El NobleCORÁN القرآن الكريم Romanos 5

La justificación, prenda de la salvación

1 Así pues, una vez que hemos recibido la justificación mediante la fe, estamos en paz con Dios. Y todo gracias a nuestro Señor Jesucristo,*

2 por quien hemos obtenido, también mediante la fe, el acceso a esta gracia en la que nos hallamos, y nos gloriamos en la esperanza de participar de la gloria de Dios.*

3 Más aún, nos gloriamos hasta en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación engendra la paciencia;

4 la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza,

5 y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado.*

6 En efecto, cuando todavía estábamos sin fuerzas, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos.

7 Y pensemos que difícilmente habrá alguien que muera por un justo —tal vez por un hombre de bien se atrevería uno a morir—.

8 Así que la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.

9 ¡Con cuánta más razón ahora, justificados por su sangre, nos pondrá él a salvo de la ira divina!

10 Si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, nos salvará mediante su vida!

11 Y no sólo eso, pues también nos gloriamos en Dios mediante nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.*

Adán y Jesucristo

12 Por un hombre entró el pecado en el mundo y, por el pecado, la muerte; y así la muerte alcanzó a todos los hombres, puesto que todos pecaron.*

13 Ciertamente, hubo pecado en el mundo antes de la llegada de la ley, pero el pecado no puede imputarse cuando no hay ley.

14 Con todo, desde Adán hasta Moisés reinó la muerte aun sobre aquellos que no cometieron un pecado semejante al de Adán, el cual es figura del que había de venir.*

15 Pero con el don no sucede como con el delito. Si por el delito de uno murieron todos, ¡con cuánta más razón se han desbordado sobre todos la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un hombre, Jesucristo!*

16 Además, no sucede con el don de Dios como con las consecuencias del pecado de uno solo; porque el juicio, partiendo de un pecado, llevó a la condenación, mas la obra de la gracia, partiendo de muchos delitos, se resuelve en justificación.

17 En efecto, si por el delito de un hombre reinó la muerte, ¡con cuánta más razón los que reciben en abundancia la gracia y el don de la justicia reinarán en la vida por uno, por Jesucristo!

18 Así pues, como el delito de uno atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno procura a todos la justificación que da la vida.

19 En efecto, así como por la desobediencia de un hombre todos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno todos serán constituidos justos.*

Proposición temática

20 La ley, en definitiva, intervino para que abundara el delito; pero donde abundó el pecado sobreabundó la gracia.*

21 Así, lo mismo que el pecado reinó para traer muerte, también la gracia reinara, en virtud de la justicia, para procurarnos vida eterna a través de Jesucristo nuestro Señor.
A. LA VIDA EN CRISTO

