El NobleCORÁN القرآن الكريم Juan 1

1 En el principio existía la Palabra  la Palabra estaba junto a Dios,
y la Palabra era Dios.*

2 Ella estaba en el principio junto a Dios.

3 Todo se hizo por ella,
y sin ella nada se hizo.
Lo que se hizo

4 en ella era la vida,
y la vida era la luz de los hombres;*

5 y la luz brilla en las tinieblas,
y las tinieblas no la vencieron.*

6 Hubo un hombre, enviado por Dios:
se llamaba Juan.*

7 Éste vino para un testimonio,
para dar testimonio de la luz,
para que todos creyeran por él.

8 No era él la luz,
sino quien debía dar testimonio de la luz.

9 La Palabra era la luz verdadera
que ilumina a todo hombre,
cuando viene a este mundo.*

10 En el mundo estaba,
y el mundo fue hecho por ella,
pero el mundo no la conoció.*

11 Vino a los suyos,
mas los suyos no la recibieron.*

12 Pero a todos los que la recibieron
les dio poder de hacerse hijos de Dios,
a los que creen en su nombre;*

13 éstos no nacieron de sangre,
ni de deseo de carne,
ni de deseo de hombre,
sino que nacieron de Dios.*

14 Y la Palabra se hizo carne
y puso su Morada entre nosotros;
y hemos contemplado su gloria,
gloria que recibe del Padre como Unigénito,
lleno de gracia y de verdad.*

15 Juan daba testimonio de él, proclamando:
«Éste era del que yo dije:
El que viene detrás de mí
se ha puesto delante de mí,
porque existía antes que yo.»

16 De su plenitud hemos recibido todos gracia por gracia.*

17 Porque la Ley fue dada por medio de Moisés;
la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.

18 A Dios nadie le ha visto jamás:
lo ha contado el Hijo Unigénito,
que está en el seno del Padre.*

El testimonio de Juan

19 Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?»*

20 Él lo confesó, sin negarlo: «Yo no soy el Cristo.»

21 Entonces le preguntaron: «¿Quién, pues?; ¿eres tú Elías?» Él contestó: «No lo soy».» — «¿Eres tú el profeta?» Respondió: «No.»*

22 Ellos insistieron: «¿Quién eres, entonces? Tenemos que dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?»

23 Respondió: «Yo soy
la voz del que clama en el desierto:
Rectificad el camino del Señor,
como dijo el profeta Isaías».

24 Habían sido enviados por los fariseos.

25 Le preguntaron: «¿Por qué bautizas entonces, si no eres el Cristo, ni Elías ni el profeta?»

26 Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero entre vosotros hay uno a quien no conocéis,

27 que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia.»

28 Esto ocurrió en Bethabara, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.*

29 Al día siguiente, al ver a Jesús venir hacia él, dijo: «He ahí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.*

30 Éste es de quien yo dije:
Detrás de mí viene un hombre,
que se ha puesto delante de mí,
porque existía antes que yo.

31 «Yo no le conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él sea manifestado a Israel.»*

32 Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre él.

33 Yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo:
‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’.*

34 Yo le he visto y doy testimonio de que ése es el Elegido de Dios.»*

Los primeros discípulos

35 Al día siguiente, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos.

36 Fijándose en Jesús que pasaba, dijo: «He ahí el Cordero de Dios».*

37 Al oírle hablar así, los dos discípulos siguieron a Jesús.*

38 Jesús se volvió y, al ver que le seguían, les preguntó: «¿Qué buscáis?» Ellos le respondieron: «Rabbí —que quiere decir ‘Maestro’—, ¿dónde vives?»

39 Les respondió: «Venid y lo veréis.» Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima.*

40 Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús.*

41 Andrés encuentra primero a su propio hermano, Simón, y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías» —que quiere decir, Cristo—.

42 Y le llevó donde Jesús. Fijando Jesús su mirada en él, le dijo:«Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» —que quiere decir ‘Piedra’—.

