,
nos ha sacado de en medio del fuego.
89Dad gracias al Señor, porque es bueno,
porque su misericordia perdura por los siglos.
90Todos los que adoráis al Señor, bendecid al Dios de los dioses,
alabadlo y dadle gracias,
porque su misericordia perdura por los siglos.»
24 El rey Nabucodonosor se quedó atónito, se levantó rápidamente y preguntó a sus consejeros: «¿No hemos arrojado al fuego a tres hombres atados?» Ellos le respondieron: «Así es, majestad.» 25 El rey repuso: «Pues yo estoy viendo cuatro hombres desatados que caminan entre el fuego sin sufrir daño, y el cuarto parece un ser divino.» 26 Entonces Nabucodonosor se acercó a la boca del horno de fuego abrasador y dijo: «Sidrac, Misac y Abdénago, servidores del Dios Altísimo, salid y venid aquí.» Y Sidrac, Misac y Abdénago salieron de entre el fuego. 27 Los sátrapas, prefectos, gobernadores y consejeros del rey se apiñaron para examinar a estos hombres: el fuego no había afectado a sus cuerpos, sus cabellos no estaban chamuscados, sus calzones estaban intactos y ni siquiera despedían olor a quemado. 28 Nabucodonosor exclamó: «Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abdénago, que ha enviado a su ángel para salvar a sus siervos. Pues ellos, confiando en él, desobedecieron la orden del rey y han arriesgado sus vidas antes que servir y adorar a otro dios que no fuera el suyo. 29 Por ello, yo ordeno que todo hombre de cualquier pueblo, nación o lengua que hable mal del Dios de Sidrac, Misac y Abdénago sea cortado en pedazos y su casa derribada, porque no hay otro dios que pueda salvar como éste.» 30 Y el rey hizo prosperar a Sidrac, Misac y Abdénago en la provincia de Babilonia.
Notas de la BJ (9)
3,1 LXX y Teodoción añaden: «en su decimoctavo año», y LXX: «después de haber sometido ciudades, provincias y todos los habitantes de la tierra, del Indo a Etiopía», ver Est 1 1; 8 9.
3,5 Es difícil distinguir con precisión las características de esta lista de instrumentos musicales. La «cítara» era probablemente un triángulo con cuatro cuerdas; el «salterio», una especie de guitarra; y la «zampoña», un instrumento rústico de viento.
3,24 La larga adición que sigue, vv. 24-90 (en cursiva), únicamente conservada en traducciones griega y siríaca, ha tenido seguramente un original hebreo o arameo. Seguimos a Teodoción; los LXX ofrecen algunas variantes o inversiones. El v. 24 del arameo coincide con el v. 91 del griego.
3,35 O: «amado». Es el título más hermoso de Abrahán, el que ha conservado en las tradiciones árabe y musulmana.
3,55 Es una de las formas de invocar a Yahvé en el arca de la Alianza, ver 1 S 4 4. Sobre los querubines del templo de Jerusalén, ver Ex 25 18+; 1 R 6 22-28; 2 Cro 3 10-13.
3,67 Los vv. 67-68 sólo se encuentran en los LXX y en un solo manuscrito de Teod.
3,90 Se trata de un ángel protector, ver v. 28 (95).
3,90 La expresión se encuentra en los Sal.; en otros pasajes, siempre es puesta en boca de un no-judío, ver Gn 14 18; Nm 24 16; Is 14 14.
3,90 Lit. «entregaron su cuerpo». Teod. añade: «al fuego», lectura que ha inspirado a San Pablo, 1 Co 13 3.
- 85 al-Burūj85:4–7 · comentario de Reynolds
4 ¡Perezcan los dueños del foso,
5 del fuego bien cebado,
6 cuando se sentaban junto a él,
7 y eran testigos de lo que hacían con los creyentes,