El NobleCORÁN القرآن الكريم Hechos 1

Prólogo

1 El primer libro lo dediqué, Teófilo, a todo lo que Jesús hizo y enseñó, desde el principio*

2 hasta el día en que, después de haber dado instrucciones por medio del Espíritu Santo a los apóstoles que había elegido, fue levantado a lo alto.*

3 A estos mismos, después de su pasión, se les presentó dándoles pruebas de que vivía, dejándose ver de ellos durante cuarenta días y hablándoles del Reino de Dios.*

4 Mientras estaba comiendo con ellos, les ordenó: «No os vayáis de Jerusalén, sino aguardad la Promesa del Padre, que oísteis de mí.*

5 Porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de pocos días.»*

La Ascensión

6 Ellos, en cambio, estando reunidos, preguntaron a Jesús: «Señor, ¿va a ser ahora cuando restablezcas el Reino a Israel?»*

7 Él les contestó: «No es cosa vuestra conocer el tiempo y el momento que el Padre ha fijado con su propia autoridad;*

8 al contrario, cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, recibiréis una fuerza que os hará ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra».*

9 Dicho esto, fue levantado en presencia de ellos, y una nube lo ocultó a sus ojos.*

10 Mientras ellos estaban mirando fijamente al cielo, viendo cómo se iba, se les presentaron de pronto dos hombres vestidos de blanco

11 que les dijeron: «Galileos, ¿por qué permanecéis mirando al cielo? Este Jesús, que de entre vosotros ha sido llevado al cielo, volverá tal como lo habéis visto marchar».*

El grupo de los apóstoles

12 Entonces se volvieron a Jerusalén desde el monte llamado de los Olivos, que dista de Jerusalén el equivalente a un paseo permitido en sábado.

13 Cuando llegaron, subieron a la estancia superior, donde vivían. Eran Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo, Simón el Zelota y Judas de Santiago.*

14 Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María la madre de Jesús y de sus hermanos.*

Sustitución de Judas

15 Uno de aquellos días Pedro, puesto en pie ante los hermanos —ya que el número de personas congregadas con el mismo propósito era de unas ciento veinte—, les dijo:*

16 «Hermanos, era preciso que se cumpliera la Escritura, en la que el Espíritu Santo, por boca de David, había hablado ya acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús.

17 Él era uno de los nuestros y había obtenido un puesto en este ministerio.

18 Pero, tras haber comprado un campo con el dinero que le dieron por su crimen, cayó de cabeza, reventó por medio y todas sus entrañas se esparcieron.

19 Todos los habitantes de Jerusalén se enteraron de lo ocurrido, hasta el punto que llamaron a aquel terreno Haqueldamá, que en su lengua quiere decir ‘Campo de sangre’.*

20 Pues está escrito en el libro de los Salmos:
Quede su majada desierta
y no haya quien habite en ella.
Y también:
Que otro ocupe su cargo.

21 «Por tanto, es preciso que uno de los hombres que nos acompañaron todo el tiempo que el Señor Jesús convivió con nosotros,

22 desde el bautismo de Juan hasta el día en que fue llevado de entre nosotros al cielo, sea con nosotros testigo de su resurrección.»

23 Presentaron a dos: a José, llamado Barsabás, por sobrenombre Justo, y a Matías.*

24 Entonces oraron así: «Señor, tú que conoces a todos en su interior, muéstranos a cuál de estos dos has elegido

25 para que ocupe en el ministerio del apostolado el puesto del que Judas desertó para irse al puesto que le corresponda.»