43 Al día siguiente, Jesús quiso partir para Galilea y encontró a Felipe. Jesús le dijo: «Sígueme.»

44 Felipe era de Betsaida, del pueblo de Andrés y Pedro.

45 Felipe encontró a Natanael y le dijo: «Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la Ley, y también los profetas; es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret.»

46 Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» Le dijo Felipe: «Ven y lo verás.»

47 Cuando vio Jesús que se acercaba Natanael, dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño.»

48 Natanael le preguntó: «¿De qué me conoces?» Respondió Jesús: «Te vi cuando estabas debajo de la higuera, antes de que Felipe te llamara.»*

49 Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel.»*

50 Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores.»

51 Y añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre.»*

Notas de la Biblia de Jerusalén 31
  1. 1,1 Ver Gn 1 1. En 1 1-5, el evangelista recoge un himno más antiguo que sigue las huellas del relato de la creación en Gn 1 1-31, con la cadencia marcada por los verbos: «Dijo Dios...y así fue»: Dios ha creado el mundo por su Palabra, ver Sal 33 6-9; Sb 9 1; Si 42 15, especialmente la luz opuesta a las tinieblas, Gn 1 18, los seres vivos, Gn 1 20-25, y al hombre, Gn 1 26-27. Es posible que los vv. 1c-2, encuadrados por la repetición redaccional «junto a Dios... junto a Dios» y que rompen el ritmo binario del párrafo, hayan sido añadidos por el evangelista para afirmar la divinidad de Cristo, Palabra encarnada, ver 8 24+; 20 29; 1 Jn 5 20. En 1 9-18, el tema de la Palabra creadora se desarrolla en armonía con Is 55 10-11: enviada por Dios, 1 9-11; 4 34+, al mundo, 1 9+, para fecundarlo, 1 12+, revelándole la «verdad», 8 32+, retorna a Dios después de haber cumplido su misión, 1 18; 13 3; 16 28. Este conjunto de temas: presencia junto a Dios, papel desempeñado en la creación, envío al mundo para adoctrinar en él a la humanidad, atañen a la Sabiduría tanto como a la Palabra, Pr 8 22-36+; Si 24 3-32; Sb 9 9-12. En el NT correspondía a Juan, gracias al hecho de la Encarnación, 1 14+, inferir la naturaleza personal de esta Palabra (Sabiduría) subsistente y eterna.
  2. 1,4 O quizá: «Lo que existió por ella».
  3. 1,4 En el griego, el término vida, sin artículo, no puede ser el sujeto del verbo ser; por tanto, no procede unir las palabras «lo que se hizo» a la frase precedente. En cambio, la omisión del artículo era regular cuando el substantivo, incluso determinado, se ponía como atributo delante del verbo ser, ver 1 49.
  4. 1,5 La luz (el Bien, la Palabra) escapa al dominio de las Tinieblas (el Mal, las potencias del mal), ver 8 12+. Otros traducen: «Y las tinieblas no la recibieron».
  5. 1,6 Primitivamente, los vv. 6-8 debían de preceder inmediatamente a los vv. 19ss.
  6. 1,9 Este v. 9 debe unirse a los vv. 4-5: es la Palabra-luz (y no el Bautista) la que viene al mundo, 3 19; 12 46; ver 6 14; 9 39; 11 27; 18 37, porque fue enviada por Dios a él, 10 36; 17 18. Otros prefieren traducir: «...todo hombre que viene a este mundo».
