CONVENCIONES Y ESTILO
La forma del texto coránico empleada es, por lo general, la lectura de Ḥafṣ ʿan ʿĀṣim del rasm estándar según la división de versículos cúfica. Con ello no se pretende dar a entender que considere esta versión intrínsecamente superior a otras o que constituya una representación indefectiblemente exacta de la pronunciación original del Corán. Aparte del hecho de que no existe motivo para tratar la división de versículos cúfica como dotada de una autoridad a priori mayor que la de otros sistemas (Neuwirth 2007, 11–62; Farrin 2019), la investigación lingüística está comenzando a demostrar con creciente contundencia que el árabe coránico difería con toda verosimilitud, al menos en ciertos aspectos —tales como su fonología o la ausencia de nunación y de vocales casuales breves—, del árabe clásico (Al-Jallad 2017b; van Putten 2017, 2018 y 2022; van Putten y Stokes 2018; véase asimismo Larcher 2020). Por consiguiente, resulta ineludible trazar una distinción de principio entre la manera (o maneras) recibida de pronunciar el rasm estándar del Corán, por un lado, y la pronunciación original de este último, por otro; cuestión esta última que continuará siendo en el futuro previsible objeto de debate académico y de reconstrucción hipotética. Por lo demás, los especialistas apenas han comenzado a abordar si el rasm estándar merece ser privilegiado, y en qué medida, frente a recensiones no estándar del Corán, respecto de las cuales la evidencia manuscrita es aún sumamente escasa (Sadeghi y Bergmann 2010; Sadeghi y Goudarzi 2012; véase también Sinai 2020b e Hussain 2022a).
Dado que los objetivos del presente diccionario no son de índole estrictamente lingüística ni de crítica textual, no vacilo en apoyarme en la lectura dominante de Ḥafṣ ʿan ʿĀṣim como mi versión por defecto del Corán. Esta decisión viene motivada por razones prácticas de conveniencia y no pretende desoír el convincente alegato de van Putten en el sentido de que las restantes tradiciones de lectura del rasm coránico, con sus notables particularidades fonológicas y morfológicas, distan de constituir un mero «ruido incómodo que deba ser soslayado» (van Putten 2022, 7). Si bien una atención más pormenorizada a las variantes textuales habría constituido sin duda una buena práctica filológica, también habría tenido como consecuencia dilatar aún más lo que ya es un volumen mucho más voluminoso de lo planificado originariamente. De ahí que solo haya prestado atención a las variantes textuales al topar con problemas interpretativos de calado. Mi esperanza es que los objetivos del presente libro queden adecuadamente satisfechos aun prescindiendo de una consulta prolija de las variantes de lectura y los manuscritos. Una ventaja crucial de operar primordialmente con el texto de Ḥafṣ ʿan ʿĀṣim radica, por añadidura, en que resulta fácilmente consultable de diversas maneras automatizadas. Mis recursos más importantes a este respecto han sido las concordancias impresas de Muḥammad Fuʾād ʿAbd al-Bāqī (ʿAbd al-Bāqī 1364 H) y de Rudi Paret (KK), la transliteración electrónica del texto coránico elaborada por Hans Zirker (disponible en http://duepublico.uni-duisburg-essen.de/servlets/DocumentServlet?id=10802) y la base de datos Qur’an Tools (http://quran-tools.com). Qur’an Tools, impulsada por Andrew Bannister y conocida anteriormente como Qur’an Gateway, demostró ser de particular valor al brindar la posibilidad de buscar versículos que combinan varias palabras o raíces consonánticas. Así, cuando observo, pongamos por caso, que determinados versículos hacen coaparecer kasaba o iktasaba con derivados de la raíz consonántica j-z-y, las referencias proporcionadas han sido normalmente identificadas con la ayuda de Qur’an Tools.
En los numerosos casos en que no persigo una meta traductológica particular, mis citas del Corán son adaptaciones libres a partir de las versiones de Arberry, Jones o Droge (las cuales presentan una considerable zona de convergencia mutua). Dado que el inglés moderno [a diferencia del español o del árabe] emplea de forma poco clarificadora el mismo pronombre «you» e idénticas formas de imperativo para el singular y el plural, sigo a Jones al utilizar las letras voladas S y p con el fin de advertir el número del verbo árabe [singular y plural], si bien solo recurro a este mecanismo de modo selectivo, allí donde resulta imprescindible para disipar ambigüedades. No empleo mayúsculas en los pronombres que refieren a Dios, aunque retengo dicha convención al citar traducciones impresas de ciertas fuentes primarias.
