Salmos 29
Himno al Señor de la tormenta
1 Salmo. De David.
¡Rendid a Yahvé, hijos de Dios,
rendid a Yahvé gloria y poder!*
2 Rendid a Yahvé la gloria de su nombre,
postraos ante Yahvé en el atrio sagrado.*
3 La voz de Yahvé sobre las aguas,
el Dios de la gloria truena,
¡es Yahvé sobre las aguas caudalosas!
4 La voz de Yahvé con fuerza,
la voz de Yahvé con majestad.
5 La voz de Yahvé desgaja los cedros,
desgaja Yahvé los cedros del Líbano,
6 hace brincar como novillo al Líbano,
al Sarión como cría de búfalo.*
7 La voz de Yahvé afila llamaradas.*
8 La voz de Yahvé estremece la estepa,
estremece Yahvé el desierto de Cades.
9 La voz de Yahvé retuerce las encinas,
deja desnudas las selvas.
Todo en su Templo grita: ¡Gloria!*
10 Yahvé se sentó sobre el diluvio,
Yahvé se sienta como rey eterno.*
11 Yahvé da poder a su pueblo,
Yahvé bendice a su pueblo con la paz.
Notas de la Biblia de Jerusalén 7
- 29,1 Lit. «hijos de los dioses», ver Sal 82 1; 89 7; Jb 1 6+, identificados con los ángeles que forman la corte divina. El pasaje se aplica en ocasiones a Israel, «hijo de Dios», Ex 4 22; Dt 14 1; Os 11 1. —Griego y Vulg. tienen a continuación la variante: «Traed a Yahvé crías de carnero».
- 29,2 Se trata del cielo, réplica invisible del Templo de Jerusalén, Sal 11 4; 78 69.
- 29,6 Nombre sidonio del Líbano, Dt 3 9.
- 29,7 Dios afila sus flechas incendiarias (= rayos) para herir a sus enemigos, ver Sal 18 15; Dt 32 23.42; Ha 3 11; Za 9 14.
- 29,9 «las encinas» o quizá «los terebintos», hebr. ’êlôt conj.; «(hace parir a) las ciervas» ’ayyãlôt hebr. —Los grandes árboles pueden ser, aquí y en el v. 5, el símbolo de los enemigos orgullosos de Dios y de su pueblo, ver Is 2 13; 10 18.33; 32 19; Jr 21 14; 46 23; Ez 21 2; Za 11 2.
- 29,9 En el cielo (v. 2) o en el Templo de Jerusalén, cuya liturgia repite las alabanzas celestes, o, en fin, en la Tierra Santa, consagrada a Yahvé, Sal 114 2, su casa, Jr 12 7; Za 9 8.
- 29,10 Entronizado sobre las aguas primordiales, símbolo del caos.