  7. 1,10 El «mundo» puede designar simplemente el universo creado, 17 5.24, pero, según las tradiciones judías, tiene a menudo un matiz peyorativo. Sometido al poder de Satán, 12 31; 14 30; 16 11; 1 Jn 5 19, se niega a creer en la misión de Cristo, 16 8.11, y persigue con su odio a Jesús y a sus discípulos, 15 18-19; 17 14, cuya luz denuncia su perversión, 7 7; 3 19-21. Su malicia es profunda, 17 9, pero será vencido por Cristo, 16 33. Comparar con el sentido peyorativo de «tierra» en Ap 6 15; 13 3.8; 14 3; 17 2.5.8. Según las tradiciones judías, a este mundo malo sucederá un día «el mundo futuro»; para Juan, el mundo escatológico está ya presente «arriba», 8 23, junto al Padre, 13 1, donde los discípulos de Cristo gozan de la vida eterna, 12 25. Pero otros textos presentan el mundo con un tono más optimista. Así, es capaz de creer en Cristo a la vista de los signos que realiza, 12 19. Dios lo ama y ha enviado a su Hijo para salvarlo dándole la vida, 3 16-17; 12 47; 6 33.51. Por cuanto le quita su pecado, 1 29, Cristo es el salvador del mundo, 4 42.
  8. 1,11 Probablemente el pueblo judío.
  9. 1,12 La Palabra es una semilla divina, 1 Jn 3 9; Lc 8 11, que, cuando la recibimos, nos hace hijos de Dios, 1 Jn 3 1; 1 P 1 23; St 1 18. Según Jn 3 5-6, nuestro nuevo nacimiento es el fruto del Espíritu, ver Rm 8 14.
  10. 1,13 La lectura en plural «éstos no nacieron», atestiguada por el conjunto de manuscritos griegos, es la lectura corriente. Var.: «Él que no nació». En el libro apócrifo de Henoc, 15 4, se reprocha a los ángeles que se hayan unido a las mujeres, según Gn 6 1-5: «En la sangre de mujeres os habéis manchado y en la sangre de la carne habéis engendrado y en la sangre de hombres habéis dado pasto a la concupiscencia». En el supuesto de la lectura en singular, Juan, que conoce esta tradición judía, quiere hacer ver que Jesús no fue concebido como los Gigantes a partir de ángeles caídos, sino «de Dios», ver Lc 1 34-35.
  11. 1,14 Ver 1 Jn 4 2; 2 Jn 7; Rm 1 3.— La «carne» designa a la humanidad en su condición de debilidad y de mortalidad, Gn 6 3; Sal 56 5; Is 40 6-8; Jn 3 6; 17 2. Al revestirse de nuestra humanidad, la Palabra de Dios ha asumido todas sus debilidades, incluida la muerte, Flp 2 6-8.
  12. 1,14 Verbo griego eskénôsen, ver skenê. Lit.: «su tienda». Alusión a la Tienda «miškân» que, en tiempo del Éxodo, simbolizaba la presencia de Dios, Ex 26 1+, presencia que se hizo manifiesta por la irrupción de la gloria de Dios en ella en el momento de su inauguración, Ex 40 34-35. La Palabra, Unigénito del Padre, en quien reside el nombre temible «Yo soy», Ex 3 14-15; Jn 8 24+, resplandeciente de esa gloria que tiene del Padre, realiza en la nueva alianza esta presencia divina que debe asegurar la salvación del pueblo de Dios, Ex 34 9. Él es verdaderamente el Emmanuel, «Dios con nosotros», anunciado por Is 7 14; Mt 1 23.
  13. 1,14 La gloria era la garantía de la presencia de Dios, Ex 24 16+. Ella misma no podía ser vista, Ex 33 20+, pero se manifestaba a través de los prodigios realizados por Dios en favor de su pueblo, Ex 15 7; 16 7. Lo mismo sucederá con la Palabra encarnada, cuyos «signos» manifiestan la gloria, 2 11+; 11 40, «en espera del signo» por excelencia de la resurrección, 2 18-19; 17 5. También del mismo modo que la gloria de Dios se reflejaba en el rostro de Moisés después de la teofanía del Sinaí, Ex 34 29.35, así el rostro de Cristo resplandeció cuando la Transfiguración (similar a la teofanía del Sinaí, ver Mt 17+), y sus discípulos pudieron ver así el reflejo de su gloria, Lc 9 32; 2 P 1 16-18.
