El NobleCORÁN القرآن الكريم Romanos 1

Saludo

1 Pablo, siervo de Cristo Jesús y apóstol por vocación, escogido para el Evangelio de Dios,*

2 que Él había ya prometido por medio de sus profetas en las Escrituras Sagradas.
3-4 La promesa era relativa a su Hijo, Jesucristo Señor nuestro, descendiente de David según la carne,
pero constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos.*

5 Por él hemos recibido la gracia del apostolado,
destinado a promover la obediencia de la fe, para que su nombre sea alabado
entre todos los gentiles,*

6 entre los cuales os contáis también vosotros, que habéis sido llamados por Jesucristo.

7 A todos los amados de Dios que estáis en Roma,
santos por vocación,
a vosotros gracia y paz,
de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.

Acción de gracias y súplica

8 Ante todo, doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo, por todos vosotros, pues vuestra fe es reconocida en todo el mundo.

9 Dios, a quien doy culto en mi espíritu predicando el Evangelio de su Hijo, es testigo de lo mucho que me acuerdo de vosotros,*

10 hasta el punto de pedirle siempre en mis oraciones que, si es su voluntad, encuentre por fin algún día ocasión favorable de llegarme hasta vosotros.

11 Me gustaría mucho visitaros, por si os puedo comunicar algún don espiritual que os fortalezca,

12 o más bien, para sentir entre vosotros el mutuo consuelo de la fe que compartimos.

13 Hermanos, quiero que sepáis que me propuse viajar hasta vosotros en numerosas ocasiones, pero hasta el presente me he visto impedido. Intentaba con mi visita recoger algún fruto, tanto entre vosotros como entre los demás gentiles,

14 pues me debo a griegos y a bárbaros; a sabios y a ignorantes.*

15 De ahí mi ansia por llevaros el Evangelio también a los que habitáis en Roma.*

La tesis de la carta

16 No me avergüenzo del Evangelio, que es fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree: del judío en primer lugar, pero también del griego.*

17 Porque en él se revela la justicia de Dios, de fe en fe, como dice la Escritura: El justo vivirá por la fe.
A. TODOS LOS HOMBRES, SIN EXCEPCIÓN, BAJO LA IRA DE DIOS*

La ira de Dios en el pasado

18 En efecto, la ira de Dios se revela desde el cielo contra las maldades e injusticias de los hombres que aprisionan la verdad con la injusticia,*

19 pues ellos tienen claro lo que se puede conocer de Dios, ya que el propio Dios se lo manifestó.

20 Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se manifiesta a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad. En consecuencia, son inexcusables,

21 porque, habiendo conocido a Dios, no lo alabaron como a Dios, ni le dieron gracias; antes bien se ofuscaron en sus razonamientos y su insensato corazón se entenebreció.*

22 Jactándose de sabios, se volvieron necios,

23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una representación en forma de hombres corruptibles, de aves, de cuadrúpedos, de reptiles.*

24 Por eso, Dios los entregó a sus apetencias y deseos, hasta un grado de impureza tal que deshonraron entre sí sus propios cuerpos.*

25 Ellos cambiaron la verdad de Dios por la mentira, y adoraron y sirvieron a la criatura en vez de al Creador, que es bendito por los siglos. Amén.*

26 Por eso, los entregó Dios a pasiones infames, pues sus mujeres invirtieron las relaciones naturales por otras contra la naturaleza.

27 Igualmente los hombres, abandonando la relación natural con la mujer, se abrasaron en deseos los unos por los otros; cometieron actos infames hombres con hombres y, en consecuencia, recibieron en sí mismos el pago merecido de su extravío.

