El NobleCORÁN القرآن الكريم Génesis 28

1 Llamó, pues, Isaac a Jacob, lo bendijo y le dio esta orden: «No tomes mujer de las hijas de Canaán.

2 Avíate y ve a Padán Aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí mujer de entre las hijas de Labán, hermano de tu madre.

3 Que El Sadday te bendiga, te haga fecundo y te acreciente, y que te conviertas en multitud de pueblos.

4 Que te dé la bendición de Abrahán a ti y a tu descendencia, para que te hagas dueño de la tierra donde has vivido y que Dios ha dado a Abrahán.»

5 Y despidió Isaac a Jacob, que se fue a Padán Aram, a casa de Labán, hijo de Betuel el arameo, hermano de Rebeca, la madre de Jacob y de Esaú.*

Otro casamiento de Esaú

6 Vio Esaú que Isaac había bendecido a Jacob, que le enviaba a Padán Aram a tomar mujer allí y que, al bendecirle, le había dado la orden de que no tomase mujer entre las chicas de Canaán».

7 Se enteró también que Jacob, obedeciendo a su padre y a su madre, había marchado a Padán Aram.

8 Esaú se dio cuenta que las hijas de Canaán eran mal vistas de su padre Isaac;

9 así que, acudiendo donde Ismael, tomó por mujer, además de las que tenía, a Majlat, hija de Ismael, el hijo de Abrahán, y hermana de Nebayot.*

Sueño de Jacob

10 Jacob salió de Berseba y se dirigió a Jarán.

11 Llegando a cierto lugar, se dispuso a hacer noche allí, porque ya se había puesto el sol. Tomó una de las piedras del lugar, se la puso por cabezal y se acostó allí.

12 Jacob tuvo un sueño. Soñó con una escalera que estaba apoyada en tierra y cuya cima tocaba los cielos. Y observó que los ángeles de Dios subían y bajaban por ella.

13 Vio también que Yahvé estaba sobre ella y que le decía: «Yo soy Yahvé, el Dios de tu padre Abrahán y el Dios de Isaac. La tierra en que estás acostado te la doy a ti y a tu descendencia.

14 Tu descendencia será como el polvo de la tierra: te extenderás al poniente y al oriente, al norte y al mediodía; y por ti y por tu descendencia se bendecirán todos los linajes de la tierra.

15 Yo estoy contigo; te guardaré por donde vayas y te devolveré a esta tierra. No, no te abandonaré hasta haber cumplido lo que te he dicho.»

16 Despertó Jacob de su sueño y se dijo: «¡Así pues, está Yahvé en este lugar y yo no lo sabía!»

17 Y, asustado, pensó: «¡Qué temible es este lugar! ¡Esto no es otra cosa sino la casa de Dios y la puerta del cielo!»

18 Jacob se levantó de madrugada y, tomando la piedra que se había puesto por cabezal, la erigió como estela y derramó aceite sobre ella.*

19 Y llamó a aquel lugar Betel, aunque el nombre primitivo de la ciudad era Luz.

20 Jacob hizo un voto en estos términos: «Si Dios me asiste y me guarda en este camino que recorro; si me da pan que comer y ropa con que vestirme;

21 y si vuelvo sano y salvo a casa de mi padre, entonces Yahvé será mi Dios.

22 Y esta piedra que he erigido como estela será Casa de Dios; y de todo lo que me dieres, te pagaré el diezmo.»*

Notas de la Biblia de Jerusalén 4
  1. 28,5 Prosigue la fuente sacerdotal.
  2. 28,9 En este relato parece que hay elementos de tradición elohísta y yahvista, pero no siempre es fácil distinguirlos. A la primera pertenecen el sueño de la escala (más bien una escalera) que lleva al cielo, idea mesopotámica simbolizada por las torres de pisos, los ziggurats, vv. 12 y 17, el voto de Jacob y la fundación del santuario de Betel, vv. 18.20.21a.22; según la otra, Yahvé se aparece y renueva a Jacob las promesas hechas a Isaac, y Jacob le reconoce por su Dios, vv. 13-16.19.21b. Ambas tradiciones enaltecían el prestigio del santuario de Betel, 1 R 12 29-30+. Diversos Padres, siguiendo a Filón, han visto en la escala de Jacob la imagen de la Providencia que Dios ejerce sobre la tierra por ministerio de los ángeles. Para otros, prefiguraba la encarnación del Verbo, puente tendido entre el cielo y la tierra. El v. 17 es utilizado por la liturgia en el oficio y la misa de la Dedicación de iglesias.
  3. 28,18 La piedra materializa el lugar de la presencia divina. Se convierte en un bêt-’El, una «casa de Dios», lo cual explica el nombre de Betel, y recibe una unción de aceite, que era un acto de culto. Pero tales prácticas, que también se daban en la religión cananea y en todo el medio semítico, fueron más tarde condenadas por la Ley y los Profetas, ver Ex 23 24. Aquí mismo, a la idea de una morada divina sobre la tierra se yuxtapone una noción más espiritual: Betel es la «puerta del cielo», donde Dios habita, ver 1 R 8 27.
  4. 28,22 Relato de tradición yahvista: es continuación de 28 y se refiere a 27 41-45.