Confianza en Dios
1 Elifaz de Temán respondió así:
2 ¿Aguantarás si alguien te dirige la palabra?
¡Pero es que no se puede guardar silencio!*
3 Tú que a tantos dabas lecciones,
que fortalecías los brazos débiles;
4 tus consejos animaban al vacilante,
robustecías las rodillas inseguras.
5 ¿Y ahora que te toca no aguantas,
te llega el turno y te espantas?
6 ¿No era tu piedad tu confianza,
no era tu integridad tu esperanza?
7 Recuerda: ¿qué inocente ha perecido?
¿Dónde has visto al justo exterminado?
8 Soy testigo: quienes cultivan maldad
y siembran desgracia, las cosechan.
9 Ante el aliento de Dios perecen,
ante el soplo de su cólera fenecen.
10 Ruge el león, gruñe la fiera,
pero a los cachorros les arrancan los dientes.
11 Muere el león por falta de presa,
las crías de la leona se dispersan.
12 He tenido una revelación furtiva,
mis oídos han captado su susurro.*
13 Cuando las visiones nocturnas provocan ansiedad,
cuando los hombres se rinden al sopor,
14 fui presa de terror y agitación,
que estremecieron todo mi cuerpo.
15 Se deslizó por mi rostro un viento
que erizó el vello de mi cuerpo.
16 … Se alzó. No reconocí su rostro,
pero su imagen seguía ante mis ojos.
Silencio… Después oí una voz:
17 «¿Puede un mortal ser justo ante Dios,
puro un hombre ante su Hacedor?
18 Si ni siquiera confía en sus siervos
y hasta en sus mensajeros percibe defectos,*
19 ¿qué decir de los que viven entre adobes,
en casas construidas sobre el polvo?
Se les aplasta lo mismo que a polilla,
20 de la mañana a la noche se derrumban,
desaparecen y nadie lo advierte.
21 Les arrancan las cuerdas de su tienda,
mueren desprovistos de sabiduría».*
Notas de la Biblia de Jerusalén 4
- 4,2 «si… te dirige», Aq., Sim., Teod.; «se ha intentado» hebr.
- 4,12 Lit. «A mí una palabra vino furtivamente». Se trata de una palabra celeste, comunicada por un personaje misterioso, ver v. 16, en medio de un sueño profundo (idéntico término en Gn 2 21; 15 12), que trata de provocar el estremecimiento sagrado. Este modo de conocimiento sobrenatural contrasta con el carácter racional de la doctrina de los sabios y revela una evolución de ésta, al menos en ciertos círculos. Pero la revelación en la que se apoya Elifaz no se corresponde exactamente ni con la experiencia habitual de los profetas, que recibían generalmente la Palabra en estado de vigilia, ni con la inspiración que reivindicará más tarde el Sirácida, 24 31-33; 39 6. Se parece más bien a los sueños o visiones nocturnos, ver Za 1 8, con un matiz aterrador subrayado connaturalmente por el género literario apocalíptico, ver Dn 4 2; 5 5-6.
- 4,18 «siervos (de Dios)» y mensajeros son idénticos. Si estos seres, que están cerca de Dios, conservan a pesar de todo una debilidad radical, con mayor razón el hombre carnal y perecedero.
- 4,21 «desprovistos de sabiduría», lit. «y no con sabiduría»; se podría entender también «y esto no es culpa de la sabiduría». Pero el contexto inmediato, que insiste en la fragilidad del hombre en general y en la brevedad de su existencia, sugiere más bien la idea de que éste no ha sabido o no sabe encontrar el tiempo (ver Sal 90 12) para adquirir la sabiduría, o bien que su ciencia limitada nada puede contra la muerte.