26 Les repartieron las suertes y le cayó a Matías, que fue agregado al número de los doce apóstoles.*

Notas de la Biblia de Jerusalén 22
  1. 1,1 El evangelio de Lucas.
  2. 1,2 Se subraya la acción del Espíritu en los comienzos de la misión de los apóstoles, vv. 5.8 y cap. 2, como en los comienzos del ministerio de Jesús, Mt 4 1+; Lc 4 1+.
  3. 1,2 El texto occ. no menciona aquí la Ascensión.
  4. 1,3 El Reino de Dios, Mt 4 17+, será el gran tema de la predicación de los apóstoles, ver 8 12; 19 8; 20 25; 28 23.31, como lo había sido de la predicación de Jesús, ver Mt 3 2+; Mc 1 1+.
  5. 1,4 Para Lucas, Jerusalén es el centro predestinado de la obra de la salvación, Lc 2 22+.38+, el punto terminal de la misión terrestre de Jesús, Lc 24 33s, y el punto inicial de la misión universal de los apóstoles, Lc 24 47; Hch 1 8.12; 6 7; 8 1; 11 19; 15 30.36; etc.
  6. 1,5 El bautismo en el Espíritu, anunciado ya por Juan el Bautista, Mt 3 11p, y prometido aquí por Jesús, se inaugurará con la efusión de Pentecostés, 2 1-4. Los apóstoles, conforme a la orden de Cristo, Mt 28 19, seguirán administrando el bautismo de agua, Hch 2 41; 8 12.38; 9 18; 10 48; 16 15.33; 18 8; 19 5, como rito de iniciación al Reino mesiánico, ver Mt 3 6+, pero lo conferirán «en el nombre de Jesús», Hch 2 38+; y por la fe en la obra realizada por Cristo, ver Rm 6 4+, dispondrá en lo sucesivo del poder eficaz de perdonar los pecados y de dar el Espíritu Santo, Hch 2 38. Se ve aparecer por otra parte, y en conexión con este Bautismo cristiano de agua, otro rito, el de la imposición de manos, 1 Tm 4 14+, que se ordena a una comunicación visible y carismática del Espíritu, análoga a la de Pentecostés, 8 16-19; 9 17-18; 19 5-6 (pero ver 10 44-48); rito que está en el origen del sacramento de la Confirmación. Al lado de estos sacramentos cristianos, siguió practicándose por algún tiempo y por algunos fieles, imperfectamente instruidos, el bautismo de Juan, 19 3.
  7. 1,6 Hch 1 6 reanuda el hilo del relato interrumpido en Lc 24 49.
  8. 1,6 El establecimiento del Reino mesiánico se les representa aún a los apóstoles como una restauración temporal de la realeza davídica. Ver Mt 4 17+.
  9. 1,7 Insertando su plan de salvación en la historia humana, Dios ha dispuesto desde toda la eternidad (Rm 16 25+; 1 Co 2 7; Ef 1 4; 3 9.11; Col 1 26; 2 Tm 1 9; ver Mt 25 34) «su tiempo y su momento», ver Dn 2 21; 1 Ts 5 1: primero, el tiempo de la preparación, Hb 1 2; 9 9; 1 P 1 11, y de la paciencia, Rm 3 26; Hch 17 30; luego, en la «plenitud de los tiempos», Ga 4 4+, el momento escogido para la venida de Cristo, que inaugura la era de la salvación, Rm 3 26+; después el tiempo que transcurre hasta la Parusía, 2 Co 6 2+; finalmente, precedido por los «últimos días», 1 Tm 4 1+, el «Día» escatológico, 1 Co 1 8+, y el Juicio final, Rm 2 6+.
  10. 1,8 El Espíritu, tema especialmente predilecto de San Lucas (Lc 4 1+), ante todo aparece como un Poder, Lc 1 35; 24 49; Hch 1 8; 10 38; Rm 15 13.19; 1 Co 2 4-5; 1 Ts 1 5; Hb 2 4, enviado de junto a Dios por Cristo, Hch 2 33, para la difusión de la Buena Nueva. El Espíritu otorga los carismas, 1 Co 12 4s, que garantizan la predicación: don de lenguas, Hch 2 4+, de milagros, 10 38, de profecía 11 27+; 20 23; 21 11, de sabiduría, 6 3. 5. 10; comunica fuerza para anunciar a Jesucristo, a pesar de las persecuciones, 4 8. 31; 5 32; 6 10; ver Flp 1 19, y para dar testimonio de él, Mt 10 20p; Jn 15 26; Hch 1 8; 2 Tm 1 7s, ver nota siguiente; finalmente, interviene en las decisiones de capital importancia: admisión de los gentiles en la Iglesia, 8 29.39; 10 19.44-47; 11 12-16; 15 8, supresión para ellos de observancias legales 15 28, misión de Pablo a través del mundo gentil, 13 2s; 16 6-7; 19 1 (T. occ); ver Mt 3 16+. Pero los Hechos conocen también el don del Espíritu recibido en el bautismo y que concede el perdón de los pecados, 2 38; ver Rm 5 5+.