Notas de la Biblia de Jerusalén 12
  1. 5,1 Var.: «estemos».
  2. 5,2 El favor de vivir en la amistad divina, el «estado de gracia».
  3. 5,2 La esperanza cristiana es la espera de los bienes escatológicos: la resurrección del cuerpo, Rm 8 18-23; 1 Ts 4 13s; ver Hch 2 26; 23 6; 24 15; 26 6-8; 28 20, la herencia de los santos, Ef 1 18; ver Hb 6 11s; 1 P 1 3s, la vida eterna, Tt 1 2; ver 1 Co 15 19, la gloria, Rm 5 2; 2 Co 3 7-12; Ef 1 18; Col 1 27; Tt 2 13, la visión de Dios, 1 Jn 3 2s, en una palabra, la salvación, 1 Ts 5 8; ver 1 P 1 3-5, propia y de los demás, 2 Co 1 6s; 1 Ts 2 19. Designa primero la virtud que espera esos bienes, pero puede a veces significar esos mismos bienes celestes, Ga 5 5; Col 1 5; Tt 2 13; Hb 6 18. Confiada antes a Israel, Ef 1 11-12; ver Jn 5 45; Rm 4 18, con exclusión de los paganos, Ef 2 12; ver 1 Ts 4 13, preparaba en él una mejor esperanza, Hb 7 19, que hoy se ofrece aun a los paganos, Ef 1 18; Col 1 27; ver Mt 12 21; Rm 15 12, en el misterio de Cristo, Rm 16 25+. Se funda en Dios, 1 Tm 5 5; 6 17; 1 P 1 21; 3 5, en su amor, 2 Ts 2 16, en su llamada, 1 P 1 13-15; ver Ef 1 18; 4 4, en su poder, Rm 4 17-21, en su veracidad, Tt 1 2; Hb 6 18, y en su fidelidad, Hb 10 23, en mantener sus promesas formuladas en las Escrituras, Rm 15 4, y en el Evangelio, Col 1 23, y realizadas en la persona de Cristo, 1 Tm 1 1; 1 P 1 3.21. No puede por lo mismo fallar, Rm 5 5. Dirigida esencialmente hacia bienes invisibles, Rm 8 24; Hb 11 1, se apoya en la fe, Rm 4 18; 5 1s; 15 13; Ga 5 5; Hb 6 11s; 1 P 1 21, y se nutre de la caridad, Rm 5 5; 1 Co 13 7, las otras dos virtudes teologales con las que mantiene estrecha unión, 1 Co 13 13+. El Espíritu Santo, el don escatológico por excelencia poseído ya parcialmente, Rm 5 5+; Hch 1 8+, es su fuente privilegiada, Ga 5 5, que la ilumina, Ef 1 17s, la fortalece, Rm 15 13, le hace orar, Rm 8 25-27. Y realiza por ella la unidad del Cuerpo, Ef 4 4, fundada en la justificación por la fe en Cristo, Rm 5 1s; ver Ga 5 5; ofrece plena seguridad, 2 Co 3 12; Hb 3 6, consuelo, 2 Ts 2 16; Hb 6 18, alegría, Rm 12 12; 15 13; 1 Ts 2 19, y ufanía, Rm 5 2; 1 Ts 2 19; Hb 3 6; no se deja abatir por los sufrimientos del presente, que cuentan poco en comparación de la gloria prometida, Rm 8 18, sino que por el contrario los soporta con una «paciencia», Rm 8 25; 12 12; 15 4; 1 Ts 1 3; ver 1 Co 13 7, que la purifica, Rm 5 4, y la afianza, 2 Co 1 7.
  4. 5,5 El amor con que Dios nos ama, y del que el Espíritu Santo es prenda y, por su presencia activa en nosotros, testigo: ver 8 15 y Ga 4 6. Por él nos dirigimos a Dios como un hijo a su Padre; el amor es recíproco. Por él también amamos a nuestros hermanos con el mismo amor con que el Padre ama al Hijo y a nosotros (ver Jn 17 26).
  5. 5,5 El Espíritu Santo de la promesa, Ef 1 13; Ga 3 14; Hch 2 33+, que caracteriza la nueva alianza, Rm 2 29; 7 6; 2 Co 3 6; ver Ga 3 3; 4 29; Ez 36 27+, no es solamente una manifestación exterior de poder taumatúrgico y carismático, Hch 1 8+; es sobre todo un principio interior de vida nueva que Dios da, 1 Ts 4 8, etc.; ver Lc 11 13; Jn 3 34; 14 16s; Hch 1 5; 2 38; etc.; 1 Jn 3 24, envía, Ga 4 6; ver Lc 24 49; Jn 14 26; 1 P 1 12, suministra, Ga 3 5; Flp 1 19, derrama, Rm aquí; Tt 3 5s; ver Hch 2 33+. Recibido por la fe, Ga 3 2.14; ver Jn 7 38s; Hch 11 