28 Y como no tuvieron a bien ahondar en el verdadero conocimiento de Dios, los abandonó Dios a los descarríos de su mente insensata, para que hicieran lo que no conviene.*

29 Por eso están llenos de toda injusticia, perversidad, codicia, maldad, envidia, homicidio, contienda, engaño y malignidad; por eso son difamadores,*

30 detractores, enemigos de Dios, ultrajadores, altaneros, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes a sus padres,*

31 insensatos, desleales, desamorados y despiadados.*

32 Pero además, aunque saben que Dios declara reos de muerte a los que practican tales cosas, no solamente las practican, sino que aprueban a los que las cometen.*

Notas de la Biblia de Jerusalén 27
  1. 1,1 Título de origen judío que significa «enviado», ver Jn 13 16; 2 Co 8 23; Flp 2 25: en el NT se aplica unas veces a los Doce discípulos elegidos por Cristo, Mt 10 2; Hch 1 26; 2 37, etc.; 1 Co 15 7; Ap 21 14, para que fueran sus testigos, Hch 1 8+; otras veces, de una manera más amplia, a los predicadores del Evangelio, Rm 16 7; 1 Co 12 28; Ef 2 20; 3 5; 4 11. Aunque Pablo no perteneció al colegio de los Doce, es, sin embargo, verdadero apóstol, porque Cristo resucitado le envió a los gentiles, Hch 26 17; Rm 11 13; 1 Co 9 2; Ga 2 8; 1 Tm 2 7; Rm 1 1; 1 Co 1 1; etc., en nada inferior a los Doce. Como ellos, Hch 10 40-41, vio a Cristo resucitado, 1 Co 9 1, recibiendo de él, Rm 1 5; Ga 1 16, la misión de ser su testigo, Hch 26 16. Y aun reconociéndose como el último de los apóstoles, 1 Co 15 9, indica claramente que es igual a ellos, 1 Co 9 5; Ga 2 6-9, y no les es deudor de su evangelio, Ga 1 1.17.19.
  2. 1,2 Vulg.: «predestinado».
  3. 1,2 Pablo atribuye siempre la resurrección de Cristo a la acción de Dios, 1 Ts 1 10; 1 Co 6 14; 15 15; 2 Co 4 14; Ga 1 1; Rm 4 24; 10 9; Hch 2 24+; 1 P 1 21, el cual manifiesta de esa manera su «poder», 2 Co 13 4; Rm 6 4; Flp 3 10; Col 2 12; Ef 1 19s; Hb 7 16. El Espíritu Santo es el que le ha vuelto a la vida, Rm 8 11, constituyéndole en su glorioso estado de «Kyrios», Flp 2 9-11+; Hch 2 36+; Rm 14 9, que merece por nuevo título —el mesiánico— su nombre eterno de Hijo de Dios, Hch 13 33; Hb 1 1-5; 5 5. Ver Rm 8 11+; 9 5+.
  4. 1,5 «Obediencia de la fe»: no precisamente como sumisión al mensaje evangélico, sino como adhesión de fe. Ver Hch 6 7; Rm 6 16-17; 10 16; 15 18; 16 19.26; 2 Co 10 5-6; 2 Ts 1 8; 1 P 1 22; Hb 5 9; 11 8.
  5. 1,5 El término griego ethne puede tener una connotación negativa (paganos, los que adoran a los ídolos) o una connotación neutra (los demás pueblos fuera del judío), es decir: los no-judíos. En Rm debe traducirse por «naciones» gentiles, y no por «paganos» en la medida en que Pablo aplica el término a los creyentes, venidos ciertamente del paganismo, pero que ya no son paganos, adoradores de divinidades paganas; los únicos pasajes en que el término significa «paganos» son 2 14.24. En el lenguaje bíblico español se ha generalizado el término «gentiles» (normalmente en plural) para traducir dicho término griego. Por eso, se ha mantenido siempre un único término gentiles, como en el original, dejando que el contexto decida si debe leerse con connotación negativa o neutra.