  14. 1,14 La fórmula corresponde a la de Ex 34 6+: «rico en amor y fidelidad» en la definición que Dios da de sí mismo a Moisés. Al régimen de la Ley sucede el del amor indefectible de Dios, que se manifiesta en Cristo, 1 17.
  15. 1,16 Es decir, «una gracia correspondiente a la gracia (que está en el Hijo único)», o: «una gracia (la de la nueva alianza) en lugar de otra gracia (la de la antigua alianza)». Otra traducción: «gracia sobre gracia».
  16. 1,18 En la Biblia, la expresión «hijo de Dios» no tenía un sentido trascendente y podía designar: bien a miembros del pueblo de Dios, Os 2 1, bien a su rey, Sal 2 7; 2 S 7 14, bien al justo perseguido que espera el auxilio de Dios, Sb 2 16-18; Mt 4 3+. También Juan lo sabe, 10 32-36, y por eso adopta la expresión «Unigénito», 1 14.18; 3 16.18; 1 Jn 4 9, que no ofrece ningún equívoco, ver Pr 8 24. — Var. «un Dios Unigénito».
  17. 1,19 En el evangelio de Juan, este término tiene diferentes significados. Designa a veces a los adeptos del judaísmo, cuyos ritos se explican a los lectores de origen no judío (ver 2 6.13; 18 20, etc.); se los distingue de los samaritanos y de los gentiles (ver 4 9; 18 35). Pero con más frecuencia la palabra tiene un significado técnico y designa a las autoridades religiosas hostiles a Jesús (8 37+), sumos sacerdotes y fariseos: comparar 18 3 con 18 12; y 18 24.28 con 18 31. Finalmente, algunas veces designa a los fariseos contemporáneos de la redacción del evangelio, que representaban entonces, a partir del año 70, el judaísmo frente a su rival el cristianismo: comparar 9 22 con 12 42.
  18. 1,21 Sobre la vuelta esperada de Elías, ver Ml 3 23-24 y Mt 17 10-13.
  19. 1,21 Apoyados en Dt 18 15 (ver la nota), los judíos esperaban al Mesías como a un nuevo Moisés (el profeta por excelencia, ver Nm 12 7+), que renovaría centuplicados los prodigios del Éxodo. Ver Jn 3 14; 6 14.30-31.58; 7 40.52; 13 1+; Hch 3 22-23; 7 20-44; Hb 3 1-11. Ver también Mt 16 14+.
  20. 1,28 Significa «lugar de paso», recordando el paso del Jordán al final del Éxodo, Jos 3. Juan bautiza todavía «al otro lado del Jordán», pero este bautismo de penitencia prepara al pueblo de Dios para «pasar» a la Tierra Prometida.— Var. más corrientemente adoptada: Betania, 11 1.18.
  21. 1,29 El «pecado» (en singular) por excelencia es negarse a reconocer a Cristo como el enviado de Dios, 15 22.24; 16 9; 8 21, aquel que ha venido a revelarnos la «verdad», 832+; es estar «ciego» hasta el punto de no saber cuál es la voluntad de Dios sobre el hombre, 9 39-41; Mt 15 14; 23 16-26; Rm 2 17-24, rechazando al nuevo Moisés, 9 28-34. Como el Siervo de Dios del que habla Is 42 1-4, y al que aludirá Jn 1 34, él quita el pecado gracias a la enseñanza que nos da. Por eso, algunos han pensado que el término «cordero» era una mala traducción de un original hebreo que significaba también «siervo».—La tradición joánica conoce posiblemente la interpretación targúmica del sacrificio de Isaac, «atado sobre el monte como un cordero sobre el altar», Gn 22 2.6-9; ver Rm 8 32; y ve en Isaac una figura de Cristo, ver Jn 3 16; 8 56.—Para Jn, Jesús es también el «Cordero» pascual, 18 28+; 19 36, que, por su muerte, recibe dominio sobre los hombres, 12 31+; Ap 5 12, y por tanto quita el «pecado» del mundo. —Para la primera carta de Juan, Jesús ha venido a quitar tanto nuestros pecados como los de todo el mundo, 1 Jn 2 2; 3 5.
