El NobleCORÁN القرآن الكريم Mateo 16

Los fariseos y saduceos piden un signo del cielo

1 Se acercaron los fariseos y saduceos y, para ponerle a prueba, le pidieron que les mostrase un signo del cielo.

2 Mas él les respondió: «Al atardecer decís: ‘Va a hacer buen tiempo, porque el cielo tiene un rojo de fuego’,

3 y a la mañana: ‘Hoy habrá tormenta, porque el cielo tiene un rojo sombrío.’ ¡Conque sabéis discernir el aspecto del cielo y no podéis discernir los signos de los tiempos!*

4 ¡Generación malvada y adúltera! Pide un signo, pero no se le dará otro signo que el de Jonás.» Y dejándolos, se fue.

La levadura de los fariseos y saduceos

5 Los discípulos, al pasar a la otra orilla, se habían olvidado de tomar panes.

6 Jesús les dijo: «Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos.»

7 Ellos comentaban entre sí: «Será porque no hemos traído panes.»

8 Mas Jesús, dándose cuenta, dijo: «Hombres de poca fe, ¿por qué estáis hablando entre vosotros de que no tenéis panes?

9 ¿Aún no comprendéis, ni os acordáis de los cinco panes de los cinco mil hombres, y cuántos canastos recogisteis?

10 ¿Ni de los siete panes de los cuatro mil, y cuántas espuertas recogisteis?

11 ¿Cómo no comprendéis que no me refería a los panes? Guardaos, sí, de la levadura de los fariseos y saduceos.»

12 Entonces entendieron que no había querido decir que se guardasen de la levadura de los panes, sino de la doctrina de los fariseos y saduceos.*

Profesión de fe y primado de Pedro

13 Tras llegar Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?»

14 Ellos respondieron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.»*

15 Él les preguntó: «Pero vosotros ¿quién decís que soy yo?»

16 Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.»*

17 A esto replicó Jesús: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.*

18 Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro y que sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.*

19 A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»*

20 Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.*

Primer anuncio de la Pasión

21 Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que le matarían y que resucitaría al tercer día.*

22 Pedro se lo llevó aparte y se puso a reprenderle diciendo: «¡Ni se te ocurra, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!»

23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Sólo me sirves de escándalo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!*

Condiciones para seguir a Jesús

24 Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.

25 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, la encontrará.*

26 Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué puede dar el hombre a cambio de su vida?

27 «Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles; y entonces pagará a cada uno según su conducta.*