  6. 1,9 «culto en mi espíritu», es decir: un «culto espiritual» (ver el pasaje paral. 15 16). El ministerio apostólico es un acto de culto tributado a Dios, ver 15 16; lo mismo que toda la vida cristiana animada por la caridad, 12 1; Flp 2 17+; 3 3; 4 18; Hch 13 2; 2 Tm 1 3; 4 6; Hb 9 14; 12 28; 13 15; 1 P 2 5.
  7. 1,9 En Pablo, el espíritu (pneuma) designa a veces la parte superior del hombre, Rm 1 9; 8 16; 1 Co 2 11; 16 18; 2 Co 2 13; 7 13; Ga 6 18; Flp 4 23; Flm 25; 2 Tm 4 22; ver Mt 5 3; 27 50; Mc 2 8; 8 12; Lc 1 47.80; 8 55; 23 46; Jn 4 23s; 11 33; 13 21; 19 30; Hch 7 59; 17 16; 18 25; 19 21, que se distingue de su parte inferior: la carne (1 Co 5 5; 2 Co 7 1; Col 2 5; ver Mt 26 41p; 1 P 4 6; Rm 7 5), el cuerpo (1 Co 5 3s; 7 34; ver St 2 26: Rm 7 24), y hasta de la psyjê (1 Ts 5 23+; ver Hb 4 12; Judas 19), y que, en cierto sentido, corresponde al nous (Rm 7 25+; Ef 4 23). Comparar también el sentido análogo de «disposición de espíritu», 1 Co 4 21; 2 Co 12 18; Ga 6 1; Flp 1 27. Al adoptar este término con preferencia al nous de la filosofía griega, la tradición bíblica, ver Gn 6 17; Is 11 2+, alude a la correspondencia profunda que existe entre el espíritu del hombre y el Espíritu de Dios, que lo anima y dirige, Rm 5 5+; Hch 1 8+. Esta correspondencia es de tal naturaleza, que en varios de los textos indicados y en muchos otros, ver Rm 12 11; 2 Co 6 6; Ef 4 3.23; 6 18; Flp 3 3 var.; Col 1 8; Judas 19, etc. resulta difícil distinguir de cuál de los espíritus se trata: del natural o del sobrenatural; del personal o del participado.
  8. 1,14 Los «griegos», en contraposición a los «bárbaros», son todos los hombres (incluídos los romanos) que habían adoptado la cultura griega; en contraposición a los «judíos», son todos los «gentiles», 1 16; 2 9-10; 3 9; 10 12; 1 Co 1 22-24, etc.
  9. 1,15 Puede también traducirse: «Por tanto, en cuanto de mí depende, estoy dispuesto a...».
  10. 1,16 La fe es un acto por el cual el hombre se entrega a Dios, verdad y bondad, como a la única fuente de salvación. Tiene su fundamento en la veracidad de Dios y en la fidelidad a sus promesas (Rm 3 3s; 1 Ts 5 24; 2 Tm 2 13; Hb 10 23; 11 11) y en su poder para cumplirlas (Rm 4 17-21; Hb 11 19). Después de la larga preparación del AT (Hb 11), por fin Dios habló por medio de su Hijo (Hb 1 1); a él hay que creer en adelante (ver Mt 8 10+; Jn 3 11+), y, después de él, al «kerygma» (Rm 10 8-17; 1 Co 1 21; 15 11.14; ver Hch 2 22+) del Evangelio (Rm 1 16; 1 Co 15 1-2; Flp 1 27; Ef 1 13) predicado por los apóstoles (Rm 1 5; 1 Co 3 5; ver Jn 17 20), es decir, que Dios ha resucitado a Jesús de entre los muertos y le ha constituido Kyrios (Rm 4 24s; 10 9; Hch 17 31; 1 P 1 21; ver 1 Co 15 14.17) para ofrecer en él la vida a todos los que crean en él (Rm 6 8-11; 2 Co 4 13s; Ef 1 19s; Col 2 12; 1 Ts 4 14). Así, la fe en el Nombre de Jesús (Rm 3 26; 10 13; ver Jn 1 12; Hch 3 16; 1 Jn 3 23), en Cristo (Ga 2 16; ver Hch 24 24; 1 Jn 5 1), en el Señor (Rm 10 9; 1 Co 12 3; Flp 2 11; ver Hch 16 31), en el Hijo de Dios (Ga 2 20; ver Jn 20 31; 1 Jn 5 5; Hch 8 37; 9 20), es la condición indispensable para la salvación (Rm 10 9-13; 1 Co 1 21; Ga 3 22; ver Is 7 9+; Hch 4 12; 16 31; Hb 11 6; Jn 3 15-18). La fe no es pura adhesión intelectual; es también confianza y obediencia (Rm 1 5; 6 17; 10 16; 16 26; ver Hch 6 7) a una verdad de vida (2 Ts 2 12s), que compromete a todo el ser mediante la unión con Cristo (2 Co 13 5; Ga 2 16.20; Ef 3 17) y le otorga el Espíritu (Ga 3 2.5.14; ver Jn 7 38s; Hch 11 16-17) de hijos de Dios (Ga 3 26; ver Jn 1 12). Como no se apoya más que en Dios, la fe excluye toda suficiencia (Rm 3 27; Ef 2 9) y se opone al régimen de la Ley (Rm 7 7+) y a su inútil intento (Rm 10 3; Flp 3 9) de merecer la justicia por las obras (Rm 3 20.28; 9 31s; Ga 2 16; 3 11s); ella sola procura la verdadera justicia, que no es otra que la justicia salvífica de Dios (Rm aquí; 3 21-26) recibida como don gratuito (Rm 3 24; 4 16; 5 17; Ef 2 8; ver Hch 15 11). Por eso enlaza con la promesa hecha a Abrahán (Rm 4; Ga 3 6-18) y hace posible la salvación para todos, incluso para los gentiles (Rm 1 5.16; 3 29s; 9 30; 10 11s; 16 26; Ga 3 8). Lleva unido el bautismo (Rm 6 4+), se expresa en una confesión explícita (Rm 10 10; 1 Tm 6 12) y fructifica mediante la caridad (Ga 5 6; ver St 2 14+). Oscura en esta vida (2 Co 5 7; Hb 11 1; ver Jn 20 29) y acompañada de la esperanza (Rm 5 2+), debe desarrollarse (2 Co 10 15; 1 Ts 3 10; 2 Ts 1 3) en medio de la lucha y los sufrimientos (Flp 1 29; Ef 6 16; 1 Ts 3 2-8; 2 Ts 1 4; Hb 12 2; 1 P 5 9), la constancia (1 Co 16 13; Col 1 23; 2 5.7) y la fidelidad (2 Tm 4 7; ver 1 14: 1 Tm 6 20) hasta el día de la clara visión y de la posesión (1 Co 13 12; ver 1 Jn 3 2).
  11. 1,16 Los judíos son los primeros en la economía histórica de la salvación. Ver Jn 4 22; Rm 2 9-10; Mt 10 5s; 15 24; Mc 7 27; Hch 13 5+., Jn 4 22
  12. 1,17 En Rm, Pablo no define qué entiende por «justicia de Dios», pero los once primeros capítulos exponen progresivamente sus componentes: primero como retributiva (castigo o recompensa según las obras, imparcialidad); seguidamente se manifiesta como justificante, es decir: que hace justo, que transforma haciendo justo a todo el que responde creyendo.
  13. 1,17 La expresión, oscura, será precisada a partir de 3 21.
  14. 1,17 Los vv. 16-17 forman lo que la retórica de entonces llamaba una próthesis, es decir, una tesis cuyo contenido debe probar y explicar la argumentación subsiguiente. En un primer paso, Pablo mostrará que la justicia de Dios opera por la fe sola para todos —judíos y no judíos— sin excepción ni privilegio (1 18 - 4 25). Seguidamente insistirá en la gracia sobreabundante concedida a todos los que están en Cristo (5 - 8), lo cual va a suscitar una nueva dificultad: si nadie (ni judío ni no judío) está excluido de la elección y de la filiación divina, ¿por qué Dios ha elegido al pueblo de Israel y por qué este pueblo parece quedar excluido de las gracias concedidas en Cristo (9 - 11)?
  15. 1,17 Puede parecer extraño que, después de presentar el Evangelio como fuerza salvífica de Dios y manifestación última de su justicia, Pablo, sin transición, hable de la ira divina. En realidad, esta sección de la epístola es esencial para la demostración, porque permite a Pablo arrancar desde las categorías y esperanzas de los judíos piadosos, que aguardaban la manifestación final de la justicia divina: castigo de los impíos y liberación de Israel. Pero en Rm 2, el Apóstol se aleja progresivamente de esas posiciones tradicionales para hacer ver que las diferencias entre circunciso/incircunciso, judío/nojudío, no están donde se suponían. Toda su argumentación se orienta a nivelar esos status, para insistir en la situación de igualdad —sin privilegio alguno— en que se encuentran, incapaces de justicia y, por tanto, objetos de la ira divina.
