El NobleCORÁN القرآن الكريم Romanos 6

1 ¿Qué diremos, pues? ¿Que debemos permanecer en el pecado para que la gracia se multiplique? ¡De ningún modo!

2 Nosotros ya hemos muerto al pecado; ¿cómo vamos a seguir entonces viviendo en él?

3 ¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos incorporados a su muerte?

4 Por medio del bautismo fuimos, pues, sepultados con él en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo resucitó de entre los muertos mediante la portentosa actuación del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva.*

5 Porque si hemos sido injertados en él por una muerte semejante a la suya, también lo estaremos por una resurrección semejante.

6 Sabemos así que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruida nuestra naturaleza transgresora y dejáramos de ser esclavos del pecado.

7 Pues el que está muerto queda libre del pecado.*

8 Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él,*

9 pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no vuelve a morir, y que la muerte carece ya de poder sobre él.

10 Su muerte implicó morir al pecado de una vez para siempre; mas su vida es un vivir para Dios.*

11 En consecuencia, también vosotros debéis consideraros muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.*

12 Así que no permitáis que el pecado reine en vuestro cuerpo mortal; de ese modo no acataréis sus deseos.*

13 Y no convirtáis vuestros miembros en instrumentos de injusticia al servicio del pecado. Ofreceos más bien a Dios como si fueseis muertos que han vuelto a la vida; y vuestros miembros, como instrumentos de justicia al servicio de Dios.

14 Pues el pecado no volverá a dominaros, ya que no estáis a merced de la ley, sino bajo la gracia de Dios.

Al servicio de la justicia

15 Entonces, ¿qué? Si ya no estamos a merced de la ley, sino bajo la gracia, ¿podremos pecar? ¡De ningún modo!.*

16 ¿No sabéis que, si os ofrecéis a alguien para obedecerle, os hacéis esclavos de ése a quien obedecéis? Así, la esclavitud al pecado conduce a la muerte, y la obediencia a Dios, a la justicia.

17 Pero, gracias a Dios, vosotros, que erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón al modelo de doctrina que habéis recibido,

18 y, liberados del pecado, os habéis hecho esclavos de la justicia.

19 —Hablo en términos humanos, en atención a vuestra flaqueza natural—. Pues, del mismo modo que ofrecisteis vuestros miembros como esclavos a la impureza y a la maldad, para obrar el mal, ofrecedlos ahora a la justicia, para una vida de santidad.*

20 Verdad es que, cuando erais esclavos del pecado, erais libres en lo referente a la justicia.

21 ¿Pero qué frutos cosechasteis entonces de todo aquello que ahora os avergüenza, y cuyo fin es la muerte?*