Las citas de pasajes bíblicos se basan por regla general en la New Revised Standard Version, la cual me he tomado la libertad de modificar en ocasiones. Los nombres de los libros bíblicos se abrevian de conformidad con SBLH2 124–125. Las referencias a capítulos y versículos siguen la Biblia Hebraica Stuttgartensia para la Biblia hebrea, la 28.ª edición de Nestle-Aland para el Nuevo Testamento y la edición de Rahlfs y Hanhart para la Septuaginta (todas las cuales he consultado a través del software Accordance XII). Como consecuencia de este proceder, mis referencias a capítulos y versículos de pasajes bíblicos pueden exhibir a veces discrepancias menores con respecto a las traducciones vernáculas habituales. He accedido al texto de los targumim y de la Peshitta para la Biblia hebrea a través del recurso digital Comprehensive Aramaic Lexicon Project (http://cal.huc.edu/); para la Peshitta del Nuevo Testamento he consultado el sitio web de Dukhrana Biblical Research (https://www.dukhrana.com/peshitta/). Las referencias a la Mishná siguen el texto del Bar Ilan Responsa Project (https://www.responsa.co.il/default.aspx).
Mis entradas acompañan con frecuencia las citas de pasajes coránicos con generosas dosis de árabe transliterado, en el entendido de que los especialistas apreciarán un acceso rápido a la literalidad árabe del Corán junto a cualquier traducción. Se incluye asimismo una copiosa cantidad de términos y locuciones transliterados del hebreo bíblico y rabínico, del arameo targúmico y rabínico y del siriaco, así como material ocasional procedente del etiópico clásico (geʿez) y de inscripciones en safaítico y sudarábigo epigráfico. Desafortunadamente, a pesar del hecho de que todas ellas son lenguas semíticas, las convenciones de transliteración difieren entre sí en diversos respectos. Un filólogo cuyos intereses primordiales fuesen estrictamente lingüísticos se habría decantado sin duda por un sistema de transliteración unitario y lingüísticamente riguroso, aun a costa de contravenir hábitos disciplinares arraigados. Siendo yo mismo un estudioso del Corán, he partido en cambio de una variante de la modalidad estándar empleada para transliterar el árabe en publicaciones anglófonas, haciendo extensivos luego algunos de sus rasgos al tratamiento de las restantes lenguas semíticas. El resultado es el siguiente sistema de normas de transliteración, el cual procura alcanzar un compromiso tolerable entre esos dos perpetuos adversarios: la coherencia interna y la práctica establecida.
Para el árabe, me atengo en lo sustancial a la tabla de transliteración del IJMES antes que a la de la Deutsche Morgenländische Gesellschaft (p. ej., «shams» en lugar de «šams», y «khatama» antes que «ḫatama»), y en consonancia con ello no represento la asimilación del artículo determinado (p. ej., «al-rabb» en vez de «ar-rabb»). La oclusiva glotal a principio de palabra seguida de vocal se omite por deferencia al hábito inveterado, a pesar de las fundadas protestas de los lingüistas en el sentido de que la hamzah es una letra de pleno derecho. La hamzat al-waṣl se ignora por completo, en lugar de señalarse con un apóstrofo (p. ej., pongo «fī l-arḍ» en lugar de «fī ’l-arḍ»). Prescindo asimismo del hecho de que determinados contextos silábicos obligan a que las vocales escritas como largas se pronuncien breves (p. ej., escribo «fī l-arḍ» en lugar de «fĭ l-arḍ», tal como figura en la versión revisada de la transliteración del Corán de Hans Zirker), aplicando esta convención no solo al Corán sino también a la poesía árabe, aun a pesar de que desvirtúa la métrica. De igual modo, no transcribo el alargamiento de los sufijos personales de tercera persona del singular -hu y -hi tras una sílaba abierta o de vocal breve (Fischer 2002, 7 y 142). Reflejo, en cambio, el alargamiento de las vocales breves a final de verso poético (p. ej., jaʿalā en lugar de jaʿala). Frente a las normas de IJMES, vierto la tāʾ marbūṭah como -ah en lugar de -a. He optado deliberadamente por «nabiyy» en sustitución del más usual «nabī», pero no he sido capaz de acopiar el fervor reformista suficiente para aplicar esa misma lógica a adjetivos de relación (nisbah) como ummī y ʿarabī. Los versículos coránicos, versos poéticos y frases sueltas se ofrecen normalmente con las desinencias completas en todas las palabras excepto en las cláusulas finales de los versículos coránicos, donde la rima exige por lo general la omisión de las desinencias breves (p. ej., la palabra final de Q 40:35 ha de pronunciarse jabbār y no jabbārin, como está escrita). Las frases árabes entresacadas del interior de un versículo coránico o de un verso poético se citan normalmente en su forma contextual y no en forma de pausa, a menos que ocupen el final del versículo; así, pongo «bi-smi llāhi» en lugar de «bi-smi llāh», pero «bi-smi llāhi l-raḥmāni l-raḥīm» (dado que raḥīm es la última palabra de Q 1:7 y pierde su desinencia casual de acuerdo con los principios de la rima coránica).1 Los sustantivos aislados y las construcciones de genitivo desgajadas de su contexto sintáctico se aducen a menudo desprovistos de desinencias casuales.