  16. 1,18 Ya en el AT se dice que Dios reacciona con ira; la ira es la reacción de Dios contra la injusticia humana. Aun cuando esta ira nunca se califica expresamente de justa, no se opone sin embargo a la justicia divina; por eso algunos textos parecen insinuar que es un componente necesario de ella; ver Sal 7 7-12. Los escritores sagrados designan como «ira divina» el castigo infligido sobre la injusticia grave. Semejante reacción no refleja una naturaleza divina irascible, sino una incompatibilidad total entre Dios y la injusticia, que sólo con la destrucción del mal puede desaparecer.
  17. 1,21 Conocimiento de un Dios único y personal, que incluye la conciencia de una obligación de oración y adoración.
  18. 1,23 Este versículo, que recoge la crítica bíblica y judía contra la idolatría, alude también al episodio del becerro de oro y a la idolatría del pasado de Israel (Sal 106 20; ver Ex 32); Pablo indica así implícitamente que sus reflexiones no se refieren sólo a los gentiles, sino a una tendencia constante de la humanidad.
  19. 1,24 Hasta el final del cap. 1, Pablo no hace sino repetir las críticas de que el Judaísmo de entonces hacía objeto a los gentiles y sus costumbres; ver Sb 11-12.
  20. 1,25 La palabra hebrea Amen, heredada del AT, ver Sal 41 14+, se introdujo en el uso de la Iglesia cristiana, 9 5; 11 36; 1 Co 14 16; Ap 1 6-7; 22 20-21, etc. Empleada ya por Jesús, Mt 5 18+, pronto se le atribuyó como nombre propio, a título de testigo verdadero de las promesas de Dios, 2 Co 1 20; Ap 1 2.5+; 3 14.
  21. 1,28 Juego de palabras: «como no tuvieron a bien (e.d.: no juzgaron bien)... les entregó a una mente sin juicio (e. d.: sin discernimiento)». El sentido es que, por un uso inadecuado de la razón religiosa (v. 21), recibieron en castigo el ofuscamiento del juicio moral (v. 32).
  22. 1,29 Pablo se inspira aquí y en otros pasajes en listas de vicios que circulaban en la literatura contemporánea, gentil y sobre todo judía: 13 13; 1 Co 5 10-11; 6 9-10; 2 Co 12 20; Ga 5 19-21; Ef 4 31; 5 3-5; Col 3 5-8; 1 Tm 1 9-10; 6 4; 2 Tm 3 2-5; Tt 3 3. Ver también Mt 15 19p; 1 P 4 3; Ap 21 8; 22 15.
  23. 1,29 Adic.: «fornicación».
  24. 1,30 Otra traducción: «odiados por Dios», pero ver 5 10; 8 7.
  25. 1,31 Adic. (Vulg.): «implacables», ver 2 Tm 3 3.
  26. 1,32 La tradición latina ha leído: «conociendo que Dios es justo, no comprendieron que los que tales cosas practican son dignos de muerte; y no sólo sus autores, sino también los que los aprueban».
  27. 1,32 Pablo deja de describir los efectos ya visibles de la ira divina. Ahora se dirige a los que se creen al abrigo de ella por el mero hecho de criticar a idólatras y pervertidos, siendo así que ellos se encuentran en la misma situación, viviendo en contradicción con sus principios: en adelante ya no se perdonará a los críticos, sea cual fuere su origen, si obran mal. Pablo, al poner de manifiesto las contradicciones, no pretende condenar, sino concienciar que los privilegios (Ley, circuncisión) no protegen contra la ira divina: la función de Rm 2 es nivelar los status del judío y del no judío. La argumentación se desarrolla en dos tiempos: vv. 1-16 y 17-29.