El NobleCORÁN القرآن الكريم Mateo 5

Las bienaventuranzas

1 Viendo a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Sus discípulos se le acercaron.*

2 Entonces, tomando la palabra, les enseñaba así:

3 «Bienaventurados los pobres de espíritu,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.*

4 Bienaventurados los mansos,
porque ellos poseerán en herencia la tierra.*

5 Bienaventurados los que lloran,
porque ellos serán consolados.

6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia,
porque ellos serán saciados.

7 Bienaventurados los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán misericordia.

8 Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios.

9 Bienaventurados los que trabajan por la paz,
porque ellos serán llamados hijos de Dios.

10 Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia,
porque de ellos es el Reino de los Cielos.

11 Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan, y cuando, por mi causa, os acusen en falso de toda clase de males.

12 Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.*

Sal de la tierra y luz del mundo

13 «Vosotros sois la sal de la tierra. Mas si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Ya no sirve para nada más que para ser tirada afuera y pisoteada por los hombres.

14 «Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte.

15 Ni tampoco se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín, sino en el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa.*

16 Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y alaben a vuestro Padre que está en los cielos.

Cumplimiento de la Ley

17 «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolirlos, sino a darles cumplimiento.*

18 Os aseguro que, mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una i ni una tilde de la ley hasta que todo suceda.*

19 Por tanto, el que no dé importancia a uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos.

La justicia nueva, superior a la antigua

20 «Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.

21 «Habéis oído que se dijo a los antepasados: No matarás, pues el que mate será reo ante el tribunal.*

22 Pues yo os digo que todo aquel que se encolerice contra su hermano será reo ante el tribunal; el que llame a su hermano ‘imbécil’ será reo ante el Sanedrín; y el que le llame ‘renegado’ será reo de la Gehenna de fuego.*

23 Entonces, si al momento de presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti,

24 deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano. Luego vuelves y presentas tu ofrenda.

25 Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él de camino, no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel.

26 Yo te aseguro que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.

27 «Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio.

28 Pues yo os digo que todo el que mira con deseo a una mujer ya cometió adulterio con ella en su corazón.

29 Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de tropiezo, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehenna.

30 Y si tu mano derecha te es ocasión de tropiezo, córtatela y arrójala de ti; te conviene que se pierda uno de tus miembros, antes que todo tu cuerpo vaya a la Gehenna.

31 «También se dijo: El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio.

32 Pero yo os digo que todo aquel que repudia a su mujer —excepto en caso de fornicación— la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada comete adulterio.

33 «Habéis oído también que se dijo a los antepasados: No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos.

34 Pues yo os digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios;

35 ni por la Tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey.

36 Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro.

37 Limitaos a decir: ‘Sí, sí’ ‘no, no’, pues lo que pasa de aquí proviene del Maligno.*

38 «Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.

39 Pues yo os digo que no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra;*

40 al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto;*

41 y al que te obligue a andar una milla vete con él dos.

42 A quien te pida da, y no vuelvas la espalda al que desee que le prestes algo.

43 «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.*

44 Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan,*

45 para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos.

46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos?*

47 Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los paganos?

48 Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre del cielo.