  11. 1,8 La misión esencial de los apóstoles es dar testimonio: de la resurrección de Jesús, Lc 24 48; Hch 2 32; 3 15; 4 33; 5 32; 13 31; 22 15, y también de toda su vida pública, Lc 1 2; Jn 15 27; Hch 1 22; 10 39s. Ver Rm 1 1+.
  12. 1,8 La misión de los apóstoles se extiende al universo, Is 45 14+. Las etapas aquí señaladas dibujan, a grandes rasgos, el esquema geográfico de los Hechos: Jerusalén, que era el punto de llegada del Evangelio, es ahora el punto de partida; ver Lc 2 38+.
  13. 1,9 La nube forma parte del marco de las teofanías del AT, Ex 13 22+, y del NT, Lc 9 34-35p. Es característica, Dn 7 13, de la Parusía del Hijo del hombre, Mt 24 30+; aquí v. 11; ver 1 Ts 4 17; Ap 1 7; 14 14-16.
  14. 1,11 El glorioso advenimiento de la Parusía, Mt 16 27p; 24 30p+; 25 31; 1 Ts 4 16; 2 Ts 1 7s.
  15. 1,13 Se suple «hijo» (de Alfeo, de Santiago).—El apóstol Judas es distinto de Judas, hermano de Jesús, ver Mt 13 55; Mc 6 3, y hermano de Santiago (Judas 1). Parece que tampoco hay que identificar al apóstol Santiago, hijo de Alfeo, con Santiago, hermano del Señor, Hch 12 17; 15 12, etc.
  16. 1,14 Los Hechos contienen abundantes ejemplos de la oración asidua recomendada, Mt 6 5+, y practicada, Mt 14 23+, por Jesús. Oración colectiva presidida por los apóstoles, 4 24-30; 6 4, y centrada en la fracción del pan, 2 42. 46; 20 7-11. Oración que se manifiesta en los momentos importantes: elecciones y ordenaciones para cargos de la Iglesia, 1 24; 6 6; 13 3; 14 23, confirmación de los samaritanos, 8 15, período de persecuciones, 4 24-31; 12 5.12. También vemos orar a los individuos: Esteban ora por sí mismo y por sus verdugos, 7 59-60, Pablo después de su visión de Cristo, 9 11, Pedro y Pablo antes de los milagros, 9 40; 28 8, Pedro, cuando Dios le hace ir a casa de Cornelio, 10 9; 11 5, que es también hombre de oración, 10 2.4.30-31, Pablo y Silas en la prisión, 16 25, Pablo al dejar a sus amigos en Mileto, 20 36, y en Tiro, 21 5. Oración de petición en la mayoría de estas ocasiones, como en 8 22-24, para conseguir el perdón; oración de alabanza, 16 25, y de acción de gracias, 28 15, y, en fin, testimonio de fe: «invocar el nombre de Jesucristo» es la característica del cristiano, 2 21 y 38; 9 14. 21; 22 16.
  17. 1,14 Ver Mt 12 46+.
  18. 1,15 Además del sentido estricto, la palabra hermano adquiere a veces en la Biblia sentidos más amplios, con referencia a un pariente más o menos lejano, Gn 9 25; 13 8, a un compatriota, Gn 16 12; Ex 2 11; Dt 2 4; 15 2; Sal 22 23. De ahí pasa a un parentesco más profundo por la comunión en la alianza. En el NT, muy a menudo designa a los cristianos, discípulos de Cristo, Mt 28 10; Jn 20 17; Hch 6 3; 9 30; 11 1; 12 17; Rm 1 13, etc., que como él hacen la voluntad del Padre, Mt 12 50p, hijo del Padre de quien es el Primogénito, Mt 25 40; Rm 8 29; Hb 2 11.17, y entre los cuales reina el amor fraterno, Rm 12 10; 1 Ts 4 9; 1 P 1 22; 1 Jn 3 14, etc.
  19. 1,19 Esta versión de la muerte de Judas difiere de la de Mt 27 3-10. Judas no muere ahorcándose como Ajitófel, 2 S 17 23, sino cayendo de cabeza como los impíos de Sb 4 19, y derramándosele las entrañas, como algunos criminales de las leyendas folklóricas. La sangre del campo ya no es la de Jesús, sino la de Judas. Por entre estas divergencias de tradiciones populares se adivina el hecho real de una muerte súbita e ignominiosa del traidor, mejor o peor relacionada con un lugar de mala fama y conocido en Jerusalén, la Haqueldamá.
  20. 1,23 Var.: «Presentó a dos» v. 23, y «oró así» v. 24; para subrayar el papel de Pedro.
  21. 1,26 Un procedimiento menos mecánico, ver 6 3-6; 13 2-3, sustituirá pronto en la comunidad primitiva a esta manera arcaica de elección, Ex 33 7+; 1 S 14 41; Lc 1 9.
  22. 1,26 «fue agregado al número de los doce apóstoles» texto occ.; ver Mc 3 14+.