17, y el bautismo, 1 Co 6 11; Tt 3 5; ver Jn 3 5; Hch 2 38; 19 2-6, habita en el cristiano, Rm 8 9; 1 Co 3 16; 2 Tm 1 14; ver St 4 5, en su espíritu, Rm 8 16; ver Rm 1 9+, y aun en su cuerpo, 1 Co 6 19. Este Espíritu, que es el Espíritu de Cristo, Rm 8 9; Flp 1 19; Ga 4 6; ver 2 Co 3 17; Hch 16 7; Jn 14 26; 15 26; 16 7.14, hace hijo de Dios al cristiano, Rm 8 14-16; Ga 4 6s, y hace habitar a Cristo en su corazón, Ef 3 16. Es para el cristiano (como para el mismo Cristo, Rm 1 4+) principio de resurrección, Rm 8 11+, por un don escatológico que desde ahora le marca como con sello, 2 Co 1 22; Ef 1 13; 4 30, y se encuentra en él a título de arras, 2 Co 1 22; 5 5; Ef 1 14, y de primicias, Rm 8 23. Sustituyendo al principio malo de la carne, Rm 7 5+, se hace en el hombre principio de fe, 1 Co 12 3; 2 Co 4 13; ver 1 Jn 4 2s, de conocimiento sobrenatural, 1 Co 2 10-16; 7 40; 12 8s; 14 2s; Ef 1 17; 3 16.18; Col 1 9; ver Jn 14 26+, de amor, Rm 5 5; 15 30; Col 1 8, de santificación, Rm 15 16; 1 Co 6 11; 2 Ts 2 13; ver 1 P 1 2, de conducta moral, Rm 8 4-9.13; Ga 5 16-25, de intrepidez apostólica, Flp 1 19; 2 Tm 1 7s; ver Hch 1 8+, de esperanza, Rm 15 13; Ga 5 5; Ef 4 4, y de oración, Rm 8 26s; ver St 4 3.5; Judas 20. No hay que extinguirlo, 1 Ts 5 19, ni contristarlo, Ef 4 30. Uniéndonos con Cristo, 1 Co 6 17, realiza la unidad de su Cuerpo, 1 Co 12 13; Ef 2 16.18; 4 4.
  6. 5,11 El pecado habita en el hombre, Rm 7 14-24; mas como la muerte, castigo del pecado, ha entrado en el mundo a consecuencia del pecado de Adán, Sb 2 24, Pablo deduce que el mismo pecado ha entrado en la humanidad por medio de esta falta inicial; es la doctrina del pecado original que interesa aquí al Apóstol por el paralelismo que le ofrece entre la obra nefasta del primer Adán y la reparación sobreabundante del «último Adán», vv. 15-19; 1 Co 15 21s.25. Si Cristo salva a la humanidad, lo hace como «nuevo Adán», imagen según la cual restaura Dios su creación, Rm 8 29+; 2 Co 5 17+.
  7. 5,12 El pecado separa al hombre de Dios. Esta separación es la «muerte»: muerte espiritual y «eterna», cuya señal es la muerte física, ver Sb 1 13+; 2 24; Hb 6 1+.
  8. 5,12 La proposición del v. 12d se puede interpretar como oración de relativo («por lo cual»), o como una circunstancial causal («por cuanto», «por el hecho de que»), o consecutiva («ya que»). La traducción propuesta aquí expresa el interés de Pablo en subrayar el hecho universal del pecado desde el principio: 1.o pecado de uno solo (vv. 12a.15a.17a), 2.o que tiene como consecuencia la muerte de todos (vv. 12b.13b.17a), 3.o seguidamente, la situación de pecado (vv. 12d.19a), 4.o y finalmente, la venida de la ley mosaica y su función (vv. 13.20).
  9. 5,14 «figura», ver 2 Co 10 6+, semejante pero imperfecta. Por lo mismo, la comparación, esbozada en el v. 12 e interrumpida por el largo paréntesis de los vv. 13 y 14, se transforma en el v. 15 en un contraste.
  10. 5,15 Este «todos» incluye a todos los hombres, ver v. 18; ver Mt 20 28+.
  11. 5,19 No sólo en el Juicio final (para Pablo, la justificación es actual, ver 5 1, etc.), sino conforme los hombres van renaciendo en Jesucristo.
  12. 5,20 Los vv. 20-21 constituyen la tesis (próthesis) que Pablo se propone defender en estos capítulos. Volverá a formularla con expresiones muy afines en 6 1.15; 7 7; 8 1-2.