El NobleCORÁN القرآن الكريم Efesios 2

La salvación en Cristo, don gratuito

1 Y a vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados,

2 en los cuales vivisteis en otro tiempo según el proceder de este mundo, según el príncipe del imperio del aire, el espíritu que actúa en los rebeldes...*

3 entre ellos vivíamos también todos nosotros en otro tiempo, sujetos a las concupiscencias y apetencias de nuestra naturaleza humana, y a los malos pensamientos, destinados por naturaleza, como los demás, a la ira...*

4 Pero Dios, rico en misericordia, movido por el gran amor que nos tenía,

5 estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo —por gracia habéis sido salvados—,*

6 y con él nos resucitó y nos hizo sentar en los cielos en Cristo Jesús.*

7 De este modo, puso de manifiesto en los siglos venideros la sobreabundante riqueza de su gracia, por su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

8 Pues habéis sido salvados gratuitamente, mediante la fe. Es decir, que esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios;

9 tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe.

10 En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús para que hagamos buenas obras, que de antemano dispuso Dios que practicáramos.

Judíos y gentiles reconciliados entre sí y con Dios

11 Recordad pues, cómo en otro tiempo vosotros, los gentiles según la carne, llamados «incircuncisos» por los que practican la «circuncisión» —una operación practicada en la carne—,*

12 estabais a la sazón lejos de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel y extraños a las alianzas de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.*

13 Mas ahora, en Cristo Jesús, vosotros, los que en otro tiempo estabais lejos, habéis llegado a estar cerca por la sangre de Cristo.*

14 Porque él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro divisorio, la enemistad,*

15 y anulando en su carne la Ley con sus mandamientos y sus decretos, para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo. De este modo, hizo las paces*

16 y reconcilió con Dios a ambos en un solo cuerpo, por medio de la cruz, dando en sí mismo muerte a la Enemistad.*

17 Vino a anunciar la paz: paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca.*

18 Por él, unos y otros tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu.*

19 Así pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios,*

20 edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas. Y la piedra angular es Cristo mismo,*

21 en quien toda edificación bien trabada se eleva hasta formar un templo santo en el Señor,*

22 en quien también vosotros con ellos estáis siendo edificados, para ser morada de Dios mediante el Espíritu.

Notas de la Biblia de Jerusalén 20
  1. 2,2 El aire o atmósfera era para los antiguos el lugar donde habitaban los espíritus demoníacos. El príncipe de este imperio es Satanás.
  2. 2,3 Nosotros, los cristianos.
  3. 2,5 Nosotros, es decir, los paganos, vv. 1-2, y los judíos conjuntamente, v. 3. La frase interrumpida por la digresión del v. 3, prosigue aquí.
  4. 2,5 «con Cristo»; var.: «en Cristo». —«por gracia»; var. (Vulg.): «por cuya gracia».
  5. 2,6 Aquí y Col 2 12; 3 1-4, son consideradas como realidades ya conseguidas (verbos en pretérito) la resurrección y el triunfo celeste de los cristianos, mientras Rm 6 3-11; 8 11.17s, los mira más bien como futuros (verbos en futuro). Esta escatología realizada es una de las características de las Epístolas de la Cautividad.
  6. 2,11 Este pasado que el autor va a describir, más que el de sus lectores, es el del mundo pagano.
  7. 2,12 Sin Mesías.
  8. 2,12 Las alianzas sucesivas concertadas por Dios con Abrahán, Isaac, Jacob, Moisés, David, etc., ver Gn 12+; 15+; Ex 19+; Lv 26 42.45; Si 44-45; Sb 18 22; 2 M 8 15; Rm 9 4, que contenían la promesa de la salvación mesiánica.
  9. 2,12 La esperanza mesiánica reservada en otro tiempo a Israel, 1 12.
  10. 2,12 Los gentiles tenían muchos dioses; mas no al único y verdadero Dios, 1 Co 8 5s.
  11. 2,13 Este acercamiento lo ha realizado la Cruz de Cristo: primero el de los judíos y gentiles entre sí, vv. 14-15; luego el de todos con el Padre, vv. 16-18.
  12. 2,14 El autor se está refiriendo, en abstracto, al acercamiento entre judíos y gentiles realizado por Cristo.
  13. 2,14 El muro divisorio en el Templo de Jerusalén excluía a los gentiles de las zonas específicamente religiosas y sólo les permitía entrar en los patios exteriores; el autor ve en ello un símbolo de la enemistad entre judíos y gentiles.
  14. 2,15 Este «Hombre Nuevo» es el prototipo de la nueva humanidad re-creada por Dios (ver 2 Co 5 17+) en la persona de Cristo resucitado, como «último Adán», 1 Co 15 45, después de haber dado muerte en él sobre la Cruz al linaje del primer Adán, corrompido por el pecado, ver Rm 5 12s; 8 3; 1 Co 15 21. Creado «en la justicia y santidad de la verdad», 4 24, es también «uno solo» porque en él desaparecen todas las divisiones de los hombres, Col 3 10s; Ga 3 27s.
  15. 2,16 Este cuerpo único es, ante todo, el cuerpo físico e individual de Cristo, sacrificado en la Cruz, Col 1 22+; pero es también su cuerpo «místico», en el que se agrupan todos los miembros ya reconciliados, 1 Co 12 12+.
  16. 2,17 Por medio de sus apóstoles, que predicaron en su nombre el Evangelio de la salvación y de la paz.
  17. 2,18 Este espíritu único que anima al cuerpo único, el de Cristo unido a su Iglesia, es el Espíritu Santo que transformó su cuerpo resucitado, y desde él se derrama en sus miembros. La intención trinitaria de este v. es bien clara. La estructura trinitaria se repite en el v. 22.
  18. 2,19 Después de haber descrito la obra de acercamiento realizada por Cristo, vv. 14-18, el autor contrapone a los vv. 11-13 un cuadro antitético en los vv. 19-22, presentando la nueva situación de los gentiles.
  19. 2,20 Más que de los profetas del AT se trata aquí de los del NT, 3 5; 4 11; Hch 11 27+. Juntamente con los apóstoles, estos profetas constituyen la generación de los primeros testigos que recibieron la revelación del plan divino, 3 5, y predicaron el Evangelio, ver Lc 11 49; Mt 23 34; 10 41. Ellos son, pues, como el cimiento sobre el que se edifica la Iglesia. Esta función de «cimiento» se aplica también al mismo Cristo, 1 Co 3 10s.
  20. 2,21 «toda»; var.: «toda la».