Notas de la Biblia de Jerusalén 20
  1. 5,1 Una de las colinas próximas a Cafarnaún.
  2. 5,3 El AT empleaba a veces fórmulas de felicitación como éstas, a propósito de piedad, de sabiduría, de prosperidad, Sal 1 1-2; 33 12; 127 5-6; Pr 3 3; Si 31 8; etc. Bienaventuranzas de carácter sapiencial se han descubierto en Qumrán. Jesús recuerda, en el espíritu de los profetas, que también los pobres participan de estas «bendiciones»: las tres primeras «bienaventuranzas», Mt 5 3-5; Lc 6 20-21+, declaran que hombres considerados de ordinario como desgraciados y malditos son felices, ya que son aptos para recibir la bendición del Reino. Las bienaventuranzas siguientes apuntan más directamente a la actitud moral del hombre. Otras bienaventuranzas de Jesús: Mt 11 6; 13 16; 16 17; 24 46; Lc 11 27-28; etc. Ver también Lc 1 45; Ap 1 3; 14 13; etc.
  3. 5,3 Cristo recoge la palabra «pobre» con el matiz moral perceptible ya en Sofonías, ver So 2 3+, hecho aquí explícito por la expresión «de espíritu», ausente en Lc 6 20. Indefensos y oprimidos, los «pobres» o los «humildes» están a punto para el Reino de los Cielos; tal es el tema de las Bienaventuranzas, ver Lc 4 18; 7 22 = Mt 11 5; Lc 14 13; St 2 5. La «pobreza» viene a parecerse a la «infancia espiritual» necesaria para entrar en el Reino, Mt 18 1s = Mc 9 33s; ver Lc 9 46; Mt 19 13sp; 11 25sp (el misterio revelado a los «pequeños», nêpioi, ver Lc 12 32; 1 Co 1 26s). A los «pobres», ptôjoi, corresponden también los «humildes», tapeinoi, Lc 1 48.52; 14 11; 18 14; Mt 23 12; 18 4, los «últimos» opuestos a los «primeros», Mc 9 35, los «pequeños» opuestos a los «grandes», Lc 9 48; ver Mt 19 30p; 20 26p (ver Lc 17 10). Si bien la fórmula de Mt 5 3 subraya el espíritu de pobreza, tanto en el rico como en el pobre, a lo que Cristo se refiere generalmente es a una pobreza efectiva, en especial para sus discípulos, Mt 6 19s; ver Lc 12 33s; Mt 6 25p; 4 18sp (ver Lc 5 1s); 9 9p; 19 21p; 19 27 (ver Mc 10 28p); ver Hch 2 44s; 4 32s. Él mismo da ejemplo de pobreza, Lc 2 7; Mt 8 20p, y de humildad, Mt 11 29; 20 28p; 21 5; Jn 13 12s; ver 2 Co 8 9; Flp 2 7s. Se identifica con los pequeños y los desdichados, Mt 25 45; ver 18 5sp.
  4. 5,4 O: «los humildes». Tomado del Sal 37 11 según el griego. —El v. 4 podría no ser más que una glosa del v. 3; su omisión dejaría en siete el número de las bienaventuranzas, ver 6 9+.
  5. 5,12 Los discípulos son los sucesores de los profetas, ver 10 41; 13 17; 23 34.
  6. 5,15 En la antigüedad, el celemín era un pequeño mueble de tres o cuatro patas. Sólo se trataría aquí, pues, de esconder la lámpara debajo de este mueble, algo así como debajo del lecho de Mc 4 21p, no de apagarla cubriéndola con un celemín moderno. Hoy diríamos tal vez «debajo del arca» (ese mueble que suele haber en las casas de pueblo).
  7. 5,17 Jesús no viene ni a destruir la Ley, Dt 4 8+ (y toda la economía antigua) ni a consagrarla como intangible, sino a darle con su enseñanza y su modo de actuar una forma nueva y definitiva, en la que por fin se realiza en plenitud aquello hacia lo que la Ley conducía. Esto es así en particular de la «Justicia», v. 20, ver 3 15; Lv 19 15; Rm 1 16+, justicia «perfecta», v. 42, de la que las sentencias de los vv. 21-48 dan varios ejemplos relevantes. El precepto antiguo se hace interior y llega hasta el deseo y el motivo secretos, ver 12 34; 23 25-28. Por tanto, ningún detalle de la Ley debe ser omitido mientras no haya sido así llevado a su cumplimiento, vv. 18-19; ver 13 52. No se trata tanto de aligeramiento como de profundización, 11 28. El amor, en el que ya se resumía la Ley antigua, 7 12; 22 34-40p, pasa a ser el mandamiento nuevo e inagotable de Jesús, Jn 13 34, y cumple toda la Ley, Rm 13 8-10; Ga 5 14; ver Col 3 14+.
  8. 5,18 Lit.: «en verdad (Amén) os digo...». Introduciendo algunos de sus dichos con Amén, término hebreo que significa «en verdad», Sal 41 14+; Rm 1 25+, Jesús subraya su autoridad: 6 2.5.16, etc.; Jn 1 51, etc. La palabra hebrea, que en su origen significaba «firmeza», evolucionó en dos direcciones: la de «verdad» y la de «fidelidad».
  9. 5,18 Se trata de los rasgos más pequeños del alfabeto hebreo.
  10. 5,21 Por la enseñanza tradicional, dada oralmente, sobre todo en las sinagogas.
  11. 5,22 El término Raqa, traducido del arameo, significa: cabeza vacía, sin seso.
  12. 5,22 Aquí, el Gran Sanedrín, que tenía su sede en Jerusalén, por oposición a los simples «tribunales», vv. 21-22, distribuidos por el país.
  13. 5,22 Al sentido originario del término griego: «insensato», el uso judío añadía un matiz mucho más grave de impiedad religiosa.
  14. 5,37 Esta fórmula, que aparentemente se entiende bien, ver 2 Co 1 17; St 5 12, puede explicarse de diversas maneras: 1.o Veracidad: si es sí, decid sí; si es no, decid no. 2.o Sinceridad: que el sí (o el no) de la boca corresponda al sí (o al no) del corazón. 3.o Solemnidad: la repetición del sí o del no sería una forma solemne de afirmación o de negación que debe bastar y dispensar de recurrir a un juramento, comprometiendo a la divinidad.
  15. 5,39 Jesús alude a la llamada «ley del talión». Al equiparar el castigo con el daño producido, la ley marcaba una restricción de la venganza (ver Gn 4 23-24). Jesús, con esta modificación, abre una etapa en la evolución de los comportamientos de la que ya hay algún eco en textos rabínicos. Nótese que todos los ejemplos propuestos (vv. 39-40) se refieren a daños personales. Jesús no prohíbe oponerse dignamente a los ataques injustos, ver Jn 18 22s ni, mucho menos, combatir el mal en el mundo.
  16. 5,40 A título de prenda, ver Ex 22 25s; Dt 24 12s. Es manifiesto el giro voluntariamente paradójico del pensamiento; ver 19 24.
  17. 5,43 La segunda parte de este mandamiento no se encuentra así en la Ley, ni podría encontrarse. Esta expresión forzada de una lengua pobre en matices (el original arameo) equivale a: «No tienes por qué amar a tu enemigo». Compárese con Lc 14 26 y su paralelo Mt 10 37. Encontramos, no obstante, en Si 12 4-7 y en los escritos de Qumrán (1 QS 1 10, etc.) una detestación de los pecadores que no está lejos del odio, y en la que Jesús ha podido pensar.
  18. 5,44 Adic.: «haced bien a los que os odien».
  19. 5,44 Adic.: «y por los que os maltraten», ver Lc 6 27s.
  20. 5,46 Recaudadores de impuestos, a quienes el cargo, ejercido con extorsión, les granjeaba el desprecio público; ver 9 10; 18 17+.