  22. 1,31 Según las tradiciones judías, el Mesías, que no se distinguía en nada de los demás hombres, debía permanecer de incógnito hasta el día en el que fuera manifestado como Mesías, por Elías vuelto a la tierra, Ml 3 23-24; Jn 5 35+. Este tema es el que se evoca en 1 26. 31, ver 7 27, versículos que quizá estaban unidos en una redacción más antigua.
  23. 1,33 Por cuanto el Espíritu reposa sobre él, Is 11 2; 42 1; 61 1, Cristo podrá comunicarlo a los demás, realizando así la profecía de Ez 36 26-27, ver la alianza nueva de Jr 31 31+. Pero esta efusión del Espíritu sólo tendrá lugar una vez que Cristo haya sido «glorificado», 739; ver 20 22-23, o «elevado» a la diestra de Dios, Hch 2 33, el día de Pentecostés, Hch 1 5; 2 4.
  24. 1,34 Alusión a Is 42 1+; ver Lc 9 35; 23 35; Jesús es el Siervo sobre el que Dios ha puesto su Espíritu, ver 1 29. Juan invierte los datos del relato del bautismo de Cristo, Mc 1 9-11: ya no es Jesús, sino el Bautista, quien ve al Espíritu bajar; ya no es la voz celeste la que da testimonio de Cristo, sino el Bautista, ver 1 31+.— Var.: «el Hijo de Dios», por armonización con Mt 3 17.
  25. 1,36 Los vv. 35-36 y 33a son un duplicado de los vv. 29 y 31a. Provienen de dos tradiciones joánicas paralelas, que aquí ha fundido el evangelista. Es posible que el v. 15, duplicado del v. 30 y que en el Prólogo se halla fuera de contexto, se leyera primitivamente después de los vv. 35-36.
  26. 1,37 Ver Mc 1 18. El relato joánico de la vocación de Pedro y Andrés no tiene en común con el de Mc 1 16-18 = Mt 4 18-20 (Lc lo omite) más que la expresión «siguieron a Jesús», característica del discípulo. La tradición joánica parece preferible. En Mc y Mt, la vocación de Pedro y Andrés es un calco de la de Santiago y Juan, que presenta rasgos más primitivos.
  27. 1,39 Hacia las cuatro de la tarde. Todo el relato está estilizado para describir la condición del discípulo de Cristo. En el AT, para encontrar a Dios había que buscarle, Dt 4 29; Is 55 6, ahora, el que «busca» a Cristo lo «encuentra», vv. 38 y 41, ver Mt 7 7-8; y porque «sigue» a Jesús, vv. 37-38, el discípulo llega adonde él vive, v. 39; ver 12 26; 14 3; 17 24. En el extremo opuesto de los discípulos están los judíos que se niegan a creer en Jesús, 7 34; 8 21; ver Os 5 6; Pr 1 28.
  28. 1,40 Se piensa a menudo que el otro discípulo era el apóstol Juan. Pero ¿no sería más bien Felipe, el compañero habitual de Andrés, 6 7-9; 12 21-22, y que va a reaparecer a partir del v. 43? Esta interpretación la supone la variante textual del v. 41: «Éste, el primero, encuentra...». Según 1 7, todos van a creer por el testimonio del Bautista, primero Andrés y Felipe, 1 35-37, después, gracias a ellos, el mundo judío, 1 41-42; 1 45-49 (las dos escenas están construidas de manera similar), y después el mundo pagano, 12 21-22.
  29. 1,48 El conocimiento de las realidades ocultas es una de las características de los profetas, 4 16-19; Lc 7 39. Natanael reconoce así que Jesús es el Profeta-Rey, ver 6 14-15, del que le ha hablado Felipe, 1 45; ver Dt 18 18. Sobre este conocimiento sobrenatural de Cristo, ver además: 2 24s; 6 61.64.71; 13 1.11.27.28; 16 19.30; 18 4; 21 17.
  30. 1,49 Aquí simple título mesiánico, como «Rey de Israel». Ver Mt 4 3+.
  31. 1,51 Este sueño de Jacob, Gn 28 10-17, se realizará cuando el Hijo del hombre sea «levantado», 3 14+.