El NobleCORÁN القرآن الكريم Mateo 22

Parábola del banquete nupcial

1 Tomó Jesús de nuevo la palabra y les habló en parábolas. Les dijo:

2 «El Reino de los Cielos es semejante a un rey que celebró el banquete de bodas de su hijo.

3 Envió a sus siervos a llamar a los invitados a la boda, pero éstos no quisieron venir.

4 Volvió a enviar otros siervos, con este encargo: Decid a los invitados: ‘Mirad, mi banquete está preparado. Ya han sido matados mis novillos y animales cebados, y todo está a punto. Venid a la boda.’

5 Pero ellos no hicieron caso y se fueron: el uno a su campo, el otro a su negocio;

6 y los demás agarraron a los siervos, los escarnecieron y los mataron.

7 El rey, enojado, envió sus tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a su ciudad.

8 Entonces dijo a sus siervos: ‘La boda está preparada, pero los invitados no eran dignos.

9 Id, pues, a los cruces de los caminos e invitad a la boda a cuantos encontréis.’

10 Los siervos salieron a los caminos, reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala de bodas se llenó de comensales.

11 «Cuando entró el rey a ver a los comensales vio allí a uno que no tenía traje de boda.

12 Le dijo: ‘Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda?’ Él se quedó callado.

13 Entonces el rey dijo a los sirvientes: ‘Atadlo de pies y manos y echadlo a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes.’

14 Porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.»*

El tributo debido al César

15 Entonces los fariseos se fueron y celebraron consejo sobre la forma de sorprenderle en alguna palabra.

16 Así que enviaron a sus discípulos, junto con los herodianos, a decirle: «Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con franqueza, y que no estás sujeto a nadie, porque no miras la condición de las personas.*

17 Dinos, pues, qué te parece: ¿es lícito pagar tributo al César o no?»

18 Mas Jesús, adivinando su malicia, dijo: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis?

19 Mostradme la moneda del tributo.» Ellos le presentaron un denario.

20 Él les preguntó: «¿De quién son esta imagen y la inscripción?»

21 Respondieron: «Del César.» Entonces les dijo: «Pues lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios, a Dios.»*

22 Al oír esto, quedaron maravillados y, dejándole, se fueron.

La resurrección de los muertos

23 Aquel día se le acercaron unos saduceos, esos que niegan que haya resurrección, y le preguntaron:*

24 «Maestro, Moisés dijo: ‘Si alguien muere sin tener hijos, su hermano se casará con la mujer de aquél para dar descendencia a su hermano.’

25 Pues bien, había entre nosotros siete hermanos. El primero se casó y murió; y, como no tuvo descendencia, dejó su mujer a su hermano.

26 Sucedió lo mismo con el segundo, y con el tercero, hasta los siete.

27 Después de todos murió la mujer.

28 Entonces, en la resurrección, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque todos la tuvieron.»

29 Jesús les respondió: «Estáis en un error, por no entender las Escrituras ni el poder de Dios.

30 Pues en la resurrección, ni ellos tomarán mujer ni ellas marido, sino que serán como ángeles en el cielo.

31 Y en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que dijo Dios:

32 Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? No es un Dios de muertos, sino de vivos.»*

33 Al oír esto, la gente se maravillaba de su doctrina.

El mandamiento principal

34 Mas los fariseos, al enterarse de que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo.

35 Entonces uno de ellos le preguntó, con ánimo de ponerlo a prueba:*

36 «Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?»

37 Él le dijo: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.

38 Éste es el mayor y el primer mandamiento.

39 El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.*

40 De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.»

Cristo, hijo y Señor de David

41 Estando reunidos los fariseos, les propuso Jesús esta cuestión:

42 «¿Qué pensáis acerca del Cristo? ¿De quién es hijo?» Respondieron: «De David.»

43 Díceles: «¿Pues cómo David, movido por el Espíritu, le llama Señor, cuando dice:

44 Dijo el Señor a mi Señor:
Siéntate a mi diestra
hasta que ponga a tus enemigos
debajo de tus pies?

45 Entonces, si David le llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?»

46 Nadie fue capaz de contestarle nada; y desde ese día ninguno se atrevió ya a hacerle más preguntas.*

Notas de la Biblia de Jerusalén 8
  1. 22,14 Esta sentencia parece corresponder a la primera parte de la parábola más bien que a la segunda. No se trata de los elegidos en general, sino de los judíos, los primeros invitados. La parábola no dice, pero tampoco excluye, que algunos «pocos» de entre ellos hayan respondido y hayan sido elegidos, ver 24 22+.
  2. 22,16 Partidarios de la dinastía de Herodes, Mc 3 6+, designados para denunciar a la autoridad romana las palabras hostiles al César que se esperaba hacer pronunciar a Jesús.
  3. 22,21 Puesto que aceptan prácticamente la autoridad y los beneficios del poder romano, del que esa moneda es el símbolo, pueden e incluso deben rendirle el homenaje de su obediencia y de sus bienes, sin perjuicio de lo que por otro lado deben a la autoridad superior de Dios.
  4. 22,23 Esta secta, 3 7+, se atenía estrictamente a la tradición escrita, sobre todo del Pentateuco, y afirmaba no encontrar en él la doctrina de la resurrección de la carne, ver 2 M 7 9+. Los fariseos se oponían a ellos en este punto. Ver Hch 4 1+; 23 8+.
  5. 22,32 Cuando Dios concede su protección a un individuo o a un pueblo hasta el punto de convertirse en «su Dios», el dejarle volver a la nada no podría ser más que una manera imperfecta y efímera. Esta exigencia de eternidad por parte del amor divino no fue claramente percibida en los comienzos de la revelación bíblica: de ahí esta creencia en un «šeol» sin resurrección (Is 38 10-20; Sal 6 6; 88 11-13), a la que el tradicionalismo conservador de los saduceos, Hch 23 8+, pretendía mantenerse fiel. Pero el progreso de la revelación comprendió y satisfizo poco a poco esta exigencia, Sal 16 10-11; 49 16; 73 24, anunciando el retorno a la vida, Sb 3 1-9, de todo el hombre, salvado hasta en su cuerpo, Dn 12 2-3; 2 M 7 9s; 12 43-46; 14 46. Es esta revelación última la que Jesús sanciona con su interpretación de Ex 3 6.
  6. 22,35 Adic.: «un legista», tomado sin duda de Lc 10 25.
  7. 22,39 Estos dos preceptos del amor, a Dios y al prójimo, se hallan igualmente unidos en la Didajé 1 2, que podría recoger aquí un tratado judío sobre los Dos Caminos, ver 7 13+.
  8. 22,46 La respuesta exacta hubiera sido que, aun descendiendo de David por sus orígenes humanos, ver 1 1-17, el Mesías poseía también un carácter divino que le hacía superior a David y que éste había profetizado.