Salmos 53
El hombre sin Dios
1 Del maestro de coro. Para la enfermedad. Poema. De David.
2 Dice el necio en su interior:
«No hay Dios».
Están corrompidos, pervertidos,
no hay quien haga el bien.
3 Se asoma Dios desde el cielo
y observa a los seres humanos,
por ver si hay uno sensato,
alguien que busque a Dios.
4 Todos están descarriados,
pervertidos en masa.
No hay quien haga el bien,
ni uno siquiera.
5 ¿Nunca aprenderán los malhechores
que comen a mi pueblo como pan
y no invocan a Dios?
6 Allí se pusieron a temblar
sin razón para temblar.
Pues Dios dispersa los huesos del sitiador,
son ultrajados porque Dios los rechaza.*
7 ¡Quién trajera de Sión la salvación a Israel!
¡Cuando cambie Dios la suerte de su pueblo,
exultará Jacob, se alegrará Israel!
Notas de la Biblia de Jerusalén 2
- 53,6 Terror misterioso sin causa aparente, ver Lv 26 36; Dt 28 67; 1 S 14 15; 2 Cro 14 13; Jb 3 25. Se suele relacionar este texto con el exterminio de los asirios el año 701, dispersados repentinamente, sin que tuviesen, al parecer, razones para temer, ver 2 R 19 35; Is 37 36.
- 53,6 Alusión a Senaquerib y, a través de él, a todos los enemigos de Jerusalén. —El texto de este versículo parece menos alterado que en el Sal 14.