28 Os aseguro que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino.»*

Notas de la Biblia de Jerusalén 16
  1. 16,3 De los tiempos mesiánicos. Estos signos son los milagros que obra Jesús, ver 11 3-5; 12 28. —Om.: «Al atardecer... tiempos».
  2. 16,12 Como la levadura hace fermentar la masa, 13 33, pero puede también corromperla, ver 1 Co 5 6; Ga 5 9, la doctrina falseada de los jefes judíos amenazaba con pervertir a todo el pueblo dirigido por ellos, ver 15 14.
  3. 16,12 Encontramos en el Pentateuco paralelos sobre la institución de un «alto funcionario».
  4. 16,14 Este título de «profeta», que Jesús sólo de manera indirecta y velada reivindica, Mt 13 57p; Lc 13 33, pero que la gente le otorga claramente, Mt 16 14p; 21 11.46; Mc 6 15p; Lc 7 16.39; 24 19; Jn 4 19; 9 17, tenía valor mesiánico. Pues el espíritu de profecía, extinguido desde Malaquías, debía reaparecer, según esperaba el Judaísmo, como señal de la era mesiánica, o en la persona de Elías, Mt 17 10-11p, o en forma de efusión general del Espíritu, Hch 2 17-18.33. De hecho, muchos (falsos) profetas se presentaron en tiempo de Jesús, Mt 24 11.24p, etc. Juan Bautista fue, sí, verdadero profeta, Mt 11 9p; 14 5; 21 26p; Lc 1 76, pero a título de precursor venido con el espíritu de Elías, Mt 11 10p.14; 17 12p; y él mismo negó (Jn 1 21+) ser «el Profeta» que había anunciado Moisés, Dt 18 15. Sólo Jesús es para la fe cristiana este Profeta, Hch 3 22-26+; Jn 6 14; 7 40. Sin embargo, habiéndose difundido el carisma profético en la Iglesia primitiva después de Pentecostés, Hch 11 27+, este título de Jesús cayó pronto en desuso ante otros títulos más específicos de la cristología.
  5. 16,16 A la confesión de la mesianidad de Jesús, referida por Mc y Lc, Mt añade la de la filiación divina. Ver ya 14 33 comparado con Mc 6 51s. Ver Mt 4 3+.
  6. 16,17 Esta expresión designa al hombre, subrayando el aspecto material limitado de su naturaleza, por oposición al mundo de los espíritus, Si 14 18; Rm 7 5+; 1      Co 15 50; Ga 1 16; Ef 6 12; Hb 2 14; ver Jn 1 13.
  7. 16,18 Este cambio de nombre pudo haberse producido antes, ver Jn 1 42; Mc 3 16; Lc 6 14, y Gn 17 5. El término griego Pétros no se usaba como nombre de persona antes que Jesús llamara así al jefe de los apóstoles para simbolizar su papel en la fundación de la Iglesia. Pero su correspondiente arameo Kefa («piedra») está atestiguado por lo menos una vez en un documento de Elefantina, en 416 a. de JC.
  8. 16,18 El término semítico traducido por ekklesía significa «asamblea» y se encuentra con frecuencia en el AT para designar a la comunidad del pueblo elegido, especialmente en el desierto, ver Dt 4 10, etc.; Hch 7 38. Algunos círculos judíos, que se creían el Resto de Israel (Is 4 3+) de los últimos tiempos, como los Esenios de Qumrán, denominaron así a su agrupación. Al recoger este término, Mateo designa a la comunidad mesiánica, y, al usarlo paralelamente al de «Reino de los Cielos», Mt 4 17+, indica que esta comunidad escatológica comenzará ya en la tierra con una sociedad organizada, cuyo jefe instituye Jesús. Ver Hch 5 11+; 1 Co 1 2+.
  9. 16,18 Sobre el Hades (en hebreo el šeol), designación de la mansión de los muertos, ver Nm 16 33+. Aquí, sus «puertas» personificadas evocan las potencias del Mal que, tras haber arrastrado a los hombres a la muerte del pecado, los encadenan definitivamente en la muerte eterna. A imitación de su Maestro, muerto, «descendido a los infiernos», 1 P 3 19+, y resucitado, Hch 2 27.31, la misión de la Iglesia será la de arrancar a los elegidos al imperio de la muerte, temporal y sobre todo eterna, para hacerles entrar en el Reino de los Cielos, ver Col 1 13; 1 Co 15 26; Ap 6 8; 20 13.
  10. 16,19 Al igual que la Ciudad de la Muerte, también la Ciudad de Dios tiene puertas, que no dejan entrar más que a los dignos de ella: ver Mt 23 13p. Pedro recibe sus llaves. A él le corresponderá, por tanto, abrir o cerrar el acceso al Reino de los Cielos por medio de la Iglesia. — «Atar» y «desatar» son dos términos técnicos del lenguaje rabínico que primeramente se aplicaban al campo disciplinar de la excomunión a la que se «condena» (atar) o de la que se «absuelve» (desatar) a alguien, y ulteriormente a las decisiones doctrinales o jurídicas, con el sentido de «prohibir» (atar) o «permitir» (desatar). Pedro, como mayordomo (cuyo distintivo son las llaves, ver Is 22 22) de la Casa de Dios, ejercerá el poder disciplinar de admitir o excluir a quien le parezca bien, y administrará la comunidad por medio de todas las decisiones oportunas en materia de doctrina y de moral. Sentencia y decisiones serán ratificadas por Dios desde lo alto de los cielos. —La exégesis católica sostiene que estas promesas eternas no valen sólo para la persona de Pedro, sino también para sus sucesores y, si bien esta consecuencia no está explícitamente indicada en el texto, es, sin embargo, legítima, si se atiende a la intención manifiesta que tiene Jesús de proveer al futuro de su Iglesia con una institución que no puede desaparecer con la muerte de Pedro. —Dos textos más, Lc 22 31s y Jn 21 15s, subrayarán que el primado de Pedro se ha de ejercer especialmente en el orden de la fe, y que aquél le hace cabeza, no sólo de la Iglesia futura, sino ya ahora de los demás apóstoles.
  11. 16,20 Vulg.: «Jesucristo».
  12. 16,21 Después del momento crucial en el que los discípulos hacen la primera profesión de fe expresa en la mesianidad de Jesús, el evangelio introduce el primer anuncio de su Pasión: al papel glorioso del Mesías une el papel doloroso del Siervo doliente. Esta disposición de tradiciones, después de la cual viene la Transfiguración, seguida de una consigna de silencio y un anuncio similares, 17 1-12, prepara la fe de los discípulos para la crisis próxima de la muerte y la Resurrección de Jesús.
  13. 16,23 Pedro, al pretender atravesarse en el camino que debe seguir el Mesías, le sirve de «escándalo» (es decir, «tropiezo», sentido originario del griego skándalon) y se convierte en secuaz, aunque inconsciente, del mismo Satán, ver 4 1-10.
  14. 16,25 Este logion de forma paradójica, y los que le siguen, juegan con dos etapas de la vida humana: la presente y la futura. El griego psyjê, equivalente aquí del hebreo nefêš, combina los tres sentidos de vida, alma, persona. Ver Gn 2 7+; Dt 6 5.
  15. 16,27 «su conducta»; var.: «sus obras».
  16. 16,28 Según la presentación de Mt, diferente de las de Mc 9 2+ y Lc 9 28+, Jesús transfigurado aparece sobre todo como un nuevo Moisés, ver 4 1+, que se encuentra con Dios en un nuevo Sinaí en medio de la nube, v. 5; Ex 24 15-18, el rostro luminoso, v. 2; Ex 34 29-35; ver 2 Co 3 7 - 4 6, asistido de dos personajes del AT que recibieron revelaciones en el Sinaí, Ex 19; 33-34; 1 R 19 9-13, y personifican a la Ley y los Profetas a los que Jesús viene a dar cumplimiento, Mt 5 17. La voz celeste ordena que se le escuche como al nuevo Moisés, Dt 18 15; ver Hch 3 20-26, y los discípulos se postran en reverencia al Maestro, ver Mt 28 17. Al terminar la aparición, queda sólo «él», v. 8, porque él solo basta como doctor de la Ley perfecta y definitiva. Su gloria, por lo demás, no es sino transitoria, porque él es también el «Siervo», v. 5; Is 42 1; ver Mt 3 16s+, que debe sufrir y morir, 16 21; 17 22-23, lo mismo que su Precursor, vv. 9-13, antes de entrar definitivamente en la gloria por la Resurrección.