22 Pero ahora, libres ya del pecado y esclavos de Dios, dais frutos de santidad, cuyo fin es la vida eterna.

23 El salario del pecado es la muerte; pero el don de Dios es la vida eterna, unidos a Cristo Jesús, Señor nuestro.

Notas de la Biblia de Jerusalén 10
  1. 6,4 Var.: «porque fuimos».
  2. 6,4 El bautismo no se opone a la fe, sino que la acompaña, Ga 3 26s; Ef 4 5; Hb 10 22; ver Hch 8 12s.37; 16 31-33; 18 8; 19 2-5, y la expresa en el plano sensible por el eficaz simbolismo de su rito. Por eso, Pablo les atribuye los mismos efectos (comp. Ga 2 16-20 y Rm 6 3-9). La «inmersión» (sentido etimológico de «bautizar») en el baño del agua sepulta al pecador en la muerte de Cristo, Col 2 12; ver Mc 10 38, de la que sale por la resurrección con él, Rm 8 11+, como «nueva criatura», 2 Co 5 17+, «hombre nuevo»; Ef 2 15+, miembro del Cuerpo único animado del único Espíritu, 1 Co 12 13; Ef 4 4s. Esta resurrección, que no será total y definitiva más que al fin de los tiempos, 1 Co 15 12s+ (pero ver Ef 2 6+), se realiza desde ahora por una vida nueva según el Espíritu, vv. 8-11.13; 8 2s; Ga 5 16-24. —Además del simbolismo más especialmente paulino de muerte y de resurrección, este rito primordial de la vida cristiana, Hb 6 2, es presentado en el NT como un baño que purifica, Ef 5 26; Hb 10 22; ver 1 Co 6 11; Tt 3 5, como un nuevo nacimiento, Jn 3 5; Tt 3 5; ver 1 P 1 3; 2 2, como una iluminación, Hb 6 4; 10 32; ver Ef 5 14. Sobre bautismo de agua y bautismo del Espíritu ver Hch 1 5+: estos dos aspectos de la consagración cristiana parecen ser la «unción» y el «sello» de 2 Co 1 21s. Según 1 P 3 21, el arca de Noé fue tipo del bautismo.
  3. 6,7 El cristiano, una vez abandonado el instrumento del pecado, su «cuerpo de pecado», v. 6, no estando ya «en la carne», 8 9, se encuentra definitivamente liberado del pecado, ver 1 P 4 1. Según otros, queda libre del pecado, conforme al axioma jurídico: la muerte de un culpable anula la acción judicial. Ver 7 1.
  4. 6,8 Var.: «Porque».
  5. 6,10 Cristo, sin ser pecador, 2 Co 5 21, pertenecía a la esfera del pecado por su cuerpo de carne semejante al nuestro, Rm 8 3; hecho «espiritual», 1 Co 15 45-46, ya sólo pertenece a la esfera divina. Así el cristiano, si bien mora provisionalmente en la carne, vive ya del Espíritu.
  6. 6,11 Texto recibido y Vulg.: «Cristo Jesús Señor nuestro». —Ver 14 7s; 1 Co 3 23+; 2 Co 5 15; Ga 2 20; 1 P 2 24.
  7. 6,12 El bautismo ha destruido el pecado en el hombre, pero mientras el cuerpo de éste no se haya «revestido de inmortalidad», 1 Co 15 54, puede el pecado hallar en ese cuerpo «mortal», sede de la concupiscencia, medios para seguir reinando todavía, ver 7 14s.
  8. 6,15 Cristo ha librado al hombre del mal para devolverlo a Dios. Junto al tema bíblico de la «redención», 3 4+ y de la liberación por la muerte, 7 1+, para expresar esta idea, Pablo se complace en recurrir a la imagen, tan expresiva en su época, del esclavo rescatado y manumitido, al que ya no se puede reducir a esclavitud, pero que se halla obligado a servir fielmente a su nuevo amo. Cristo, al rescatarnos al precio de su sangre, 1 Co 6 20; 7 23; Ga 3 13; 4 5, nos ha manumitido y llamado a la libertad, Ga 5 1.13. El cristiano, liberado en lo sucesivo de sus antiguos amos: el pecado, Rm 6 18-22, la Ley, Rm 6 14; 8 2; Ga 3 13; 4 5; ver Rm 7 1+, con sus observancias materiales, Ga 2 4, los «elementos del mundo», Ga 4 3.8; ver Col 2 20-22, la corrupción, Rm 8 21-23, no debe ya recaer en su esclavitud, Ga 2 4s; 4 9; 5 1. Es libre, 1 Co 9 1, hijo de la mujer libre, la Jerusalén de arriba, Ga 4 26.31. Con todo, esta libertad no significa libertinaje, Ga 5 13; ver 1 P 2 16; 2 P 2 19. Ha de ser servicio del nuevo amo, Dios, Rm 6 22; ver 1 Ts 1 9; 1 P 2 16, el Cristo Kyrios, Rm 1 1, etc.; St 1 1; 2 P 1 1; Judas 1; Rm 14 18; 16 18, etc., a quien en adelante pertenece el cristiano, 1 Co 6 19; 3 23, y para quien vive y muere, Rm 7 1+; servicio que se realiza en la obediencia de la fe por la justicia y la santidad, Rm 6 16-19. Esta libertad de los hijos, Ga 4 7, manumitidos por la «ley del Espíritu», Rm 8 2; ver 7 6; 8 14s; 2 Co 3 17 (y comp. St 1 25; 2 12), podrá incluso verse obligada a sacrificar sus legítimos derechos para convertirse en servicio del prójimo, si la caridad, Ga 5 13; ver 2 Co 4 5, y el respeto de las demás conciencias lo piden, 1 Co 10 23-33; Rm 14; ver 1 Co 6 12-13; 1 Co 9 19. En cuanto al régimen social de la esclavitud, si aún puede ser tolerado en este mundo transitorio, 1 Co 7 20-24. 31, no tiene al menos valor alguno en el nuevo orden instaurado por Cristo, 1 Co 12 13; Ga 3 28; Col 3 11: el esclavo cristiano es un liberto del Señor; él y su amo son igualmente siervos de Cristo, 1 Co 7 22; ver Ef 6 5-9; Col 3 22 - 4 1; Flm 16.
  9. 6,19 La santidad propia de Dios, Lv 17+, que él comunicaba a su pueblo, Ex 19 6+, también la comunica a los que creen en Cristo, Hch 9 13+; Col 1 12+. Con todo, pierde su aspecto ritual para conservar su carácter interior: la santidad consiste en imitar a Cristo, 2 Ts 3 7+, el Santo de Dios, Mc 1 24+. El que es santo, porque ha sido justificado y porque está habitado por el Espíritu Santo a causa de su pertenencia al pueblo santo, 5 5+, debe todavía poner por obra esta santidad que le ha sido dada y progresar en la santificación, v. 22; 1 Ts 4 3-7+; 2 Ts 2 13.
  10. 6,21 O: «¿Qué frutos, pues, cosechasteis entonces? ¡Tales que ahora os avergonzáis de ellos!»