El NobleCORÁN القرآن الكريم Lucas 14

Curación de un hidrópico en sábado

1 Un sábado fue a comer a casa de uno de los jefes de los fariseos. Ellos le estaban acechando.

2 Había allí casualmente, delante de él, un hombre hidrópico.

3 Entonces preguntó Jesús a los legistas y a los fariseos: «¿Es lícito curar en sábado, o no?»

4 Pero ellos guardaron silencio. Entonces le tomó, le curó y lo despidió.

5 Y a ellos les dijo: «¿Quién de vosotros, si se le cae un hijo o un buey a un pozo en día de sábado, no lo saca al momento?»*

6 Y no supieron qué responder.

Elección de asientos

7 Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola:

8 «Cuando alguien te invite a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya invitado a otro más distinguido que tú

9 y, viniendo el que os invitó a ti y a él, te diga: ‘Deja el sitio a éste’, y tengas que ir, avergonzado, a sentarte en el último puesto.

10 Al contrario, cuando te inviten, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te invitó, te diga: ‘Amigo, siéntate en un lugar más digno.’ Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo a la mesa.

11 Porque todo el que se ensalce será humillado, y el que se humille será ensalzado.»

Elección de invitados

12 Dijo también al que le había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez y tengas ya tu recompensa.*

13 Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos.

14 Así serás dichoso, porque, al no poder corresponderte, serás recompensado en la resurrección de los justos.»

Los invitados que se excusan

15 Al oír esto, uno de los comensales le dijo: «¡Dichoso el que pueda comer en el Reino de Dios!»

16 Él le respondió: «Un hombre dio una gran cena y convidó a muchos.

17 A la hora de la cena, envió a su siervo a decir a los invitados: ‘Venid, que ya está todo preparado.’

18 Pero todos a una empezaron a excusarse. El primero le dijo: ‘He comprado un campo y tengo que ir a verlo. Te ruego que me dispenses.’

19 Otro dijo: ‘He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Te ruego que me dispenses.’

20 Otro dijo: ‘Me acabo de casar, y por eso no puedo ir.’

21 «Regresó el siervo y se lo contó a su señor. Entonces, el dueño de la casa, airado, dijo a su siervo: ‘Sal en seguida a las plazas y calles del pueblo, y haz entrar aquí a los pobres y lisiados, a ciegos y cojos.’*

22 Respondió el siervo: ‘Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía hay sitio.’

23 Dijo entonces el señor al siervo: ‘Sal a los caminos y cercas, y obliga a la gente a entrar, hasta que se llene mi casa.’*

24 Porque os digo que ninguno de aquellos invitados probará mi cena.»

Renuncia a todo lo que se ama

25 Caminaba Jesús acompañado de mucha gente. Entonces se volvió y les dijo:

26 «Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.*

27 El que no cargue con su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío.

Renuncia a los bienes

28 «¿Quién de vosotros, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos y ver si tiene para acabarla?

29 De lo contrario, si resulta que ha puesto los cimientos de la obra y no ha podido terminarla, todos los que lo vean se pondrán a burlarse de él, y dirán:

30 ‘Éste comenzó a edificar y no pudo terminar.’

31 O ¿qué rey, antes de salir contra otro rey, no se sienta a deliberar si con diez mil hombres puede salir al paso del que viene contra él con veinte mil?

32 Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía una embajada para negociar condiciones de paz.

33 Pues, de igual manera, cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.*

No perder la eficacia

34 «Buena es la sal; mas si también la sal se desvirtúa, ¿con qué se la sazonará?

35 No es útil ni para la tierra ni para el estercolero; la tiran fuera. El que tenga oídos para oír, que oiga.»*

Notas de la Biblia de Jerusalén 8
  1. 14,5 «un hijo»; var.: «un asno».
  2. 14,12 O: «y te devuelvan lo equivalente».
  3. 14,21 En los escritos de Qumrán estos enfermos estaban excluidos del combate escatológico y del banquete que le seguía.
  4. 14,23 Después de «las plazas y calles del pueblo» del v. 21, «los caminos y cercas» del v. 23 parecen estar fuera de la ciudad. Se presienten dos categorías diferentes: por una parte, los pobres y los «impuros» en Israel; por otra, los gentiles. La «obligación» impuesta a esos pobres y minusválidos para entrar solamente quiere expresar el triunfo de la gracia sobre su falta de preparación, y no una violación de su conciencia. Es conocido el abuso que se ha hecho a través de la historia de este compelle intrare (= «obliga a entrar»).
  5. 14,26 Hebraísmo. Jesús no pide odio, sino desprendimiento completo e inmediato, ver 9 57-62.
  6. 14,26 «su mujer» propio de Lc, que expresa con ello su tendencia ascética, ver 1 Co 7. Igualmente 18 29.
  7. 14,33 Lucas no parece establecer distinción entre los discípulos. La advertencia es aplicable a todos. Ver Mc 1 17+.
  8. 14,35 Lc tiene varias parábolas bastante desarrolladas que son exclusivas del tercer evangelio. Las parábolas de Mc se refieren sobre todo a la naturaleza y la venida del reino. Las que son propias de Mt conciernen en gran parte bien al juicio final, bien a las relaciones fraternas dentro de la comunidad. Las parábolas de Lc se ocupan de los individuos y de la moral personal; en el primer plano de ellas hay a menudo un antagonista cuyo soliloquio resulta ser lo que determina el relato, ver 12 17; 15 17; 16 3.24; 18 4.11.