Salmos 92
Cántico del justo
1 Salmo. Cántico. Para el día de sábado.
2 Es bueno dar gracias a Yahvé,
cantar en tu honor, Altísimo,
3 publicar tu amor por la mañana
y tu fidelidad por las noches,
4 con el arpa de diez cuerdas y la lira,
acompañadas del rasgueo de la cítara.
5 Pues con tus hechos, Yahvé, me alegras,
ante las obras de tus manos grito:
6 «¡Qué grandes son tus obras, Yahvé,
y qué hondos tus pensamientos!»
7 El hombre estúpido no entiende,
el insensato no lo comprende.
8 Aunque broten como hierba los malvados
o florezcan todos los malhechores,
acabarán destruidos para siempre;
9 ¡pero tú eres eternamente excelso!
10 Mira cómo perecen tus enemigos,
se dispersan todos los malhechores.*
11 Pero me dotas de la fuerza del búfalo,
aceite nuevo derramas sobre mí;*
12 veré la derrota del que me acecha,
escucharé la caída de los malvados.*
13 El justo florece como la palma,
crece como un cedro del Líbano.
14 Plantados en la Casa de Yahvé,
florecen en los atrios de nuestro Dios.
15 Todavía en la vejez producen fruto,
siguen llenos de frescura y lozanía,
16 para anunciar lo recto que es Yahvé:
«Roca mía, en quien no hay falsedad».*
Notas de la Biblia de Jerusalén 4
- 92,10 Al comienzo del versículo añade el hebr.: «pues mira cómo tus enemigos, Yahvé», duplicado.
- 92,11 «derramas», lit. «me mojas» sir., Targ.; «yo mojo» hebr.
- 92,12 «el que me acecha» versiones; hebr. bešûrãy es defectuoso, y ha sido glosado además con las palabras «mis adversarios».
- 92,16 La realeza de Yahvé se manifiesta en las leyes que impone al mundo físico y en la que da a los hombres. Según el título del griego y del Talmud, este salmo se recitaba en «la vigilia del sábado, cuando la tierra fue habitada» (ver Gn 1 24-31). Alegóricamente es aplicado a Cristo.