En aras de cierta homogeneidad, he extendido al hebreo y al arameo la omisión de las oclusivas glotales en posición inicial de palabra, por más que esto pueda horrorizar a los biblistas (p. ej., «ôt» en lugar de «ʾôt»). Fuera de ello, abordo el hebreo bíblico con arreglo al «estilo académico» consignado en SBLH2 56–58, el cual omite señaladamente la espirantización begadkepat. Para el hebreo posbíblico (es decir, targúmico, rabínico y moderno), simplifico este criterio prescindiendo de las distinciones entre vocales largas y breves distintas de segol y ṣērē (e frente a ē) y entre grafías plenas y defectivas de las vocales, reemplazando š por sh (así, me refiero al «Midrash Tanḥuma»). El shәwa vocálico y las vocales ḥaṭēp (ă, ӗ, ŏ) se conservan no obstante, y la hē final de palabra se translitera como -h (p. ej., «torah»). A diferencia del hebreo bíblico, para el hebreo posbíblico separo asimismo el artículo determinado, las conjunciones y las preposiciones mediante un guion, tal como es preceptivo en árabe (p. ej., «ha-raḥăman», en contraste con el bíblico «haššāmayim»). La geminación, que no se pronuncia en el hebreo moderno, se mantiene en los verbos geminados y sus formas asociadas (p. ej., «mǝshattēp»), pero no para el artículo determinado (p. ej., «ha-mǝshattēpim», no «ham-mǝshattēpim»).
Para el siriaco sigo en su mayor parte el sistema propuesto en Wheeler M. Thackston, Introduction to Syriac: An Elementary Grammar with Readings from Syriac Literature (Bethesda: Ibex Publishers, 1999), el cual prescinde de la oclusiva glotal inicial de palabra y desestima la espirantización, si bien conserva la geminación. Modifico este criterio empleando sh en lugar de š, al igual que para el árabe y el hebreo posbíblico, y utilizando ī y ū en lugar de i y u (las cuales son invariablemente largas). Siguiendo a David Kiltz, vierto el término siriaco para «Dios» como allāhā y no como alāhā (Kiltz 2012, 41). En lo tocante al arameo judío posbíblico, donde la vocalización es de por sí con frecuencia sumamente incierta, he optado ordinariamente por la máxima simplicidad: ninguna distinción entre vocales largas y breves, incluidas segol y ṣērē; ninguna distinción entre grafía plena y defectiva; ninguna vocal ḥaṭēp; y, por lo general, ninguna geminación (así, «milta», en contraste con el siriaco «melltā»), aunque haría una excepción para verbos geminados como ṣalli, «rezar / orar». Prescindo asimismo de las shәwas (p. ej., «b-ʿalma» en lugar de «bә-ʿalma»), si bien hago una excepción para un título como «Mәkilta dә-Rabbi Yishmaʿēl». En aras de la brevedad, recurro a veces a expresiones híbridas como «siriaco o arameo judío melltā», antes que «siriaco melltā o arameo judío milta».
El material epigráfico se translitera por lo común tal como lo he hallado en las publicaciones de los especialistas, si bien he procurado cierta unificación. Para el griego sigo SBLH2 59–60. Por último, me atengo en todo momento a la ortografía británica [en el texto en inglés original].
Notas
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No obstante, al referirme a ciertas locuciones en general, antes que citar un segmento específico de un determinado versículo coránico, sí me atengo a la vocalización en pausa para sustantivos en genitivo. Por ejemplo, el diccionario incluye una entrada cuyo encabezamiento es → ˻sāra fī l-arḍ (en lugar de fī l-arḍi). El lector puede tener la certeza de que la mayoría de tales aparentes inconsistencias han sido motivo de un riguroso quebradero de cabeza. ↩